(1)
A.
El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento instituida por Jesucristo,
con el fin de ser para la persona bautizada una señal de su comunión con él en
su muerte y resurrección, de estar injertado en él. Ro. 6:3-5; Col. 2:12; Gá. 3:27.
B.
De la remisión de pecados: Mr. 1:4; Hch.
22:16.
C.
Y de su entrega a Dios por medio de Jesucristo para vivir y
andar en novedad de vida: Ro. 6:4.
(2)
A.
Los que realmente profesan arrepentimiento para con Dios y fe en Nuestro Señor
Jesucristo y obediencia a él son los únicos adecuados para recibir esta
ordenanza: Mt. 3:1-12; Mr. 1:4-6; Lc.
3:3-6; Mt. 28:19,20; Mr. 16:15,16; Jun. 4:1,2; 1 Co. 1:13-17; Hch. 2:37-41;
8:12,13,36-38; 9:18; 10:47,48; 11:16; 15:9; 16:14,15,31-34;18:8; 19:3-5; 22:16;
Ro. 6:3,4; Gá. 3:27; Col. 2:12; 1 P. 3:21; Jer. 31:31-34; Fil. 3:3; Jun.
1:12,13; Mt. 21:43.
(3)
A.
El elemento exterior que debe usarse en esta ordenanza es el agua, en la cual
ha de ser bautizada: Mt. 3:11; Hch.
8:36,38; 22:16.
B.
La persona en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: Mt. 28:18-20.
C.
La inmersión de la persona en el agua es necesaria para la correcta
administración de esta ordenanza: 2 R.
5:14; Sal 69:2; Is. 21:4; Mr. 1:5,8-9; Jun. 3:23; Hch. 8:38; Ro. 6:4; Col.
2:12; Mr. 7:3,4; 10:38,39; Lc. 12:50; 1 Co. 10:1,2; Mt. 3:11; Hch. 1:5,8;
2:1-4,17.
EL BAUTISMO
El
bautismo es el signo sacramental del Nuevo Pacto. Es el símbolo que Dios
utiliza para sellar su palabra en los escogidos de que están incluidos en el
pacto de la gracia.
El
bautismo significa varias cosas. En primera instancia, es un signo del
lavamiento y la remisión de los pecados. También significa que hemos sido
regenerados por el Espíritu Santo, sepultados y resucitados juntamente con
Cristo, que el Espíritu Santo ha venido a morar dentro de nosotros, que hemos
sido adoptados por la familia de Dios y que hemos sido santificados por el
Espíritu Santo.
El bautismo fue instituido por Cristo y
debe ser administrado en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El signo externo no transmite automáticamente
o por medio de magia las realidades
que significa. Por ejemplo, aunque el bautismo significa la regeneración, o el nuevo nacimiento, no transmite
automáticamente este nuevo
nacimiento. El poder del bautismo no está
en el agua sino en el poder de Dios.
La
realidad a la que este sacramento apunta puede estar presente antes o después
de que el signo del bautismo ha sido dado. En el Antiguo Testamento el signo de
la alianza era la circuncisión. La circuncisión era, entre otras cosas, un signo
de fe. En el caso de los adultos, como fue el caso de Abraham, la fe fue previa
al signo de la circuncisión. Con los hijos de los creyentes, sin embargo, el
signo de la circuncisión les era dado antes que su posesión de la fe, como fue
el caso de Isaac. Del mismo modo, en el Nuevo Pacto, la teología de la Reforma
requiere que los adultos convertidos deban ser bautizados después de haber
hecho su profesión de fe, mientras que sus hijos reciben el bautismo antes de
profesar la fe.
El
bautismo significa el lavamiento con agua. El mandamiento a bautizar puede ser
cumplido por inmersión, por aspersión o por ablución. La palabra griega bautizar incluye cualquiera de estas
tres posibilidades.
La
validez del bautismo no depende del carácter del ministro que lo administra o
del carácter de la persona que lo recibe. El bautismo es un signo de la promesa
de Dios de salvar a todos quienes creen en Cristo. Como es una promesa de Dios,
la validez de esta promesa depende del carácter fiel de Dios.
Como
el bautismo es el signo de la promesa de Dios, no debe ser administrado a una
persona más de una vez. Ser bautizado más de una vez es poner una sombra de
duda sobre la integridad y la
sinceridad de la promesa de Dios. Sin duda que quienes han sido bautizados dos
o más veces no intentan poner en duda la integridad de Dios, pero su acción, si
la entendemos correctamente,
comunicaría dicha duda. Es el deber de cada uno de los cristianos, sin embargo,
ser bautizado. No se trata de un ritual sin ningún contenido, sino de un sacramento
instituido por nuestro Señor.
RESUMEN
1.
El bautismo es el signo sacramental del Nuevo
Pacto.
2.
El bautismo tiene múltiples significados.
3.
El bautismo fue instituido por Cristo y debe ser administrado con agua en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
4. El
bautismo no transmite automáticamente el nuevo nacimiento.
5. El bautismo puede ser
administrado por inmersión, por aspersión o por ablución.
6.
La validez del bautismo depende de la integridad de la promesa de Dios y
debería ser administrado a una persona una única vez.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Romanos
4:11-12, Romanos 6:3-4, 1 Corintios 12:12-14, Colosenses 2:11-15, Tito 3:3-7.
¿QUIÉNES DEBEN BAUTIZARSE? ¿CÓMO SE
DEBE BAUTIZAR? ¿QUÉ SIGNIFICA?
EXPLICACIÓN Y BASE
BÍBLICA
En
este capítulo y el siguiente tratamos del bautismo y la Cena del Señor, dos
ceremonias que Jesús ordenó que su iglesia realizara. Pero antes de empezar la
consideración de estas ceremonias debemos notar que hay desacuerdo entre
protestantes incluso sobre el término general que se les debe aplicar. Debido a
que la Iglesia Católica Romana llama a estas dos ceremonias «sacramentos», y
debido a que la Iglesia Católica Romana enseña que estos sacramentos en sí
mismos en realidad dan gracia a la gente (sin requerir fe de las personas que
participan en ella), algunos protestantes (especialmente bautistas) han
rehusado referirse al bautismo y a la Cena del Señor como «sacramentos».
Han
preferido usar la palabra ordenanzas más bien. Se piensa que es un término
apropiado porque el bautismo y la Cena del Señor fueron «ordenados» por Cristo.
1 Por otro lado, otros protestantes, tales como en las tradiciones anglicana,
luterana y reformada, han estado dispuestos a usar la palabra «sacramentos»
para referirse al bautismo y a la Cena del Señor, sin por ello endosar la
posición católica romana.
No
parece ser que haya algún punto significativo en juego en la cuestión de si
llamar al bautismo ya la Cena del Señor «ordenanzas» o «sacramentos». Puesto
que los protestantes que usan ambas palabras explican claramente lo que quieren
decir por ellas, el argumento en realidad no es en cuanto a doctrina sino en
cuanto al significado de la palabra en español.
Si
estamos dispuestos a explicar claramente lo que queremos decir, no parece que
haya alguna diferencia si usamos la palabra sacramentos o no. En este texto, al
referirme al bautismo y a la Cena del Señor en la enseñanza protestante, usaré
intercambiablemente tanto «ordenanzas» cómo «sacramentos », y los consideraré
como sinónimos en significado.
Antes
de empezar nuestra consideración del bautismo debemos reconocer que ha habido
históricamente, y la hay hoy, una fuerte diferencia de punto de vista entre los
cristianos evangélicos respecto a este tema. La posición que se aboga en este
libro es que el bautismo no es una doctrina «principal» que debería ser base
para división entre cristianos genuinos,' pero es con todo asunto de
importancia para la vida ordinaria de la iglesia, y es apropiado que le demos
su plena consideración.
La
posición que se aboga en este capítulo es «bautística; es decir, que el
bautismo es apropiadamente administrado sólo a los que dan una profesión
creíble de fe en Jesucristo. Durante la consideración intercalaremos
particularmente consideración de la posición del paidobautismo «bautismo de
infantes») según aboga Louis Berkhof en su Systematic Theology puesto que ésta
es una representación cuidadosa y también responsable de la posición
paidobautista, y es un texto de teología sistemática ampliamente usado.
A. MODO Y SIGNIFICADO DEL BAUTISMO
La
práctica del bautismo en el Nuevo Testamento se realizaba sólo de una manera:
la persona que era bautizada era sumergida o puesta completamente bajo el agua
y después sacada de nuevo. El bautismo por inmersión es por consiguiente el
«modo» de bautismo o la manera en que el bautismo se realizaba en el Nuevo
Testamento. Esto es evidente por las siguientes razones:
(1) La
palabra griega baptizo quiere decir «hundir, sumergir, inmergir» algo en agua.
Este es el significado comúnmente reconocido y regular del término en la
literatura griega antigua tanto dentro como fuera de la Biblia"
(2) El
sentido de «inmergir» es apropiado y probablemente exigido para la palabra en
varios pasajes del Nuevo Testamento. En Marcos 1: 5, Juan bautizaba a la gente
«en el río Jordán» (el texto griego tiene en, «en», y no (junto a» o «al lado
de» o «cerca» al río)' Marcos también nos dice que cuando Jesús fue bautizado
«En seguida al subir del agua» (Mr 1: 10).
El
texto griego especifica que salió «fuera del» (ek) el agua; y no que se alejó
de ella (esto se expresaría por el gr. apó). El hecho de que Juan y Jesús
descendieron al río y salieron del mismo fuertemente sugiere inmersión, puesto
que el rociamiento o derramamiento del agua se podría haber hecho mucho más
fácilmente estando junto al río, particularmente debido a las multitudes de
personas que venían para el bautismo.
El
Evangelio de Juan nos dice, además, que Juan el Bautista «también Juan estaba
bautizando en Enón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua» Gn 3:
23).
De
nuevo, no exigiría «mucha agua» para bautizar a la gente mediante rociamiento,
pero sí se necesitaría mucha agua para bautizar por inmersión.
Cuando
Felipe le habló del evangelio al eunuco etíope, «Mientras iban por el camino,
llegaron a un lugar donde había agua, y dijo el eunuco: -Mire usted, aquí hay
agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?» (Hch 8: 36). Evidentemente ninguno de
ellos pensó que rociar o derramar un poco de agua de un recipiente de agua para
beber que se hubiera realizado en el carruaje era suficiente para constituir un
bautismo. Más bien, esperaron hasta que hubo un cuerpo de agua cerca del
camino.
Entonces
«mandó parar el carro, y ambos bajaron al agua, y Felipe lo bautizó.
Cuando
subieron del agua, el Espíritu del Señor se llevó de repente a Felipe.
El
eunuco no volvió a verlo, pero siguió alegre su camino» (Hch 8: 38-39). Como en
el caso de Jesús, éste bautismo tuvo lugar cuando Felipe y el eunuco bajaron a
un cuerpo de agua, y después del bautismo subieron de ese cuerpo de agua. De
nuevo, el bautismo por inmersión es la única explicación satisfactoria para
esta narración:
(3) El
simbolismo de unión con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección parece
exigir el bautismo por inmersión. Pablo dice:
¿Acaso
No Saben Ustedes Que Todos Los Que Fuimos Bautizados Para Unirnos Con Cristo
Jesús, En Realidad Fuimos Bautizados Para Participar En Su Muerte? Por Tanto,
Mediante El Bautismo Fuimos Sepultados Con Él En Su Muerte, A Fin De Que, Así
Como Cristo Resucitó Por El Poder Del Padre, También Nosotros Llevemos Una Vida
Nueva (Ro 6: 3-4).
