A. EL CREER EN LA EXISTENCIA DE DIOS
La
creencia de que existe un ser divino mucho más grande que el hombre, ha sido común
en todas las culturas y civilizaciones. Esto se debe, en parte, al hecho de que
el hombre razona que tiene que existir una explicación para nuestro mundo y
para la experiencia humana y que sólo un ser superior al hombre serviría para
poder explicarlo.
El
hombre, intuitivamente, por su propia naturaleza religiosa, propende a buscar
un ser que de algún modo es mucho más alto y superior a él. Esto también puede
ser explicado, en parte, por la obra del Espíritu Santo en el mundo y que se
extiende a toda criatura, una obra que se designa en Teología como gracia
común, en contraste con la obra especial del Espíritu relacionada con la
salvación del hombre. El moderno fenómeno de muchos que afirman ser ateos surge
de la perversión de la mente humana y la negación de que es posible cualquier
explicación racional del universo. De acuerdo con esto, la Biblia declara que
un ateo es un loco estúpido (Sal. 14:1).
Ordinariamente,
el hombre no busca pruebas de su propia existencia, ni de la existencia de las
cosas materiales, que reconoce por sus sentidos. Aunque Dios es invisible en su
persona, su existencia es tan evidente que los hombres por lo general no requieren
pruebas para el hecho de Dios. La duda de la existencia de Dios es debida evidentemente
a la perversidad del propio hombre, a su ceguera y a la influencia satánica. La
evidencia de la existencia de Dios en la creación es tan clara que el rechazarla
es el fundamento de la condenación del mundo pagano, que no ha escuchado el
Evangelio. Según Romanos 1:19-20, es «porque lo que de Dios se conoce les es
manifiesto, pues Dios se lo manifestó, porque las cosas invisibles de él, su
eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del
mundo, siendo entendidas».
La
revelación de Dios mediante los profetas, antes de que la Escritura fuese
escrita, y la revelación procedente de la Escritura, ha penetrado, en cierto
grado, la conciencia total del hombre hoy día. Aunque el mundo, en general,
está ignorante de la revelación escriturística, algunos conceptos de Dios han
penetrado en el pensamiento de todo el mundo, de tal forma que la creencia en
una especie de Ser superior es generalmente cierta incluso entre hombres a
quienes no ha llegado directamente la Escritura.
Aunque
los antiguos filósofos griegos ignoraron la revelación bíblica, no habiéndoles sido
familiar, hicieron, sin embargo, algunos intentos para explicar nuestro
universo sobre la base de un Ser superior. Varios sistemas de pensamiento han
evolucionado:
1) el
politeísmo; es decir, la creencia en muchos dioses;
2)
hilozoísmo, que identifica el principio de la vida encontrado en toda la
creación como siendo Dios mismo;
3) materialismo,
que arguye que la materia funciona por sí misma de acuerdo con una ley natural
y no es preciso ningún dios para su funcionamiento, teoría que apoya el moderno
evolucionismo; y:
4)
panteísmo, que sostiene que Dios es impersonal e idéntico con la propia
Naturaleza, y que Dios es inmanente, pero no trascendente.
Existen,
así, muchas variantes de tales conceptos respecto a Dios.
Argumentando
en favor de la existencia de Dios, procediendo de los hechos de la creación,
aparte de la revelación de la Escritura, pueden observarse cuatro clases generales
o líneas de razón:
1) El argumento
ontológico; sostiene que Dios tiene que existir, porque el hombre
universalmente cree que existe. Esto, a veces, es llamado un argumento a
priori.
2) El
argumento cosmológico; mantiene que todo efecto necesita tener una causa
suficiente, y, por tanto, el universo, que es un efecto, tiene que haber tenido
un Creador como causa. Implicada en este argumento está la complejidad de un universo
ordenado, que no pudo haber tenido existencia accidente.
3) El
argumento teológico; resalta que cada diseño tiene que haber tenido un
diseñador, y como la totalidad de la creación está intrincadamente diseñada e
interrelacionada, tuvo, por tanto, que haber tenido un gran diseñador. El hecho
de que todas las cosas funcionen juntas, indica que este diseñador ha tenido
necesariamente que haber sido uno de infinito poder y sabiduría.
4) El
argumento antropológico; arguye que la naturaleza y existencia del hombre
resulta absolutamente inexplicable de no ser por la creación de Dios, quien
tiene una naturaleza similar, pero mucho mayor que la del hombre.
Implicado
en este argumento está el hecho de que el hombre tiene intelecto (capacidad
para pensar), sensibilidad (capacidad para sentir) y voluntad (capacidad para
realizar la elección moral). Tal extraordinaria capacidad apunta hacia el Uno
que tiene similares pero mucho mayores capacidades y que ha creado al hombre.
Aunque
estos argumentos en favor de la existencia de Dios tienen considerable validez y
el hombre puede ser justamente condenado por rechazarlos (Ro. 1:18-20), no han sido
suficientes para llevar al hombre en la apropiada relación con Dios o producir
una fe real en Dios, sin la asistencia de la completa revelación de Dios,
confirmando todos los hechos encontrados en la Naturaleza, pero añadiendo a la
revelación natural muchas verdades que ésta no hubiera desvelado por sí.
