A. LA IGLESIA COMO EL PROPÓSITO PRESENTE DE DIOS.
En el
Nuevo Testamento se revela que la iglesia es el propósito central de Dios en la
edad actual. En contraste con el propósito de Dios para con individuos y
naciones del Antiguo Testamento y el propósito mayor para la nación de Israel,
se revela que la iglesia es la compañía de creyentes formada por judíos y
gentiles que son llamados a salir del mundo y se juntan en una unión viva por
el bautismo del Espíritu.
En
general, el concepto de iglesia se divide en dos grandes categorías. El énfasis
principal en el Nuevo Testamento está en la iglesia como organismo, la unión
viva de todos los verdaderos creyentes en Cristo. Esta es la verdad distintiva
que se presenta a partir del día de Pentecostés, con el advenimiento del
Espíritu, y que acaba con la venida de Cristo por su iglesia, en la cual la
iglesia será arrebatada fuera del mundo y llevada al cielo.
Sin
embargo, otro concepto es el de iglesia local o iglesia organizada. Es el
cuerpo de los creyentes que profesan ser cristianos y se reúnen en una
localidad o un grupo de tales asambleas locales (1 Co. 1:2; Ga. 1:2; Fil. 1:1).
La
palabra "iglesia" es una
traducción de una palabra griega: "ekklesia", y frecuentemente
se usa para designar cualquier asamblea o congregación de personas reunidas con
fines religiosos o políticos. La palabra realmente significa "llamados fuera". En la Grecia antigua las ciudades se
gobernaban por un sistema puramente democrático en que todos los ciudadanos del
pueblo se reunían para decidir sobre los asuntos de interés mutuo. Como eran "llamados fuera" de sus
ocupaciones ordinarias a una asamblea en la cual podrían votar, la palabra
llegó a significar el resultado de aquellas convocatorias, esto es, designó a
aquellos que se reunían.
Esta
palabra se encuentra con frecuencia en la Septuaginta, versión griega del Antiguo
Testamento, y designa a las diversas asambleas del Antiguo Testamento. Se usa
en un sentido similar en pasajes tales como Hechos 7:38 y 19:32, donde la palabra
se usa sencillamente para una multitud reunida. Sin embargo, cuando se usa para
la iglesia como cuerpo de Cristo se convierte en una palabra técnica que se refiere
a los que han sido llamados fuera del mundo para reunirse en una unión viva con
Cristo. Este concepto no se encuentra en el Antiguo Testamento, aun cuando Israel
a veces se reunía con propósitos religiosos. La palabra, cuando se usa para los
salvados, se aplica específicamente a la compañía de los salvados durante la presente
era y que se encuentran en el cielo y en la tierra.
B. LA IGLESIA: UNA
REVELACIÓN DEL NUEVO TESTAMENTO.
Por
cuanto no se encuentra en el Antiguo Testamento el concepto de una iglesia formada
por judíos y gentiles que son salvados y reunidos para la vida eterna, solo el Nuevo
Testamento da la revelación divina sobre este importante tema. En el plan de Dios
era necesario que Cristo viniera primero para morir en la cruz, fuera
resucitado de entre los muertos y ascendiera a los cielos. Con la venida del
Espíritu Santo en el día de Pentecostés, sin embargo fue posible que Dios
cumpliera su propósito de tener una compañía especial de creyentes sin tener en
cuenta la distinción entre Israel y los gentiles y cada uno de ellos con su
propio lugar en el propósito eterno de Dios.
Según
Hechos 2, confirmado por la experiencia de Cornelio en Hechos 10, los creyentes
en Cristo fueron bautizados por el Espíritu (1 Co. 12:13) y llegaron a ser miembros
los unos de los otros con el advenimiento del Espíritu Santo. Desde Pentecostés
hacia adelante cada creyente que llegó a la salvación fue hecho miembro del
cuerpo de Cristo, como vimos previamente en la doctrina del bautismo del
Espíritu Santo. Una vez que la iglesia esté completa y sea arrebatada en el
rapto al cielo, el propósito divino volverá a hacer la distinción normal entre
judíos y gentiles que sean salvos durante el período de prueba que seguirá al
arrepentimiento y en el reino milenial.
C. EL JUDÍO, EL GENTIL Y LA
IGLESIA DE DIOS.
En la
era actual, la Biblia reconoce tres grandes divisiones en la familia humana: el
judío, el gentil y la iglesia de Dios (1 Co. 10:32).
La
observancia de estas distinciones es de gran importancia para comprender el
propósito presente de Dios.
1. Los
judíos o hijos de Israel son la nación que surgió de Abraham siguiendo la línea
de Isaac y Jacob, y que, según el propósito y la promesa divina, son el pueblo terrenal
escogido por Dios. Esta nación ha sido milagrosamente preservada hasta el tiempo
actual y, según las profecías, todavía será el pueblo dominante y glorificado de
la tierra en la edad del reino venidero (Is. 62:1-12). Las promesas eternas de
Jehová a su pueblo no pueden ser alteradas. Estas promesas incluyen una entidad
nacional (Jer. 31:36), una tierra (Gn. 13:15), un trono (2 S. 7:13), un rey
(Jer. 33:20-21) y un reino (2 S. 7:16). En la fidelidad de Dios, sus promesas,
que son primariamente terrenales en carácter, han sido cumplidas hasta el momento
presente y serán cumplidas por toda la eternidad; porque se dice que cada uno
de estos pactos es eterno en duración.
Cuatro
palabras describen la operación del propósito divino en este pueblo:
"Escogidos", "Dispersos", "Reunidos",
"Benditos". Es obvio que fueron escogidos y que ahora
están dispersos entre las naciones de la tierra. Todavía falta que sean
reunidos y bendecidos. El ministerio peculiar de este pueblo se encuentra en
Romanos 9:4-5 (con Gn. 12:3).
2. Los
gentiles son la vasta multitud incontable, excluidos los israelitas, que han vivido
en la tierra desde Adán hasta ahora. Aparte de ciertos individuos, no hay noticias
de que, en el período desde Adán hasta Cristo, Dios haya tenido alguna relación
especial, o haya extendido alguna promesa inmediata a los gentiles. Sin embargo,
las profecías del Antiguo Testamento predicen grandes bendiciones terrenales
que vendrían sobre los gentiles en el reino venidero sobre la tierra, y en la era
actual participarían al igual que los judíos en los privilegios del evangelio.
3. La
iglesia de Dios no se refiere a la membresía de iglesias organizadas, sino a
toda la compañía de los redimidos que habrán sido salvos durante la era actual.
Son un pueblo distinto porque:
A) todos
los individuos que la forman han nacido de nuevo, entran en el reino de Dios
(Jn. 3:5) y han sido destinados a ser conformados a la imagen de Cristo (Ro.
8:29);
B) ya no
están en Adán participando de la ruina de la vieja creación (2 Co. 5:17), sino
que están en Cristo participando de la nueva creación, de todo lo que Cristo es
en la vida y gloria de su resurrección (Ef. 1:3; Col. 2:10);
C) a la
vista de Dios es cambiada su nacionalidad, porque están sobre una nueva base en
la que no hay judío ni gentil, sino que Cristo es el todo en todos (Col. 3:11);
D) ahora
son ciudadanos del cielo (Fil. 3:20; Col. 3:3) y todas sus promesas, sus posesiones
y su posición son celestiales (2 Co. 5: 17-18). De este modo este pueblo celestial
se distingue de todos los demás pueblos de la tierra.
D. LA IGLESIA FORMADA POR
JUDÍOS Y GENTILES.
Ya han
sido señaladas las respectivas posiciones terrenales de judíos y gentiles. A esto
debe añadirse que durante la era actual, y para los propósitos de la gracia,
Dios ha colocado a judíos y gentiles sobre una base común (Ro. 3:9). Se dice
que ambos están "bajo pecado", lo
que significa que ahora están limitados a la salvación por gracia solamente.
El
cambio en el programa divino, en la muerte de Cristo, del reconocimiento de una
nación favorecida a un llamamiento de individuos tanto judíos como gentiles fue
algo dificilísimo de entender para los judíos. El judío no comprendió que sus
pactos habían sido puestos a un lado por un tiempo, pero que no habían sido
abrogados. Las luchas de la nación con este problema están en el libro de los
Hechos.
El
judío se encuentra desajustado hasta el día de hoy en relación con este
programa, y se ha predicho de él que permanecerá cegado en parte hasta que la
iglesia sea llevada de este mundo (Ro. 11:25), después de lo cual el Libertador
vendrá a Sión y quitará la impiedad de Jacob. Se afirma que éste es el pacto de
Dios con ellos, cuando Él quite sus pecados (Ro. 11:26-27). Sin embargo, por la
predicación del evangelio, tanto judíos como gentiles están siendo salvados
ahora y la iglesia está siendo edificada. El apóstol dio instrucciones de que
el evangelio sea predicado primeramente al judío (Ro. 1:16), y su propio
ministerio fue ordenado de acuerdo con ese programa (Hch. 17:1-3).
Como se
ha sugerido, al apóstol Pablo le fueron dadas dos revelaciones: una, el evangelio
de la gracia de Dios, probablemente cuando estaba en Arabia al comienzo de su
ministerio (Ga. 1:11-12), y la otra, de la iglesia como cuerpo de Cristo, probablemente
mientras estuvo en la cárcel (Ef. 3: 3-6). El rasgo vital de la segunda revelación
es que de las dos fuentes “judíos y gentiles” Dios
está formando un nuevo cuerpo (Ef. 2:15). Este era un misterio, esto es, un
secreto divino aún no revelado.
No es
secreto que Dios tenía propósitos para Israel o para los gentiles, puesto que éste
es el tema del Antiguo Testamento en las profecías; pero el secreto escondido en
Dios era la creación de un nuevo orden celestial de seres escogidos de judíos y
gentiles.
E. MEMBRESÍA DE LA IGLESIA.
La
respuesta a la pregunta "¿Puede una persona ser salva y no ser miembro de
la iglesia?" depende del significado que se le dé a la palabra "iglesia". Es
obvio que una persona puede ser cristiana y no ser miembro de una iglesia
local. En realidad todos debieran ser salvos antes de hacerse miembros de una iglesia;
y si se es salvo, es normal que un individuo busque la comunión del pueblo de
Dios en una u otra forma.
Por
otra parte, es imposible ser salvo y no ser miembro de la iglesia de la cual
Cristo es la cabeza; porque una parte de la obra divina en la salvación es la
unión del salvado con Cristo por el bautismo con el Espíritu Santo (1 Co.
12:13). Cuando se usa en conexión con la obra del Espíritu, "bautizar" es una
palabra de significado discriminatorio y traspasa los limites de la ordenanza
exterior del bautismo con agua y representa el ministerio del Espíritu en favor
del creyente que tiene los efectos de mayor alcance que cualquier otra empresa
divina en la salvación. No es sorprendente que Satanás haya tratado de
distorsionar el significado claro del bautismo con el Espíritu y el ministerio
divino que él representa; porque solamente sobre la base de este ministerio
podemos comprender las riquezas de la gracia divina o entrar en el gozo
celestial, con su impulso a una vida santa que estas riquezas imparten.
En la
tierra la iglesia se ve como una banda peregrina de testigos. No son de este mundo,
así como Cristo no es de este mundo (Jn. 17:16), y como el Padre ha enviado al
Hijo al mundo, el Hijo ha enviado a estos testigos por el mundo. "Aún
no se ha manifestado" (véase
Col. 3:4; 1 Jn. 3:2) lo que ellos son por las riquezas de la gracia.
Por ser
el pueblo celestial en contraste con Israel el pueblo terrenal, “la iglesia glorificada
en la realización de su propósito divino” aparece en los cielos como la esposa
del Cordero, reinando juntamente con el Rey, y participando para siempre en la
gloria del eterno Hijo de Dios.
PREGUNTAS
1. ¿Cuál
es el contraste entre los propósitos de Dios para la iglesia y los propósitos
de Dios para individuos y naciones en el Antiguo Testamento?
2.
¿Cuáles son las dos categorías principales en el concepto de Iglesia?
3. ¿Cuál
es el significado original de la palabra "iglesia"?
4. ¿Qué
uso se le da a la palabra "iglesia" en el Antiguo Testamento, y cuál
es la diferencia en el uso para referirse a la iglesia que es el cuerpo de
Cristo?
5. ¿Qué
era necesario cumplir en el plan de Dios antes del advenimiento del Espíritu en
el día de Pentecostés?
7.
Nombrar las tres grandes divisiones de la familia humana en la era actual y definirlas.
8.
¿Cuáles son algunas de las promesas eternas que Dios ha dado a Israel?
9. ¿Qué
promesas ha dado Dios a los gentiles?
10. ¿En
qué sentido es la iglesia una compañía distinta de personas?
11. ¿Sobre
qué base común ha puesto Dios al judío y al gentil en la era actual?
12. ¿Qué
sucedió con los pactos de Israel en la era actual?
13. ¿Cómo
se caracteriza a Israel durante la era actual, según Romanos 11:25?
14. ¿Que
sucederá a Israel después del arrebatamiento de la iglesia?
15.
Nombrar y definir las dos grandes revelaciones dadas al apóstol Pablo.
16. ¿Qué
relación hay entre la salvación de un individuo y su membresía de la iglesia?
17. ¿Es
posible ser salvo sin ser miembro de la iglesia como cuerpo de Cristo?
18. ¿Cuál
es el destino de la iglesia después de la era actual?
LA IGLESIA: SU PROPÓSITO Y
COMISIÓN.
En la
era actual Dios está dando a conocer su sabiduría y está manifestando su gracia
ante las huestes angélicas por medio de la iglesia (Ef. 3:10). En el cielo, la
iglesia será por toda la eternidad la ilustración de lo que la gracia de Dios
puede hacer (Ef. 2:7). Sin embargo, estrictamente hablando, la comisión divina
de la iglesia se entrega más bien a individuos que a un grupo corporativo.
Cristo, como cabeza de la iglesia, puede dirigir a cada creyente en los
senderos de la voluntad de Dios en armonía con sus dones personales y el plan
de Dios para la vida individual. Sin embargo, todo esto está en armonía con el
propósito general de Dios para la iglesia en el tiempo actual. En la iglesia
como cuerpo, Dios está cumpliendo un propósito divino presente que se está
revelando exactamente como fue profetizado en las Escrituras.
A. EL ACTUAL PROPÓSITO
DIVINO EN EL MUNDO.
El
actual propósito divino para esta era no es la conversión del mundo, sino el llamamiento
a todos los que creerán en Cristo, a fin de que salgan del mundo y formen el
cuerpo de Cristo que es la iglesia. Es cierto que el mundo se convertirá y que
habrá un reino de justicia en la tierra; pero, según la Biblia, el día de una
tierra transformada, lejos de ser el resultado del servicio cristiano, no
precederá a la venida de Cristo, sino que vendrá después, y solo será posible
por su presencia y poder inmediatos.
Es después
de ser cortada la Piedra “símbolo del regreso de Cristo” que Dios establece un
reino eterno en la tierra (Dn. 2:44-45). Es después del regreso del Señor y de
la toma de posesión del trono de su gloria que El dice a las ovejas de su mano derecha
que entren en el reino terrenal preparado para ellas (Mt. 25:31-34). Del mismo modo,
es después que se le ve descender del cielo que Cristo reina mil años sobre la
tierra (Ap. 19:11-20:9; cf. con Hch. 15:13-19; 1 Co. 15: 20-25).
Al
anunciar los rasgos peculiares de esta era (Mt. 13:1-50), el Señor hace mención
de tres características principales:
1) El
lugar de Israel en el mundo sería como el de un tesoro escondido en el campo (Mt.
13:44);
2) el mal
continuaría hasta el final de la era (Mt. 13:4, 25, 33, 48); y:
3) serán reunidos los hijos
del reino, comparados con el trigo, la perla de gran precio y los buenos peces
(Mt. 13:30, 45, 46, 48).
De
estas tres características de la era se desprende que el propósito supremo de
Dios para esta edad es la reunión de los hijos del reino. De acuerdo con esto,
se afirma en Romanos 11:25 que la ceguera actual de Israel durará hasta que sea
completada la iglesia (nótese Ef. 1:22-23), hasta el fin de la era de especial
bendición para los gentiles.
De
igual modo, el misterio de iniquidad, el mal, seguirá obrando durante la era actual,
aunque restringido, hasta que el que lo detiene, el Espíritu de Dios, sea quitado
de en medio (2 Ts. 2:7). Como el Espíritu se ira solamente cuando haya completado
el llamamiento de la iglesia, el propósito inmediato de Dios no es la corrección
del mal en el mundo, sino el llamamiento de todo el que crea. Aún falta cumplir
los pactos de Israel (Ro. 11:27), y el mal será desterrado de la tierra (Ap. 21:1);
pero el propósito actual de Dios, y todo evidentemente espera esto, es terminar
de completar la iglesia.
En
Hechos 15:13-19 se da la sustancia del discurso de Santiago al concluir el
primer concilio de la iglesia en Jerusalén. La ocasión de este concilio fue la
necesidad de determinar la cuestión del propósito actual de Dios.
La
Iglesia primitiva estaba compuesta mayormente por judíos, y éstos estaban confundidos
en cuanto a su propia posición nacional a la luz del hecho de que el nuevo
evangelio estaba fluyendo hacia los gentiles. Jacobo sostiene que, según la experiencia
de Pedro en la casa de Cornelio el gentil, Dios está visitando a los gentiles
para tomar de ellos pueblo para su nombre. "Después de esto", dice
Jacobo, el Señor regresará y entonces cumplirá sus propósitos para con Israel y
los gentiles.
La
implicación práctica de todo esto en relación con el tema de este estudio es
que, en la era actual, el creyente individual (y mucho menos la iglesia) no ha
sido puesto para la realización de un programa de mejoramiento mundial; en
cambio, el creyente es llamado a ser testigo de Cristo y de su gracia salvadora
en todo el mundo, y por medio de este ministerio de predicación el Espíritu de
Dios cumplirá el propósito divino supremo de la era.