De
modo similar, Pablo les dice a los Colosenses: «Ustedes la recibieron al ser
sepultados con él en el bautismo. En él también fueron resucitados mediante la
fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos» (Col 2: 12).
Ahora
bien, esta verdad claramente queda simbolizada en el bautismo por inmersión.
Cuando
el candidato al bautismo es sumergido en el agua eso es un cuadro de descender
a la tumba y ser sepultado. Salir del agua es entonces un cuadro de ser
resucitado con Cristo para andar en vida nueva. El bautismo de este modo
claramente ilustra la muerte a la vieja vida de uno y la resurrección a una
nueva clase de vida en Cristo, pero el bautismo por rociamiento o derramamiento
simplemente no tiene este simbolismo?
A
veces se objeta que lo esencial que se simboliza en el bautismo no es la muerte
y la resurrección con Cristo sino purificación y limpiamiento de los pecados.
LOS CANDIDATOS AL BAUTISMO
El
patrón revelado en varios lugares del Nuevo Testamento es que sólo los que dan
una profesión creíble de fe deben ser bautizados. A esta noción a menudo se le
llama el «bautismo de creyentes», puesto que sostiene que sólo los que han
creído en Cristo (o, más precisamente, los que han dado una evidencia razonable
de creer en Cristo) deben ser bautizados. Esto se debe a que el bautismo, que es
un símbolo de empezar la vida cristiana se debe administrar sólo a los que en
efecto han empezado la vida cristiana.
EL ARGUMENTO DE LOS PASAJES NARRATIVOS DEL NUEVO
TESTAMENTO SOBRE EL BAUTISMO.
Los
ejemplos de narraciones de los que fueron bautizados sugieren que el bautismo
fue administrado sólo a los que dieron una profesión creíble de fe. Después del
sermón de Pedro en Pentecostés leemos: (dos que recibieron su mensaje fueron
bautizados) (Hch 2:41).
El
texto especifica que el bautismo fue administrado a los que «recibieron su
mensaje» y por consiguiente confiaron en Cristo para la salvación.
De
modo similar, cuando Felipe predicó el evangelio en Samaria, leemos:
«Pero
cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios
y el nombre de Jesucristo, tanto hombres como mujeres se bautizaron» (HH. 8:
12). De igual manera, cuando Pedro predicó a los gentiles en la casa de
Camelia, permitió el bautismo para los que habían oído la palabra y recibido el
Espíritu Santo; es decir, los que habían dado evidencia persuasiva de una obra
interna de regeneración.
Mientras
Pedro predicaba: «el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el
mensaje» y Pedro y sus compañeros «los oían hablar en lenguas y alabar a Dios»
(Hch 10: 44-46). La respuesta de Pedro fue que el bautismo es apropiado para
los que habían recibido la obra regeneradora del Espíritu Santo: «¿Acaso puede
alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el
Espíritu Santo lo mismo que nosotros?» entonces Pedro «mandó que fueran
bautizados en el nombre de Jesucristo» (Hch 10: 47-48).
El
punto de estos tres pasajes es que el bautismo se administra apropiadamente
sólo a los que han recibido el evangelio y confiado en Cristo para salvación.
Hay otros textos que también indican esto: Hechos 16: 14-15 (Lidia y su
familia, después de que «el Señor le abrió el corazón» para que creyera»);
Hechos 16: 32-33 (la familia del carcelero de Filipos, después de que Pedro les
predicó «la palabra de Dios a él y a todos los demás que estaban en su casa»);
y 1ª Corintios 1: 16 (la familia de Estéfanas), pero estos pasajes se
considerarán más completamente abajo cuando veamos la cuestión de «bautismo de
familias».
EL ARGUMENTO DEL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO.
Además
de estas indicaciones de las narrativas del Nuevo Testamento de que el bautismo
siempre venía después de la fe que salva, hay una segunda consideración que
aboga por el bautismo de creyentes: el símbolo externo de empezar la vida
cristiana debe ser dado sólo a los que muestran evidencia de haber empezado la
vida cristiana.
Los
autores del Nuevo Testamento escribieron como si claramente dieran por sentado
que todos los que fueron bautizados también habían confiado personalmente en
Cristo y
8Berkhofadvierte
en contra de dar demasiada importancia al silencio de las Escrituras respecto
al bautismo de infantes. Comentando sobre el hecho de que en algunos casos
fueron bautizadas familias enteras, dice: «y si hubo infantes, es moralmente
verdad que ellos fueron bautizados junto con sus padres»
Pero
esto no es lo que dice Hch 2:41: el pasaje especifica que (los que recibieron
su mensaje fueron bautizados), y no los que no recibieron su palabra pero eran
infantes que pertenecían a las familias de los que recibieron su mensaje. Experimentado
la salvación. Por ejemplo, Pablo dice: «Todos ustedes los que han sido
bautizados en Cristo se han revestido de Cristo» (Gá 3: 26-27).
Pablo
aquí da por sentado que el bautismo es una señal externa de regeneración
interna. Esto simplemente no habría sido cierto de infantes; Pablo no podía
haber dicho: «todos los infantes que han sido bautizados en Cristo se han
revestido de Cristo», porque los infantes todavía no han llegado a la fe que
salva ni han dado ninguna evidencia de regeneración:
Pablo
habla de la misma manera en Romanos 6: 3-4: «¿Acaso no saben ustedes que todos
los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos
bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos
sepultados con él en su muerte». ¿Podría Pablo haber dicho esto de los
infantes?
¿Podría
haber dicho que «todos los infantes que han sido bautizados en Cristo
Jesús fueron bautizados en su muerte» y
«fueron sepultados por consiguiente con él por el bautismo en su muerte, para
que así como Cristo fue resucitado de los muertos»?
Pero
si Pablo no pudo decir estas cosas en cuanto a los infantes, entonces los que
abogan por el bautismo de niños deben decir que el bautismo significa algo
diferente para los infantes que lo que Pablo quiere decir por «todos los que
fuimos bautizados para unimos con Cristo Jesús». Los que abogan por el bautismo
de infantes en este punto recurren a lo que le parece al presente autor el
lenguaje vago en cuanto a infantes siendo adoptados «en el pacto» o «en la
comunidad del pacto», pero el Nuevo Testamento no habla de esa manera en cuanto
al bautismo. Más bien, dice que todos los que han sido bautizados han sido
sepultados con Cristo, han sido resucitados con él, y se han revestido de
Cristo.
Un argumento
similar se puede hacer de Colosenses 2: 12: «Ustedes la recibieron al ser
sepultados con él en el bautismo. En él también fueron resucitados mediante la
fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos». Pero no se
podría decir de los infantes que fueron sepultados con Cristo, o que fueron
resucitados con él mediante la fe, puesto que ellos no tienen edad suficiente
para ejercer fe por sí mismos.
ALTERNATIVA N° 1: LA NOCIÓN CATÓLICO ROMANA.
La
Iglesia Católica Romana enseña que el bautismo se debe administrar a
infantes.!! Esto se debe a que la Iglesia Católica Romana cree que el bautismo
es necesario para salvación, y que el acto de bautismo en sí mismo produce
regeneración. Por consiguiente, en este punto de vista, el bautismo es un medio
por el que la iglesia concede gracia que salva a la gente. Y si es esta clase
de canal de gracia que salva se le debe dar a toda persona.
Ludwig
Ott, En Su Fundamentals Of Catholic Dogma' Da Las Siguientes Explicaciones: El
Bautismo Es Ese Sacramento En El Que El Hombre Lavado Con Agua En El Nombre De
Las Tres Personas Divinas Renace Espiritualmente (Ott De Jn 3: 5; Tit 3: 5 Y
Ef. 5: 26 Como Respaldo De Esta Afirmación).
El
Bautismo, Provisto Que Las Disposiciones Apropiadas (Fe Y Tristeza Por El Pecado)
Estén Presentes, Efectúa: A) La Erradicación De Pecados, Tanto El Pecado
Original Y, En El Caso De Adultos, También Pecados Personales, Mortales Y
Veniales), Santificación Interna Por La Infusión De Gracia Santificadora.
Aun Si
Se Lo Recibe Indignamente, El Bautismo Válido Imprime En El Alma Del Que Lo
Recibe Una Marca Espiritual Indeleble, El Carácter Bautismal. La Persona
Bautizada Es Incorporada, Por El Carácter Bautismal, En El Cuerpo Místico De
Cristo. Toda Persona Válidamente Bautizada, Incluso La Bautizada Fuera De La
Iglesia Católica, Llega A Ser Miembro De La Única Santa Iglesia Católica Y
Apostólica.
Ott
pasa a explicar que el bautismo es necesario para la salvación y lo deben
realizar sólo los sacerdotes:
El
bautismo por agua es, desde la promulgación del evangelio, necesario para todos
los hombres sin excepción para salvación.
Ott
explica que, mientras el bautismo de ordinario lo administra un sacerdote, en
circunstancias inusuales (tales como cuando un niño está en peligro de morir a
poco de haber nacido) puede realizarlo un diácono o un laico. Incluso el
bautismo realizado por no creyentes se piensa válido, porque Ott dice:
Así,
Aunque Un Pagano O Un Hereje Puede Bautizar, Provisto Que Se Adhiera A La Forma
De La Iglesia Y Tiene Intención De Hacer Lo Que La Iglesia Hace.
Aunque
los infantes no pueden ejercer fe que salva por sí mismos, la Iglesia Católica
Romana enseña que el bautismo de infantes es válido:
La Fe,
Puesto Que No Es La Causa Efectiva De Justificación No Necesita Estar Presente.
La Fe Que Los Infantes Carecen Es Reemplazada Por La Fe De La Iglesia.
Esencial
para comprender la noción católica romana del bautismo es darse cuenta de que
los católicos romanos sostienen que los sacramentos funcionan aparte de la fe
de los que participan en el sacramento. Si esto es así, entonces se sigue que
el bautismo puede conferir gracia incluso a los infantes que no tienen la
capacidad de ejercer fe. Varias afirmaciones en el libro de Ott indican esto
claramente:
La
Iglesia Católica Enseña Que Los Sacramentos Tienen Una Eficacia Objetiva, Es
Decir, Una Eficacia Independiente De La Disposición Subjetiva Del Que Los
Recibe O Del Ministro Los Sacramentos Confieren Gracia De Inmediato, Es Decir,
Sin La Mediación De La Fe Fiduciaria.
Los
Sacramentos Del Nuevo Pacto Contienen La Gracia Que Significan, Y La Conceden A
Los Que No La Impiden.
Los
Sacramentos Operan Ex Opere Operato. Es Decir, Los Sacramentos Operan Por El
Poder Del Rito Sacramental Completado.
La
Fórmula «Ex Opere Operato» Afirma, Negativamente, Que La Gracia Sacramental No
Es Conferida Por Razón De La Actividad Subjetiva Del Que La Recibe, Y
Positivamente, Que La Gracia Sacramental Es Producida Por La Señal Sacramental
Operada Válidamente.