B. LA UNIDAD DE LA DIVINA
TRINIDAD
En
general, el Antiguo Testamento recalca el énfasis de la unidad de Dios (Ex.
20:3; Dt. 6:4; Is. 44:6), un hecho que también se enseña en el Nuevo Testamento
(Jn. 10:30; 14:9; 17:11, 22, 23; Col. 1:15). Tanto en el Antiguo como en una
gran parte del Nuevo Testamento también se indica que Dios existe como una
Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Muchos creen que la
doctrina de la Trinidad está implícita en el uso de la palabra Elohim, como un nombre para Dios, y que está en
una forma plural y parece referirse al Dios trino y uno.
En los
principios del Génesis hay referencias al Espíritu de Dios, y los pronombres personales
en plural se usan para Dios como en el Génesis 1:26; 3:22; 11:7. Frecuentemente,
en el Antiguo Testamento hay distinción dentro de la naturaleza de Dios, en
términos de Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Isaías, en 7:14, habla del Hijo
como Emanuel, «Dios con nosotros», que tiene que ser distinto del Dios Padre y
del Espíritu. Este Hijo es llamado, en Isaías 9:6, “Dios fuerte, Padre eterno,
Príncipe de Paz”.
En el
Salmo 2:7, Dios Padre, referido como «Yo», indica que es su propósito tener a
su Hijo como el supremo soberano sobre la tierra. Por lo mismo que el Padre y
el Hijo quedan distinguidos, así Dios también se distingue del Espíritu Santo,
como en el Salmo 104:30, donde el Señor envía a su Espíritu. A estas evidencias
hay que añadir todas las referencias del Ángel de Jehová, que señala las
apariciones del Hijo de Dios en el Antiguo Testamento como uno enviado por el
Padre, y referencias al Espíritu del Señor, como el Espíritu Santo, distinto
del Padre y del Hijo.
A esas
evidencias del Antiguo Testamento el Nuevo añade una revelación adicional.
Aquí,
en la persona de Jesucristo, está el Dios Encarnado, concebido por el Espíritu Santo,
y, con todo, Hijo de Dios, el Padre. En el bautismo de Jesús, la distinción de
la Trinidad se hace evidente con Dios Padre hablando desde los cielos, el
Espíritu Santo descendiendo como una paloma y esparciendo luz sobre El, y el
propio Jesucristo bautizado (Mt. 3:16-17). Esas distinciones de la Trinidad se
observan también en pasajes tales como Juan 14:16, donde el Padre y el
Consolador quedan distinguidos del propio Cristo, y en Mateo 28:19, donde los
discípulos son instruidos para bautizar a los creyentes «en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo».
Las
muchas indicaciones que hay, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, de
que Dios existe o subsiste como trino y uno, han conformado la doctrina de la Trinidad
como un hecho central de todas las creencias ortodoxas, desde los principios de
la iglesia hasta los tiempos más modernos. Cualquier desviación de esto se
considera como un apartamiento de la verdad escriturística. Aunque la palabra
«trinidad» no se da en la Biblia, los hechos de la revelación escriturística no
permiten otra explicación.
Aunque
la doctrina de la Trinidad es un hecho central, el núcleo de la fe cristiana
está más allá de la comprensión humana y no tiene paralelo en la experiencia
del hombre.
La
mejor definición es el sostener que, aunque Dios es uno, El existe en tres
personas.
Estas
personas son iguales, tienen los mismos atributos y son igualmente dignas de adoración,
culto y fe. Con todo, la doctrina de la unidad de la Divinidad está clara en el
sentido de que no hay tres dioses separados, como tres seres humanos separados,
tales como Pedro, Santiago y Juan. De acuerdo con esto, la verdadera fe cristiana
no es un triteísmo, como creencia en tres dioses. Por otra parte, la Trinidad
no tiene que ser explicada como tres modalidades de existencia, es decir, que
un solo Dios se manifiesta a sí mismo en tres formas. La Trinidad es esencial
para el ser de Dios y es más que una forma de la revelación divina.
Las
personas de la Trinidad, aunque tengan iguales atributos, difieren en ciertas propiedades.
De aquí que la Primera Persona de la Trinidad sea llamada Padre. La Segunda
Persona es llamada el Hijo, como enviada por el Padre. La Tercera Persona es el
Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. Esto es llamado en teología
la doctrina de la procesión, y el orden no es nunca invertido, es decir, el
Hijo nunca envía al Padre, y el Espíritu Santo nunca envía al Hijo. De la
naturaleza de la unicidad de la Divinidad no existe ilustración o paralelo en
la experiencia humana. Así pues, esta doctrina tiene que ser aceptada por la fe
sobre la base de la revelación escriturística, incluso aunque esté más allá de toda
comprensión y definición humanas.
C. LOS NOMBRES DE DIOS
En el
Antiguo Testamento hay tres nombres atribuidos a Dios. El primer nombre, «Jehová>
o «Yavé», es el nombre de Dios aplicado sólo al verdadero Dios. El primer nombre
aparece en conexión con la creación en el Génesis 2:4, y el significado del nombre
se define en el Éxodo 3:13-14 como «Yo Soy el que soy>, es decir, el
existente por sí mismo, el eterno Dios
El
nombre más común para Dios en el Antiguo Testamento es Elohim, una palabra que es utilizada tanto para
el verdadero Dios como para los dioses del mundo pagano. Este nombre aparece en
el Génesis 1:1. Se ha debatido mucho este nombre, pero parece incluir la idea
de ser el «Uno y Fuerte», el Ser que tiene que ser temido y reverenciado. A
causa de estar en una forma plural parece incluir a la Trinidad, aunque pueda
ser usado también en las Personas individuales de la Trinidad.