B. LA FORMACIÓN DE LA
IGLESIA
Cristo
profetizó que El edificarla su iglesia (Mt. 16:18), y el apóstol Pablo comparó
la iglesia con una estructura de piedras vivas que crecen para formar un templo
vivo en el Señor y son edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef.
2:21-22). Del mismo modo, el ministerio del creyente de ganar almas y edificar
el cuerpo de Cristo no continua para siempre, sino "hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef. 4:13).
La
"estatura de la plenitud de Cristo no se refiere al desarrollo de hombres
semejantes a Cristo, sino más bien al desarrollo del cuerpo de Cristo hasta su
completa formación (Ef. 1:22-23). El mismo aspecto de la verdad vuelve a ser
anunciado en Efesios 4:16, donde los miembros del cuerpo, como las células
vivas del cuerpo humano, se presentan como Si estuvieran en una actividad incesante
para ganar almas y, por lo tanto, están haciendo crecer el cuerpo.
C. LA COMISIÓN DEL CREYENTE
Cristo
predijo que la siembra que iba a caracterizar a la presente dispensación daría como
resultado que una cuarta parte llegaría a ser trigo (Mt. 13:1-23). Sin embargo,
aunque predicación del evangelio se relaciona con la vida y con la muerte (2
Co. 2:16), el hijo de Dios es comisionado para instar a tiempo y fuera de
tiempo en sus esfuerzos por ganar los perdidos. Ha sido designado para ir por
todo el mundo predicar el evangelio a toda criatura (Mr. 16:15), sabiendo que
la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios Ro. 10:17). También se
afirma en 2 Corintios 5:19 que Dios, que estaba en Cristo reconciliando consigo
al mundo, nos ha entregado la palabra de la reconciliación. "Así que somos
embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os
rogamos en nombre de Cristo: Reconliaos con Dios" (2 Co. 5:20).
Este
ministerio está sobre cada creyente y puede ser ejercido de muchas maneras.
1. El
evangelio puede ser presentado a los inconversos, por medio de ofrendas. Evidentemente,
hay muchos creyentes sinceros que no han despertado a la efectividad de la
acción de dar de su sustancia con este objeto. El mensajero no puede ir a menos
que sea enviado, pero el que lo envía un coparticipe en el servicio y ha
invertido su dinero en bonos que pagarán dividendos eternos.
2. El
evangelio puede ser presentado a los inconversos en respuesta a las oraciones. El
que dijo: "Si algo pidiereis en mi nombre yo lo haré" (Jn. 14:14),
ciertamente enviará obreros a la mies en contestación a las oraciones. Se
prueba fácilmente que no hay ministerio más fructífero para el hijo de Dios que
el de la oración; sin embargo, cuán pocos parecen comprender que las almas se
salvan por medio de ese servicio.
3. El
evangelio puede ser presentado a los inconversos por medio de la palabra hablada.
Puesto que todos han sido comisionados para la realización de esta tarea, es necesario
observar ciertas condiciones imperativas:
A) el
mensajero debe estar deseoso de ser puesto donde el Espíritu lo desee;
B) el
mensajero debiera ser instruido en cuanto a las verdades precisas que
constituyen el evangelio de la gracia que tiene la misión de declarar;
C) el
mensajero debe estar lleno del Espíritu Santo, o le faltará la pasión
propulsora por los perdidos, que es lo único que lo lleva a uno a un servicio
de ganar almas valiente e infatigablemente. "Cuando haya venido sobre vosotros
el Espíritu Santo “dijo Cristo”, me seréis testigos..." (Hch. 1:8). Sin
esta plenitud no habrá disposición para testificar. Pero estando llenos, nada
puede impedir el flujo de la compasión divina (Hch. 4:20).
4. El
evangelio puede ser presentado por diversos medios mecánicos tales como la literatura,
la radio, La televisión y la música sagrada. Sin consideración del medio usado,
la verdad debe ser presentada de tal modo que el Espíritu Santo puede usarla.
5. Indudablemente
el Espíritu Santo usa muchos otros medios en la difusión del evangelio, por
ejemplo, instituciones educacionales donde se preparan predicadores,
La
aviación misionera que sirve para transportar a los hombres que llevan el evangelio,
y la página impresa. Aunque no todos los cristianos estén igualmente dotados
para predicar directamente el evangelio, cada cristiano tiene parte en la responsabilidad
de hacer que el evangelio sea predicado a toda criatura.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
papel juega la iglesia en la manifestación de la gracia de Dios?
2. ¿Quién
dirige a cada creyente en el camino de la voluntad de Dios?
3. Hacer
un contraste entre el propósito de Dios en la edad actual y su propósito en el
reino milenial.
4. ¿Qué
es necesario antes de que se convierta el mundo?
5.
Nombrar las tres características principales que constituyen los rasgos
peculiares de esta era según Mateo 13.
6.
¿Cuáles serán algunos de los resultados inmediatos para Israel y el mundo
cuando el actual propósito de Dios para la iglesia sea completado en el
arrebatamiento?
7. Según
Hechos 15, ¿cuál es el orden del programa de Dios para bendecir a los gentiles
y bendecir a los judíos?
8.
Describir el propósito presente de Dios en la edificación de su iglesia.
9. ¿Cuá1
es la comisión actual del creyente?
10.
Nombrar diversos métodos por los cuales el creyente pueda ejercer su privilegio
de extender el evangelio por el mundo.
11.
¿Cuáles son algunas de las condiciones básicas para ser un mensajero efectivo
de Dios?
12. ¿En
qué sentido es cada cristiano responsable de la predicación del evangelio a toda
criatura?
LA IGLESIA: SU SERVICIO Y
MAYORDOMÍA
A. SU SERVICIO A DIOS
Servicio es
cualquier trabajo realizado en beneficio de otra persona. Cuando se estudia
este tema en la Biblia, se observa una serie de similitudes y contrastes entre
el Antiguo Testamento y el Nuevo. Casi cada doctrina se encuentra anunciada
en el Antiguo
Testamento y casi cada doctrina del Antiguo Testamento es acabada hasta la perfección
en el Nuevo. El tema del servicio no es excepción; se vera que su estudio será
en gran parte el reconocimiento del tipo del Antiguo Testamento y su relación
con el antitipo del Nuevo Testamento.
El servicio
que Dios pide, ya sea en el Antiguo Testamento o en el
Nuevo, es entregado primariamente a un sacerdocio divinamente preparado. En el
orden del Antiguo Testamento el sacerdocio era una jerarquía que estaba sobre
la nación, y servían bajo la autoridad del sumo sacerdote. En el orden del
Nuevo Testamento cada creyente es un sacerdote para Dios (1 P. 2:5-9; Ap. 1:6).
Toda la compañía de sacerdotes que ministran en el Nuevo Testamento están bajo
la autoridad de Cristo, que es el verdadero Sumo Sacerdote, de quien todos los
demás sumos sacerdotes solo eran tipos.
Por lo tanto,
en conformidad con el orden del Nuevo Testamento, el servicio ha sido entregado
a todos los creyentes por igual y sobre la base de su relación sacerdotal con
Dios. En su ministerio sacerdotal los sacerdotes del Nuevo Testamento, al igual
que los sacerdotes del Antiguo, eran designados para servir a Dios y al hombre.
Como no habla
un evangelio que predicar a las naciones en el Antiguo Testamento, el
servicio sacerdotal durante el período que abarca consistió solamente en la realización,
en el tabernáculo o en el templo, del ritual divinamente ordenado.
En contraste
con esto, el ministerio sacerdotal en el Nuevo Testamento es mucho más amplio
en su alcance, e incluye no solamente el servicio a Dios y a sus hermanos en la
fe, sino a todos los hombres en todo lugar.
1. El servicia
de sacrificio es asombrosamente similar en el Antiguo y el Nuevo Testamento.
El sacerdote del Antiguo Testamento era santificado o apartado por el hecho de
que había nacido en la familia sacerdotal de Leví y por el hecho de que él, tras
la debida ceremonia, era investido sacerdote, oficio con carácter de continuo mientras
viviera. Además, era purificado al principio de su ministerio por medio de un baño
definitivo (Ex. 29:4). En el cumplimiento del antitipo, el creyente sacerdote
es purificado de una vez para siempre en el momento que recibe la salvación
(Col. 2:13; Tit. 3:5) y, en virtud de su salvación, es apartado para Dios. Así
también es introducido en la familia de Dios por el nuevo nacimiento. Además de
esto, se exige particularmente del sacerdote del Nuevo Testamento que se
dedique a Dios en forma voluntaria.
Tocante a su auto-dedicación, leemos: Así que, hermanos, os ruego por
las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto" (Ro. 12:1). La
frase "las misericordias de Dios" se refiere a los grandes hechos de
la salvación que han sido planteados en los capítulos precedentes del libro de
Romanos, misericordias a las que todo creyente ingresa en el momento de ser
salvo; mientras que la presentación del cuerpo como sacrificio vivo es la auto-dedicación
a la voluntad de Dios de todo lo que el creyente es o tiene. Lo que de esta
manera se dedica a Dios, Él lo acepta y lo pone donde Él quiere en su campo de
servicio (Ef. 2:10).
Según las Escrituras, este acto divino de aceptar y dar
un lugar de servicio es la consagración. Por lo tanto, el creyente sacerdote
puede dedicarse a sí mismo, pero nunca consagrarse a Dios. En conexión con el
acto divino de la consagración, debiera observarse que la obra actual de Cristo
como Sumo Sacerdote “recibir, dirigir y administrar el servicio de los
creyentes” cumple lo que era tipificado por el ministerio del sacerdote del
Antiguo Testamento en la consagración de los hijos de Leví.
Habiéndose rendido a Dios y al no conformarse más a este mundo, el
creyente sacerdote experimentará la vida transformada por el poder del Espíritu
que mora en él, y por aquel poder experimentará "cuál sea la buena
voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Ro. 12:2).
Según el orden del Nuevo Testamento el servicio sacerdotal
en el
sacrificio hacia Dios es cuádruple: a) la dedicación de sí, que es, según se
declara, un servicio racional (Ro. 12:1), o más literalmente un "culto
espiritual" Como Cristo mismo era el sacrificador y el sacrificio, así el
creyente puede glorificar a Dios ofreciendo todo su cuerpo como un sacrificio
vivo a Dios; b) el sacrificio de labios que es la voz de alabanza y debe ser
ofrecido continuamente (He. 13:15); c) el sacrificio de sustancia (Fil. 4:18);
d) el sacrificio
de buenas
obras (He. 13:16).
En cuanto a la purificación de los sacerdotes, debe notarse nuevamente
que el sacerdote del Antiguo Testamento al entrar en su santo oficio fue purificado
de una vez
por todas por un baño completo, que fue administrado por otro (Ex. 29:4); sin embargo,
aunque estaba completamente bañado, se requería que se limpiara con un lavamiento
parcial en el lavacro de bronce, y esto antes de emprender cualquier servicio
sacerdotal. Al cumplir el significado típico de esto, el sacerdote del Nuevo Testamento,
aunque enteramente purificado y perdonado al ser salvo, tiene que cumplir con
la exigencia de confesar todo pecado conocido en todo tiempo a fin de mantenerse
puro y en buenas condiciones para tener comunión con Dios (1 Jn. 1:9).
Así como la ordenación sacerdotal del sacerdote del Antiguo Testamento
era para toda la vida, el sacerdote del Nuevo Testamento es un sacerdote de
Dios para siempre.
2. El servicio
de adoración, que será presentado detalladamente en un capitulo posterior,
puede ser considerado aquí como parte del servicio de cada creyente sacerdote
en la era actual, así como era parte de la adoración y el servicio de todo sacerdote
del Antiguo Testamento. Así como en el orden del Antiguo Testamento los muebles
del lugar santo simbolizaban la adoración sacerdotal y todo
aspecto y utensilio de aquel lugar hablaba de Cristo, la adoración del creyente
es por Cristo y solamente por medio de Él.
Repetimos que en el servicio hacia Dios la adoración del creyente
puede ser el ofrecimiento de sí mismo a Dios (Ro. 12:1), el reconocimiento de
todo corazón que la alabanza y la acción de gracias pertenecen al Señor (He.
13:15), o la presentación de ofrendas.
En conexión con la adoración de los sacerdotes del Antiguo Testamento
había dos prohibiciones, y éstas también tienen un significado típico. No
debían llevar incienso extraño (Ex. 30:9), lo que típicamente habla de la pura
formalidad en el servicio a Dios, y no se permitía fuego extraño (Lev. 10:1),
lo que simbolizaba el dejarse llevar por las emociones carnales como sustituto
de la verdadera devoción a Cristo, o el amor a las cosas de menor importancia
con exclusión del amor a Cristo (1 Co. 1:11-13; Col. 2:8, 16-19).
3. El servicio
de intercesión, que consideraremos en un capítulo posterior, es una importante
función del creyente sacerdote. Como el profeta es el representante
de Dios ante
el pueblo, así el sacerdote es el representante del pueblo ante Dios. Como el
sacerdocio era una institución divina, siempre habla acceso a la presencia de
Dios; sin embargo, ningún sacerdote de la antigua dispensación podía entrar en
el lugar Santísimo salvo el sumo sacerdote, y esto, una sola vez en el año y
con la sangre de un sacrificio (He. 9:7).
En esta
dispensación Cristo, como sumo sacerdote, ha entrado con su propia sangre en el
santuario celestial (He. 4: 14-16; 9:24; 10:19-22) y esta intercediendo por los
suyos que están en el mundo (Ro. 8:34; He. 7:25). Cuando Cristo murió el velo del templo se
rasgó, lo que significa que ahora está abierto el camino hacia el lugar Santísimo,
no para el mundo, sino para todo aquel que acuda a Dios sobre la base de la
sangre derramada por Cristo (He. 10:19-22).
Teniendo un
acceso sin impedimentos a la presencia de Dios a causa de la sangre de Cristo,
el sacerdote del Nuevo Testamento tiene el privilegio de ministrar en la intercesión
(Ro. 8:26-27; He. 10:19-22; 1 Ti. 2:1; Col. 4:12).
B. SERVICIO AL HOMBRE
Hay un
arreglo divino en el orden de la verdad como se encuentra en Romanos 12:1-8. Aquí,
como en todas las Escrituras, el servicio cristiano no se menciona hasta que
han sido presentadas las grandes cuestiones de la dedicación y la consagración.
Inmediatamente
después del mensaje acerca de estos puntos fundamentales se introduce el tema
de la concesión de dones para el servicio, y en relación a esto es importante
observar la amplia diferencia que hay entre el uso bíblico de la palabra "don"
y el sentido que se le da en el lenguaje común. Generalmente se entiende por don
alguna habilidad natural recibida por nacimiento y que lo capacita a uno para hacer
cosas especiales. Según el uso bíblico de la palabra, don es un ministerio del Espíritu
que mora en el creyente. Es el Espíritu que realiza un servicio y usa al creyente
como un instrumento. En ningún sentido es algo que el creyente obra solo, ni siquiera
algo hecho por el creyente con ayuda del Espíritu. El servicio cristiano se presenta
como una "manifestación del Espíritu"(1 Co. 12:7), del mismo modo que
el carácter cristiano es un fruto del Espíritu (Ga. 5:2-23).
Aunque cada
creyente posee algunos dones divinamente otorgados (1 Co. 12:7; Ef. 4:7), hay
una diversidad de dones (Ro. 12:6; 1 Co. 12:4-11; Ef. 4:11). Los creyentes no han
sido todos designados para hacer la misma cosa. En esto hay un contraste
con el oficio
sacerdotal en que todos los creyentes sacrifican, adoran e interceden. Aunque algunos
dones representativos que son generales han sido nombrados en las Escrituras
(Ro. 12:6-8; 1 Co. 12:8-11; Ef. 4:11), y aunque algunos de éstos evidentemente
han cesado (1 Co. 13:8), es probable que el ministerio del Espíritu a través de
los creyentes sea variado según las circunstancias en medio de las cuales deben servir.
Los dones son
otorgados para que el siervo de Dios sea para "provecho" (1 Co.
12:7), y está, por lo tanto, implícito que el servicio brindado en la fuerza de
la carne no es provechoso. La manifestación del Espíritu en el ejercicio de un
don es como "ríos de agua viva" (Jn. 7:37-39), y es la realización de
las "buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en
ellas" (Ef. 2:10).
Sin necesidad
de exigencia alguna, los creyentes llenos del Espíritu Santo están constantemente
activos en el ejercicio de sus dones. Los cristianos carnales, aunque poseen un
don, no están activos en su ejercicio, ni responden a las exhortaciones humanas.
Sin embargo, cuando arreglan cuentas con Dios por la confesión del pecado, la
rendición de su vida y el caminar en dependencia del Espíritu que mora en ellos,
inmediatamente son llenos del Espíritu y como resultado desean hacer la voluntad
de Dios, y por su poder suficiente que obra en ellos llegan a ser útiles en el servicio
para el que fueron ordenados por Dios. Los cristianos no son llenos del Espíritu
Santo como resultado de estar activos en el servicio; la verdad es que están activos
en el servicio porque están llenos del Espíritu. Asimismo, a veces es la voluntad
de Dios que toda actividad cese y que el siervo fatigado descanse. Fue Cristo quien
dijo: "Venid vosotros aparte... y descansad."
C. SU MAYORDOMIA
La
responsabilidad del cristiano en la mayordomía puede ser considerada bajo tres aspectos:
1) ganar dinero,
2) poseer dinero,
3) dar dinero.