Sin
Embargo, Ott Cuidadosamente Explica Que La Enseñanza Católico Romana No Se Debe
Interpretar «En El Sentido De Eficacia Mecánica O Mágica». Dice:
Por El
Contrario, En El Caso Del Adulto Que Recibe Se Exige Expresamente Fe No
Obstante La Disposición Subjetiva Del Que Recibe No Es La Causa De La Gracia;
Es Meramente Una Precondición Indispensable De Comunicación De Gracia. La
Medida De La Gracia Efectuada Ex Opere Operato Incluso Depende Del Grado De
Disposición Subjetiva.
Al dar
respuesta a esta enseñanza católica romana debemos recordar que la Reforma giró
alrededor de este asunto. La gran preocupación de Martín Lutero fue enseñar que
la salvación depende sólo de la fe, y no de la fe más obras. Pero si el
bautismo y participar de los demás sacramentos es necesario para la salvación
porque son necesarios para recibir la gracia que salva, entonces la salvación
realmente se basa en la fe más obras.
En
contraste a esto, el claro mensaje del Nuevo Testamento es la justificación por
la fe sola. «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto
no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que
nadie se jacte» (Ef. 2: 8-9). Todavía más, (la dádiva de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús, nuestro Señor» (Ro 6: 23).
El
argumento de la Iglesia Católica Romana de que el bautismo es necesario para la
salvación es muy similar al argumento de los opositores de Pablo en Galaxia que
decían que la circuncisión era necesaria para la salvación. La respuesta de
Pablo
es que los que exigen la circuncisión están predicando (un evangelio diferente)
(Gá 1: 6). Él dice que «Todos los que viven por las obras que demanda la ley
están bajo maldición» (Gá 3: 10), y habla muy severamente a los que intentan
añadir toda otra forma de obediencia como requisito para la justificación:
«Aquellos
de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley, han roto con
Cristo; han caído de la gracia» (Gá 5:4). Por consiguiente, debemos concluir
que ninguna obra es necesaria para la salvación; y por consiguiente, el
bautismo no es necesario para la salvación.
Pero,
¿qué tal en cuanto A Juan 3: 5: «Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios»? Aunque algunos han entendido
esto como una referencia al bautismo, es mejor entenderlo contra el trasfondo
de la promesa del nuevo pacto en Ezequiel 36:
Los
Rodaré Con Agua Pura, Y Quedarán Purificados. Los Limpiaré De Todas Sus
Impurezas E Idolatrías. Les Daré Un Nuevo Corazón, Y Les Infundiré Un Espíritu
Nuevo; Les Quitaré Ese Corazón De Piedra Que Ahora Tienen, Y Les Pondré Un
Corazón De Carne. Infundiré Mi Espíritu En Ustedes, Y Haré Que Sigan Mis
Preceptos Y Obedezcan Mis Leyes (Ez 36: 25-27).
Ezequiel
aquí habla de un lavamiento «espiritual» que vendrá en los días del nuevo pacto
cuando Dios ponga su Espíritu en su pueblo. A la luz de esto, nacer del agua y
del Espíritu es un lavamiento «espiritual» que ocurre cuando nacemos de nuevo,
así como también recibimos un (lluevo corazón) espiritual, y no físico, en ese
momento.
De
modo similar, Tito 3: 5 especifica no el bautismo en agua, sino «el lavamiento
de la regeneración», explícitamente indicando que es una concesión espiritual
de nueva vida. El bautismo en agua simplemente no es mencionado en este pasaje.
Un
lavamiento más bien espiritual antes que literal también se menciona en Efesios
5: 26, en donde Pablo dice que Cristo se entregó a sí mismo por la iglesia
«para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra».
Es la palabra de Dios la que hace lavamiento que se menciona aquí, y no el agua
física.
En
cuanto a la noción católico romana de que el bautismo conlleva gracia aparte de
la disposición subjetiva del que lo recibe o del ministro (posición que es
consistente con el bautismo de infantes, que no ejercen fe por sí mismos),
debemos reconocer que no existe ningún ejemplo del Nuevo Testamento para probar
este punto de vista, ni tampoco hay testimonio del Nuevo Testamento que lo
indique.
Más
bien, los relatos y narrativas de los que fueron bautizados indican que primero
habían venido a la fe que salva (ver arriba). Y cuando hay afirmaciones
doctrinales en cuanto al bautismo también indican la necesidad de la fe que
salva. Cuando Pablo dice: «Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el
bautismo. En él también fueron resucitados», de inmediato especifica «mediante
la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos» (Col 2: 12).
Finalmente,
¿qué tal en cuanto a 1 Pedro 3:21, en donde Pedro dice: (el bautismo que ahora
los salva también a ustedes)? ¿No da esto claro respaldo a la noción católico
romana de que el bautismo en sí mismo da la gracia que salva al que lo recibe).
No,
porque cuando Pedro usa esta frase continúa en la misma oración para explicar
exactamente lo que quiere decir por ella. Dice que el bautismo los salva «no
consiste en la limpieza del cuerpo» (es decir, no como un acto externo, físico,
que lava suciedad del cuerpo; ésa no es la parte que salva), «sino en el
compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios» (es decir, como una
transacción interna, espiritual, entre Dios y el individuo, transacción
simbolizada por la ceremonia externa del bautismo).
Podemos
parafrasear la afirmación de Pedro diciendo: «el bautismo ahora los salva; no
la ceremonia física externa del bautismo sino la realidad espiritual interna
que el bautismo representa». De esta manera, Pedro guarda en contra de toda
noción de que el bautismo automáticamente atribuya poder salvador a la
ceremonia física en sí misma.
La
frase de Pedro, «el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios»
es otra manera de decir «una petición de perdón de pecados y un nuevo corazón».
Cuando Dios le da al pecador «una conciencia limpia», esa persona tiene la
seguridad de que todo pecado ha sido perdonado y que está en correcta relación
con Dios (Heb 9: 14 y 10: 22 habla de esta manera en cuanto a la limpieza de la
conciencia de uno por Cristo).
Ser
bautizado apropiadamente es hacer tal «apelación» a Dios; o sea, decir, en
efecto: «Dios mío, al entrar yo en este bautismo que limpia mi cuerpo por fuera
estoy pidiendo que me limpies el corazón por dentro, que perdones mis pecados,
y que me pongas en correcta relación delante de ti». Entendido de esta manera,
el bautismo es un símbolo apropiado del principio de la vida cristiana.
Así
que 1 Pedro 3: 21 ciertamente no enseña que el bautismo salva automáticamente a
las personas o que confiere gracia ex opere operato. Ni siquiera enseña que el
acto del bautismo en sí mismo tenga poder salvador, sino más bien que la
salvación resulta mediante el ejercicio interno de la fe que el bautismo
representa (Col 2: 12). De hecho, los protestantes que abogan por el bautismo
de creyentes bien podrían ver en 1ª Pedro 3: 21 algún respaldo para su
posición: el bautismo, se pudiera argumentar, es apropiadamente administrado a
todo el que tiene la suficiente personalmente para ser «una aspiración a Dios
por una clara conciencia».
En
conclusión, las enseñanzas católico romanas de que el bautismo es necesario
para la salvación, de que el acto del bautismo en sí mismo confiere gracia que
salva, y que el bautismo es por consiguiente apropiadamente administrado a los
infantes, no son persuasivas a la luz de las enseñanzas del Nuevo Testamento.
ALTERNATIVA N° 2: LA NOCIÓN PAIDOBAUTISTA
PROTESTANTE.
En
contraste tanto a la posición bautista que se defiende en la primera parte de
este capítulo, y a la noción católica romana que se acaba de considerar, otra
noción importante es que el bautismo se administra apropiadamente a todos los
hijos de padres creyentes.
Esta
es una perspectiva común en muchos grupos protestantes (especialmente iglesias
luteranas, episcopales, metodistas, presbiterianas y reformadas). A esta noción
a veces se le conoce como el argumento del pacto para el paidobautismo. Se le
llama un argumento de «pacto» porque depende de considerar a los hijos nacidos
a los creyentes como parte de la «comunidad del pacto» del pueblo de Dios.
La
palabra «paidobautismo» quiere decir la práctica de bautizar infantes (el
prefijo paidos, quiere decir «niño» y se deriva de la palabra griega país,
«niño»).!8 Se considerará primordialmente los argumentos presentados por Louis
Berkhof, que explica claramente y defiende bien la posición paidobautista.
El
argumento de que los infantes de los creyentes deben ser bautizados depende
primordialmente de los tres puntos siguientes:
A LOS
INFANTES SE LES CIRCUNCIDABA EN EL ANTIGUO PACTO:
En el
Antiguo Testamento la circuncisión era la señal externa de entrada en la
comunidad del pacto o la comunidad del pueblo de Dios. La circuncisión se administraba
a todo niño israelita (es decir, a los varones) a los ocho días de nacidos.
EL
BAUTISMO ES PARALELO A LA CIRCUNCISIÓN:
En el
Nuevo Testamento la señal externa de entrada en la «comunidad del pacto» es el
bautismo. Por consiguiente, el bautismo es la contraparte del Nuevo Testamento
a la circuncisión. Se sigue que el bautismo se debe administrar a todos los
infantes de padres creyentes. Negarles ese beneficio es privarles de un
privilegio y beneficio que les corresponde por derecho: la señal de pertenecer
a la comunidad del pueblo de Dios, la «comunidad del pacto». El paralelo entre
la circuncisión y el bautismo se ve claramente en Colosenses 2:
Además,
En Él Fueron Circuncidados, No Por Mano Humana Sino Con La Circuncisión Que
Consiste En Despojarse Del Cuerpo Pecaminoso. Esta Circuncisión La Efectuó
Cristo. Ustedes La Recibieron Al Ser Sepultados Con Él En El Bautismo. En Él
También Fueron Resucitados Mediante La Fe En El Poder De Dios, Quien Lo
Resucitó De Entre Los Muertos (Col 2: 11-12).
Aquí
se dice que Pablo hace una conexión explícita entre la circuncisión y el
bautismo.
BAUTISMOS
DE FAMILIAS:
Respaldo
adicional para la práctica de bautizar infantes se halla en los «bautismos de
familias» que se informan en Hechos y en las Epístolas, particularmente el
bautismo de la familia de Lidia (Hch 16: 15), la familia del carcelero de
Filipos (Hch 16: 33), y la familia de Estéfanas (1ª Co 1:16). También se
afirman que Hechos 2:39, que declara que las bendiciones prometidas del
evangelio son para «para ustedes, para sus hijos», respalda esta práctica.
En
respuesta a estos argumentos en favor del paidobautismo, se deben señalar los
siguientes puntos:
(1) Es
ciertamente verdad que el bautismo y la circuncisión son similares de muchas
maneras, pero no debemos olvidar también que lo que simbolizan es diferente en
algunas maneras importantes. El antiguo pacto tenía un medio físico y externo
de entrada en la «comunidad del pacto». Uno llegaba a ser judío al nacer de
padres judíos. Por consiguiente, todos los varones judíos eran circuncidados.