El
tercer nombre de Dios en el Antiguo Testamento es Adonaí, que comúnmente significa «dueño o señor», y es
utilizado, no solamente de Dios como nuestro Dueño, sino también de los hombres
que son amos sobre sus siervos. Con frecuencia se une a Elohim, como en Génesis 15:2; y cuando es usado
así, recarga el énfasis del hecho de que Dios es nuestro Amo o Señor. Muchas
combinaciones de estos nombres de Dios se encuentran a lo largo del Antiguo
Testamento. El más frecuente es Jehová Elohim, o Adonaí Elohim.
A estas
combinaciones de los tres primitivos nombres de Dios hay que añadir muchos otros
compuestos y que se encuentran en el Antiguo Testamento, tales como Jehová-Jiré,
que significa «el Señor proveerá» (Gn. 22:13-14); Jehová-rafah, «el Señor que sana»
(Ex. 15:26); Jehová-nissi, «el Señor es nuestra bandera» (Ex. 17:8-15); Jehová-salom,
«el Señor es nuestra paz» (Jue. 6:24); Jehová-sidkenu, «el Señor es nuestra justicia»
(Jer. 23:6); Jehová- sama, «el Señor está presente» (Ez. 48:35).
En el
Nuevo Testamento se encuentran títulos adicionales en donde la Primera Persona se
distingue por «el Padre», la Segunda como «el Hijo» y la Tercera como «el
Espíritu Santo». Estos títulos, por supuesto, se encuentran también en el
Antiguo Testamento, pero son más comunes en el Nuevo. La discusión respecto a
estos términos seguirá en los capítulos que tratan de las tres Personas de la
Trinidad.
D. LOS ATRIBUTOS DE DIOS
En el
Ser esencial de Dios hay ciertos atributos inherentes o cualidades esenciales
de Dios. Tales atributos están eternamente mantenidos por el Dios Trino y Uno y
son iguales para cada persona de la Divinidad. Incluído en dichos atributos
está el hecho de que Dios es Espíritu (Jn. 4:24), Dios es vida (Jn. 5:26), Dios
existe por sí mismo (Ex. 3:14), Dios es infinito (Sal. 145:3), Dios es
inmutable o sin cambios (Sal. 102:27; Mal. 3:6; Stg. 1:17), Dios es la verdad
(Dt. 32:4; Jn. 17:3), Dios es amor (1 Jn. 4:8), Dios es eterno (Sal. 90:2; Jer.
23:23-24), Dios es omnisciente (Sal. 147:4-5) y Dios es omnipotente (Mt.
19:26).
Otras
variantes de tales atributos pueden verse en el hecho de que Dios es bueno,
Dios es misericordioso y Dios es soberano. Todas las perfecciones están
atribuidas a Dios de forma infinita, y sus obras, así como su Ser, son
perfectos. El gran diseño y los detalles del universo son evidencia de su
infinita grandeza y soberanía, su poder, su sabiduría.
Su plan
de Salvación, según está revelado en las Escrituras, es otra evidencia de su amor,
su justicia y su gracia. Ningún aspecto de la creación es demasiado grande para
que El tenga sobre todo lo existente un completo control, y ni siquiera el más
pequeño detalle, incluso la caída de un gorrión, es demasiado pequeño para no
quedar incluido en su plan soberano.
E. LA SOBERANIA DE DIOS
Los
atributos de Dios ponen de manifiesto que Dios es lo supremo sobre todo lo
existente. No queda nada sujeto a otro poder, autoridad o gloria y no está
sujeto a ninguna entidad que sea superior a El. El representa la perfección
hasta un grado infinito en cualquier aspecto de su Ser.
El no
puede jamás ser sorprendido, derrotado o disminuido. No obstante, sin
sacrificar su autoridad o comprometer la realización final de su perfecta
voluntad, Dios se ha complacido en dar a los hombres una medida de libertad y
de elección, y para el ejercicio de esta elección Dios mantiene al hombre
responsable.
A causa
de estar el hombre, en su depravado estado, ciego e insensible a la obra de
Dios, aparece claro en la Escritura que los hombres no deben apartarse de Dios,
suprimiendo al Espíritu de sus corazones (Jn. 6:44; 16:7-11). Del lado humano,
sin embargo, el hombre es responsable de su incredulidad y se le ordena que
crea en el Señor Jesucristo con el objeto de que pueda ser salvado (Hch.
16:31). Es también verdad que en los asuntos de los hombres, especialmente de
los cristianos, Dios actúa para que se cumpla su voluntad (Fil. 2:13). Con todo,
El no fuerza a los hombres a que se entreguen a Dios, sino más bien les exhorta
a que lo hagan (Ro. 12:1, 2).