Puesto que el
dinero obtenido por medio del trabajo es vida humana en forma concreta, y por
cuanto el dinero así ganado es un factor vital en la vida espiritual y en el
progreso material, el hijo de Dios debe enfrentar su responsabilidad como
mayordomo que será juzgado ante el tribunal de Cristo (Ro. 14:10-12). Con
demasiada frecuencia el hijo de Dios gana el dinero, lo posee o lo da sin
reconocer la relación fundamental que sustenta con Dios.
1. El cristiano
debe ganar el dinero de una manera que sea digna de la relación que el cristiano
tiene con Dios. Como nos amonesta el mandamiento, "hacedlo todo para la gloria
de Dios" (1 Co. 10:31). Ha sido ordenado divinamente que todos trabajen
(Gn. 3:19; 2 Ts. 3:10), y el cristiano no ha sido exceptuado. Sin embargo, para
el creyente espiritual e instruido el trabajo es más que sólo ganarse la vida;
es hacer la voluntad de Dios. Todo empleo, por sencillo que sea, debe ser
aceptado por el hijo de Dios coma una tarea específicamente asignada por Dios,
y debe ser hecha para Él, o no hacerse.
El hecho incidental de que a Dios le haya placido dar el pan y el
vestido a sus hijos par medio del trabajo cotidiano no debe oscurecer la verdad mayor de que
Dios, en su infinito amor, está preocupado del cuidado de sus hijos, y esto sin
referencia a su poder de ganar dinero (Fil. 4:19; He. 13:5). No es veraz el
dicho: "Dios provee solamente para los que no pueden proveer para sí
mismos." Él cuida de los suyos en todo tiempo, puesto que todo lo que
tienen proviene de Él (1 S. 2:7).
En las relaciones entre los hombres hay que reconocer la necesidad de los
contratos y salarios, porque "el obrero es digno de su salario" (Lc.
10:7); pero, en
relación con su Padre, el ideal más alto del cristiano acerca de su trabajo es
que, sea lo que fuere que haga, lo hace por voluntad de Dios, por amor. A Él y
como expresión de su devoción a Él. Del mismo modo, lo que recibe no lo ha
ganado, sino que es la expresión delicado amoroso del Padre. Tal actitud no es
sentimental ni poca práctica; es la única base sobre la que el creyente puede
santificar todo su trabajo haciéndolo para la gloria de Dios, o puede estar en
condiciones de «estar siempre gozoso» (1 Ts. 5:16) en medio de las cargas de la
vida.
2. La posesión
de dinero constituye una gran responsabilidad para todo
cristiano sincero. En vista de la gran necesidad que se observa en todas las
direcciones y del inmensurable bien que el dinero puede hacer, todo cristiano
espiritual debe enfrentar la cuestión práctica relativa a la retención de sus
posesiones en su poder. Sin duda, con frecuencia la voluntad de Dios es que uno
conserve la propiedad; pero el cristiano rendido no da esto por concedido. Solo
debe quedarse con su propiedad cuando Dios le orienta específicamente al
respecto, y debiera estar sometido a su control. Los motivos que obran sobre
los hombres, ricos y pobres “el deseo de ser ricos (1 Ti. 6:8- 9, 17-18; Stg.
1:11; He. 10:5; Fil. 4:11), el deseo de prevenir alga para el día de la necesidad
(Mt. 6:25-34) y el deseo de proveer para los demás”, son dignos de elogio solo
en la medida que cumplan la voluntad de Dios específicamente revelada a cada individuo.
3. El dar
dinero que el cristiano ha ganado es un aspecto importante de cualquier servicio
que el creyente brinda a Dios. El yo y el dinero son raíces de muchos
males, y en el gasto del dinero, como en su adquisición y posesión, se espera
que el cristiano esté en una relación de gracia con Dios. Esta relación supone
que él primero se ha entregado a Dios can una dedicación sin restricciones (2
Co. 8:5); y una verdadera dedicación a Dios del yo incluye todo lo que uno es y
tiene (1 Co. 6:20; 7:23; 1 P. 1:18- 19) “su vida, tiempo, fuerzas, capacidades,
ideales y posesiones En lo referente a dar dinero, el principio de la gracia
incluye el reconocimiento, por parte del creyente, de la autoridad soberana de
Dios sobre todo lo que el creyente es y tiene, y contrasta con el sistema legal
del Antiguo Testamento de los diezmos que estaban en vigor coma una parte de la
ley hasta que la ley fue puesta a lado (Jn. 1:16- 17; Ro. 6:14; 7:1-6; 2 Co. 3:1-18;
Ga. 3:19-25; 5:18; Ef. 2:15; Col. 2:14). Aunque algunos principios de la
ley han seguido y se han reafirmado bajo la gracia, coma la observancia del
sabbat, el diezmo no se ha impuesto sobre el creyente de ésta dispensación.
Así coma el día del Señor superó al reposo legal y se ha adaptado a los principios
de la gracia de una manera que el sabbat no podía, el diezmo ha sido superado
par un sistema nuevo de dar que se adapta a las enseñanzas de la gracia de una
manera que el diezmo no podía hacerlo.
En 2 Corintios 8:1 - 9:15 se resume lo que es el dar baja la gracia,
ilustrada par la experiencia de los santos de Corinto.
En este
pasaje descubrimos:
A) Cristo era
su ejemplo. La forma en que el Señor se dio a sí mismo (2 Co. 8:9) es
el patrón de toda dádiva bajo la gracia. Él no dio una décima parte; lo dio
todo.
B) Su dádiva
fue de su profunda pobreza. Aquí se emplea una sorprendente combinación
de frases para describir lo que los corintios experimentaron en su acción de
dar (2 Co. 8:2): "en grande prueba de tribulación", la abundancia de
su gozo, "su profunda pobreza", riquezas de su generosidad. Además,
acerca de la liberalidad a pesar de la gran pobreza, debemos recordar que la
ofrenda de la viuda (Lc. 21:1-4), que fue objeto de elogio de
parte de nuestro Señor, no era una parte, sino todo lo que
ella tenla.
C) La donación de ellos no fue par mandamiento ni por necesidad. Bajo la
ley, el diezmo era un mandamiento y su pago era una necesidad; baja la gracia Dios
no esta buscando el don, sino una expresión de devoción de parte del dador.
Bajo la gracia no se impone ley alguna, y no se estipula ninguna proporción en
el dar; y aunque es cierto que Dios obra en el corazón rendido así el querer
coma el hacer par su buena voluntad (Fil. 2:13), Él solamente se agrada en la
ofrenda dada con alegría (2 Co. 9:7).
Si existiera una ley que determinara el monto que debe darse,
indudablemente habría quienes tratarían de cumplir con el pago aun contra sus propios
deseos. Así
la ofrenda de ellos sería hecha "con tristeza" y "por
necesidad". Si se dice que para sostener la obra del evangelio debe
tenerse dinero sin importar Si fue dado con alegría a can tristeza, podemos
responder que lo que cumple con el propósito deseado no es la cantidad dada,
sino la bendición divina sobre la ofrenda.
Cristo dio de comer a cinco mil personas con cinco panes y dos peces.
Hay evidencias abundantes como para demostrar que, dondequiera que los hijos de
Dios han cumplido su privilegio de dar baja la gracia, su liberalidad ha dado
coma resultado tener "siempre en todas las cosas todo lo suficiente",
lo que ha hecho que los creyentes abunden en buenas obras, porque Dios es
poderoso para hacer qué aun la gracia de dar "abunde en cada creyente (2
Co. 9:8).
D) Los
cristianos primitivos "a sí mismos" se dieron primeramente. La
ofrenda aceptable es precedida de una completa entrega de si mismo (2 Co. 8:5). Esto
sugiere la importante verdad de que el dar baja la gracia, al igual que el dar
bajo la ley, está limitado a una cierta clase de personas. El diezmo jamás fue
impuesto por Dios a otra nación fuera de Israel. Así la ofrenda cristiana está
limitada a los creyentes y es más aceptable cuando es dada por creyentes que
han ofrendado sus vidas al Señor.
E) Además, los
cristianos de la iglesia primitiva daban sistemáticamente. Al igual que con los
diezmos, se sugiere una regularidad sistemática en el dar bajo la gracia.
"Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado"(1
Co. 16:2). Esta orden ha sido dirigida a "cada uno" (cada cristiano),
y esto no excusa a nadie; el dar debe ser de lo que se ha apartado para ello.
F) Dios
sostiene al dador. Dios sostendrá la ofrenda de gracia con sus ilimitados recursos
temporales (2 Co. 9:8- 10; Lc. 6:38). En esta conexión se puede ver que los que
dan tanto como la décima parte, normalmente prosperan en las cosas temporales; pero coma
el creyente no puede tener relación con la ley (Ga. 5:1), es evidente que esta
prosperidad es el cumplimiento de la promesa baja la gracia, y no el
cumplimiento de promesas baja la ley. Así ninguna bendición es dependiente de
un diezmar con exactitud.
Las bendiciones son otorgadas porque el corazón se ha expresado a
través de la ofrenda. Es clara que no habrá ofrenda hecha a Dios de corazón que
Él en su –gracia no reconozca. En esto no hay oportunidad para que personas
astutas se hagan ricos.
La ofrenda debe ser de corazón, y la respuesta de Dios será según su
perfecta voluntad
hacia su
hijo. Él puede responder concediendo riquezas materiales, o por medio de
bendiciones temporales según Él lo estime conveniente.
G) Las
verdaderas riquezas son de Dios. Los cristianos corintios fueron enriquecidos can
posesiones celestiales. Se puede ser rico en posesiones de este mundo y no ser rico
para con Dios (Lc. 12:21). A tales personas se extiende la invitación de que compren
del Señor oro que es refinado en fuego (Ap. 3:18). Por media de la absoluta pobreza
de Cristo en su muerte, todos pueden ser enriquecidos (2 Co. 8:9); Es posible ser
rico en fe (Stg. 2:5) y rico en buenas abras (1 Ti. 6:18); pero en Cristo Jesús
el creyente recibe las "riquezas de su gracia (Ef. 1:7) y las riquezas de
su gloria" (Ef. 3:16).
PREGUNTAS
1. ¿A quién se
ha entregada primariamente el servicio divino?
2. Hacer
un contraste entre los sacerdocios del Antiguo y del Nuevo Testamento en el carácter
de su servicio.
3. ¿En
qué sentido era similar el servicio de los sacrificios en ambos Testamentos?
4. ¿En
qué forma en particular se espera que el sacerdote del Nuevo Testamento se dedique
a sí mismo a Dios en forma voluntaria?
5. ¿Qué
diferencia hay entre dedicación y consagración?
6. ¿Qué
puede experimentar el sacerdote creyente en el Nuevo Testamento si se rinde a
Dios?
7.
Nombrar los cuatro sacrificios del sacerdote del Nuevo Testamento.
8. Hacer
un contraste entre la ceremonia del baño del sacerdote del Antiguo Testamento y
el lavado parcial en el lavacro de bronce.
9. ¿En
qué forma la purificación del sacerdote del Antigua Testamento anuncia la purificación
del sacerdote del Nuevo?
10. ¿En
qué forma está relacionado el sacerdote con la adoración?
11. ¿Qué
prohibiciones fueron dadas acerca de la adoración en el Antiguo Testamento, y coma se aplican al sacerdote
del Nuevo Testamento?
12.
Comparar la obra del sacerdote del Antiguo Testamento con la de los otros sacerdotes.
13.,
Comparar la obra de Cristo coma nuestro sumo sacerdote y nuestra obra coma sacerdotes.
14. ¿Cómo
se relaciona la diversidad de dones con el servicio del sacerdote del Nuevo Testamento?
15. ¿.Cómo
afecta la carnalidad al ejercicio de un don espiritual?
16.
¿Cuá1es son las tres fases de la mayordomía del cristiano?
17. ¿Cómo
se relaciona la obtención del dinero con el caminar can Dios del cristiano?
18. ¿En
qué sentido la posesión del dinero se convierte en una responsabilidad de todo
cristiano sincero?
19. ¿En
qué sentida el dar dinero refleja la relación de gracia del cristiano con Dios?
20. ¿En
qué sentido es Cristo nuestro modela en el dar?
21. ¿Qué
relación hay entre el dar y la pobreza?
22. ¿Cómo
se relaciona el dan con el mandamiento y la necesidad?
23. ¿Cómo
se relaciona el dar con el darse a si mismo primeramente?
24. ¿Que
es dar sistemáticamente?
25. ¿Cómo
sostiene Dios al dador?
26.
Establecer un contraste entre las riquezas terrenales y las
riquezas celestiales.
LA IGLESIA: SU CULTO EN LA
ORACIÓN Y LA ACCIÓN DE GRACIAS
Como vimos en
Romanos 12:1-2 y Hebreos 13:15-16, el cristiano, como sacerdote creyente, está
ocupado con cuatro sacrificios:
1) El
sacrificio de su cuerpo (Ro. 12:1- 2);
2) el
sacrificio de alabanza (He. 13:15);
3) el
sacrificio de buenas obras (He. 13:16); y:
4) el
sacrificio de la mayordomía o de la acción de dar presentada en la expresión «de
la ayuda mutua no os olvidéis» (He. 13:16).
Dios se
agrada de tales sacrificios (He. 13:16). Hemos considerado ya el sacrificio de
las buenas obras y la mayordomía de las posesiones temporales en el
capítulo anterior, de modo que ahora consideraremos la obra del creyente
sacerdote en la oración y la alabanza a Dios que forman la parte esencial de la
adoración.
En la edad
presente la adoración no es cuestión de forma o circunstancias, sino en las palabras
de Cristo a la samaritana: «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu
y en verdad es necesario que adoren» (Jn. 4:24). En consecuencia, la adoración
no está confinada a servicios sagrados en grandes catedrales; es la adoración
del corazón del cristiano al expresar la alabanza y la intercesión ante su
Padre Celestial en el nombre de Cristo. La oración y la alabanza son los
principales elementos de la adoración y son actos de comunión directa de los
hombres con Dios. El estudio de la doctrina de la oración y la alabanza en el
Antiguo y el Nuevo Testamentos muestra que hay una revelación progresiva y un
privilegio creciente.
A. LA ORACION ANTES DE LA
PRIMERA VENIDA DE CRISTO
Aunque la
oración personal y privada ha sido una práctica de los hombres piadosos a través
de todas las edades, es evidente que la oración, en lo principal, era ofrecida
por el patriarca en favor de su casa (Job 1:5) y, en el período que se extiende
desde Moisés hasta Cristo, era ofrecida por los sacerdotes y gobernantes en
favor de su pueblo. A través de todos los siglos comprendidos en este período
la base de la oración consistía en invocar los pactos de Jehová (1 R. 8:22-26;
Neh. 9:32; Dn. 9:4) y su santo carácter (Gn. 18:25; Ex. 32:11-14), y debía ser
después de derramar la sangre del sacrificio (He. 9:7).
B. LA ORACION EN LA
EXPECTACION DEL REINO
La pretensión
mesiánica de Cristo y el reinado de su parte fue rechazado por
la nación de Israel; pero durante los primeros días de su predicación, y cuando el
reino era ofrecido
a Israel, enseñó a sus discípulos a orar por el reino que se iba a establecer en
la tierra.
La conocida
oración el Padrenuestro
aparece en
Mateo 6:9-13 e incluye la petición «venga tu reino» (Mt. 6:10). Esta oración
tiene primariamente
en vista la
realización del reinado sobre la tierra en el milenio cuando Cristo reine como
supremo soberano sobre la tierra. La doxología contenida en Mateo 6:13
concluye: «porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria,
por todos los siglos. Amén». Esta doxología no se encuentra en muchos
manuscritos antiguos del Evangelio de Mateo y se omite en el relato paralelo de
Lucas 11:2-4. Muchos creen que fue añadida por los copistas de las Escrituras
como una forma adecuada de concluir la oración. Sea que haya formado parte de Mateo
originalmente o no, es un hecho que hace una afirmación correcta respecto de la
doctrina del reino futuro.
Debido a que
el Padrenuestro
incluye
además otros asuntos adecuados para todas las edades y circunstancias, tales
corno la adoración del Padre, la petición del pan cotidiano y la liberación de
la tentación, a menudo se ha tomado como una oración modelo. Sin embargo, es
dudoso que ésa hay sido la intención de Cristo. La verdadera oración
del Señor se encuentra en Juan 17, donde nuestro Señor intercedió por su
iglesia en pleno reconocimiento del propósito de Di para su iglesia en la era actual.
Algunos han
sostenido que el Padrenuestro se usa impropiamente en esta era, y, sin embargo,
por sus muchas características que le hacen apto para todo tiempo, y su sencillez
se ha hecho muy querido para muchos creyentes; aún más no es impropio que los
que viven actualmente anhelen c oración la venida del reino milenial. Sin embargo,
debe entenderse claramente que este reino no vendrá por esfuerzo humano antes
de la segunda venida de Cristo, como algunos han enseñado, sino que espera el glorioso
regreso de Cristo, que por su poder establecerá su reino sobre la tierra.
C. LA ORACION DE CRISTO
En Juan 17 se
presenta la verdadera oración del Señor revela una libertad hasta lo sumo en la
comunión entre Padre y el Hijo. En este capítulo Cristo ejerce su oficio de Sumo
Sacerdote, y el tema de su oración es la necesidad de los
creyentes sobre la tierra en la edad futura que vendría después de Pentecostés.
Mientras
estuvo sobre la tierra antes de su muerte, Cristo pasó largo tiempo en oración (Mt.
14:23), aun toda la noche (Lc. 6:12), y es probable que la forma de su oración
era la misma comunión familiar con Su Padre que se encuentra en Juan 17. La
oración de Cristo no parece depender de las promesas o pactos, sino más bien
descansa en su propia persona y en la obra sacerdotal del sacrificio. La
oración d Cristo, especialmente en Juan 17, es, en consecuencia, un revelación
de la obra intercesora de Cristo a la diestra d Dios Padre y que prosigue a
través de toda la dispensación actual.