La circuncisión no estaba restringida a las personas que tenían verdadera vida
espiritual interna, sino más bien se la daba a «todos los que vivían entre el
pueblo de Israel. Dios dijo:
Todos
Los Varones Entre Ustedes Deberán Ser Circuncidados. Todos Los Varones De Cada
Generación Deberán Ser Circuncidados A Los Ocho Días De Nacidos, Tanto Los
Niños Nacidos En Casa Como Los Que Hayan Sido Comprados Por Dinero A Un
Extranjero Y Que, Por Lo Tanto, No Sean De La Estirpe De Ustedes. Todos Sin
Excepción, Tanto El Nacido En Casa Como El Que Haya Sido Comprado Por Dinero,
Deberán Ser Circuncidados (Gn 17: 10-13).
No
fueron solamente los descendientes físicos del pueblo de Israel los
circuncidados, sino también los siervos que ellos habían comprado y vivían
entre ellos. La presencia o ausencia de vida espiritual interna no hacía
ninguna diferencia para nada en el asunto de si uno era circuncidado. Así «ese
mismo día Abraham tomó a su hijo Ismael, a los criados nacidos en su casa, a
los que había comprado con su dinero y a todos los otros varones que había en
su casa, y los circuncidó, tal como Dios se lo había mandado» (Gn 17: 23; Jos
5: 4).
Debemos
darnos cuenta de que la circuncisión se hizo a todo varón que vivía entre el pueblo
de Israel aunque la verdadera circuncisión es algo interno y espiritual: «La
circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento
escrito» (Ro 2: 29). Es más, Pablo en el Nuevo Testamento explícitamente indica
que «no todos los que descienden de Israel son Israel» (Ro 9: 6).
Pero
aunque hubo en el tiempo del Antiguo Testamento (y más completamente en tiempo
del Nuevo Testamento) una conciencia de realidad espiritual interna que la
incircuncisión tenía el propósito de representar, no hubo esfuerzo alguno de
restringir la circuncisión sólo aquellos cuyo corazón en realidad estaba
circuncidado espiritualmente y que tenían genuina fe que salva. Incluso entre
los adultos varones la circuncisión se aplicaba a todos, y no solamente a los
que daban evidencia de fe interna.
(2) Pero
bajo el nuevo pacto la situación es muy diferente. El Nuevo Testamento no habla
de una «comunidad del pacto» formada de creyentes y los hijos, parientes y
sirvientes no creyentes que resulta que viven entre ellos. (A decir verdad, en
la consideración del bautismo, la frase «comunidad del pacto» según la usan los
paidobautistas a menudo tiende a funcionar como un término amplio y vago que
nubla las diferencias entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento en este
asunto).
En la
iglesia del Nuevo Testamento la única cuestión que importa es si uno tiene fe
que salva y ha sido espiritualmente incorporado en el cuerpo de Cristo, la
verdadera iglesia. La única «comunidad de pacto» que se considera es la iglesia
o sea la comunidad de los redimidos.
Pero,
¿cómo llega a ser uno miembro de la iglesia? El medio de entrada en la iglesia
es voluntario, espiritual e interno. Uno llega a ser miembro de la verdadera
iglesia al nacer de nuevo y tener fe que salva, no por el nacimiento físico.
Esto resulta no por un acto externo, sino por la fe interna del corazón de uno.
Es ciertamente verdad que el bautismo es la señal de entrada a la iglesia, pero
esto quiere decir que se debe darlo solamente a los que dan evidencia de membrecía
en la iglesia, sólo los que profesan fe en Cristo.
No
debe sorprendemos que haya un cambio en la manera en que se entraba a la
comunidad del pacto en el Antiguo Testamento (nacimiento físico) y la manera en
que se entra a la iglesia en el Nuevo Testamento (nacimiento espiritual). Hay
muchos cambios análogos entre el antiguo y el nuevo pacto en otros aspectos por
igual.
En
tanto que los israelitas se alimentaban del maná físico en el desierto, los
creyentes del Nuevo Testamento se alimentan de Jesucristo, el pan verdadero que
ha venido del cielo Gn 6: 48-51). Los israelitas bebieron agua física que brotó
de la roca en el desierto, pero los que creen en Cristo beben del agua viva de
vida eterna que él da Gn 4: 10-14).
El
antiguo pacto tenía un templo físico al que Israel venía para adorar, pero en
el nuevo pacto los creyentes son edificados para ser un templo espiritual (1ª P
2: 5). Los creyentes del antiguo pacto ofrecían sacrificios físicos de animales
y cosechas en el altar, pero los creyentes del Nuevo Testamento ofrecen
«sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo» (1ª P 2: 5;
Heb 13: 15-16).
Los
creyentes del antiguo pacto recibieron de Dios la tierra física de Israel que
les había prometido, pero los creyentes del Nuevo Testamento reciben «una
patria mejor, es decir, la celestial» (Heb 11: 16). De la misma manera, en el
antiguo pacto los que eran descendencia física de Abraham eran miembros del
pueblo de Israel, pero en el Nuevo Testamento los que son la «simiente»
espiritual o descendientes de Abraham por fe son miembros de la iglesia (Gá 3:
29; Ro 4: 11-12).
En
todos estos contrastes vemos la verdad de la distinción que Pablo recalca entre
el antiguo pacto y el nuevo pacto. Los elementos y actividades físicas del
viejo pacto eran «sólo una sombra de lo que había de venir», pero la verdadera
realidad, la «sustancia», se halla en la relación del nuevo pacto que tenemos
en Cristo (Col 2: 17).
Por
consiguiente, es consistente con este cambio de sistemas que los niños
(varones) automáticamente sean circuncidados en el antiguo pacto, puesto que su
descendencia física y presencia física en la comunidad del pueblo Judío quería
decir que eran miembros de esa comunidad en la que la fe no era un requisito de
entrada.
Pero
en el nuevo pacto es apropiado que los infantes no sean bautizados, y que el
bautismo sea dado sólo a los que dan evidencia de genuina fe que salva, porque
la membrecía en la iglesia se basa en la realidad espiritual interna, y no en
descendencia física.
(3) Los
ejemplos del bautismo de familias en el Nuevo Testamento en realidad no son
decisivos en cuanto a una posición o la otra. Cuando miramos a los ejemplos
reales más de cerca, vemos que varios de ellos hay indicaciones de fe que salva
de parte de los bautizados. Por ejemplo, es cierto que la familia del carcelero
de Filopos fue bautizada (Hch 16: 33), pero también es cierto que Pablo y Silas
«les expusieron la palabra de Dios a él y a todos los demás que estaban en su
casa» (Hch. 16: 32).
Si la
palabra del Señor fue proclamada a todos en la casa, se da por sentado de que
todos tenían edad suficiente para entender la palabra y creer en ella. Todavía
más, después de que la familia fue bautizada, leemos que el carcelero de
Filopos «se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios»
(Hch 16: 34).
Así
que no tenemos sólo un bautismo de una familia sino también la recepción de
parte de una familia de la palabra de Dios y a toda una familia que se regocija
en la fe en Dios. Estos hechos sugieren muy fuertemente que toda la familia
tuvo que venir individualmente a la fe en Cristo.
Con
respecto al hecho de que Pablo bautizó «a la familia de Estéfanas» (1ª Co 1:
16), debemos también notar que Pablo dice al fin de Corintios que «los de la
familia de
Estéfanas
fueron los primeros convertidos de Acaya, y que se han dedicado a servir a los
creyentes. Les recomiendo, hermanos» (1ª Co 16: 15). Así que, no fueron
solamente bautizados; también se convirtieron y habían trabajado sirviendo a
otros creyentes. De nuevo, el ejemplo de bautismo de familias da indicación de
fe de familias.
De
hecho, hay otros casos en donde el bautismo no se menciona pero vemos
testimonio explícito del hecho de que toda una familia había venido a la fe.
Después de que Jesús sanó al hijo del oficial, leemos que el padre «creyó él
con toda su familia» (Jn 4: 53). De modo similar, cuando Pablo predicó en
Corinto «Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia»
(Hch 18: 8).
Esto
quiere decir que de todos los ejemplos de «bautismo de familias» en el nuevo
testamento, el único que no da alguna indicación de fe de familia tan bien es
Hechos 16: 14-15, hablando de Lidia: «el Señor le abrió el corazón para que
respondiera al mensaje de Pablo. Cuando fue bautizada con su familia».
El
texto simplemente no contiene ninguna información en cuanto a si hubo infantes
en su casa o no. Es ambiguo, y ciertamente no evidencia de peso para el
bautismo de infantes. Se debe considerar inconclusivo.
Con
respecto a la afirmación de Pedro en Pentecostés de que «la promesa es para
ustedes, para sus hijos», debemos notar que la oración sigue de esta manera:
«En
efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los
extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios
quiera llamar» (Hch 2: 39).
Todavía
más, el mismo párrafo especifica no que creyentes y niños no creyentes fueron
bautizados, sino que (los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel
día se unieron a la iglesia unas tres mil personas» (Hch 2: 41).
(4) Otro
argumento en objeción a la posición paidobautista se puede hacer cuando hacemos
la pregunta sencilla: «¿Qué hace el bautismo?» En otras palabras, podemos preguntar:
«¿Qué logra en realidad el bautismo? ¿Qué beneficio produce?»
Los
católicos romanos dan una clara respuesta a esta pregunta: el bautismo produce
regeneración. Y los bautistas tienen también una respuesta clara: el bautismo
simboliza el hecho de que la regeneración interna ya ha ocurrido. Pero los
paidobautistas no pueden adoptar ninguna de estas respuestas. No quieren decir
que el bautismo produce regeneración, ni tampoco pueden decir (con respecto a
los niños) que simboliza una regeneración que ya ha ocurrido.
La
única alternativa parece ser decir que simboliza una regeneración que ocurrirá
en el futuro, cuando el infante tenga edad suficiente para llegar a la fe que
salva. Pero incluso eso no es exacto, porque no es seguro que el infante será
regenerado en el futuro; algunos infantes que son bautizados nunca llegan a
tener fe que salva más adelante.
Así
que, la explicación paidobautista más acertada de lo que simboliza el bautismo
es que simboliza probable regeneración futura. 21 No causa regeneración, ni
simboliza regeneración real; por consiguiente se debe entender como
simbolizando probable regeneración en algún momento en el futuro.
Pero
en este punto parece evidente que la comprensión paidobautista del bautismo es
muy diferente de la del Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento nunca ve el
bautismo como algo que simboliza una regeneración futura probable. Los autores
del Nuevo Testamento no dicen: «¿Puede alguien impedir agua para bautizar a
estos que probablemente algún día serán salvados?» (Hch 10: 47), o, «Todos
ustedes que fueron bautizados en Cristo probablemente algún día serán puestos
en Cristo» (Gá 3: 27), o «¿No saben que todos ustedes que han sido bautizados
en Cristo Jesús probablemente algún día serán bautizados en su muerte?» (Ro 6:
3).
Esta
simplemente no es la manera en que el Nuevo Testamento habla del bautismo. El
bautismo en el Nuevo Testamento es una señal de haber nacido de nuevo, de estar
limpios del pecado, y del comienzo de la vida cristiana. Es apropiado reservar
esta señal para los que dan evidencia de lo que es realidad en sus vidas.
Otra
perspectiva del simbolismo del bautismo la da Michael Green. Él dice:
El
bautismo de infantes recalca la objetividad del evangelio. Señala al logro
sólido de Cristo crucificado y resucitado, sea que respondamos o no a él. No
que ganemos nada de ello a menos que nos arrepintamos y creamos. Pero es la
demostración firme de que nuestra salvación no depende de nuestra propia fe muy
falible; depende de lo que Dios ha hecho por nosotros.