El
hecho de que Dios haya otorgado una cierta libertad al hombre no introduce un factor
de incertidumbre en el universo, puesto que Dios se anticipa y conoce hasta el infinito
todo lo que los hombres harán en respuesta a las influencias divinas y humanas y
que se producen en sus vidas. Su soberanía, por tanto, se extiende
infinitamente a todo acto, incluso si temporalmente ha de ser en el mal, por
permitirlo, y que en última instancia todo redunda en que Dios pueda ser
glorificado.
F. EL MANDATO DE DIOS
El
propósito soberano de Dios se define teológicamente como el mandato de Dios, refiriéndose
al plan general que incluye todos los acontecimientos de cualquier clase que
puedan ocurrir. El mandato de Dios incluye esos acontecimientos que Dios hace
por sí mismo, y también incluye todo lo que Dios lleva a cabo mediante la ley
natural, sobre la cual El es absoluto soberano. Más difícil de comprender es el
hecho de que su mandato soberano también se extiende a todos los actos de los
hombres, los cuales están incluidos en su plan eterno.
Aunque
sea incomprensible para nosotros, es evidente que el Dios omnisciente, teniendo
un completo conocimiento de lo que el hombre hará en su libertad, al decidir conceder
al hombre la libertad de elección, no introduce ningún elemento de incertidumbre.
El plan divino, de acuerdo con esto, incluyó el permitir el pecado como Adán y
Eva lo cometieron, con todos los resultados de esta comisión del pecado. Ello incluye
el divino remedio de Cristo, muriendo en la cruz, y toda la obra del Espíritu Santo
en llevar a los hombres el arrepentimiento y la fe.
Aunque
la obra de Dios en el corazón humano es inescrutable, la Biblia determina claramente
que si bien, de una parte, lo que el hombre hace fue incluido en el mandato
eterno de Dios, de otra, el hombre opera con libertad de elegir y es responsable
de sus libres actos de elección. El mandato de Dios no es el fatalismo –un control
de todos los acontecimientos ciego y mecánico--, sino que es el plan inteligente,
amoroso y sabio, en el cual el hombre, responsable de sus actos, se mantiene
responsable por lo que hace, siendo, por lo demás, recompensado por sus buenas
obras.
El
mandato de Dios puede ser dividido en subdivisiones tales como su mandato de crear,
su mandato de preservar el mundo, su mandato de Providencia y su sabio gobierno
del universo. Su mandato incluye las promesas o alianzas de Dios, sus propósitos
en la Divina Providencia y su gracia, supremamente manifestada hacia el hombre.
Ante semejante Dios, el hombre sólo puede inclinarse en sumisión, en amor y en
adoración.
PREGUNTAS
1. ¿Cómo
podemos estimar la creencia común en la existencia de Dios?
2. ¿Por
qué el ateísmo es irrazonable?
3. ¿Con
qué claridad se manifiesta la revelación de Dios en la Naturaleza?
4.
Definir cuatro sistemas de pensamiento que intenten explicar el universo sobre
la base de un Ser superior.
5. ¿Cuál
es el argumento ontológico para la existencia de Dios?
6. ¿Cuál
es el argumento cosmológico para la existencia de Dios?
7. ¿Cuál
el argumento teológico?
8. ¿En
qué consiste el argumento antropológico para la existencia de Dios?
9. ¿Hasta
qué extremo recarga el énfasis el Antiguo Testamento la unidad de Dios?
10. ¿En
qué medida enseña el Antiguo Testamento la doctrina de la Trinidad?
11. ¿Y en
cuál medida, también, lo hace el Nuevo Testamento?
12.
Distinguir la doctrina de la Trinidad del triteísmo.
13. ¿Por
qué no puede explicarse la Trinidad como tres modos de la existencia de Dios?
14.
Explicar cómo la Trinidad se distingue por determinadas propiedades.
15.
Establecer y definir los tres nombres más importantes de Dios en el Antiguo Testamento.
16.
¿Cuáles son algunos de los nombres compuestos que se mencionan para Dios en el Antiguo
Testamento?
17
¿Cuáles son los nombres distintivos de las tres personas de la Trinidad en el
Nuevo Testamento?
18.
Designar algunos de los atributos importantes de Dios según está revelado en la
Escritura.
19. ¿Qué
es lo que quiere significarse por soberanía de Dios?
20. ¿Qué
quiere significarse por el mandato de Dios?
21. ¿En
qué forma puede ser subdividido el mandato de Dios?
22. ¿De
qué manera se distingue el mandato de Dios del fatalismo?
23. ¿Por
qué la revelación bíblica pide nuestra sumisión, nuestro amor y la adoración en
relación con Dios?
DIOS EL PADRE
A. EL PADRE COMO LA PRIMERA
PERSONA
Se
indica que hay tres Personas en la Trinidad -el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo-y que ellas son un solo Dios. La Primera Persona es designada como el
Padre. Por lo tanto, el Padre no es la Trinidad, el Hijo no es la Trinidad y el
Espíritu tampoco es la Trinidad. La Trinidad incluye las tres Personas. Aunque
la doctrina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo está presentada en el
Antiguo Testamento y estos términos se dan a las Personas de la Trinidad, el
Nuevo Testamento define y revela la doctrina total. Y en esta revelación neo-testamentaria
el Padre aparece eligiendo, amando y dando; el Hijo se revela sufriendo,
redimiendo y sustentando; mientras que el Espíritu se manifiesta regenerando,
impartiendo poder y santificando.