D. LA ORACION BAJO LA
RELACION DE LA GRACJA
La oración no
es igual a través de todas las edades, sino que, como todas las demás responsabilidades
humanas, se adapta a las
diversas dispensaciones. Con el gran avance de la revelación proporcionada por
el Nuevo Testamento, la
oración adquiere el nuevo estado de oración en el nombre de Cristo en la
revelación plena de su sacrificio sobre la cruz.
Entre los
siete rasgos sobresalientes de la vida del creyente bajo la gracia con Cristo mencionados
en el aposento alto y en Getsemaní (Jn. 13:1 - 17:26) se incluye la oración. La
enseñanza de Cristo sobre el tema vital de la oración se da en tres
pasajes (Jn. 14:12-14; 15:7; 16:23-24). Según esta palabra de Cristo, la
posibilidad presente de la oración bajo la gracia se eleva por sobre las
limitaciones terrenales en la esfera de las relaciones infinitas que obtiene en
la nueva creación. Esta forma de oración puede considerarse bajo cuatro
aspectos.
1. La función
de la oración incluye no solamente la alabanza sino la presentación de las
necesidades del creyente en la presencia del Señor, y la intercesión por los
demás.
El
racionalismo enseña que la oración es irrazonable porque un Dios omnisciente sabría
mejor que el hombre que ora aquello que éste necesita. Sin embargo, Dios, en su
soberanía, ordenó la oración como el medio para el cumplimiento de su voluntad
en el mundo y ha instruido a los que creen en Él para que presenten sus
peticiones. La importancia de la oración se revela en Juan 14:13-14, donde
Cristo prometió hacer todo lo que le pidiésemos en su nombre. Consecuentemente,
Dios ha elevado la importancia de la oración al punto de que en gran parte Dios
ha condicionado su acción a la oración fiel del creyente.
Esta
responsabilidad es cosa establecida. Ya no es cuestión de racionalidad; es cuestión
de ajuste. Es probable que no podamos comprender todo lo que hay detrás de
ello, pero sabemos que en el ministerio de la oración el hijo de Dios es
introducido en una asociación vital con la obra de Dios en una manera que de
otro modo no podría participar. Pon cuanto el cristiano puede participar en la
gloria que sigue, se le da la oportunidad de participar en el logro de ella.
Esta responsabilidad en asociación no es extendida al creyente como una
concesión especial; es la función normal de un persona por la cual ha sido
derramada la sangre expiatoria (He. 10:19-20), y que ha sido vitalmente unido
con Cristo en la nueva. Creación. No es irracional que una persona que e parte
viva de Cristo (Ef. 5:30) tenga parte en su servicio en su gloria.
Cabe destacar
que, en conexión con el anuncio del nuevo oficio de la oración como una
sociedad en la ejecución del plan, es que Cristo afirmó: «las obras que yo
hago, él la hará también, y aun mayores las hará» (Jn. 14:12), frase que es
inmediatamente seguida por la segura afirmación de que solo Él emprende la
tarea de responder a este ministerio de oración. Tan vital es esta unión del
esfuerzo entre la oración y lo que Dios obrará en su
respuesta que se dice que el creyente es el que hace las obras mayores.
2. El
privilegio de orar en el nombre del Señor Jesús que bajo la gracia se extiende
a todo hijo de Dios, da a la oración una característica que la eleva a un grado
infinito que la eleva por sobre toda otra forma de oración que haya existido en el pasado o
exista en el futuro. Asimismo, la forma presente de la oración supera todos los
privilegios precedentes; porque cuando Cristo dijo: «Hasta ahora nada habéis
pedido en mi nombre» (Jn. 16:24), y así desechó toda otra base de oración que
había existido.
Podemos estar
seguros
de que el
nombre del Señor Jesucristo atrae la atención del Padre y que el Padre no solo
oirá cuando se usa ese nombre, sino que se sentirá inclinado hacer lo que se le
pida por amor de su amado Hijo. El nombre de Cristo es equivalente a la persona
de Cristo, y el nombre no se da a los creyentes para ser usado como un conjuro.
La oración en el nombre de Cristo comprende el reconocimiento de sí como una
parte viva de Cristo en la nueva creación y, por lo tanto, limita los temas de
oración a aquellos proyectos que están en línea directa con los propósitos y la
gloria de Cristo. Es hacer una oración que Cristo podría pronunciar.
Puesto que
orar en el nombre de Cristo es como poner la firma de Cristo a nuestra petición,
es razonable que la oración tenga esa limitación. Habiendo señalado que a veces
la pobreza espiritual si se debe al hecho de que nosotros no pedimos, Santiago
sigue diciendo que «pedís y no recibís, porque pedís mal, gastar en vuestros
deleites» (Stg, 4:2-3). Así la oración puede llegar a ser, o una atracción para
obtener las cosas del yo, o una forma de lograr las cosas de Cristo. El creyente,
habiendo sido salvado del yo y estando vitalmente unido con Cristo (2 Co. 5:17-18;
Cal. 3:3), ya no está preocupado del yo. Esto no es decir que se abandonan los
mejores intereses del creyente; es afirmar que ahora se consideran estos
intereses como que pertenecen a la nueva esfera en que Cristo
es todo en todos. Estando en Cristo, es normal que nosotros oremos en su nombre
y es anormal orar solo por los deseos del yo que nada tienen que ver con la
gloria de Cristo.
Puesto que la
oración solo es posible sobre la base de la sangre derramada y en virtud de la
unión vital del creyente con Cristo, la oración de los inconversos no puede ser
aceptada por Dios.
3. El alcance
de la oración
bajo la
gracia se afirma en la frase "todo lo que", pero no sin que haya
limitaciones razonables. Es todo lo que pidiereis en mi nombre, según el propósito
y la gloria de Cristo. Antes que sea posible ofrecer la verdadera oración, el corazón
debe conformarse a la mente de Cristo. "Si permanecéis en mí, y mis palabras
permanecéis en vosotros, pedid todo lo que queréis (Jn. 15:7); esto es verdadero;
porque bajo este ajuste de corazón el hijo de Dios pedirá solamente las cosas
que están dentro de la esfera de la voluntad de Dios.
Bajo la
gracia, hay perfecta
libertad de
acción para aquel en quien Dios está obrando así el querer como el hacer, por
su buena voluntad (Fil. 2:13). Asimismo, hay una libertad de petición ilimitada
para el que ora dentro de la voluntad de Dios. Al creyente que está lleno del
Espíritu Santo se le dice «De igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra
debilidad pues qué hemos de pedir corno conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los
corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad
de Dios intercede por los. Santos» (Ro. 8:26-27). La perspectiva de la oración
bajo la gracia no es estrecha; es tan infinita como los intereses eternos de
aquel en cuyo nombre tenemos el privilegio de orar.
4. Todo
creyente fiel debiera prestar cuidadosa atención a la práctica de la oración.
Es altamente importante que los creyentes observen un horario regular de
oración. Debieran evitar todo uso irreverente de la oración o las repeticiones
inútiles que caracterizan al mundo pagano, y debieran seguir el orden divino prescrito
para la oración
bajo la gracia. Esto se afirma en las siguientes palabras: «En aquel día no me preguntaréis
nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi
nombre os lo dará» (Jn. 16:23), y la oración será hecha en el Espíritu (Jud.
20).
Este orden no
ha sido impuesto en forma arbitraria. Sin embargo, dirigir la oración a Cristo
es abandonar su mediación orando a Él, en lugar de orar por medio de Él, sacrificando,
por lo tanto, el rasgo más vital de la oración baja la gracia: la oración en su
nombre. Dirigir la oración al Espíritu de Dios es orar al Espíritu, en lugar de
orar por él, y ello implica que hasta ese punto estamos dependiendo de nuestra
propia suficiencia.
Entonces
podría concluirse
que, bajo la
gracia, la oración debe ser dirigida al Padre en el nombre del Hijo y en el
poder del Espíritu Santo.
E. LA ORACION DE ACCION DE
GRACIAS
La verdadera
acción de gracias es la expresión voluntaria de una gratitud de corazón por los
beneficios recibidos. Su efectividad depende de la sinceridad, así como
su intensidad depende del valor que se le dé a los beneficios recibidos (2 Co.
9:11). La acción de gracias es algo completamente personal. Hay obligaciones
que nos corresponden a nosotros y que podrían asumirlas otras personas, pero
nadie puede ofrecer palabras de acción de gracias en lugar nuestro (Lv. 22:29).
La acción de
gracias no es de ningún modo un pago por el beneficio recibido; más bien es
reconocer con gratitud el hecho de que el que ha recibido el beneficio está endeudado
con el dador. Puesto que no hay pago que pueda hacerse a Dios por sus beneficios
incontables e inmensurables, a través de las Escrituras se sostiene la obligación
de ser agradecidos a Dios, y toda acción de gracias está estrechamente relacionada
con la adoración y la alabanza.
Bajo el
antiguo orden las relaciones espirituales de Dios se expresaban de una
manera material. Entre éstas se hizo provisión para la
ofrenda, sacrificio de acción de gracias (Lv. 7:12, 13, 15; Sal. 107:22;
116:17). En forma similar, en esta era es un privilegio del creyente hacer
ofrendas y sacrificios de acción de gracias a Dios. Sin embargo, si mientras se
ofrece la donación de acción de gracias el motivo incluye un pensamiento de
compensación, se destruye el valor esencial de la acción de gracias.
El tema de la
oración se menciona muchas veces en el Antiguo Testamento y frecuentemente en
los Salmos. En el Antiguo Testamento se da dirección explicita para las
ofrendas de acción de gracias (Lv. 7:12-15), y la alabanza y la acción de gracias
fueron especialmente enfatizadas en el avivamiento que hubo bajo la dirección de
Nehemías (Neh. 12:24-40). Del mismo modo, el mensaje profético del Antiguo Testamento
anuncia las acciones de gracias como uno de los rasgos especiales de la adoración
en el reino venidero (Is. 51:3; Jer. 30:19). Del mismo modo, hay incesantes acciones
de gracia en los cielos (Ap. 4:9; 7:12; 11:17).
Una
característica importante de la acción de gracias en el Antiguo Testamento es la
apreciación de la persona de Dios sin consideración de los beneficios recibidos
de Él (Sal. 30:4; 95:2; 97:12; 100:1-5; 119:62). Aunque ha sido constantemente
descuidado, el tema de la acción de gracias es importantísimo y ese tipo de
alabanza es razonable y adecuado. Bueno es alabarte, oh Jehová (Sal. 92:1).
En el Nuevo
Testamento el tema de la acción de gracias se menciona unas cuarenta y cinco
veces, y esta forma de alabanza se ofrece por las bendiciones temporales y por las
espirituales. La infaltable práctica de Cristo de dar gracias por los alimentos
(Mt. 15:36; 26:27; Mr. 8:6; 14:23; Lc. 22:17, 19; Jn. 6:23; 1 Co. 11:24)
debiera ser un ejemplo efectivo para todos los creyentes. El apóstol Pablo
también fue fiel en este sentido (Hch. 27:35; Ro. 14:6; 1 Ti. 4:3-4).
La acción de
gracias de parte del apóstol Pablo es digna de atención. Él usa la frase «Gracias
a Dios» en relación con Cristo el «don inefable» (2 Co. 9:15), tocante a la victoria
obtenida sobre el sepulcro y que fue asegurada por medio de la resurrección (1
Co. 15:57), y en conexión con el triunfo presente que es nuestro por medio de
Cristo (2 Co. 2:14). Su acción de gracias a Dios por los creyentes (1 Ts. 1:2;
3:9), por Tito en particular (2 Co. 8:16), y su exhortación en el sentido de
que se den acciones de gracias por todos los hombres (1 Ti. 2:1) son igualmente
lecciones objetivas para todos los hijos de Dios.
CABE
DESTACAR DOS IMPORTANTES CARACTERÍSTICAS DE LA ACCIÓN DE GRACIAS SEGÚN EL NUEVO
TESTAMENTO.
1. La acción de
gracias debe ser incesante. Par cuanto la adorable persona de Dios no cambia y
sus beneficios nunca cesan, y puesto que la abundante gracia de Dios redundará
para gloria de Dios por la acción de gracias de muchos (2 Co. 4:15), es razonable
que las acciones de gracias sean dadas a Él sin cesar. De esta
forma de alabanza leemos: «Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de Él,
sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre» (He.
13:15; compárese
con Ef. 1:16;
5:20; Cal. 1:3; 4:2). Esta característica de la acción de gracias también se
enfatiza en el Antiguo Testamento (Sal. 30:12; 79:13; 107:22; 116:17).
2. Las acciones
de gracias deben ser ofrecidas por todo como se dice en Efesios 5:20: «Dando
siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.»
Un mandamiento similar se encuentra en 1 Tesalonicenses 5:18: «Dad gracias en
todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotras en Cristo Jesús»
(cf. con Fil. 4:6; Cal. 2:7; 3:17). Hay mucha distancia entre dar gracias siempre
por todo y el dar gracias algunas veces y por algunas cosas. Sin embargo,
habiendo aceptado que a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien, es
correcto que se dé gracias a Dios por todas las cosas. Esta alabanza, que honra
a Dios, puede ser ofrecida solamente por los que son salvos y que están llenos
del Espíritu (Ef. 5:18-20). Daniel dio gracias a Dios enfrente de la sentencia
de muerte (Dn. 6:10), y Jonás dio gracias a Dios desde el vientre del gran pez
y desde las profundidades del mar (Jon. 2:9).
El abundante
pecado de la ingratitud hacia Dios se ve ilustrado por uno de los sucesos registrado
en la vida de Jesús. Cristo limpió a diez leprosos, pero
solamente uno volvió para dar gracias, y éste era samaritano (Lc. 17:11- 19).
Aquí debemos notar que la ingratitud es un pecado, y se incluye como uno de las
pecados de las últimos días (2 Ti. 3:2). Es probable que haya sincera gratitud
de parte de muchos inconversos que tratan de ser agradecidos a Dios por los
beneficios temporales; pero fallan lamentablemente al no apreciar el don de su
Hijo, lo que los convierte en personas muy ingratas ante la vista de Dios.
En los
Estados Unidos se estableció un día llamado de Acción de Gracias. Fue establecido
por creyentes y para los creyentes reconociendo que el pecador que rechaza a
Cristo no puede ofrecer una acción de gracias aceptable a Dios.
PREGUNTAS
1. ¿Cuáles son
los cuatro sacrificios
del creyente sacerdote?
2. ¿Qué
importancia atribuye usted al hecho de que la alabanza sea uno de los cuatro sacrificios?
3. ¿En
qué forma se relaciona la adoración a la forma y las circunstancias?
4. ¿Cuál
era la característica de la oración antes de la primera venida de Cristo?
5. ¿Cuál
era el propósito de la oración del Señor conocida como el Padrenuestro que aparece
en Mateo 6:9-13?
6. ¿En
qué sentido es apropiado que oremos por la venida del Reino?
7. ¿Por
qué debiera considerarse Juan 17 como la verdadera oración del Señor?
8. ¿Qué
aprendemos de las Escrituras acerca de la vida de oración de Cristo, y cómo indica
Juan 17 la forma de sus peticiones?
9. ¿Por
qué en la presente dispensación de gracia la función de la oración incluye la intercesión
a pesar de la omnisciencia de Dios?
10. ¿Qué
seguridad tiene el creyente de que Dios se hará cargo de responder a sus peticiones?
11. ¿Qué
quiere decir orar en el nombre del Señor Jesucristo, y como nos da seguridad
este hecho?
12.
¿Cuáles son los dos peligros gemelos señalados por Santiago en relación
a la oración?
13. ¿Cuál es la
perspectiva ilimitada
de la oración baja la gracia?
14. ¿Cómo
está relacionado el Espíritu con nuestras oraciones?
15.
¿Cuáles son los peligros de no tener periodos regulares de oración, por una
parte, y de las repeticiones inútiles, por la otra?
17. ¿Por
qué la acción de gracias a Dios es una cosa muy personal?
18. ¿En
qué sentido es la acción de gracias un sacrificio?
19. ¿Cómo
se relaciona con Dios la acción de gracias en contraste con sus obras?
20.
¿Cuáles son algunas ilustraciones notables de acción de gracias en el Nuevo Testamento?
21.
¿Cuáles son dos características importantes de la acción de gracias que se destacan
en el Nuevo Testamento?
22. ¿Por
qué es un pecado no expresar las acciones de gracias?
23. ¿Por
qué solamente los creyentes pueden ofrecer acciones de gracias que tengan verdadero
valor?
LA IGLESIA: SU ORGANIZACIÓN
Y ORDENANZAS
A. GOBIERNO DE LA IGLESIA
La iglesia,
como cuerpo de Cristo, comprende a todos los cristianos que se han unido a
Cristo como cabeza del cuerpo por medio del bautismo del Espíritu. La iglesia
como un organismo ha sido ordenada sobre la base del mismo principio del cuerpo
humano, porque cada parte se relaciona con las demás partes y todo el cuerpo se
relaciona con la cabeza que dirige el cuerpo. El cuerpo de Cristo no necesita
esencialmente de una organización, puesto que su relación es espiritual y
sobrenatural.
Sin embargo,
en la iglesia local, tanto en los tiempos bíblicos como ahora, es necesario
tener cierta organización en la práctica.
En la
historia de la iglesia se encuentran tres formas de gobierno de la iglesia,
cada una de las cuales tiene sus raíces en los tiempos apostólicos.
1. La forma
episcopal de gobierno reconoce un obispo, o dirigente
eclesiástico, como quiera que se le denomine, que, en virtud de su oficio,
tiene poder de dirigir la iglesia local. Esto ha dado origen a la compleja
organización de la Iglesia Católica Romana, o a los sistemas más sencillos de
la Iglesia Episcopal y de la Iglesia Metodista, en las que se designan obispos
para supervisar las actividades de las iglesias en una determinada área.