Luego pasa
a decir:
El
Bautismo De Infantes Recalca La Iniciativa De Dios En La Salvación. ¿Debería
Apuntarse Lo Primariamente A La Respuesta Del Hombre, O A La Iniciativa De
Dios? Ese Es El Meollo De La Pregunta. Para El Bautista, El Bautismo
Primariamente Da Testimonio De Lo Que Nosotros Hacemos En Respuesta A La Gracia
De Dios. Para El Paidobautista, Primariamente Da Testimonio De Lo Que Dios Ha
Hecho Que Lo Hace Posible (Énfasis Suyo).
Pero
se pueden anotar varios puntos en respuesta a Creen.
(A) Su
análisis en este punto deja a un lado el hecho de que el bautismo no sólo
simboliza la muerte y resurrección de Cristo; como ya hemos visto en el
análisis previo de los textos del Nuevo Testamento, sino que también simboliza
la aplicación de la redención a nosotros, como resultado de nuestra respuesta
de fe.
El
bautismo ilustra el hecho de que hemos sido unidos a Cristo en su muerte y
resurrección, y el lavamiento con agua simboliza que hemos sido limpiados de
nuestros pecados. Al decir que los paidobautistas recalcan la iniciativa de
Dios y los bautistas recalcan la respuesta del hombre, Creen le ha presentado
al lector dos alternativas incorrectas entre las cuales escoger, porque el
bautismo ilustra ambas cosas y más. El bautismo ilustra:
(I) la
obra redentora de Cristo:
(II) mi
respuesta en fe (cuando vengo a ser bautizado) y:
(II) la
aplicación de Dios de los beneficios de la redención a mi vida.
El
bautismo de creyentes ilustra todos esos tres aspectos (y no simplemente mi fe,
como sugiere Creen), pero según la noción de Creen el paidobautismo ilustra
sólo la primera.
No es
cuestión de cuál es «primaria»; es cuestión de cuál noción del bautismo incluye
todo lo que el bautismo representa.
(B)
Cuando Creen dice que nuestra salvación no depende de nuestra fe sino de la
obra de Dios, la expresión «depende de» se presta a varias interpretaciones. Si
«depende de» quiere decir «aquello en que nos apoyamos», entonces por supuesto
ambos lados concordarían en que descansamos en la obra de Cristo, y no en
nuestra fe. Si «depende de» quiere decir que la fe no tiene ningún mérito en sí
misma por la que podamos ganamos el favor de Dios, entonces ambos lados
concordarían.
Pero
si «depende de» quiere decir que no hay ninguna diferencia en cuanto a nuestra
salvación si creemos o no, entonces ningún lado concordaría: el mismo Creen
dice en la oración previa que el bautismo no nos hace ningún bien a menos que
nos arrepintamos y creamos.
Por
consiguiente, si el bautismo de alguna manera representa la aplicación de la
redención a la vida de una persona, entonces no es suficiente practicar una
forma de bautismo que ilustra sólo la muerte y resurrección de Cristo; también
debemos ilustrar nuestra respuesta en fe y la subsiguiente aplicación de la
redención a nosotros. En contraste, en la noción de Creen, hay un peligro real
de ilustrar una noción (con la que Creen discreparía) de que Dios aplica la
redención a las personas sea que crean o no.
(5)
Finalmente, los que abogan por el bautismo de creyentes a menudo expresan
preocupación en cuanto a las consecuencias prácticas del paidobautismo. Aducen
que la práctica del paidobautismo en la vida real de la iglesia frecuentemente
lleva las personas bautizadas en la infancia a dar por sentado de que han sido
regenerados, y por consiguiente no sienten la urgencia de su necesidad de venir
a la fe personal en Cristo.
En un
período de años, la tendencia es probable que resulte en más y más miembros no
convertidos en la «comunidad del pacto»; miembros que no son genuinamente
miembros de la iglesia de Cristo. Por supuesto, esto no haría falsa a una
iglesia paidobautista, pero sí la haría una iglesia menos pura, y una que
frecuentemente luchará contra las tendencias hacia la doctrina liberal y otras
clases de incredulidad que son introducidas por el sector no regenerado de la
membrecía.
EL EFECTO DEL BAUTISMO
Hemos
argumentado arriba que el bautismo simboliza regeneración o renacimiento
espiritual. Pero, ¿sólo simboliza? O, ¿hay alguna manera en que también es un
«medio de gracia», es decir, un medio que el Espíritu Santo utiliza para dar
bendición a la gente?
Ya
hemos considerado esta pregunta en el capítulo previo," así que aquí sólo
es necesario decir que cuando se realiza apropiadamente el bautismo entonces
por supuesto también da algún beneficio espiritual a los creyentes.
Hay la
bendición del favor de Dios que viene con toda obediencia, así como también la
alegría que viene por la profesión pública de la fe de uno, y la seguridad de
tener un cuadro físico claro de morir y resucitar con Cristo y de lavamiento de
pecados.
Ciertamente
el Señor nos dio el bautismo para fortalecer y promover nuestra fe; y así
debería ser para todo el que es bautizado y para todo creyente que presencia un
bautismo.
LA NECESIDAD DEL BAUTISMO
En
tanto que reconocemos que Jesús ordenó el bautismo (Mt 28: 19), como también
los apóstoles (Hch 2:38), no debemos decir que el bautismo sea necesario para
salvación.
Esta
cuestión se consideró en alguna extensión bajo la respuesta a la noción
católico romana del bautismo. Decir que el bautismo o cualquier otra acción son
necesarios para la salvación es decir que no somos justificados por fe sola,
sino por la fe más una cierta «obra», la obra del bautismo.
El
apóstol Pablo se habría opuesto a la idea de que el bautismo es necesario para
la salvación tan fuertemente como se opuso a la idea similar de que la
circuncisión sea necesaria para la salvación (ver Gá 5: 1-12).
Los
que aducen que el bautismo es necesario para la salvación a menudo señalan
Marcos 16: 16: (El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea
será condenado). Pero la respuesta muy evidente a esto es simplemente decir que
el versículo no dice nada acerca de los que creen y no son bautizados. El
versículo simplemente está hablando de casos generales sin hacer ninguna
calificación pedante para el caso inusitado de alguien que cree y no es
bautizado. Pero ciertamente ese versículo no se debería forzar para hacer que
diga algo de lo que no está hablan.
Más al
punto es la afirmación de Jesús al ladrón moribundo en la cruz: «-Te aseguro
que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23: 43). El ladrón no pudo ser
bautizado antes de morir en la cruz, pero fue ciertamente salvado ese día. Es
más, la fuerza de este punto no se puede evadir argumentando que el ladrón fue
salvado bajo el antiguo pacto (bajo el cual el bautismo no era necesario para
salvación), porque el nuevo pacto tomó efecto en la muerte de Jesús (ver Heb 9:
17), y Jesús murió antes de cualquiera de los dos ladrones que fueron
crucificados con él (ver Jn 19: 32-33).
Otra
razón por la que el bautismo no es necesario para la salvación es que nuestra
justificación de los pecados tiene lugar en el punto de la fe que salva, y no
en el punto del bautismo del agua, que por lo general ocurre más tarde. Pero si
la persona ya está justificada y tiene sus pecados perdonados eternamente en el
punto de la fe que salva, entonces el bautismo no es necesario para el perdón
de los pecados, ni para la concesión de nueva vida espiritual.
El
bautismo, entonces, no es necesario para la salvación; pero sí es necesario
para nuestra obediencia a Cristo, porque él ordenó el bautismo a todos los que
creen en él.
LA EDAD PARA EL BAUTISMO
Los
que están convencidos por los argumentos para el bautismo de creyentes deben
entonces empezar a preguntar: «¿qué edad deben tener los niños antes de ser
bautizados?»
La
respuesta más directa es que deben tener edad suficiente para dar una profesión
creíble de fe. Es imposible fijar una edad precisa que se aplicará a todo niño,
pero cuando los padres ven evidencia convincente de genuina vida espiritual, y
también algún grado de comprensión respecto a lo que significa confiar en
Cristo, entonces el bautismo es apropiado. Por supuesto, esto requerirá
cuidadosa administración de parte de la iglesia, así como también una buena
explicación de parte de los padres en sus hogares. La edad exacta para el
bautismo variará de niño a niño, y a veces de iglesia a iglesia también.
PREGUNTAS QUE QUEDAN
¿NECESITAN LAS IGLESIAS DIVIDIRSE POR EL BAUTISMO?
A
pesar de muchos años de división sobre la cuestión entre protestantes, ¿hay
alguna manera en que los creyentes que difieren sobre el bautismo pueden
demostrar una mayor unidad de comunión?
Y,
¿hay alguna manera en que se pueda hacer progreso en acercar más a la iglesia a
la unidad respecto a este asunto?
Una
manera de progresar pudiera ser que los paidobautistas y los que abogan por el
bautismo de creyentes llegaran a una admisión común de que el bautismo no es
una doctrina principal de la fe, y que estuvieran dispuestos a vivir con el
punto de vista del otro en este asunto y a no permitir que las diferencias en
cuanto al bautismo sean una causa de división dentro del cuerpo de Cristo.
Específicamente,
esto querría decir permitir que se enseñen y practiquen diferentes puntos de
vista sobre el bautismo de ambos lados del asunto.
Sin
duda esto sería dificil tanto para denominaciones bautistas como para
denominaciones paidobautistas, porque tienen largas tradiciones de discutir uno
u otro lado del asunto. Ciertamente los creyentes tienen el derecho de tomar
sus propias decisiones respecto al bautismo, pero no parece apropiado que las
divisiones denominacionales dependan o refuercen estas diferencias, ni parece
correcto que las iglesias exijan una noción u otra sobre el bautismo para los
que desean ser ordenados o funcionar como maestros dentro de la iglesia.
Específicamente,
esto significaría que las iglesias bautistas tendrían que estar dispuestas a
permitir en su membrecía a los que han sido bautizados como infantes y aquellos
cuya convicción de conciencia, después de consideración cuidadosa, es que su
bautismo como infantes fue válido y no se debería repetir.
Por
supuesto, las iglesias bautistas podrían ser libres de enseñar e intentar
persuadir a cualquier posible miembro de su iglesia que deben bautizarse como
creyentes, pero si algunos, después de cuidadosa consideración, no están
persuadidos, no parece apropiado hacer de esto una barrera a la membrecía.
¿Qué
bien se logra con tal barrera? Y ciertamente mucho daño se puede hacer al no
demostrar la unidad de la iglesia o al prohibir plena participación en la
iglesia a aquellos que el Señor en efecto ha traído a esa comunión.
Por
otro lado, los que creen en el paidobautismo tendrían que convenir en no poner
indebida presión sobre los padres que no desean bautizar a sus infantes y no
considerar a estos padres de alguna manera desobedientes al Señor. Tendría que
haber una disposición a tener alguna clase de breve ceremonia de dedicación del
hijo al Señor poco después de que nace, en lugar de una ceremonia de bautismo,
si los padres lo desean así. Por supuesto, ambos lados tendrían que convenir en
no hacer la noción del bautismo de uno criterio para algún cargo en la iglesia
o para la ordenación.