La
revelación del Nuevo Testamento se centraliza en revelar a Jesucristo, pero a
la vez, presentando a Cristo como el Hijo de Dios, la verdad de Dios el Padre
es de esta manera revelada. Dado el orden irreversible del Padre mandando y
comisionando al Hijo, y el Hijo mandando y comisionando al Espíritu Santo, el
Padre se designa correctamente en teología como la Primera Persona sin rebajar
en ninguna manera la inefable deidad de la Segunda o la Tercera Persona.
En la
revelación concerniente a la paternidad de Dios pueden observarse cuatro aspectos
diferentes:
1) Dios como el Padre de toda
la creación
2) Dios el Padre por relación
íntima;
3) Dios como el Padre de
nuestro Señor Jesucristo, y:
4) Dios como el Padre de todos
los que creen en Jesucristo como Salvador y Señor.
B. LA PATERNIDAD SOBRE LA
CREACION
Aunque
las tres Personas participaron en la creación y sostenimiento del universo
físico y de las criaturas que existen en él, la Primera Persona, o sea Dios el
Padre, en una manera especial es el Padre de toda la creación. De acuerdo a
Efesios 3:14-15, Pablo escribe: «Por esta causa doblo mis rodillas ante el
Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los
cielos y en la tierra.» Aquí toda la familia de criaturas morales, incluyendo
ángeles y hombres, son declaradas para constituir una familia de la cual Dios
es el Padre. De una manera similar, en Hebreos 12:9 la Primera Persona es
nombrada como «el Padre de los espíritus», lo que parece otra vez incluir todos
los seres morales tales como ángeles y hombres.
De
acuerdo a Santiago 1:17, la Primera Persona es el «Padre de las luces», una expresión
peculiar que parece indicar que Él es el originador de toda luz espiritual. En Job
38:7 los ángeles se describen como hijos de Dios (Job 1:6; 2:1). A Adán se le
refiere como de Dios por creación en Lucas 3:38, por implicación, un hijo de
Dios. Malaquías 2:10 hace la pregunta: « ¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No
nos ha creado un mismo Dios?» Pablo, dirigiéndose a los atenienses en la colina
de Marte, lo incluyó en este argumento: «Siendo, pues, linaje de Dios» (Hch.
17:29). En 1 Corintios 8:6 se hace la declaración: «Para nosotros, sin embargo,
sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas.»
En las
bases de estos textos hay suficiente campo para concluir que la Primera Persona
de la Trinidad, como el Creador, es el Padre de toda la creación, y que todas
las criaturas que tienen vida física deben su origen a Él. Solamente en este
sentido es correcto referirse a la paternidad universal de Dios. Todas las
criaturas participan en este sentido en la hermandad universal de la creación.
Esto no justifica, sin embargo, el mal uso de esta doctrina por los teólogos
liberales para enseñar la salvación universal, o que cada hombre tiene a Dios
como su Padre en un sentido espiritual.
C. LA PATERNIDAD POR UNA
ÍNTIMA RELACION
El
concepto y relación del padre y el hijo se usan en el Antiguo Testamento en
muchas instancias para relacionar a Dios con Israel. De acuerdo a Éxodo 4:22,
Moisés instruyó al Faraón: «Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi
primogénito.» Esto era más que ser meramente su Creador y era menos que decir
que ellos eran regenerados, pues no todo Israel tenía vida espiritual. Afirma
una relación especial de cuidado divino y solicitud para con Israel similar a
la de un padre hacia un hijo.
Prediciendo
el favor especial sobre la casa de David, Dios reveló a David que su relación
hacia Salomón sería como de un padre hacia un hijo. El dijo a David: «Yo le seré
a él padre, y él me será a mi hijo» (2 S.7:14). En general, Dios declara que su
cuidado como un Padre será sobre todos quienes confían en El como su Dios. De acuerdo
al Salmo 103:13, la declaración se hace: «Como el padre se compadece de sus hijos,
se compadece Jehová de los que le temen.»
D. EL PADRE DE NUESTRO
SEÑOR JESUCRISTO
La
revelación más importante y extensa con respecto a la paternidad de Dios se relaciona
con la vinculación de la Primera Persona a la Segunda Persona. La Primera Persona
se describe como «el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo» (Ef. 1:3). La revelación
teológica más comprensiva del Nuevo Testamento es que Dios el Padre, la
Primera
Persona, es el Padre del Señor Jesucristo, la Segunda Persona. El hecho de que
Jesucristo en el Nuevo Testamento se refiere frecuentemente como el Hijo de
Dios, y que los atributos y obras de Dios le son constantemente asignados, constituye
de una vez la prueba de la deidad de Jesucristo y la doctrina de la Trinidad como
un todo, con Cristo como la Segunda Persona en relación a la Primera Persona, como
un hijo está relacionado a un padre.