2. Una forma
representativa de gobierno que reconoce la autoridad de representantes debidamente
designados por las iglesias locales, normalmente agrupadas geográficamente,
como es el caso de las iglesias reformadas y presbiterianas. Los representantes
de un grupo de iglesias locales (presbiterio) a veces quedan bajo la jurisdicción
de un cuerpo mayor
o sínodo, el que a su vez puede quedar bajo la autoridad de un cuerpo mayor
denominado asamblea general. Aunque varían las reglas y la extensión del poder,
la idea es que la autoridad constituida de la iglesia la ejercen
representantes
debidamente elegidos.
3. La forma
congregación al de gobierno es aquella que pone la autoridad
en la congregación local, y los asuntos importantes son decididos por las
congregaciones sin considerar la autoridad de otras iglesias u oficiales. Esta
forma de gobierno se ve en las iglesias congregacionales, las iglesias de los
discípulos y en las iglesias bautistas. Aunque las iglesias locales pueden
estar sometidas en algún grado a cuerpos mayores, comités u oficiales, el
concepto de una iglesia congregacional es que la iglesia local determina sus
propios asuntos, elige y ordena sus ministros y dirige el uso de sus ingresos.
En cierta
medida se ven las tres formas de gobierno en la iglesia primitiva. Algunas de las
iglesias primitivas reconocen que los apóstoles tienen la autoridad
primaria. Sin embargo, esto parece haber acabado junto con la primera
generación de cristianos. En el concilio de Jerusalén se ilustra el gobierno
representativo. (Hch. 15), donde los apóstoles y ancianos reunidos fueron
considerados como una autoridad en cuestiones doctrinales surgidas en las
iglesias. Sin embargo, estrictamente hablando, ellos no habían sido elegidos ni
eran representantes de la iglesia en el sentido moderno. A medida que las
iglesias maduraron y ya no necesitaron la supervisión apostólica, parece que el
gobierno fue pasando a las iglesias locales mismas. Esta parece ser la situación
en el caso de las siete iglesias de Asia mencionadas en Apocalipsis 2- 3, las cuales
no estaban sujetas a autoridad humana aunque permanecían bajo la autoridad de
Cristo mismo. Es dudoso si las Escrituras autorizan un gobierno extenso
complejo como el que a veces se ve en la iglesia moderna, y parecería necesario
volver a la sencillez bíblica.
B. EL ORDEN DE LA IGLESIA
El concepto
de orden eclesiástico se relaciona con quiénes tienen la autoridad en
la iglesia local y proporcionan el liderazgo para ella. En el Nuevo Testamento
la iglesia local incluía a las personas designadas como obispos y ancianos y
que eran los líderes responsables de la iglesia local. Es probable que los
obispos y ancianos fueran las mismas personas aunque los títulos eran algo
diferentes en significado.
El concepto
de anciano en el Nuevo Testamento derivó probablemente de los ancianos que
ejercían la autoridad sobre Israel (Mt. 16:21; 26:47, 57; Hch., 4:5, 23) y señalaba
a una persona madura en juicio y digna de una posición de autoridad. De aquí
que un anciano fuera una persona que tenía cualidades personales que lo calificaban
para el liderazgo, mientras el término «obispo» o «sobreveedor» describía el
oficio o función de la persona. El obispo era siempre
anciano, pero un anciano no siempre era obispo bajo ciertas circunstancias,
esto es, podía tener las cualidades sin ejercer el oficio. Parece que
normalmente las palabras habían sido usadas en un sentido idéntico en la
iglesia primitiva (Tit. 1:5, 7).
En la era
apostólica los obispos y ancianos en una iglesia local eran varios, aunque quizás
algunos tenían más autoridad como líderes que otros. Los obispos y ancianos recibían
la carga de ciertas responsabilidades tales como gobernar la iglesia
(1 Ti. 3:4- 5;
5:17), tenían que proteger la iglesia contra el error moral o teológico (Tit.
1:9) y debían dirigir o supervisar la iglesia en la forma que un pastor lo
haría con su rebaño (Jn. 21:16; Hch. 20:28; He. 13:17; 1 P. 5:2). Aunque eran
designados por los apóstoles, parece que a medida que las iglesias maduraban la
iglesia misma era la que hacía las designaciones, y la designación era un
reconocimiento de sus cualidades espirituales que los calificaban para los
puestos de liderazgo (Hch. 14:23; 20:28; Tit. 1:5; 1 P. 5:2).
Además de los
ancianos y obispos, otros eran designados diáconos. En la iglesia primitiva se
preocupaban en el cuidado de los necesitados y en ministrar a las necesidades
físicas, aunque también podían tener dones espirituales (Hch. 6:1-6; 1 Ti. 3:8-13).
Como los ancianos, eran apartados para su oficio por los apóstoles (Hch. 6:6; 13:3;
2 Ti. 1:6) o podían ser nombrados por los ancianos (1 Ti. 4:14) en la iglesia primitiva.
Como en el caso de ancianos y obispos, debe hacerse distinción entre el oficio
de diácono y el ministerio que un diácono pudiera desarrollar. Felipe es una ilustración
de una persona que tenía el oficio de diácono pero que por don espiritual era
un evangelista (Hch. 6:5; 21:8).
En la iglesia
de hoy algunas iglesias tienden a reconocer un solo pastor como el anciano y a
los demás oficiales que le asisten en las tareas espirituales como diáconos.
Sin embargo, esto parece no estar basado en una práctica bíblica.
C. ORDENANZAS DE LA IGLESIA
La mayor
parte de las iglesias protestantes reconocen solamente dos ordenanzas: el bautismo
y la cena del Señor. Las excepciones las constituyen ciertos cuerpos eclesiásticos
que, entre las ordenanzas, incluyen el lavamiento de los pies, en la forma que
Cristo lavó los pies a los discípulos (Jn. 13).
La Iglesia
Católica Romana agrega un cierto número de ordenanzas. Solamente el bautismo y
la cena del Señor son universalmente reconocidos.
1. La ordenanza
del bautismo con agua se ha visto sujeta a incontables controversias durante la
historia de la iglesia y ha traído como resultado importantes divisiones
en la iglesia organizada. En general, las discusiones han caído sobre dos
puntos importantes:
A) si el bautismo con agua es
solamente un ritual o realmente otorga algún beneficio espiritual al receptor;
B) la cuestión del modo, si el
bautismo es por inmersión o si puede administrarse válidamente por efusión,
refiriéndose al bautismo por rociamiento o por efusión de agua sobre el
bautizado.
Los que sostienen que el bautismo con agua es un ritual, creen que
representa una verdad espiritual, pero que en sí mismo no otorga ninguna gracia
sobrenatural a la persona bautizada. El concepto de que el bautismo es un
ritual es la mejor interpretación. Quienes sostienen que el bautismo con agua
confiere alguna gracia especial varían ampliamente en la medida que el bautismo
beneficia a la persona bautizada.
Algunos creen en la regeneración bautismal, esto es,
que el agua aplicada en el bautismo afecta el nuevo nacimiento del creyente; otros
sostienen que solamente provee una gracia o inclinación hacia la fe y
obediencia del evangelio. Quienes se oponen a la idea del bautismo como sólo un
ritual se refieren al bautismo como un bautismo real inseparablemente
relacionado con el bautismo del Espíritu y el nuevo nacimiento del creyente.
El segundo problema surge en conexión con el modo del bautismo. Aquí
la controversia gira en torno a la cuestión de si la palabra «bautizar» se usa en sentido primario
o secundario. El significado primario de bautizar es «sumergir» o «meter en» algo,
agua por ejemplo. La palabra griega que significa «zambullir» no se usa para
dar la idea de bautismo con agua. Consecuentemente algunos argumentan que el bautismo
se usa en el sentido secundario de iniciación según el cual uno pasa de una relación
antigua a una nueva relación.
Cristo se refirió a su muerte como un bautismo (Mt. 20:22-23), y los
israelitas que pasaron el mar Rojo sin que el agua los tocara son señalados
como bautizados en la nube y en el mar (1 Co. 10:2). En esto se basa el
argumento que dice que la inmersión física en agua no es necesaria en el
bautismo bíblico.
En la historia de la iglesia surgió la práctica del
derramamiento de agua sobre la persona bautizada en cumplimiento del símbolo
del derramamiento del Espíritu en la salvación, o la aplicación de agua en
cantidad menor, bautismo que se llama por aspersión. La historia de esta
doctrina se ha caracterizado por discusiones sin fin. En algunos casos, como el
ejemplo del bautismo de Cristo, las implicaciones parecen señalar que fue
bautizado por inmersión. En otros casos, como en el bautismo del carcelero de
Filipos (Hch. 16:33), se sostiene que es muy improbable que el carcelero y su
casa pudieran haber sido sumergidos en la oscuridad de la mañana antes del amanecer,
y el bautismo normalmente tendría que haber sido por rociamiento mientras aún
estaban en la casa.
Como el bautismo por inmersión es reconocido por todos como un
bautismo ritual, la tendencia ha sido seguir este modo en muchas iglesias evangélicas
en vez de entrar en la controversia de si la efusión es el modo legítimo de
bautismo. Sin duda, se ha dado excesiva importancia al modo de bautismo, ya que
la cuestión más importante es si el individuo ha nacido de nuevo y ha sido
bautizado por el Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo. En los diccionarios
bíblicos se
pueden encontrar argumentos en pro y en contra de las diversas definiciones del
modo y el significado del bautismo.
Otro problema que surge en torno al bautismo como un ritual es la
cuestión del bautismo infantil en oposición al bautismo de creyentes. Hay
relativamente poca evidencia bíblica para el bautismo infantil. Sus adherentes
normalmente consideran el bautismo infantil como la expresión contemporánea de
la separación de un hijo para Dios, acto que en Israel era representado por la
circuncisión. Aun cuando hubo bautismo de familias completas, como en Hechos
16, que incluían presumiblemente algunos niños, no hay un caso claro de
bautismo infantil en la Biblia.
Consecuentemente, la mayoría de los evangélicos prefieren un servicio
de dedicación, dejando el bautismo con agua para el momento en
que haya un reconocimiento de una fe verdadera en Cristo de parte de personas
que tienen edad suficiente para hacer esa decisión con discernimiento.
La práctica del bautismo infantil sólo puede ser una
expresión de la confianza y esperanza de los padres de que su hijo finalmente
llegará a la salvación. En todo caso, el bautismo de adultos debiera seguir a
la evidencia de una fe verdadera en Cristo.
Aunque el modo de bautismo no está necesariamente unido a la cuestión
del bautismo infantil, los infantes, generalmente hablando, son bautizados por
afusión y no por inmersión, y quienes aceptan la inmersión como el único modo
de bautismo, generalmente aceptan únicamente el bautismo de personas que han
puesto su fe en Cristo.
Sea cual fuere el modo del bautismo, el significado
final es que el creyente es separado de lo que era sin Cristo para ser lo que
es en Cristo, participando en los beneficios de la muerte y resurrección de
Cristo. La iglesia primitiva observó el rito del bautismo en forma constante, y
prácticamente todas las ramas de la iglesia practican el bautismo en alguna
forma en el día de hoy.
2. La ordenanza de la cena del Señor
fue instituida la noche antes de la crucifixión de Cristo como una
representación simbólica de la participación del creyente en los beneficios de
su muerte. Como tal, ha sucedido a la Pascua que los judíos han celebrado
permanentemente desde su salida de Egipto.
Según la exposición dada en 1 Corintios 11:23-29, al ordenar a sus
discípulos que comieran el pan, Jesús les dijo que el pan representaba su
cuerpo que sería sacrificado por ellos. Debían observar este ritual durante su
ausencia en memoria de Cristo. Cristo declaró que la copa de
vino era el nuevo pacto en su sangre; al beber de la copa recordarían a Cristo
especialmente en su muerte. Debía observar esta, celebración hasta su regreso.
La historia
de la iglesia ha visto interminables controversias en torno a la
cena del Señor. En general se han destacado tres puntos de vista principales.
La Iglesia Católica Romana ha sostenido la doctrina de la «transubstanciación»,
esto es, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo y
la persona que participa en ellos está participando literalmente en el cuerpo y
la sangre de Cristo, aunque sus sentidos puedan reconocer que los elementos
siguen siendo pan y vino. Un segundo punto de vista es sustentado por los
luteranos y se le llama «consubstanciación», aunque la palabra no es aceptada
por los luteranos. Este punto de vista sostiene que, aunque, el pan sigue
siendo pan y. el vino sigue siendo vino, en ambos elementos está, la presencia
del cuerpo de Cristo, y de este modo uno participa del cuerpo de Cristo al
observar la cena del Señor.
Un tercer
punto de vista sustentado por Zuinglio es llamado punto de vista conmemorativo
y sostiene que la observancia de la cena del Señor es una «conmemoración» de su
muerte sin que ocurra ningún cambio sobrenatural en los elementos. Calvino
sostuvo una variante de esto según la cual Cristo estaba espiritualmente en los
elementos.
Las
Escrituras parecen apoyar el punto de vista conmemorativo, y los elementos que contendrían
o simbolizarían la presencia de Cristo serían más bien un
reconocimiento de su ausencia. En armonía con esto, la cena del Señor debe ser
celebrada hasta que Él venga.
Una
observancia adecuada de la cena del Señor debe tener en cuenta las
cuidadosas instrucciones del apóstol Pablo en 1 Corintios 11:27-29. La cena del
Señor debe observarse con la debida reverencia y después de un auto examen. El
que participa de la cena de una manera descuidada o indigna acarrea condenación
sobre sí. Pablo dice: «Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del
pan y beba de la copa (1 Co. 11:28).
Muchos
cristianos han considerado, con mucha justicia, que la cena del Señor es un momento
sagrado de conmemoración de la muerte de Cristo y de todo lo que ello significa
para el cristiano individual. Como Pablo lo dice, es un tiempo de examen interior,
un momento de confesión de pecados y de restauración. Además, es un recordatorio
de los maravillosos beneficios que han alcanzado a cada creyente por medio de
la muerte de Cristo.
Así como la
cena del Señor señala hacia el hecho histórico de la primera venida de Cristo y
su muerte en la cruz, debe también señalar hacia su segunda venida cuando la
observancia de la cena del Señor cesará. Aun cuando no se da una indicación
clara de la frecuencia de la observancia, parece probable que los cristianos
primitivos la practicaban con frecuencia, quizás una frecuencia de una vez a la
semana cuando se reunían el «primer» día para celebrar la resurrección de
Cristo. En todo caso, la observancia de la cena del Señor no debiera ser
distante en el tiempo, sino en obediencia respetuosa y adecuada a su
mandamiento de hacerlo hasta que Él venga.
PREGUNTAS
1. Hacer un
contraste entre
los conceptos de la iglesia como un organismo y la iglesia como una
organización.
2.
¿Cuáles son las tres formas de gobierno de la iglesia que se encuentran en la historia
eclesiástica?
3.
¿Cuáles son las características esenciales de la forma episcopal de gobierno?
4.
¿Cuáles son las características de la forma representativa de gobierno, y cómo
se ve en algunas denominaciones del presente?
5.
¿Cuáles son las características de la forma de gobierno congregacional, y cómo está
representado en las iglesias de hoy?
6. ¿En
qué sentido se encuentra el gobierno episcopal en la iglesia primitiva?
7. ¿Cómo
se ilustra el gobierno representativo en la Iglesia primitiva?
8. ¿En
qué forma se reconoce el gobierno congregacional en la iglesia primitiva?
9. Según
las Escrituras, ¿qué son los obispos y ancianos, y qué distinción hay entre ellos?
10.
¿Cuáles eran las responsabilidades de un obispo?
11. ¿Cuál
era el oficio de un diácono, y qué responsabilidades se les daban?
12.
¿Cuáles son las principales ordenanzas de la iglesia?
13. ¿Qué
adiciones a las acostumbradas dos ordenanzas hay en la actualidad?
14. ¿Qué
se quiere decir cuando se afirma que el bautismo es considerado un ritual?
15. ¿Cuál es el
sentido del bautismo
cuando se sostiene que tiene beneficios espirituales reales?
16.
¿Cuáles son los diferentes puntos de vista acerca del modo del bautismo?
17. ¿En
qué forma se relaciona el modo con los significados primario y secundario de la
palabra «bautizar»?
18. ¿Qué
ilustraciones se encuentran en el Nuevo Testamento del bautismo en sentido
secundario?
19. ¿Qué
ejemplo se cita en apoyo de la inmersión?
20. ¿Qué
ejemplo se cita en apoyo de la afusión, ya sea el rociamiento o la aspersión?
21. ¿Qué
tanta importancia tiene el modo del bautismo?
22. ¿Por
qué sostienen algunos el bautismo infantil?
23. ¿Por
qué se oponen algunos al bautismo infantil como enseñanza bíblica?
24. Si se
practica el bautismo infantil, ¿cuál es la limitación en su significado?
25.¿Cuál
es el significado final del bautismo sin consideración del modo?
26.
¿Cuándo fue instituida la cena del Señor?
27. ¿Qué
instrucciones dio Cristo a sus discípulos acerca del significado del pan y el vino?
28.
¿Cuáles son los tres puntos de vista principales acerca de la cena del Señor?
29. ¿Qué
se entiende por doctrina de la transubstanciación, y quién sostiene ese punto
de vista?
30. ¿Qué
punto de vista sostiene la iglesia luterana generalmente?
31. ¿Cuál es el
punto de vista
conmemorativo de Zuinglio, y qué variante sostuvo Calvino?
32. ¿Qué
punto de vista acerca de la cena del Señor parece tener más apoyo bíblico?
33. ¿Qué
preparación es necesaria para participar en la cena del Señor?
34. Describir el doble significado de la cena
del Señor con referencia a la historia y la profecía.
LA IGLESIA: EL CUERPO Y LA
ESPOSA DE CRISTO Y SU RECOMPENSA
A. SIETE FIGURAS DE CRISTO
Y SU IGLESIA
En las
Escrituras se usan siete figuras para revelar la relación entre
Cristo y su iglesia.