Si se
hicieran tales concesiones en la práctica real de parte de ambos lados sobre
este asunto, la cuestión bien pudiera en efecto disminuir el nivel de
controversia dentro de una generación, y el bautismo pudiera a la larga dejar
de ser un punto de división entre los creyentes.
¿QUIÉN PUEDE BAUTIZAR?
Finalmente,
podemos preguntar: «¿Quién puede realizar la ceremonia del bautismo? ¿Puede
sólo el clero ordenado realizar esta ceremonia?»
Debemos
reconocer aquí que la Biblia simplemente no especifica ninguna restricción
sobre quién puede realizar la ceremonia del bautismo. Las iglesias que tienen
un sacerdocio especial mediante el cual ciertas acciones (y bendiciones) vienen
(tales como los católicos romanos, y hasta cierto punto los anglicanos) van a
querer insistir en que sólo el clero propiamente ordenado debe bautizar en
circunstancias ordinarias (aunque se podría hacer excepciones en circunstancias
inusitadas).
Pero
si creemos verdaderamente en el sacerdocio de todos los creyentes (ver 1ª P 2:
4-10), entonces parece que no hay necesidad en principio de restringir el
derecho de realizar el bautismo solamente al clero ordenado.
Sin
embargo, surge otra consideración: puesto que el bautismo es la señal de
entrada en el cuerpo de Cristo, la iglesia (1ª Co 12: 13 sobre el bautismo
espiritual interno), parece apropiado que se haga dentro de la comunión de la
iglesia siempre que sea posible, de modo que la iglesia como un todo pueda
regocijarse con el que es bautizado y así la fe de todos los creyentes de esa
iglesia pueda ser edificada."
Es
más, puesto que el bautismo es una señal de empezar la vida cristiana y por
consiguiente empezar vida en la verdadera iglesia por igual, es apropiado que
la iglesia local esté reunida para dar testimonio de este hecho y dar la
bienvenida visible al bautizado. También, a fin del que es bautizado tenga una
comprensión correcta de lo que en realidad está sucediendo, es apropiado que la
iglesia salvaguarde la práctica del bautismo e impida su abuso.
Finalmente,
si el bautismo es una señal de entrar en la comunión de la iglesia visible,
entonces parece apropiado que algún representante o representantes oficialmente
designados de la iglesia sean seleccionados para administrarlo. Por estas
razones, es por lo general el clero ordenado el que bautiza, pero no parece
haber razón por la que la iglesia de tiempo en tiempo, y cuando lo considere
apropiado, no pueda llamar a algún otro oficial de la iglesia o creyentes
maduros para bautizar a nuevos creyentes.
Por
ejemplo, alguien que es eficaz en la evangelización en la iglesia local puede
ser la persona apropiadamente designada para bautizar a los que han venido a
Cristo mediante la práctica del ministerio de evangelización de esa persona.
(Nótese en Hch 8: 12 que Felipe predicó el evangelio en Samaria y luego al
parecer bautizó a los que vinieron a la fe en Cristo).
: EL ESPÍRITU SANTO Y EL HABLAR EN
LENGUAS.
A. EL HABLAR EN LENGUAS EN LA ERA
APOSTÓLICA.
I. HECHOS 14: 3.
II. ROMANOS 15: 18-19.
III. 2ª CORINTIOS 12: 12.
IV. HEBREOS 2: 3-4.
V. JUAN 20: 30-31.
B. LA PERSPECTIVA BÍBLICA DE LA
IMPORTANCIA DE HABLAR EN LENGUAS.
I. EL ANTIGUO TESTAMENTO.
II. JESUCRISTO.
III. LOS EVANGELIOS.
IV. PENTECOSTÉS.
V. HECHOS 10: 11.
VI. HECHOS 19: 1-17.
VII. 1ª CORINTIOS 12: 14.
: EL ESPÍRITU SANTO Y EL HABLAR EN
LENGUAS.
Hablar en
lenguas es hablar espontáneamente en una lengua que el que no ha aprendido
previamente, o en silabas que no se reconocen como lengua.
El hablar en
lenguas se dio en tiempos del Nuevo Testamento y luego cayó en olvido por lo
menos durante mil ochocientos años, sino definitivamente. Algunos dicen que los
montanistas del siglo segundo hablaron en lenguas, pero pocos encontrarían base
Bíblica en estas manifestaciones estáticas y delirantes de esta secta no
cristiana. Los padres de la iglesia no practicaron el hablar en lenguas ni
tampoco se refirieron a ello en su tiempo. En el siglo cuarto, Crisóstomo en la
iglesia Oriental y Agustín en la occidental hablaron de la glosolalia como algo
del pasado. En la edad media hay algunos relatos poco frecuentes de hablar en
lengua extranjera. Ninguno de los reformadores. Lutero, Calvino, Zwinglio,
Knox, Melanchton hablaron en lenguas. Aparte de unos pocos ejemplos difusos de
hablar en lenguas en la Edad Media y en la época posterior a la Reforma, el
llamado hablar en lenguas sino al comienzo del siglo IXX. Hubo pues un silencio
de mil ochocientos años en cuanto a las lenguas, y muchos dicen que el silencio
todavía sigue y que lo que hoy día se llama hablar en lenguas tiene poca
relación con el concepto Bíblico.
Hoy día se
suele asociar el hablar en lenguas con lo que se llama la segunda bendición o
el bautismo en (o de o con)= el Espíritu Santo. Hay denominaciones que creen
que una persona acepta a Cristo como su
Salvador de la culpa del pecado, que en algún momento posterior el Espíritu
Santo de repente entra en él., de modo que se llana con el mismo. Como pecador
acepta a Cristo, pero como santo acepta al Espíritu Santo. En el primer caso
pone su fe en Cristo; en el segundo, en el Espíritu, como prueba de esta
plenitud, dicen, Dios da el Don de la glosolalia (hablar en lenguas). Se puede
utilizar para auto-edificación y también para estimulo de la congregación.
Tanto el bautismo en el Espíritu la glosolalia consiguiente se obtiene con un
anhelo intenso del bautismo del Espíritu, con la oración y con la supresión de
todo pecado conocido.
Como el en
lenguas es una práctica muy difundida hoy día en muchas denominaciones que han
superado barreras en números por la poca comprensión Escritural, es importante
que el cristiano estudie lo que dice el Nuevo Testamento acerca de ello. Porque
no puede eludirlo. Debería conocer lo que es bíblico. ¿Está perdiendo algo
hermoso y edificante si no habla en lenguas? ¿Existe realmente hoy día el don
espiritual de hablar en lenguas o se trata de alguna alucinación o de un
movimiento diabólico? ¿Ceso el hablar en lenguas con el final de la época neo-testamentaria?
¿Se da una segunda bendición instantánea que se obtiene con una plenitud
repentina del Espíritu Santo? ¿Puede uno ser mejor cristiano con el bautismo
del Espíritu Y la glosolalia? ¿Ayudaran estas cosas a la monótona vida
cristiana que a menudo parece tan pecaminosa?
A. EL HABLAR EN LENGUAS EN LA ERA
APOSTÓLICA.
En la Biblia hay muchas pruebas de que el
hablar en lenguas estuvo confinado a la era Apostólica, ya que tubo como
propósito el confirmar a los Judíos y gentiles la obra dramáticamente nueva de
Dios en Cristo Jesús. Pero algunos creen que las pruebas no son concluyentes.
Examinemos a los datos.
I. HECHOS 14: 3.
En su primer
viaje misionero, Pablo y Bernabé se encontraron con gran oposición en Iconio.
De hecho, tanto judíos como gentiles conspiraron contra ellos e hicieron planes
de darles muerte por lapidación. Frente a tal hostilidad al mensaje de Cristo,
el cual parecía tan nuevo tanto Judíos como gentiles, Dios hizo señales y
milagros a través de los Apóstoles. Como dice Lucas: ‘Se detuvieron (Pablo y
Bernabé) allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el
cual daba testimonio a la Palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por
las manos de ellos señales y prodigios’ (Hechos 14: 3). Aquí no se menciona ni
el hablar en lenguas, ni tampoco otras señales. Y quizá no se dio el hablar en
lenguas en Iconio, pero a veces las lenguas se daban como señal (1ª Cor. 14:
22), y Lucas dice claramente que el propósito de las señales fue confirmar el
mensaje de Pablo y Bernabé.
II. ROMANOS 15: 18-19.
Pablo
desarrolla un tema semejante en este pasaje cuando escribe; ‘No osaría hablar
de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles,
con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios en el poder
del Espíritu de Dios’. Es interesante que Pablo mencione tres instrumentos de
conversión:
1. El
Espíritu Santo.
2. La predicación y obras de Pablo.
Y,
3. Las señales y prodigios.
De acuerdo a
lo que Lucas dice en Hechos 14. Pablo aquí afirma que Cristo utiliza señales
(la glosolalia se podría incluir como señales) para hacer que los gentiles
obedezcan a Dios. El propósito de las señales era el de la conversión.
III. 2ª CORINTIOS 12: 12.
En 2ª de
Corintios Pablo constantemente defiende su apostolado, y en 12: 11 dice: ‘En
nada he sido menos que aquellos grandes Apóstoles, aunque nada soy’. Luego para
probar que era Apóstol dice en siguiente versículo: ‘Las señales de apóstol han
sido hechas entre vosotros’. En otras palabras, se dieron señales como prueba
de su apostolado.
IV. HEBREOS 2: 3-4.
‘La cual
(esta salvación), habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, no fue
confirmada por los que oyeron, testificando a Dios juntamente con ellos, con
señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo
según su voluntad’. Aquí el autor habla claramente de la naturaleza
confirmadora de las señales. Dice que primero Cristo anunció la salvación.
Luego los que lo escucharon, la confirmaron a otros. Y finalmente Dios añadió
su testimonio en forma de señales.
V. JUAN 20: 30-31.
Aunque Jesús
nunca habló en lenguas. El uso que él hizo de señales armoniza con este
propósito de confirmar el evangelio. Juan escribe: ‘Hizo además Jesús muchas
otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en
este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo,
el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre’.
Así pues,
basados en pasajes como éstos, muchos afirman que el hablar en lenguas era una
señal de la era Apostólica concedida por Dios a fin de autenticar y confirmar
el evangelio, y los que lo predicaban, al difundirse más allá de los límites
del Judaísmo hacia el mundo gentil. Fue su sello de aprobación del evangelio y
tubo como fin ganarse conversos en este nuevo periodo difícil y radicalmente
diferente. Una vez conseguida esta confirmación ya no hubo necesidad de la
misión especial de Apóstoles o profetas ni de las señales confirmatorias, tales
como el hablar en lenguas, que acompañaban a su labor. En consecuencia, una vez
firmemente establecida la iglesia del Nuevo Testamento, los ministerios y
señales cesaron. Este punto de vista es muy atrayente.
B. LA PERSPECTIVA BÍBLICA DE LA
IMPORTANCIA DE HABLAR EN LENGUAS.
Algunos
arguyen que Dios no está atado y que puede seguir realizando señales,
incluyendo el hablar en lenguas. No debemos restringir la libertad del Espíritu
Santo.
Es sin duda
posible que Dios esté actuando por medio de señales milagrosas, incluyendo el
hablar en lenguas. Puede ser que se den sanidades milagrosas genuinas, aunque
muchos observadores creen que se ha exagerado mucho su número. Se han dado
muchos casos de personas ‘sanadas’ que murieron de su enfermedad poco después,
ya que hubiera debido ir a médicos, en vez de ir a curadores ultras
expeculístas de la fe.