Los
teólogos, desde el siglo l han luchado con una definición precisa de cómo Dios
es el Padre de la Segunda Persona. Obviamente los términos «padre» e «hijo» son
usados de parte de Dios para describir la íntima relación de la Primera y
Segunda Persona, sin cumplir necesariamente todos los aspectos que serían
verdaderos en una relación humana de padre e hijo. Esto es especialmente
evidente en el hecho de que ambos –el Padre y el Hijo- son eternos. El error de
Arrio en el siglo IV, que el Hijo fue el primero de todos los seres creados,
fue denunciado por la Iglesia temprana como una herejía, en vista del hecho de
que la Segunda Persona es tan eterna como la Primera Persona.
Algunos
teólogos, mientras que afirmaban la preexistencia de la Segunda Persona, han intentado
empezar el papel de la Segunda Persona como un Hijo en algún tiempo en la creación, en la Encarnación, o
en algún punto subsiguiente de especial reconocimiento hacia la Segunda
Persona, como su bautismo, su muerte, su resurrección o su ascensión. Todos
estos puntos de vista, sin embargo, son falsos, ya que la Escritura parece
indicar que la Segunda Persona ha sido un Hijo en relación a la Primera Persona
desde toda la eternidad.
La
relación de Padre e Hijo, por lo tanto, se refiere a la deidad y unidad de la
Santa Trinidad desde toda la eternidad, en contraste a la Encarnación, en la
cual el Padre estaba relacionado a la humanidad de Cristo, la cual empezó en un
tiempo. Dentro de la ortodoxia, y en conformidad a ella, las palabras del Credo
de Nicena (325 d.C.) –en respuesta a la herejía arriana del siglo IV- declaran:
«el Unigénito Hijo de Dios, engendrado del Padre antes que todos los mundos;
Dios de dioses, Luz de luz, Dios absoluto, engendrado, no hecho, siendo de una
sustancia con el <Padre>. En igual manera, el Credo de Atanasio declara:
«El Hijo es del Padre solamente; no hecho ni creado, sino engendrado... desde
la eternidad de la sustancia del Padre.»
Usando
los términos <Padre> e <Hijo> para describir la Primera y Segunda
Personas, los términos son elevados a su más alto nivel, indicando unidad de
vida, unidad de carácter y atributos, y aun una relación en la cual el Padre
pudiera dar y enviar al Hijo, aun cuando esto se relaciona esencialmente con la
obediencia del Hijo muriendo en la cruz. La obediencia de Cristo está basada
sobre su calidad de Hijo, no en ninguna desigualdad con Dios el Padre en la
unidad de la Trinidad.
Mientras
que la relación entre la Primera y la Segunda Personas de la Trinidad es en realidad
como la de un padre con su hijo y la de un hijo con su padre (2 Co. 1:3; Gá. 4:4;
He. 1:2), el hecho en sí de esta relación ilustra una verdad vital que para
hacerse accesible a nosotros condesciende a expresarse en la forma de
pensamiento que corresponde a una mente finita.
Aunque
brevemente mencionada en el Antiguo Testamento (Sal. 2:7; Is. 7:14; 9:6-7), es una
de las enseñanzas más amplias del Nuevo Testamento, como puede verse en los puntos
que señalamos a continuación:
1. Se declara que el Hijo de
Dios ha sido engendrado por el Padre (Sal. 2:7; Jn. 1:14, 18; 3:16, 18; 1 Jn.
4:9).
2. El
Padre reconoce como su Hijo al Señor Jesucristo (Mt. 3:17; 17:5; Lc. 9:35).
3. El
Señor Jesucristo reconoce a la Primera Persona de la Trinidad como su Padre
(Mt. 11:27; 26:63-64; Lc. 22:29; Jn. 8:16-29, 33-44; 17:1).
4. Los
hombres reconocen que Dios el Padre es el Padre del Señor Jesucristo (Mt. 16:16;
Mr. 15:39; Jn. 1:34, 49; Hch. 3:13).
5. El
Hijo manifiesta su reconocimiento del Padre sometiéndose a El (Jn. 8:29, 49).
6. Aun
los demonios reconocen la relación que existe entre el Padre y el Hijo (Mt. 8:29).
E. EL PADRE DE TODOS LOS
QUE CREEN EN CRISTO
En
contraste al concepto de Dios el Padre como el Creador, el cual se extiende a
todas las criaturas, está la verdad de que Dios es el Padre, en una manera
especial, de aquellos que creen en Cristo y han recibido la vida eterna.
El
hecho de que Dios es el Padre de toda la creación no asegura la salvación de
todos los hombres ni tampoco les da a todos vida eterna. La Escritura declara
que hay salvación sólo para aquellos que han recibido a Cristo por la fe como
su Salvador. La afirmación de que Dios el Padre es el Padre de toda la
Humanidad, y que hay, por lo tanto, una hermandad universal entre los hombres,
no significa que todos son salvos e irán al cielo. La Escritura enseña, en
lugar de lo anterior, que sólo aquellos quienes creen en Cristo para salvación
son hijos de Dios en un sentido espiritual. Esto no es en el terreno de su
nacimiento natural dentro de la raza humana, ni en el terreno en el cual Dios
es su Creador, sino más bien está basado sobre su nacimiento segundo, o espiritual,
nacimiento dentro de la familia de Dios (Jn. 1:12; Gá. 3:26; Ef. 2:19; 3:15; 5:1).