1. El Pastor y la oveja que aparecen anunciados
en el Salmo
23 se usan en Juan 10, donde Cristo es el Pastor y los que creen son las
ovejas. Según este pasaje:
A) Cristo vino por la puerta, esto
es, a través del linaje escogido de David;
B) El es el verdadero pastor, al que
siguen las ovejas;
C) Cristo es también la Puerta de las
ovejas, la puerta de entrada en la salvación y la puerta que da seguridad (Jn.
10:28-29);
D) el Pastor da alimento y vida a las
ovejas;
E) En contraste, otros pastores solo
son asalariados que no dan su vida por sus ovejas;
F) hay comunión entre las ovejas y el
Pastor; así como el Padre conoce al Hijo y el Hijo conoce al Padre, las ovejas
conocen al pastor;
G) aunque Israel pertenecía a un
redil diferente en el Antiguo Testamento, en la era actual hay un redil y un
Pastor, en el cual judíos y gentiles por igual tienen salvación (Jn. 10:16);
H) como Pastor, Cristo no sólo pone
su vida por sus ovejas, sino que vive para siempre para interceder por ellas y
darles la vida espiritual y el alimento necesario (He. 7:25). Según el Salmo
23:1, «Jehová es mi pastor; nada me faltará».
2. Cristo es La
Vid verdadera, y los creyentes son los pámpanos. Aunque Israel estaba vinculado
con Dios en la figura de la vid en el Antiguo Testamento, Cristo es la Vid verdadera
y los creyentes son los pámpanos, según Juan 15. La figura habla de la unión
con Cristo y de la comunión con Cristo. Se exhorta a los creyentes que permanezcan
en una comunión inquebrantable con Cristo (15:10), y el resultado de permanecer
en Él es la limpieza o poda (v. 2), la oración eficaz (v. 7), gozo celestial
(v. 11) y verdad eterna (v. 16). La verdad central de la vid y los pámpanos
es que el creyente no puede gozar de la vida cristiana o ser fructífero en su
servicio sin estar unido vitalmente con Cristo, la Vid verdadera.
3. Cristo es La
Piedra del ángulo, y la iglesia comprende Las Piedras del edificio. En contraste
con el Antiguo Testamento, en que Israel tenía un templo (Ex. 25:8), la iglesia
es un templo (Ef. 2:21). En la figura, Cristo es presentado como la principal piedra
del ángulo y los creyentes como piedras del edificio (Ef. 2:19-22). El
propósito presente de Dios es edificar su iglesia (Mt. 16:18). En la
construcción de la iglesia como un edificio, cada piedra es una piedra viva
porque participa de la naturaleza divina (1 P. 2:5); Cristo es la piedra
principal del ángulo y el fundamento (1 Co. 3:11; Ef. 2:20-22; 1 Pedro. 2:6); y
el edificio, como un todo, llega a ser «morada de Dios en el Espíritu» (Ef.
2:22). En la figura del edificio es evidente que cada creyente depende de
Cristo como fundamento, y como piedra del ángulo, y las piedras del edificio, igualmente,
revelan
la
interdependencia de los creyentes, siendo el edificio, como un todo, el templo
de Dios en el Espíritu.
4. El Nuevo
Testamento presenta a Cristo como nuestro Sumo Sacerdote, y a los creyentes
como sacerdotes. Según se señaló en estudios anteriores, si el creyente como
sacerdote tiene un sacrificio cuádruple:
A) ofrece un
servicio de sacrificio, presentándose a sí mismo de una vez para siempre a Dios
(Ro. 12: 1-2);
B) ofrece un servicio de adoración,
dando alabanza y acción de gracias a Dios (He. 13:15), incluyendo un servicio
de intercesión u oración por sus propias necesidades y por las de los demás
(Ro. 8:26-27; Col. 4:12; 1 Ti. 2:1; He. 10:19-22). Cristo, como Sumo Sacerdote
nuestro, entra en el cielo por medio de su sangre derramada en el Calvario (He.
4:14-16; 9:24; 10:19-22) y ahora intercede por nosotros (Ro. 8:34; He. 7:25). Como
miembros de un real sacerdocio, es importante Señalar que los creyentes además
ofrecen:
C) el sacrificio de buenas obras, y:
D) el sacrificio de su
sustancia, además de haber ofrecido sus cuerpos en sacrificio vivo (He. 13:16).
5. Cristo como
la Cabeza y la iglesia como el cuerpo de Cristo revelan el propósito presente
de Dios. A esta figura le daremos consideración aparte y más detallada un poco
más adelante en este capítulo.
6. Cristo
como el segundo Adán y la iglesia como nueva creación es una figura en que Cristo,
como el resucitado, reemplaza a Adán, La cabeza del antiguo orden, y
llega a ser cabeza de las nuevas criaturas en Cristo. Esta figura está basada
en la certeza de la resurrección de Cristo y en la importancia de que Cristo
haya establecido un nuevo orden en su resurrección. El creyente está en Cristo
por el bautismo del Espíritu, en contraste con el estar en Adán. En su nueva
posición en Cristo, él recibe todo lo que Cristo hizo en su favor al
proporcionarle justicia y nueva vida en Cristo. Puesto que Cristo es cabeza de
la nueva creación, es necesario un nuevo día conmemorativo, el primer día de la
semana, en contraste con el Sabbat (sábado), que pertenecía al viejo orden.
7. Cristo como
el Esposo y la Iglesia como la esposa es una figura profética de la relación
presente y futura entre Cristo y su iglesia. En contraste con Israel,
presentado en el Antiguo Testamento como una esposa infiel a Jehová, la iglesia
se revela en el Nuevo Testamento como una virgen que espera la venida de su
Esposo. Esto será objeto de una amplia discusión más adelante en este capítulo.
Como la iglesia, cuerpo de Cristo, es la figura más
importante que revela el propósito presente de Dios, así la iglesia como la
esposa es la figura más importante que revela la relación futura de la Iglesia
con Cristo.
B. LA IGLESIA COMO EL
CUERPO DE CRISTO
La discusión
del bautismo del Espíritu en un capítulo anterior sacó a la luz la revelación
neo-testamentaria de la iglesia unida y constituida en el cuerpo de Cristo por el
bautismo del Espíritu, según la declaración de 1 Corintios 12:13: «Porque por
un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos,
sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo espíritu».
En esta
figura se presentan tres verdades de gran importancia:
1) la iglesia es un cuerpo que se desarrolla
por si mismo;
2) los miembros del cuerpo reciben
dones especiales y se les asignan servicios especiales;
3) el cuerpo es una unión viviente u
organismo.
1. Como cuerpo
que se desarrolla por sí mismo, Efesios 4:11-16 presenta la iglesia como
una entidad compuesta por individuos que tienen dones espirituales. De aquí que
algunos sean apóstoles, otros profetas, evangelistas, pastores y maestros. La
verdad central es que los creyentes no solamente reciben la exhortación de
servir a Dios en sus diversas capacidades, sino que están equipados para hacer
un trabajo en particular para el cual Dios los ha llamado. El creyente cumple
sus propios servicios cuando cumple el rol particular que se le ha asignado en
el cuerpo de Cristo y participa en el perfeccionamiento del cuerpo de Cristo
(Ef. 4:13).
2. A los
miembros del cuerpo de Cristo se les asigna un servicio específico que está de
acuerdo con los dones que han recibido. Así como en el cuerpo humano los diferentes
miembros tienen funciones distintas, en el cuerpo de Cristo ocurre lo mismo. Es
importantísimo que cada creyente se examine seriamente a fin de ver qué dones Dios
le ha dado, y luego los use para la gloria de Dios. En Romanos 12:3-8 y I Corintios
12:28 se mencionan importantes dones. Cada creyente tiene algunos dones y hay
creyentes que pueden tener más que otros. Los dones espirituales, aunque a veces
están relacionados con habilidades naturales, no deben ser confundidos con ellas.
Por ejemplo, aunque una persona tenga naturalmente el don de la
enseñanza, solamente Dios puede dar el don de enseñar cosas espirituales.
Los dones espirituales no se consiguen buscándolos, sino por el
Espíritu que reparte «a cada uno en particular como él quiere» (1 Co. 12:11).
En la iglesia apostólica se recibieron algunos dones que
han seguido hasta el presente; otros fueron dones señales que ciertamente
cesaron después de la primera generación de cristianos. Sin embargo, cada don
está sujeto a regulación por la Palabra de Dios y no es una base adecuada para
el orgullo, siendo una gran responsabilidad por la cual cada creyente tendrá
que rendir cuentas.
Aunque las iglesias locales pueden desarrollar complicadas
organizaciones,
la obra de Dios es realizada primariamente por medio de la iglesia como un
organismo dirigido por Cristo, la Cabeza, en conformidad a las capacidades de
cada miembro individual.
Aunque no es raro que a un creyente en Cristo se le pida que sirva en
una esfera para la cual no está especialmente dotado, obviamente su función más
elevada será la de realizar la tarea para la cual fue incorporado al cuerpo de
Cristo. Al presentar su cuerpo al Señor en sacrificio vivo puede conocer la
perfecta voluntad de Dios (Ro. 12:1-2).
3. El cuerpo es
un organismo vivo que está eternamente unido en Cristo. La unidad del cuerpo,
que comprende judíos, gentiles y personas de diversas razas y culturas, es presentada
en Efesios 1:23; 2:15-16; 3:6; 4:12-16; 5:30. La iglesia como cuerpo de Cristo
tiene una unidad maravillosa en la que se ignora la división entre judío y
gentil, y ambos tienen los mismos privilegios y acceso a la misma gracia. El
cuerpo de Cristo acusa un agudo contraste con la relación entre Dios e Israel y
los gentiles en el Antiguo Testamento y es una situación única, limitada a la
edad presente.
Según Efesios 3, los miembros del cuerpo participan en la maravillosa
verdad, que estuvo oculta para los profetas del Antiguo Testamento, pero
revelada en el Nuevo, de que los gentiles son coherederos, forman el mismo
.cuerpo y participan de las mismas promesas en Cristo que los judíos (Ef. 3:6).
La unidad del cuerpo enfatizada en Efesios 4:4-7 es una unidad eterna que es la
base de la comunión y el servicio cristiano en la edad actual y la base, para
una comunión eterna en la edad venidera.
C. CRISTO COMO EL ESPOSO Y
LA IGLESIA COMO LA ESPOSA
De las siete
figuras de Cristo y la iglesia, solamente la figura del esposo y la esposa tiene
una significación profética. En contraste con Israel, que fue la esposa infiel
de Jehová, la iglesia es representada en el Nuevo Testamento como la virgen
pura que espera la venida de su Esposo (2-Co. 11:2). Cristo como el Esposo ya
es presentado en Juan 3:29 por Juan el Bautista.
Sin embargo,
la revelación más importante la da Efesios 5:25-33 para ilustrar
la relación correcta que debe haber entre marido y mujer en Cristo.
Aquí se
revela la triple obra de Cristo:
A) en su muerte, «Cristo amó a la
iglesia y se entregó a sí mismo por ella» (v., 25);
B) Cristo está
realizando su obra presente para santificarla, habiéndola purificado en el
lavamiento del agua por la Palabra (v. 26);
C) A fin de presentársela a sí mismo,
una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino
que fuese santa y sin mancha (v. 27).
Al morir en
la cruz Cristo cumplió el simbolismo oriental de pagar una dote al precio
necesario para tomar una esposa. En la era actual, mediante el lavamiento de agua,
la aplicación de la Palabra de Dios y la santificación del creyente, Cristo
está preparando y purificando a su esposa para su relación futura. Al final del
siglo, en el arrebatamiento de la iglesia, el Esposo vendrá por su esposa y la
llevará al cielo. Allí Ella se presentará como la iglesia que refleja su
gloria, perfecta, sin mancha ni arruga, una esposa santa, digna de un Esposo
santo. La fiesta de bodas que seguirá, probablemente consumada en
la comunión espiritual del reino milenial, verá reunirse a todos los demás
santos para la celebración de la boda de Cristo y su iglesia. Esta fiesta de
boda se anuncia en Apocalipsis 19:7-8 en el momento mismo en que Cristo está
por venir a la tierra a establecer su reino.
El amor de
Cristo por su iglesia que se revela en esta figura, es una notable demostración
del amor de Dios.
Se pueden
mencionar cinco características del amor de Dios.
1. La duración
eterna del amor de Dios brota del hecho de que Dios es amor (1 Jn. 4:8).
Él no ha obtenido el amor por esfuerzo propio, o por cultivo de su persona, ni considera
el amor como algo separado de su personalidad que pudiera abandonar a voluntad.
El amor es una parte vital de su ser. Si Él hubiera tenido principio, el amor habría
comenzado cuando Él empezó. Si cesara su amor, dejaría de existir una parte esencial
de la persona de Dios. Él es lo que es, en gran parte, porque es amor. El amor
de Dios no puede cambiar. A Israel le dijo: «Con amor eterno te he amado (Jer. 31:3);
y de Cristo está escrito: Como había amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el fin» (literalmente: «sin fin»; Jn. 13:1; cf. con 15:9). El
amor de Dios hacia un individuo no tiene fluctuaciones ni tiene fin.
2. El amor de
Dios motiva su incesante actividad. Aunque el amor de Dios se manifestó de una
vez para siempre en el sacrificio de su bien amado Hijo (Ro. 5:8; 1 Jn. 3:16),
lo que se manifestó en un momento del tiempo es la revelación de la actitud eterna
de Dios hacia el hombre. Si hubiésemos podido mirar el corazón de Dios antes de
la creación del universo material, habríamos visto que ya había hecho la
provisión del Cordero que habría de ser sacrificado por el pecado del mundo
(Ap. 5:6). Si pudiésemos ahora mirar en el corazón de Dios, veríamos la misma
compasión no disminuida en favor de los perdidos que se manifestó en la muerte
de su Hijo. La muerte de Cristo, ocurrida en un momento, no fue un espasmo de
amor divino; es el anuncio ante un mundo perdido del hecho del amor eterno e
inmutable de Dios.
3. El amor de
Dios tiene una pureza transparente. Acerca de este aspecto del amor de Dios no
hay palabras humanas que puedan describirlo. No hay egoísmo en el amor divino;
Dios jamás ha buscado beneficios para sí. El nada recibe; todo lo da. Pedro exhorta
a los creyentes a amar de corazón puro, entrañablemente (1 P. 1:22); pero cuán
pocos son los que aman a Dios por lo que El es, sin consideración de sus beneficios.
¡Qué diferente es el amor de Dios! Nuestro juicio nos lleva a pensar que El necesita
nuestro dinero, nuestro servicio o nuestra influencia. El no necesita nada de nosotros;
pero El nos necesita a nosotros, y solamente porque su infinito amor no puede
ser satisfecho sin nosotros. El título «Amado», que se dirige a los creyentes
es altamente expresivo; porque, en su relación con Dios, su más alta función es
ser amado.
4. El amor de
Dios tiene una intensidad ilimitada. La cosa más costosa del mundo es la sangre
de Cristo, el Hijo único de Dios; sin embargo, Dios amó de tal manera al mundo
que dio a su Hijo unigénito. El sacrificio de su Hijo por hombres que aún eran pecadores
y enemigos parece alcanzar los más lejanos límites del infinito; sin embargo,
se nos habla de un amor que es « mucho más» que esto. Es el amor de Dios por
los que han sido reconciliados y justificados por medio de la muerte de Cristo (Ro.
5:8-10); por supuesto, nada nos podrá separar del amor de Dios que
es en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro. 8:39).
5. El amor de
Dios tiene una benevolencia inagotable. No hay esperanza para este mundo sin el
maravilloso amor que Dios tiene hacia los que aún son pecadores. Pero el amor
de Dios no es pasivo. Movido en un grado infinito por su amor, Dios actuó en favor de quienes,
de otro modo, hubieran tenido que expulsar de su presencia para siempre. Dios
no podía ignorar la justa condenación del pecador que su justa santidad exigía;
pero él podía tomar sobre sí la maldición que debía caer sobre el pecador: Nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos (Jn. 15:13), y esto
fue lo que Él hizo a fin de que, sin violar su propia santidad, pudiera tener
libertad para salvar de la culpa (Ro. 3:26). Estando libres por la muerte
vicaria de Cristo, Dios no conoce limitaciones y no cesa de obrar hasta que,
para su propia satisfacción, pone al pecador justamente condenado en la más
alta gloria celestial y conformado a la imagen de Cristo.
La gracia
salvadora es más que amor; es el amor de Dios puesto en libertad de acción para
imponerse sobre sus justos juicios contra el pecador. «Por gracia sois salvos por media de
la fe» (Ef. 2:8; cf. can 2:4; Tit. 3:4-5).
Además, Dios
tiene un perfecto odio por el pecado que, como contrapartida de su amor, lo
prepara para salvar al pecador de su condenación. De igual modo, este odio por
el pecado, combinado con su amor, hace de Dios un Padre que disciplina a su
hijo.
Yo reprendo y
castigo a todos los que amo (Ap. 3:19), y «el Señor al que ama, disciplina»
(He. 12:6).
Debido a esta
unión viva con Cristo (1 Co. 6:17), el creyente es objeto del
amor del Padre del mismo modo que el Padre ama a Cristo (Jn. 17:23), y este
amor infinito nunca disminuye en la hora de la corrección a de la prueba.
Además de
estas manifestaciones directas del amor de Dios, se pueden citar muchas manifestaciones
indirectas. En el Nuevo Testamento hay pocas referencias al amor humano; el
énfasis más bien está puesto en el amor divino que ha sido impartido y que experimenta solamente el
creyente que está lleno del Espíritu. El mensaje de Romanos 5:5 es que el amor
de Dios brota del Espíritu que nos es dado. El amor divino es fruto del
Espíritu (Ga. 5:22); por lo tanto, Él es su fuente. El
amor divino se manifiesta indirectamente pasando a través del corazón del
creyente. 1 Juan pone énfasis en que si hemos nacido de Dios, amaremos como
Dios ama; 1 Corintios 13 es una descripción del carácter sobrehumano del amor.