Así pues sin
afirmar ni negar la permanencia de milagros y el del hablar en lenguas en la en
la época actual, y presuponiendo por un momento que siguen ocurriendo, el
cristiano de orientación bíblica querrá situarlos en su perspectiva adecuada, y
la perspectiva bíblica es ésta: la Biblia no insiste en ninguna en la
importancia o conveniencia de hablar en leguas, y en el único pasaje en que la
Biblia nos da directrices acerca de ello, se le hace poco caso. En otras
palabras, aunque estuviera en operación hoy día el don de glosolalia, la Biblia
no lo destaca como una gran experiencia que todos debieran buscar, o que
incluso sea normal en al vida Cristiana. Y el objetivo del cristiano debería
ser darle sólo la importancia que la Biblia le da, ni más ni menos. Examinemos
pues las pruebas.
I. EL ANTIGUO TESTAMENTO.
No hay en el
Antiguo Testamento, ni siquiera en los pasajes proféticos que aluden a pentecostés,
mención ninguna del hablar en lenguas. En el Antiguo Testamento se habla de la
profecía, de las sanidades, de milagros y de la obra del Espíritu Santo en la
creación, en la gracia común, en la revelación, en la iluminación; de
Jesucristo en la regeneración, de la santificación y de la oración. Pero en
ningún lugar se alude siquiera a la glosolalia.
II. JESUCRISTO.
Ni siquiera
una vez en toda la instrucción de Jesús hay una mención indirecta al hablar en
lenguas. Ni tampoco lo practicó Jesús, a quien Dios dio el Espíritu sin límite
alguno (Jun. 4: 34). Jesús nos habla de las cosas importantes de la vida: fe,
salvación, santificación, iluminación, oración, obediencia, y normas divinas
para la vida. Pero suficientemente importante como para mencionarlo. Da toda
clase de instrucciones, mandatos y ejemplos, pero la glosolalia no figura entre
ello. Seria atrevido quien en contraste con Jesús, pensará que el hablar en
lenguas es la experiencia más importante después de la salvación.
Algunos
ocurren en Marcos 16: 17-18, como pasaje en el que Jesús trató del hablar en
lenguas: ‘Y estas señales seguirán a los que creen: en mí Nombre echarán fuera
demonios; halaran nuevas lenguas; tomaran en las manos serpientes, y si
bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos
y sanaran’. Pero esto no es para tomarse como pretensión u oportunidad para especulación
sabiendo que primero se debe creer en Él y su orden.
A. Hay consentimiento casi unánime
entre los expertos Bíblicos, tanto conservadores como liberales, que Marcos 16:
9-20, no fue inspirado por el Espíritu Santo sino añadido posteriormente a la
palabra de Dios. El juicio del gran baluarte ortodoxo, Benjamín Warfield, es
tan verdad hoy como lo fue 1918 cuando lo escribió: Sin embargo es tan cierto
que (Marcos 16: 17-18) espúreo como puede serlo cualquier otra cosa de este
género. Y las versiones modernas de la Biblia están todas de acuerdo en este
juicio. Por ejemplo, la nueva versión internacional separa los versículos 8 y 9
con un espacio y una línea y luego agrega una nota en el mismo texto que dice:
‘los manuscritos primitivos más confiables omiten Marcos 16: 17-18’. Así
también, la nueva Versión estándar Americana pone los versículos 9-20 en
corchetes (no simples paréntesis) y agrega esta nota ‘Algunos de los manuscritos
más antiguos omiten desde el versículo 9 hasta el 20’. Otras versiones modernas
que le dan el mismo trato a éstos versículos son la Nueva Biblia Inglesa, la
Versión Standard revisada, Berkley, Barclay, y beek. Las dos Biblias Católicas
modernas, editadas por decisión de la iglesia, afirman que si bien este pasaje
está en el canon, no lo escribió Marcos.
B. Sí estos versículos son parte de
la Biblia original y los pronuncio Jesús, es arbitrario que los que enfatizan
la glosolalia seleccionen un elemento de la enseñanza de Jesús en detrimento de
los otros, tales como el beber veneno y el tomar serpientes en las manos. Estas
dos prácticas están colocadas entre el hablar en lenguas y el sanar enfermos.
Si hay que practicar la una, deberían practicarse las demás.
C. Pero supongamos que se concede por
un momento que el Espíritu Santo inspira Marcos 16: 17. Aun así sería sólo el
único lugar, entre toda la Escritura, donde Jesús menciona el hablar en
lenguas. Y aun así, no es un mandato, sólo una predicción de que será
practicado. Esta referencia incidental y única todavía mostraría que Jesús no
lo consideró como muy importante. De haberlo considerado así como en el caso de
la fe, el amor, la obediencia y la oración, hubiera enseñado acerca de ello por
extenso y lo hubiera practicado él mismo.
III. LOS EVANGELIOS.
Ninguno de
los cuatro evangelios cita un ejemplo de hablar en lenguas ni presenta a alguno
de los Apóstoles dando instrucciones acerca de ello. Así pues, más de una
tercera parte del Nuevo Testamento guarda completo silencio acerca de ello.
IV. PENTECOSTÉS.
En hechos,
el hablar en lenguas se menciona solo tres veces: Hechos 2 (Pentecostés),
Hechos 10: 11 (Cornelio), y Hechos 19
(Éfeso). Al examinar a Pentecostés., debería advertirse de antemano que el
hablar en lenguas de Pentecostés no fue la misma clase de hablar en lenguas que
Pablo menciona en 1ª Corintios 12: 14.
A. En Pentecostés los Apóstoles
hablaron en lenguas extrañas para el pueblo que procedía de muchos países
extranjeros. No se necesita intérpretes. Pero en el caso del hablar estático de
1ª Corintios 12: 14. Pablo dice que nadie podía entender lo que hablaban a no
ser que se les interpretara. Esto se parece a la mayor parte del hablar en
lenguas de hoy, que no se realiza en una lengua extranjera, y es diferente de
la glosolalia Pentecostal.
B. En Pentecostés la capacidad de
comunicarse en una lengua extranjera se dio en la transición del Antiguo
Testamento al Nuevo Testamento. Pero en la iglesia de Corinto el hablar en
lenguas se dio en una iglesia que ya había superado esta transición.
C. En Pentecostés se dio una sola
vez como experiencia iniciadora, pero en Corito fue un don continuo.
D. En Pentecostés todos los
presentes hablaron en lenguas, pero en Corinto solo algunos tenían el don.
E. Una última diferencia e que en
Pentecostés la capacidad de hablar en lenguas extranjeras se otorgó para
confirmar y autenticar la manifestación dramática del Espíritu Santo, en tanto
que en Corinto el hablar en lenguas fue primordialmente para edificación de la
misma persona y de la iglesia.
Por estas
razones no es posible recurrir a la experiencia pentecostal de hablar en
lenguas como base ni para el hablar en lenguas de Corinto ni para el de hoy.
Son totalmente diferentes.
V. HECHOS 10: 11.
En este pasaje
Lucas relata cómo en la iglesia primitiva, no mucho después de Pentecostés, se
extendió el evangelio a un gentil, Cornelio, centurión en el regimiento
italiano. El resultado de la visita de Pedro a Cornelio fue que el Espíritu
Santo vino a todos los gentiles que lo escucharon, y todos hablaron en lenguas.
Este fenómeno de hablar en lenguas no es de la misma índole que el llamado
hablar en lenguas de hoy. Adviértanse las diferencias.
A. En Hechos 10 el Espíritu Santo
vino sobre todos y todos hablaron en lenguas. En el caso de Corinto o de hoy,
sólo unos pocos en la iglesia hablan en lenguas.
B. En Hechos 10 no hubo una larga
búsqueda del Espíritu ni el deseo intenso del mismo, como suelen pedir los
glosolalistas de hoy. No se dieron condiciones que tuvieran que cumplirse.
Antes bien, al explicar Pedro el evangelio por primera vez, el Espíritu vino
sobre ellos y hablaron en lenguas. Fue un don dramático de Dios y no el
resultado del esfuerzo del hombre.
C. En el caso de Cornelio los dones
especiales del Espíritu Santo y de la glosolalia vinieron sólo sobre aquellos
que aceptaban a Cristo por primera vez y que ni siquiera había sido bautizados.
No vinieron sobre Pedro y los seis hombres que habían llegado con él y que ya
eran creyentes. En el movimiento moderno se pretende que el Espíritu Santo y la
glosolalia viene sólo sobre los creyentes algún tiempo después de haber sido
salvos. Pero aquí la fe, la venida del Espíritu y la glosolalia eran
simultáneos. En cuanto Cornelio y los suyos creyeron, el Espíritu vino sobre
ellos y todos hablaron en leguas. Después de esto, fueron bautizados como señal
de que habían sido regenerados (Hechos 11: 17-18).
En este
pasaje Dios dice básicamente que l evangelio no es para lo Judíos sino también
para los gentiles. Este fue el propósito de la visión de Pedro, en la cual Dios
le mandó comer el alimento que había descendido en un lienzo del cielo, aunque
el alimento había estado prohibido por la ley judía durante siglos. Para los
Judíos, quienes por dos mil años habían estado acostumbrados a pensar que eran
los escogidos de Dios y que los gentiles eran anatema para Dios, fue difícil
creer que Dios hubiera cambiado. Por ello, como confirmación de ese hecho, Dios
actuó en forma dramática tanto en Pentecostés como en la cas de Cornelio. Pedro
dijo: ‘Cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al
principio’ (Hechos 11: 15), aludiendo a Pentecostés. Sobre estos gentiles que
creían por primera vez, Dios envió la señal de hablar en lenguas para confirmar
que el Espíritu les había sido realmente dado. Esta prueba externa convenció a
los creyentes Judíos en la iglesia de Jerusalén, por lo que dijeron: ‘¡De
manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!’
(Hechos 11: 18).
VI. HECHOS 19: 1-17.
Este pasaje
nos habla de la visita a los gentiles de Éfeso; cómo los efesios habían sido
bautizados con el bautismo de Juan, pero ahora por medio del ministerio de
Pablo eran bautizados en Cristo; cómo el Espíritu Santo vino sobre ellos; y
cómo hablaron en lenguas profetizaron.
Los sucesos
de Éfeso son muy semejantes a los relacionados con Cornelio y tiene muy poco
que ver con la moderna glosolalia:
A. El don de lenguas vino a los
gentiles.
B. Vino sobre todos, no sobre unos
pocos.
C. Fue simultáneamente con el hecho
de creer y no subsiguiente como segunda bendición.
D. No hubo cumplimiento de ciertas
condiciones más que la única exigencia bíblica de arrepentimiento de pecado y
fe en Cristo.
E. Su
propósito fue confirmar la acción de Dios al extender el evangelio a los
gentiles. Los efesios habían sido bautizados con el bautismo de Juan. Pero
ahora que Cristo había muerto ahora que el Espíritu había venido en
Pentecostés, era importante que fueran rebautizados, esta vez en Cristo. Y como
señal de la complacencia de Dios en este cambio dramático de Judío a gentil,
Dios otorga a estos gentiles efesios el derramamiento del Espíritu y sus
manifestaciones externas de hablar en lenguas y profetizar.