Por
medio de la obra de regeneración que efectúa el Espíritu Santo, el creyente es hecho
un hijo legítimo de Dios. Y siendo Dios su Padre en verdad, el redimido es impulsado
por el Espíritu a exclamar: «Abba, Padre.» Por haber nacido de Dios, es ya un
participante de la naturaleza divina y, sobre la base de ese nacimiento, ha
llegado a ser un heredero de Dios y coheredero con Cristo (Jn. 1:12-13; 3:3-6,
Ro. 8:16-17; Tit. 3:4-7; 1 P. 1:4). El acto de impartir la naturaleza divina es
una operación tan profunda efectuada en el creyente; que nunca se dice que la
naturaleza así impartida pueda removerse por alguna causa.
Al
llegar a la consideración de lo que las Escrituras enseñan tocante al poder y autoridad
de Satanás en la actualidad, se darán más pruebas de que todos los hombres no
son, por su nacimiento natural, hijos de Dios. Sobre este particular tenemos la
evidencia de las más claras y directas enseñanzas del Señor Jesucristo. Refiriéndose
a los que persisten en su incredulidad, El dice: «Vosotros sois de vuestro
padre el diablo» (Jn. 8:44). Y de manera semejante se expresa cuando, al
describir a los no regenerados, dice: «La cizaña son los hijos del malo» (Mt.
13:38). El apóstol Pablo dice que los no salvos son «hijos de desobediencia» e
«hijos de ira» (Ef. 2:2-3).
Debe
siempre recalcarse que ningún ser humano puede por su propia fuerza convertirse
en un hijo de Dios. Esta es una transformación que sólo Dios es capaz de hacer,
y El la efectúa únicamente a base de la sola condición que El mismo ha
establecido, es decir, que Cristo sea creído y recibido en su carácter de único
y suficiente Salvador (Jn. 1:12).
La
paternidad de Dios es una doctrina importante del Nuevo Testamento (Jn. 20:17;
1 Co.
15:24; Ef. 1:3; 2:18; 4:6; Col. 1:12-13; 1 P. 1:3; 1 Jn. 1:3; 2:1, 22; 3:1). La seguridad
del amor y el cuidado de nuestro Padre Celestial son un gran consuelo para los
cristianos y un estímulo a la fe y la oración.
PREGUNTAS
1. ¿Cómo
son contrastadas las obras del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento?
2.
¿Cuáles son los cuatro aspectos distintos de la paternidad de Dios?
3.
Resumir la evidencia de que Dios es el Padre de toda la creación.
4. ¿Qué
significa la paternidad de Dios por relación íntima?
5. Tratar
la pregunta de la eternidad de la relación de padre e hijo entre Dios el Padre y
Jesucristo.
6.
¿Cuáles son algunas de las evidencias que sostienen el concepto de Dios el
Padre en relación a Jesucristo el Hijo?
7. ¿Qué
quiere decir que Dios es el Padre de todos los que creen en Cristo?
8. ¿Cómo
un hombre se convierte en un hijo de Dios?
9.
¿Cuáles son algunos de los resultados de convertirse en un hijo de Dios?
10 ¿En
qué error se incurre cuando se dice que todos los hombres son hijos de Dios?
11. ¿Cómo
la paternidad de Dios provee de confortamiento a un creyente en Cristo?
DIOS EL HIJO: SU
PREEXISTENCIA
Siendo
al mismo tiempo perfectamente humano y perfectamente divino, el Señor Jesucristo
es semejante y a la vez distinto a los hijos de los hombres. Las Escrituras son
muy claras respecto a la semejanza de Él con los humanos (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16;
He. 2:14-17), y lo presentan como a un hombre que nació, vivió, sufrió y murió
entre los hombres. Pero de igual manera la Biblia enseña que Él es diferente a
nosotros, no solamente en el carácter impecable de su vida terrenal, en su
muerte vicaria y en su gloriosa resurrección y ascensión, sino también en el
hecho maravilloso de su preexistencia eterna.
En
cuanto a su humanidad, Él tuvo principio, pues fue concebido por el poder del Espíritu
Santo y nació de una virgen. En cuanto a su divinidad, Él no tuvo principio, pues
ha existido desde la eternidad. En Isaías 9:6 leemos: «Porque un niño nos es nacido,
hijo nos es dado.» La distinción es obvia entre el niño que nació y el Hijo que
nos es dado.
Así
también en Gálatas 4:4 se declara: «Cuando vino el cumplimiento del tiempo,
Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.» El que existía
desde la eternidad, llegó a ser, en la plenitud del tiempo, «nacido (la
descendencia) de mujer».
Declarando
que Cristo fue preexistente, meramente se afirma que Él existió antes de que se
hubiera encarnado, puesto que todos los propósitos también afirman que Él existía
desde toda la eternidad pasada. La idea de que Él era preexistente sólo en el sentido
de ser el primero de todos los seres creados (la así llamada herejía arriana
del siglo IV) no es una enseñanza moderna. Así las pruebas de su preexistencia
y las pruebas para su eternidad pueden ser agrupadas juntas. Es también
evidente que si Cristo es Dios, Él es eterno, y si Él es eterno, Él es Dios, y
las pruebas para la deidad de Cristo y su eternidad se sostienen unas a otras.
La
eternidad y deidad de Jesús es establecida por dos líneas de revelación: 1ª.) Declaraciones
directas, y 2ª.) Implicaciones de la Escritura.