No hay éxtasis en esta vida comparable a la afluencia libre y sobreabundante
del amor de Dios.
Debe
observarse que, no es el amor a Dios lo que estamos considerando; se trata más
bien del amor que pertenece a Dios. Debemos notar algunas cosas en cuanto a este
amor:
Se
experimenta como respuesta a la oración de Cristo (Jn. 17:26). Dios ama al mundo
perdido (Jn. 3:16; Ef. 2:4), y así tan ciertamente aborrece al sistema mundano
que es malo
(1 Jn. 2:1547). Dios ama a quienes ha redimido (Jn. 13:34-35; 15:12-14; Ro.;
5:8; Ef. 5:25; 1 Jn. 3:16; 4:12). Dios ama a la nación de Israel (Jer. 31:3).
Dios ama a quienes han vagado lejos de Él (Lc. 15:4, 20). El amor de Dios es
eterno (Jn. 13:1). El amor de Dios es sacrificial, hasta el punto de dar a su
propio Hijo (Jn. 3:16; 2 Co. 8:9; El. 5:2). En el misterio de esta compasión
divinamente ordenada, el apóstol Pablo estaba dispuesto a ser apartado de
Cristo por amor a sus hermanos, sus parientes según la carne (Ro. 9:1-3).
El ejercicio
del amor divino es el primer mandamiento de Cristo baja la gracia (Jn. 13:34-35;
15:12-14) y debiera ser característica sobresaliente de cada cristiano (Ga. 5:13;
Ef. 4:2, 15; 5:2; Cal.: 2:2; 1 Ts. 3:12; 4:9). El amor impartido por Dios no se
obtiene por cultivo, ni se puede producir por esfuerzos de la carne. Es la
experiencia normal de quienes, habiendo cumplido los requisitos, están llenos
del Espíritu (Ga. 5:22).
D. LA ESPOSA ADORNADA Y
RECOMPENSADA
Entre los
diversos juicios de las Escrituras, uno de los más importantes es el juicio del
tribunal de Cristo en que se juzga y recompensa a la iglesia. Con referencia al
pecado, las Escrituras enseñan que el hijo de Dios que está bajo la gracia no
vendrá a juicio (Jn. 3:18; 5:24; ~6:37; Ro.5:1; 8:1; 1 Co. 11:32); en su
posición delante de Dios, y sobre la base de que el castigo de todos los
pecados “pasados, presentes y futuros” fue llevado por Cristo como el perfecto
sustituto el creyente se encuentra no solamente fuera de toda condenación, sino
que estando en Cristo es aceptado por la perfección de Cristo (1 Co.
1:30; Ef. 1:6; Col. 2:10; He. 10:14) es amado de Dios como Cristo es amado (Jn.
17:23). Pero en relación a su vida cotidiana y su servicio a Dios, el cristiano
debe dar cuenta ante el tribunal de Cristo (Ro. 14:10; 2 Co 5:10; Ef. 6:8), juicio
que se celebrará a la venida de Cristo para recibir a los suyos (1 Co. 4:5; 2
Ti. 4:8; Ap. 22:12; cf. con Mt. 16:27; Lc. 14:14).
Cuando se
presenten ante el gran trono blanco para el juicio final, los inconversos serán
juzgados según sus obras (Ap. 20:11-15). El propósito de este juicio no es determinar
si los que han sido presentados a él serán salvos o se perderán; su propósito
es más bien
determinar el grado de castigo que corresponde a los perdidos a causa de sus
obras malas Del mismo modo, cuando los salvados se presentan ante el tribunal
de Cristo, en su venida, son juzgados por sus obras no para determinar si se salvan
a se pierden, sino para determinar la recompensa o pérdida por el servicio que se
esperaba de cada creyente. Los que se presenten ante el tribunal de Cristo no solamente
serán salvos y estarán seguros, sino que ya habrán sido llevados al cielo, no
sobre la base de méritos u obras, sino por la gracia divina hecha posible por
la gracia salvadora de Cristo. Bajo la gracia, la salvación no es de ningún
modo condicionada por el servicio o el carácter de la vida del creyente; la
vida y el servicio del creyente llegan a ser un caso separado que ha de ser
juzgado por Cristo, pues a él pertenecemos y a él servimos.
Cuando todos
sean reunidos ante «su trono de gloria», también se darán recompensas sobre la
base del mérito de Israel y las naciones, pero esto se hará sin consideración
de la cuestión de la salvación personal (Mt. 25:31-; cf. con Mt. 6:2-6; 24:45,
46; 25 1-46).
En las
Escrituras se usan tres figuras importantes para revelar la naturaleza de
las recompensas del creyente en el tribunal de Cristo.
1. En Romanos
14: 10-12 se presenta la firma de una mayordomía. En conexión con el juicio de
los demás se hace la exhortación: « ¿Por qué a tu hermano? 0 tú también, ¿por
qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de
Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará
toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de
nosotros dará a Dios cuenta de sí».
En este pasaje se nos exhorta a que no tratemos de evaluar la calidad
de las obras de otro cristiano. Esto no significa que no debamos juzgar y
rechazar el pecado, sino que se refiere más bien a la
calidad y el valor de la vida. Con demasiada frecuencia los cristianos se dejan
llevar por el deseo de criticar a los demás a fin de que sus propias vidas
parezcan un poco mejores ante sus propios ojos. En otras palabras, reducen a la
nada a sus hermanos en un esfuerzo de exaltarse a sí mismos.
Este pasaje revela que cada cristiano tendrá que rendir cuenta a Dios.
La figura es de un mayordomo o persona a la que se ha confiado algo. Todo lo
que el creyente tiene en la vida “su capacidad intelectual, dones naturales,
salud física, dones espirituales, o riqueza” es un don de Dios para él.
Mientras más se le confía, tendrá más de qué dar cuenta. Como se afirma en 1
Corintios 6:19-20: «No sois vuestros, habéis sido comprados por precio». Como
mayordomos, tendremos que dar cuenta ante el tribunal de Cristo de todo lo que
Dios nos ha dado, y no seremos responsables de lo que fue dado a los demás,
pero sí tendremos que responder de lo que nos fue dado a nosotros. La clave del
juicio no será el éxito o el aplauso público que se haya tenido, sino la
fidelidad en el uso de lo que Dios nos ha encomendado.
2. En 1
Corintios 3:9-15 la vida del creyente es considerada como un edificio levantado
sobre Cristo como fundamento.
Al determinar
la fuerza de este pasaje, debe observarse:
A) Se tiene en vista solamente a los
salvados. El pronombre personal «nosotros» y el «vosotros» incluyen a todos los
salvados y excluye a todos los que no son salvos; de igual modo, la palabra
«alguno» se refiere solamente a quién esté edificando sobre la Roca que es Cristo
Jesús.
B) Habiendo presentado a los
corintios el evangelio par el cual fueron salvados “salvación proporcionada par
la Roca sobre la cual los salvados están”, el apóstol Pablo se compara con un
perito arquitecto que ha puesto el fundamento o cimiento; pero, en agudo
contrasto con esto, señala que cada creyente por si mismo esta levantando la superestructura
sobre el
fundamento único proporcionado por la gracia de Dios. Por eso, el llamado es a
que cada uno mire cómo sobreedifica. Esto no es una referencia a la así llamada
«construcción del carácter», que no tiene base en los pasajes dirigidos a los
santos de esta dispensación; el carácter de ellos es el «fruto del Espíritu»
(Ga. 5:22-23) y es realizado, no por esfuerzos carnales, sino por el andar en el
Espíritu (Ga. 5:16). Se presenta al creyente levantando una superestructura de servicio,
u obras, que tiene que ser probada por fuego, posiblemente por los ojos de fuego
de nuestro Señor ante el cual tendrá que presentarse (Ap. 1:14).
C) La «obra» que el cristiano esta
edificando sobre Cristo puede ser de madera, heno, hojarasca, que el fuego
puede destruir; o puede ser de oro, plata y piedras preciosas que el fuego no
destruye y que, en el caso del oro y la plata, en cambio, las purifica.
D) A aquel cuya obra levantada sobre
Cristo permanezca, le será dada una recompensa; pero a aquel cuya obra sea
quemada sufrirá pérdida: no de su salvación, que es asegurada por
medio de la obra consumada de Cristo, sino de su recompensa. Aun cuando pase
por el fuego que va a probar la obra de cada cristiano y sufra la pérdida de su
recompensa, el mismo será salvo.
3. En 1
Corintios 9:16-27, y especialmente en los versículos 24-27, se usa la
figura de una carrera y el ganar el premio para revelar la calidad de la vida y
del servicio cristiano. Haciendo referencia a su propio servicio en la
predicación del evangelio, el apóstol pregunta: « ¿Cuál, pues, es mi galardón?»
La verdadera respuesta a esta pregunta depende, naturalmente, de la naturaleza
y calidad del servicio rendido a Dios. Por lo tanto, el apóstol continúa
haciendo un recuento de su fidelidad en la obra (versículos 18-23); nadie
negará la veracidad de su informe. Luego compara el servicio cristiano a una
carrera en que todos los creyentes están participando, y que, como en una
carrera, uno solo recibe el premio y sólo por un esfuerzo superior.
En forma
similar, el creyente debiera poner en ejercicio todas sus fuerzas en el servicio
cristiano, a fin de obtener la recompensa completa, correr como si quisiera superar
a los demás. Así como el atleta se abstiene de muchas cosas a fin de obtener una
corona corruptible, el cristiano debe abstenerse de todo a fin de obtener la
corona incorruptible. El autocontrol del apóstol se ve en el hecho de que
mantenía en sujeción su propio cuerpo a fin de evitar que algún servicio
indigno y no de todo corazón por los demás hiciera que fuera reprobado. La
palabra traducida aquí «eliminado» es adokimos, que es la forma negativa de
dokimos; dokimos se traduce por «aprobado» (Ro. 14:18; 16:10; 1 Co. 11:19; 2
Co. 10:18; 2 Ti. 2:15),: por lo que adokimos debe traducirse «desaprobado»
Puesto que no está en duda la salvación del apóstol, él no tiene miedo de ser
desechado por Dios para siempre; tiene temor de ser desaprobado en la esfera de
servicio.
La recompensa
del cristiano a veces se menciona como un premio (1 Co. 9:24) y a veces como
una corona (1 Co. 9:25; Fil. 4:1; 1 Ts. 2:19; 2 Ti. 4:8; Stg. 1:12; 1 P. 5:4; Ap.
2:10; 3:11). Estas coronas pueden ser clasificadas bajo cinco divisiones que representan
cinco formas de servicio y sufrimiento cristiano, y el hijo de Dios recibe la advertencia
de que tenga cuidado para que no pierda la recompensa (Col. 2:18; 2 Jn. 8; Ap.
3:11).
La doctrina
de las recompensas es la contrapartida necesaria de la doctrina de la salvación
por gracia. Puesto que Dios no cuenta los méritos del creyente para la salvación, ni puede
hacerlo, es necesario que las buenas obras del creyente reciban el reconocimiento
divino. Los salvados nada deben a Dios en paga de la salvación que les fue dada
como un regalo; pero deben a Dios una vida de devoción fiel, y para esta vida
de devoción se ha prometido una recompensa en los cielos.
Aunque las
recompensas de los creyentes están simbolizadas por coronas, según Apocalipsis
4:10 las coronas, como símbolo de la recompensa, serán puestas a los pies del Salvador
en el cielo. ¿Cuál será entonces la recompensa para el servicio fiel de parte
del creyente?
La
probabilidad es que el servicio fiel sobre la tierra sea recompensado con un
lugar privilegiado de servicio en el cielo. Según Apocalipsis 22:3, «sus
siervos le servirán».
Los creyentes
verán cumplidas sus más elevadas aspiraciones de servicio de amor para el
Salvador que los amó y se dio a sí mismo por ellos. En la ilustración de los talentos
usada por Cristo en Mateo 25:14-30, el hombre que recibe los cinco talentos y el
que recibió dos (ambos ganaron el doble sobre lo que le
encomendó el Señor) fueron aprobados cuando el Señor dijo: «Sobre poco has sido
fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor» (Mt. 25:21, 23).
Aunque parece que este juicio no tiene que ver con la iglesia, se puede aplicar
el principio a todos los creyentes de todas las edades que reciben recompensa
en la eternidad. La fidelidad en nuestro servicio presente tendrá como
recompensa un servicio de privilegio en la eternidad.
El pasaje
central sobre el tribunal de Cristo, 2 Corintio5 5:10-11, revela que
el tribunal de Cristo es un lugar donde se distinguen las buenas obras de las
malas, y el creyente recibe
recompensa sobre la base de las buenas obras. Como se ha dicho anteriormente, no
se esta juzgando el pecado, porque el creyente ya ha sido justificado. Tampoco
es cuestión de santificación como se experimenta en el presente al ser
disciplinado por no haber confesado el pecado (1 Co. 11:31 32; 1 Jn. 1:9), porque
el creyente ya es perfecto en la presencia de Dios.
El único
problema que queda, entonces, es la calidad de la vida y de las obras
que Dios considera buenas en contraste con las obras que son sin valor. El
hecho solemne de que todo creyente deberá presentarse un día a rendir cuenta de
su vida ante Dios, debiera ser un estimulo para la fidelidad
presente y para la propia evaluación de las prioridades de
vida basadas en la pregunta de cómo será evaluada en la eternidad.
PREGUNTAS
1. Nombrar las
siete figuras que se usan para Cristo y su iglesia.
2.
¿Cuáles son algunas de las verdades importantes enseñadas por la figura del
pastor y las ovejas?
3.
Explicar en qué forma habla de unión, comunión y producción de fruto la figura
de Cristo como la Vid verdadera y los creyentes como los pámpanos.
4. ¿Cuál
es el pensamiento principal de la figura de la iglesia como un edificio del cual
Cristo es la piedra del ángulo?
5.
¿Cuáles son las principales funciones del creyente como sacerdote?
6. ¿Que
verdad nos ilustra la figura de Cristo como el Segundo Adán y la iglesia como una
nueva creación?
7. ¿Qué
representa la figura de Cristo como el Esposo y la iglesia como una esposa profética?
8.
¿Cuáles son las tres grandes verdades presentadas en la figura de la iglesia
como cuerpo de Cristo?
9. ¿En
qué forma determinan los dones espirituales el servicio particular de un individuo
a Dios?
10. ¿Qué
nos revela el concepto de la iglesia como un organismo vivo?
11. ¿Cuál
es la triple obra de Cristo bajo la figura de un Esposo?
12.
Escribir detalladamente qué es lo que Cristo está haciendo actualmente por su esposa.
13.
Nombrar cinco características del amor divino revelado en el amor de Cristo por
su iglesia.
14. En
vista del amor de Cristo por su iglesia, ¿qué se revela acerca del amor del Padre
por los creyentes?
15. En
vista del amor de Dios por la iglesia, ¿qué se revela acerca de nuestro amor?
16. En
conexión con el juicio del hijo de Dios, ¿por qué el creyente no será condenado
por sus pecados?
17. ¿Cuál es el
propósito principal
del juicio de los cristianos en el tribunal de Cristo?
18. ¿Qué
contraste hay entre el juicio de los cristianos y el juicio del gran trono blanco?
19. ¿En
qué forma ilustra la naturaleza del juicio de los cristianos la figura de la mayordomía?
20. ¿Cómo
se ilustra el juicio de los creyentes con la figura de un edificio levantado sobre
Cristo como el fundamento?
21. ¿Cómo
se relaciona la figura de ganar una carrera con el tribunal de Cristo?
22. ¿Cuál es la
naturaleza de la recompensa del creyente?
23. ¿Cuánta
importancia tiene el tribunal de Cristo, y cómo se relaciona con la evaluación
de nuestras vidas presentes?
EL SÁBADO Y EL DÍA DEL
SEÑOR
A. EL SABADO EN EL ANTIGUO
TESTAMENTO
Comenzando
con su propia obra en la creación, Dios decidió santificar, o separar, un
séptimo de todo el tiempo. Para Israel estableció el séptimo día como día de
reposo; el séptimo año, o año sabático, era el año en que la tierra debía
descansar (Ex. 23: 10-11; Lv. 25:2-7); el año cincuenta fue establecido como
año de jubileo en reconocimiento de las siete veces siete años. En diversos
detalles, el año sabático y el de jubileo eran tipos proféticos de la edad del
reino, que es la séptima y última dispensación y que se caracteriza porque toda
la creación disfruta del reposo sabático.
Aunque en
la era actual el día que ha de celebrarse se ha cambiado del séptimo al primer
día de la semana, se ha perpetuado la misma proporción en
la división del tiempo: un día de cada siete.
La palabra Sabbat
significa cesación, o reposo perfecto, de la actividad. Aparte del holocausto
continuo y de las fiestas, en ningún modo era día de adoración o
servicio.
En vista de
la difundida confusión que existe acerca del sábado, y especialmente en vista
del esfuerzo que algunos hacen por demostrar que está en vigor durante esta
era, es imperativo que consideremos cuidadosamente las enseñanzas de las
Escrituras acerca del sábado. Obtenemos un mayor grado de claridad cuando
consideramos el reposo en relación con diversos períodos de la historia.
En el
período que se extiende desde Adán hasta Moisés, está escrito que Dios reposó
al final de los seis días de la creación (Gn. 2:2-3; Ex. 20:10-11; He. 4:4).
Pero en la Palabra de Dios no hay una orden en el sentido de que el hombre esté
obligado a observar, o que haya observado, un reposo antes de la salida de
Israel de Egipto.