Así pues,
resumiendo los tres lugares en hechos que se ocupan del hablar en leguas vemos
que este don no es el mismo que el hablar en lenguas de hoy. Hoy es una señal
deseada que llega algún tiempo después que uno acepta a Cristo como Salvador,
que le llega a unos pocos, y cuyo propósito es loa edificación del que habla o
de otros en la iglesia. Pero en la época de Hechos, el hablar en lenguas vino
sin buscarlo, en el momento de la conversión., sobre todos, y con el propósito
de mostrar la complacencia de Dios en extender el evangelio a los gentiles. Por
ello encontramos de nuevo poco sostén bíblico para hablar en lenguas.
VII. 1ª CORINTIOS 12: 14.
El gran
pasaje acerca del hablar en lenguas se encuentra en tres capítulos de 1ª
Corintios. Este es el único pasaje de la Biblia que se ocupa del hablar en
lenguas que es para edificación y que se parece al movimiento moderno de
glosolalia. Lo notable que hay que advertir es que en este pasaje paulino
acerca de la glosolalia Pablo no ensalza el hablar en lenguas sino que le da
poca importancia. Esto debería decir mucho a cualquiera que hoy desee hablar en
lenguas. Para darse cuenta de la verdad de esa afirmación, Véase lo siguiente:
A. En estos capítulos Pablo habla
de dones espirituales especiales y no sólo del hablar en lenguas. La glosolalia
es sólo uno de muchos dones especiales que se enumeran en esta sección. Uno de
sus puntos más importantes es que a Dios le place la diversidad y que así como
la mano, la oreja, el ojo, no pueden ensalzarse a sí mismos por encima de la
otras partes del cuerpo., así tampoco nadie que ha sido bendecido con un don
espiritual especifico debe ponerse por encima de otros.
B. Las tres veces que Pablo enumera
los dones, coloca el hablar en lenguas o la interpretación que lo acompaña en
último lugar (1ª Cor. 12: 8-10; 12: 28-30; 14: 26). Esto no significa
necesariamente que en forma consciente considere el hablar en lenguas como lo
menos importante, pero con hablar en lenguas como lo menos importante, pero con
toda su insistencia en la inteligencia y sabiduría, lo que valora mucho viene
en primer lugar, tal como la sabiduría y conocimiento en una lista, ser Apóstol
o profeta en la otra, o tener un himno, una palabra de instrucción, o una
revelación en una tercera lista.
C. El verdadero bautismo del
Espíritu viene no como una bendición subitánea, y subsiguiente al aceptar a
Cristo como Salvador. Viene en el momento mismo de esa aceptación. ‘Porque por
un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo’ (1ª Cor. 12: 13). El
bautismo por el Espíritu significa ser hecho cristiano por el Espíritu Santo.
D. El amor es más importante que
las leguas (capitulo 13). ¡Que notables son las palabras de Pablo! En toda la
Biblia tenemos un solo lugar donde da instrucciones acerca de la glosolalia, y
en ese mismo lugar Pablo dice que hay algo mejor. Escribe; ‘Procurad, pues, los
dones mejores. Más yo os muestro un camino más excelente’ (1ª Cor. 12: 31), a
saber, el amor (capitulo 13). En otras palabras, después de que un cristiano ha
sido salvo, lo mejor que puede buscar no es una infusión repentina del Espíritu
Santo, comprobada por el hablar en lenguas, sino el amor, el amor que es el
fruto del Espíritu (Gal 5: 22). Pablo prosigue en el capitulo 14, alabando el
don de leguas, pero mucho mejor que esto es la virtud ordinaria del amor. Así
pues, en el centro mismo de esta sección especial acerca de los dones
(capítulos 12-14). Pablo destaca y subraya el amor como el más importante de
todos. En esto debería concentrarse el cristiano. Ahí deberían estar sus
prioridades, no en dones especiales, sino en el amor.
E. En 1ª Corintios 14: 1, Pablo
destaca, con el hablar en lenguas sino la profecía, como el don espiritual
mejor que hay que buscar. Escribe: ‘Procurad los dones espirituales, pero sobre
todo que profeticéis’ (1ª Cor. 14: 1) el hablar en leguas está bien, dice
Pablo, y es deseable, para que una persona se edifique a sí mismo; pero el que
profetiza edifica a la iglesia y esto es mejor (1ª Cor. 14: 4). Así pues,
prosigue Pablo, ‘Quisiera que todos vosotros hablaseis en leguas, pero más que profetizaseis.
(1ª Cor. 14: 5). Su largo razonamiento es que el hablar en leguas es
ininteligible para otros y por consiguiente no edifica. Pero el profetizar 8no
solo el predecir el futuro, sino el hablar en nombre de Dios) se puede entender
y, en consecuencia, edifica a la iglesia. Así pues, dice Pablo, ‘Procurad abundar
en los (dones espirituales) para la edificación de la iglesia (1ª Cor. 14: 12),
y el hablar en lenguas no es uno de ellos.
F. Incluso en este único gran
pasaje acerca de los dones espirituales Pablo no ordena a nadie que hable en
lenguas. Dice que el que habla en lenguas ‘se edifica así mismo’, y que
‘Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis’
(1ª Cor. 14: 5). Si manda a la iglesia que no prohíba el hablar en lenguas (1ª
Cor. 14: 39), pero en ningún lugar manda que se hable en lenguas. Lo más cerca
que llega de mandar se encuentra en 1ª Cor. 14: 1, ‘Procurad los dones
espirituales’. Pero esto se refiere a todos los dones, y no sólo a las lenguas,
y no es en rigor un mandato para todos, como lo es el mandato ‘ama a tu prójimo
como a ti mismo’. En asuntos de salvación o santificación u observación de la
ley u oración o bautismo o la cena del Señor o el esperar el regreso de Cristo,
la Biblia da muchos mandatos, pero nunca la manda a nadie que hable en lenguas.
G. Las directrices de pablo
restringen el uso de la glosolalia. En 1ª Corintios 14: 26-27, establece cuatro
restricciones:
I. El hablar en lenguas debe ser
para el robustecimiento de la iglesia.
II. En un servicio de culto deberían
hablar solo dos, o lo más tres.
III. Deberían hablar uno a la vez.
IV. Debe haber intérprete.
Al tener en
cuenta a Romanos, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1ª y 2ª de
Tesalonicenses 1ª y 2ª de Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos,, Santiago, 1ª y 2ª
de Pedro, 1ª, 2ª y 3ª de Juan, Judas, y Apocalipsis no mencionan en ningún
lugar el hablar en lenguas.
Así pues,
para volver a nuestra tesis principal presentada al comienzo de este estudio:
puede haber hoy un hablar genuino en lenguas, aunque muchos cristianos lo
dudan. Sin embargo, si lo hay, debe dársele la misma importancia que le da la
Biblia. No deberíamos negligir lo que la Biblia enseña, ni ensalzar lo que la
Biblia no ensalza.
Encontramos,
pues que los cuatro evangelios no dan ni siquiera un ejemplo de hablar en
lenguas ni instrucciones acerca de ello. Nuestro Señor Jesucristo, ni siquiera
si aceptamos la autenticidad de Marcos 16. 17, ni una sola vez manda hablar en
lenguas. En Hechos tenemos solo tres casos de glosolalia y son diferentes del
hablar extático moderno. Incluso si fueran de la misma clase, serian sólo
ejemplos y no necesariamente normas para nuestra vida; es decir, ejemplos y no
mandatos. Adviértase que fuera de 1ª Corintios 12: 14, ni siquiera alude a la
glosolalia.
Ahora bien,
si la glosolalia fuera tan crucial para nuestro bienestar espiritual, si una
segunda infusión del Espíritu Santo, manifestada en el hablar en lenguas, fuera
tan vital par nuestra vida santa, entonces Jesucristo y la Biblia hubieran
fracasado en hacérnoslo entender. Porque en toda la Biblia, desde el Génesis
hasta Apocalipsis, hay solo pasaje claro que se ocupe del hablar en lenguas
como un don continuo (no como don inicial), y en este único lugar Pablo le
quita importancia y exalta el amor como mucho más importante. En ningún lugar
de la Biblia se encuentra un mandato de que se hable en lenguas. Guarde
completo silencio a este respecto. En consecuencia., si hoy día hay el don de
lenguas es dado por Dios, está muy bien, debería utilizarse, pero debería quitársele
importancia, de la misma forma que lo hicieron Mateo, Marcos, Lucas, Juan,
Santiago, Pedro, Pablo, el autor de Hebreos, y nuestro Señor Jesucristo.
Al practicar
las lenguas, sin embargo, se debe estar alerta respecto al engaño de lo
externo. Porque por naturaleza a todos nos gustaría al dramático y tangible
para nuestra fe. Encontramos más consuelo en las señales externas que en la
acción interna del Espíritu, en el que se abran los cielos que en el que se
abra el corazón. Pero la vida cristiana no es vida de fuego, vientos,
terremotos, visiones y apariciones angélicas; sino que es una vida de la acción
poderosa pero silenciosa del Espíritu Santo. El cristianismo no es tanto cosas
tangibles visibles como tener paciencia con un niño nervioso, sacar con gozo
las bolsas de la basura, y hablarle a una viuda al terminar el culto. La
santificación consiste no tanto en el hablar dramático en lenguas como en ser
amable con alguien que le grita a uno, en amar en vez de odiar cuando alguien
se cuela en una fila, y en abstenerse de utilizar con furia las luces altas
cuando el carro que viene en dirección contraria no responde a la señal de
bajar la luz.
En el pasado
Dios ha permitido que unos pocos posean dones especiales del Espíritu Santo,
pero en todas las épocas nos manda ser santos. Lo que se necesita no es tanto
los dones del Espíritu como el fruto del Espíritu (Gál. 5: 22). Y esto se dará
sólo en tanto en cuanto Cristo y el Espíritu moren en nosotros, Cristo es la
vid y nosotros los Pámpanos (Juan 15) el Espíritu es el árbol y nuestras buenas
obras son el fruto (Gál. 5). Debemos tratar, no de embriagarnos con vino, sino
de ser llenos del Espíritu (Efesios 5; 18). Pablo no enseña una presencia
repentina y más abundante del Espíritu, posterior a ser Salvos. Más bien habla,
de esa acción constante diaria del Espíritu en nuestras vidas, por medio de la
cual crecemos (no damos saltos) en la gracia y conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo. El cristiano no debe engañarse pensando que hay atajos hacia la
santidad, que con tres lecciones se puede llegar a la madurez espiritual, o que
las lenguas sustituyen a la santidad. La santidad no viene en una experiencia
repentina de glosolalia, sino con el luchar constante contra el pecado y en
correr la carrera cristiana.
Ahí es donde
ocurre la acción; no en lo externo, sino en la acción interna del Espíritu; no
el drama de las lenguas sino en la acción del amor, y esto llega en tanto en
cuanto el Espíritu mora en nosotros. Cuando una persona experimenta Efesios 5:
18, se seguirá Gálatas 5. 22. Deberíamos, pues, orar, no tanto para pedir
lenguas sino amor, no tanto para pedir el don del Espíritu, sino el fruto del
Espíritu, no tanto para pedir pruebas visibles sino la acción tranquila y
eficaz del Espíritu Santo. ‘En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis
mucho fruto’ (Juan 15: 8).