El libro de
Job revela la vida y la experiencia religiosa de los patriarcas, y aunque se
discuten las diversas responsabilidades hacia Dios, no hay referencias a la
obligación de observar el sábado. Por otra parte, se afirma claramente que la
institución del reposo, por medio de Moisés, al pueblo de Israel fue el
comienzo de la observancia del sábado entre los hombres (Ex. 16:29; Neh. 9:14;
Ez. 20:12).
De igual
modo, por lo que está escrito acerca de la primera imposición del reposo (Ex.
16:1-35), es evidente que el día anterior al primer día de la semana en
que se celebró el primer reposo los hijos de Israel hicieron un viaje de muchos
kilómetros que quebrantaba el reposo, al ir desde Elim hasta el desierto de
Sin. Allí murmuraron contra Jehová, y desde aquel día comenzó la provisión de
pan del cielo, el que debía recolectarse seis días a la semana, pero no el
séptimo día. Es evidente, pues, que el día del viaje, que debió ser de reposo,
no fue observado como tal.
En el
período que se extendió desde Moisés hasta Cristo, el sábado estuvo en vigor
por ley. Estaba incluido en la ley (Ex. 20:10-11), y la cura divina para su no
observancia fue proporcionada asimismo en la ley de las ofrendas. Es importante
observar, en esta conexión, que el sábado jamás fue impuesto sobre los
gentiles, pero fue peculiarmente una señal entre Jehová e Israel (Ex. 31:12-
17). Entre los pecados de Israel se destaca especialmente la falta de
observancia del reposo y el no haber dado sus reposos a la tierra.
En medio de
este período de la ley, Oseas predijo que, como parte de los juicios que iban a
caer sobre Israel, iban a cesar sus sábados (Os. 2:11). Esta profecía debe
cumplirse en algún tiempo, porque la boca de Jehová lo ha hablado.
La era
anterior continuó hasta la muerte de Cristo, así que su vida terrenal y su
ministerio fueron bajo la ley. Por esta razón lo vemos guardando la ley, haciendo
una exposición de la ley y aplicación de la ley. Encontrando que la ley
del sábado estaba oscurecida por las tradiciones y enseñanzas de hombres,
señaló que el reposo había sido dado como un beneficio para el hombre, y que el
hombre no tenía que hacer del reposo un sacrificio (Mr. 2:27). Cristo fue fiel
a todo el sistema mosaico, que incluía el reposo, porque ese sistema estaba en
vigencia durante su vida terrenal; pero ese hecho obvio no es base para
pretender que un cristiano que está bajo la gracia y vive en otra dispensación
está obligado a seguir a Cristo en la observancia del séptimo día.
B. EL SABADO EN LA ERA
ACTUAL DE LA IGLESIA
Después de
la resurrección de Cristo no hay evidencias en el Nuevo Testamento en el
sentido de que el sábado haya sido observado por los creyentes, ni aun en forma
errada. Sin duda, la multitud de cristianos judaizantes observaban el reposo;
pero no aparece en la Palabra de Dios nada de ello por escrito. Del mismo modo,
después de la resurrección de Cristo no aparece ninguna orden a judío, gentil o
cristiano en el sentido de que deban guardar el sábado, ni se menciona el quebrantamiento
del día del
reposo en la numerosa lista de pecados posibles Por el contrario, hay advertencias
contra la observancia del reposo por parte de quienes son hijos de Dios bajo la
gracia.
Gálatas
4:9-10 condena la observancia de días, meses, tiempos y años. Normalmente estas
observancias tenían el objeto de merecer el favor de Dios por parte de
personas que a veces mostraban temor de Dios y otras veces lo olvidaban.
Hebreos
4:1-13 contempla el sábado como un tipo del reposo (de sus obras) en que el
creyente entra cuando recibe la salvación. Colosenses 2:16-17 instruye al hijo de
Dios a fin de que no sea juzgado respecto de días de reposo, e infiere que tal
actitud hacia el sábado es razonable en vista de todo lo que Cristo ha llegado
a ser para la persona que ahora pertenece a la nueva creación (Col. 2:9-17). En
este pasaje se hace referencia en forma muy evidente a los reposos
semanales, más que a los reposos extraordinarios a especiales que eran parte de
la ley ceremonial.
Romanos
14:5 declara que cuando el creyente está «convencido en su propia
mente» estima todos los días iguales. Esto no implica el descuido de la
adoración fiel, sino más bien sugiere que para tal persona todos los días están llenos de
devoción a Dios.
Debido al
hecho de que en el Nuevo Testamento el sábado jamás se incluye como parte de la
vida y el servicio del cristiano, la expresión «reposo cristiano»
es errada. En conexión con esto, se puede notar que en lugar del reposo de la
ley ahora se ha proporcionado el día del Señor de la nueva creación, que excede
en gloria, privilegios y bendiciones al reposo.
C. EL SABADO EN LA ERA
VENIDERA
En plena
armonía con la doctrina del Nuevo Testamento de que el nuevo día del Señor está
relacionado solamente con la iglesia, se profetiza que el día del reposo será
reinstituido, sucediendo al día del Señor, inmediatamente después de completado
el llamamiento de la iglesia y después de haber sido retirada ésta del mundo.
En el breve periodo de la tribulación entre el fin de esta dispensación y el
comienzo del reino se observará nuevamente el reposo (Mt. 24:20); pero la
profecía anuncia en forma especial que el sábado es una característica vital de
la edad del reino venidero (Is. 66:23; Ez. 46:1).
D. LA RESURRECCION DE
CRISTO Y EL PRIMER DIA DE LA SEMANA
El primer
día de la semana ha sido celebrado por la iglesia desde la resurrección de
Cristo hasta el presente. Este hecho lo prueban los escritos del Nuevo
Testamento, los escritos de los primeros padres y la historia de la iglesia. En
casi cada siglo ha habido quienes, no comprendiendo el propósito presente de
Dios en la nueva creación, han luchado fervientemente por la observancia del
reposo en el séptimo día. En la actualidad, los que se especializan en la
exigencia de la observancia del séptimo día combinan su llamado con otras
doctrinas anti-bíblicas. Puesto que el creyente, por designación divina, tiene
que observar el primer día de la semana bajo la nueva relación de la gracia, se
produce cierta confusión cuando este día se ve investido del carácter de las
leyes del reposo del séptimo día y se gobierna por ellas. Todas esas enseñanzas
ignoran la doctrina neo-testamentaria de la nueva creación.
E. LA NUEVA CREACION
El Nuevo
Testamento revela que el propósito de Dios en la actual dispensación no
prevista es el llamamiento de la iglesia (Hch. 15:13-18), y esta multitud
redimida es la nueva creación, un pueblo celestial. Aunque se indica que las
maravillosas perfecciones y glorias serán completadas para esta compañía como
un todo (Ef. 5:25-27), también se revela que ellos individualmente son los
objetos de las mayores
empresas y transformaciones divinas. De igual modo, como este cuerpo está orgánicamente
relacionado con Cristo (1 Co. 12:12), así el creyente individual está
vitalmente unido al Señor (1 Co. 6:17; Ro. 6:5; 1 Co. 12:13).
Acerca del
creyente individual, la Biblia enseña que:
1) en cuanto
al pecado, cada uno de los de esta compañía ha sido limpiado, perdonado y
justificado;
2) en cuanto
a sus posesiones, a cada uno se le ha dado el Espíritu que mora en ellos, el
don de Dios que es vida eterna, ha llegado a ser heredero legal de Dios y
coheredero con Cristo;
3) en cuanto
a posición, cada uno ha sido hecho justicia de Dios, por la cual es aceptado
en el Amado para siempre (2 Co. 5:21; Ef. 1:6), miembro del cuerpo místico de
Cristo, parte de su gloriosa esposa, participe vivo de la nueva creación de la
que Cristo es cabeza federal. Leemos: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura
[creación] es; las cosas viejas [en cuanto a posición, no experiencia] pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto [cosas posicionales] proviene de
Dios» (2 Co. 5:17-18; cf. con Ga. 6:15; Ef. 2:10; 4:24).
Pedro,
escribiendo acerca de esta compañía de creyentes, afirma: «vosotros sois linaje
escogido» (1 P. 2:9), lo que significa que son una raza de nacimiento
celestial, de una nacionalidad distinta, simiente o calidad que ha sido
directamente creada por el poder de Dios. Engendró una raza que participó de su
propia vida humana y de sus imperfecciones, así Cristo, el segundo Adán, ahora
está engendrando por el Espíritu una nueva raza que participa de su vida y
perfección eternas. «Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer
Adán, espíritu vivificante [queda vida]» (1 Co. 15:45).
Habiendo
participado de la vida resucitada de Cristo, y estando en Cristo, se dice que
el creyente ya ha sido resucitado (Ro. 6:4; Col. 2:12, 13; 3:1-4). Sin embargo,
en cuanto al cuerpo, el creyente aún está por recibir un cuerpo glorioso como
el cuerpo resucitado de Cristo (Fil. 3:20-21). Confirmando esto, también
leemos que
cuando Cristo apareció en los cielos inmediatamente después de su resurrección,
él era como las primicias, implicando que toda la compañía de los que le sigan
será semejante a Él (1 Jn. 3:2), aun en lo que se refiere a sus cuerpos
glorificados.
La nueva
creación, que comenzó con la resurrección de Cristo y consiste
de una compañía de naciones de nuevo, celestiales que están en Cristo, se presenta
en todas partes de la Palabra de Dios en contraste con la antigua creación, y
se dice que de esa antigua y arruinada creación fue salvado y libertado el
creyente.
En cuanto
al sábado, o día del reposo, fue instituido para celebrar la antigua creación
(Ex. 20:10-11; 31:12-17; He. 4:4), así que el día del Señor conmemora la nueva
creación. Del mismo modo, en su aplicación el reposo estaba limitado a
Israel, el pueblo terrenal de Dios; así, el día del Señor está limitado en su
aplicación a la iglesia como pueblo celestial de Dios.
F. EL DIA DEL SEÑOR
Además del
hecho de que el día del reposo en ninguna parte se impone a los hijos de Dios
bajo la gracia, hay abundantes razones para que observen el primer día de la
Semana.
1. Estaba
profetizado que se instituiría un nuevo día bajo la gracia. Según Salmo
118:22-24 y Hechos 4:10-11, Cristo llegó a ser la Piedra desechada por Israel,
los «edificadores», cuando fue crucificado; pero por su resurrección fue hecho cabeza
del ángulo. Esta cosa maravillosa es de Dios, y el día de su cumplimiento fue
designado divinamente coma día de regocijo y alegría. En conformidad con esto,
el saludo de Cristo el día de la resurrección fue «Salve» (Mt. 28:9, que más
literalmente sería «regocijaos»), y siendo el «día que instituyó Jehová» (Sal.
118:24, Versión Moderna), se denomina con toda justicia «El día del Señor», que
es el significado de la palabra domingo>.
2. Varios
sucesos señalan la observancia del primer día.
A) En ese día resucitó Jesús de entre los muertos (Mt. 28:1).
B) En ese día
se reunió con los discípulos en la nueva comunión (Jn. 20:19).
C) En ese día
les dio instrucciones (Lc. 24:13-45).
D) En ese día
ascendió a los cielos como las «primicias» a gavilla mecida (Lv. 23:10-12; Jn.
20:17; 1 Co. 15:20, 23).
E) En ese día
sopló sobre ellos (Jn. 20:22).
F) En ese día
el Espíritu Santo descendió del cielo (Hch. 2:1-4).
G) En ese día
el apóstol Pablo predicó en Troas (Hch. 20:6-7).
H) En ese día
los creyentes se reunieron para el partimiento del pan (Hch. 20:6, 7).
I) En ese día
debían apartar la ofrenda según Dios les hubiera prosperado (1 Co. 16:2).
L) En ese día
Cristo le apareció a Juan en Patmos (Ap. 1:10).
3. El octavo
día fue el día de la circuncisión. El rito de la circuncisión, celebrado en el
octavo día, tipificaba la separación del creyente de la carne
y del viejo orden por la muerte de Cristo (Col. 2:11), y el octavo día, siendo el
primer día después de completada una semana, es simbólico de un nuevo comienzo.
4. El nuevo
día es de gracia. Al final de una semana de trabajo se concedía un día de
reposo al pueblo que estaba vinculado con Dios por las obras de la ley;
mientras que para el pueblo que está bajo la gracia, cuyas obras están consumadas
en Cristo, se señala un día de adoración que, por ser el primer día, precede a
todos los días de trabajo. El creyente vive y sirve durante los seis días
siguientes sobre la base de la bendición del primer día.
El día de reposo pertenece a un pueblo que está relacionado con Dios
por las obras que tenían que ser cumplidas antes del reposo; el día de
adoración y servicio incesante corresponde a un pueblo que está relacionado con
Dios par la obra consumada de Cristo. El séptimo día se caracterizaba por una ley
intransigente; el primer día se caracteriza por la gratitud y la libertad que
corresponden a la gracia. El séptimo día se observaba con la esperanza de que
por él uno pudiera ser aceptable ante los ojos de Dios; el primer día se
observa con la seguridad de que uno ya ha sido aceptado por Dios. La observancia
del séptimo día era obra de la carne; la observancia del primer día es obra del
Espíritu que mora en el creyente.
5. El nuevo
día ha sido bendecido por Dios. A través de esta dispensación los creyentes más
llenos del Espíritu y más devotos, y a quienes la voluntad de Dios ha sido
claramente revelada, han guardado el día del Señor sin ningún sentimiento de
responsabilidad hacia la observancia del séptimo día. Es razonable suponer que
si hubiesen sido culpables de quebrantar el día del reposo, hubiesen recibido
convicción de pecado al respecto.
6. El nuevo
día ha sido entregado al creyente individual. No ha sido entregado a los
inconversos. Es ciertamente motivo de confusión para el inconverso darle lugar
para que suponga que será más aceptable a Dios si guarda un día; porque sin la
salvación que hay en Cristo todos los hombres están completa e igualmente
perdidos. Para beneficio de todos se ha establecido un día de reposo por razones
sociales y
de salud; pero los no regenerados debieran comprender que la observancia de ese
día no les añade ningún mérito ante los ojos de Dios.
No ha sido entregada a la iglesia como un cuerpo. La responsabilidad
de la observancia del primer día necesariamente ha sido entregada al creyente coma
individuo solamente, y no a la iglesia como un todo; el modo de su celebración
por el
individuo se sugiere en dos dichos de Jesús en la mañana de la resurrección:
«Regocijaos» («Salve» en Reina Valera) e «Id y decid». Esto pide una actividad
incesante en toda forma de adoración y servicio; tal actividad contrasta con el
reposo del séptimo día.
7. No se da
ningún mandamiento en el sentido de observar el primer día. Puesto que es toda
de gracia, no se impone un requerimiento escrito para la observancia del
día del Señor, ni se prescribe la forma de su observancia. Por esta sabia
provisión, a nadie se estimula a que guarde el día como un puro deber. Debe ser
observado de corazón. Israel estaba delante de Dios como un niño inmaduro que
está bajo tutores y curadores y tiene necesidad de los mandamientos que se dan
a un niño (Ga. 4:1-11); la iglesia está delante de Dios como hijo adulto.
La vida del creyente bajo la gracia es claramente definida, pero es
presentada solamente como ruego de Dios con la esperanza de que todo será hecho
voluntariamente (Ro. 12:1, 2; Ef. 4:1-3). Hay pocas dudas en cuanto a la forma
en que un creyente bien instruido, lleno del Espíritu (y la Escritura da por
concedido que el cristiano normal es así), actuará en el día que conmemora la
resurrección de Cristo y la nueva creación. Si el hijo de Dios no está rendido
a Dios, ninguna observancia obligatoria corregirá su carnal corazón, ni sería
esa observancia agradable a Dios. El problema entre Dios y el cristiano carnal
no es de acciones externas, sino de una vida rendida.
8. El modo de
observancia del día del Señor puede ser extendida a los demás días. Cristo no
era devoto a su Padre en un día más que en otros. El reposo del séptimo
día no podía ser extendido a todos los días por igual. Pero, aunque el creyente
tenga más tiempo y libertad el primer día de la semana, su adoración, gozo y
servicio que caracterizan la observancia del día del Señor podría ser su
experiencia cotidiana (Ro. 14:5).
PREGUNTAS
1. Explicar
la provisión en Israel de un día de reposo, un año sabático y un
año de jubileo.
2. ¿De
qué período era típico el año sabático?
3. ¿Qué
significa la palabra «sábado»?
4. ¿Cuál
es el antecedente del reposo antes de la ley de Moisés?
5. Según
las Escrituras, ¿cuándo se observó por primera vez el sábado, y por quiénes?
6. ¿Se
exigió a los no israelitas que observasen el día del reposo?
7. ¿Qué
hizo Cristo con el reposo?
8. ¿Hay
alguna evidencia escrita después de Pentecostés de que los cristianos hayan guardado
el reposo, o de que se les haya ordenado observarlo?
9. ¿Por
qué consideramos incorrecta la expresión «reposo cristiano»?
10. Según la
profecía, ¿cuándo
se observará nuevamente el reposo?
11. ¿Por
qué observan los cristianos el primer día como día del Señor?
12.
¿Cuáles son algunas de las características sobresalientes de la nueva creación?
13. ¿A qué
comunidad está limitada la observancia del día del Señor?
14. ¿Fue
profetizada la observancia de un nuevo día?
15. ¿Qué
sucesos importantes ocurrieron el primer día de la semana?
16. ¿En
qué forma está relacionado el primer día de la semana con la circuncisión?
17. ¿Qué
contraste hay entre la observancia del séptimo día y la observancia del primer
día en cuanto a significado?
18. ¿Cómo
explica usted el hecho de que no hay mandamiento acerca de la observancia del
primer día y de que no haya regulaciones en cuanto a la forma de su observancia?
19. ¿En
qué sentido podría extenderse a cada día la observancia del día del Señor?