A. DECLARACIONES DIRECTAS
DE LA ETERNIDAD Y DEIDAD DEL HIJO DE DIOS
La
eternidad y deidad de Jesucristo están sostenidas en una vasta área de la
Escritura, la cual afirma su infinita Persona y su existencia eterna igual con
las otras Personas de la Trinidad. Este hecho no es afectado por su
encarnación.
La
Escritura declara en Juan 1:1-2: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era
con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.» De acuerdo a
Miqueas 5:2: «pero tú, Belén Efrata, pequeño para estar entre las familias de
Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el
principio, desde los días de la eternidad.» Isaías 7:14 afirma su nacimiento
virginal y le da el nombre de Emanuel, lo cual significa «Dios con nosotros».
De acuerdo a Isaías 9:6-7, aunque Jesús fue un niño nacido, Él fue también dado
como un Hijo y es llamado específicamente «el Dios fuerte». Cuando Cristo
declaró en Juan 8:58:
«De
cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy», los judíos
entendieron que esto era una afirmación de la deidad y la eternidad (cf. Ex.
3:14; Is. 43:13). En Juan 17:5, Cristo, en su oración, declaró: «Ahora, pues,
Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes
que el mundo fuese» (cf. Jn. 13:3).
Filipenses
2:6-7 dice que Cristo fue «en forma de Dios» antes de su encarnación. Una declaración
más explícita se hace en Colosenses 1:15-19, donde se declara que Jesucristo
es, antes de toda la creación, el Creador mismo, y la imagen exacta del Dios invisible.
En 1 Timoteo 3:16 se declara a Jesucristo como «Dios manifestado en carne». En
Hebreos 1:2-3 el hecho de que el, Hijo es el Creador y la exacta imagen de
Dios se
declara nuevamente, y su eternidad se afirma en 13:8 (cf. Ef. 1:4; Ap. 1:11).
La Escritura declara muy a menudo que Cristo es eterno y que Él es Dios. La
educación contemporánea, la cual acepta la Biblia como la autoridad
irresistible con excepción de algunas sectas-, afirma la eternidad y deidad de
Cristo.
B. IMPLICACIONES DE QUE EL
HIJO DE DIOS ES ETERNO
La
Palabra de Dios constante y consistentemente implica la preexistencia y
eternidad del Señor Jesucristo. Entre las pruebas obvias de este hecho pueden
resaltarse varias:
1. Las obras de la creación son
adjudicadas a Cristo (Jn. 1:3; Col. 1:16; He. 1:10). Por lo tanto, Él antecede
a toda la creación.
2. El Ángel de Jehová, cuya
apariencia se recuerda a menudo en el Antiguo Testamento, no es otro que el
Señor Jesucristo. Aunque
Él aparece algunas veces como un ángel o aun como un hombre, Él lleva las
marcas de la deidad. Él apareció a Agar (Gn. 16:7), a Abraham (Gn. 18:1;
22:11-12; véase Jn. 8:58), a Jacob (Gn. 48:15-16; véase también Gn. 31:11-13;
32:2432), a Moisés (Ex. 3:2, 14), a Josué (Jos. 5:13-14) y a Manoa (Jue.
13:19-22). Él es quien lucha por los suyos y los defiende (2 R. 19:35; 1 Cr. 21:15-16;
Sal. 34:7; Zac. 14:1-4).
3. Los títulos adjudicados al
Señor Jesucristo indican la eternidad de su Ser. Él es precisamente
lo que sus nombres sugieren. Él es «el Alfa y Omega», «el Cristo», «Admirable»,
«Consejero», «Dios fuerte», «Padre eterno», «Dios», «Dios con nosotros», el
«gran Dios y Salvador» y «Dios bendito para siempre». Estos títulos identifican
al Señor Jesucristo con la revelación del Antiguo Testamento acerca de
Jehová-Dios (compárese Mt. 1:23 con Is. 7:14; Mt. 4:7 con Dt. 6:16; Mr. 5:19
con Sal. 66:16, y Sal. 110:1 con Mt. 22:42-45). Además, los nombres que el
Nuevo Testamento le da al Hijo de Dios se hallan íntimamente relacionados con
los títulos del Padre y del Espíritu, lo que indica que Cristo está en un plano
de igualdad con la Primera y la Tercera Personas de la Trinidad (Mt.
28:19; Hch. 2:38; 1 Co. 1:3; 2 Co. 13:14; Jn. 14:1; 17:3; Ef. 6:23; Ap. 20:6;
22:3), y
explícitamente Él es llamado Dios (Ro. 9:5; Jn. 1:1; Tít. 2:13; He. 1:8).
4. La preexistencia del Hijo de
Dios se sobreentiende en el hecho de que Él tiene los atributos de la Deidad:
Vida (Jn. 1:4), Existencia en sí mismo (Jn. 5:26), Inmutabilidad (He. 13:8),
Verdad (Jn. 14:6), Amor (1 Jn. 3:16), Santidad (He. 7:26), Eternidad (Col. 1:17;
He. 1:11), Omnipresencia (Mt. 28:20), Omnisciencia (1 Co. 4:5; Col. 2:3) y Omnipotencia
(Mt. 28:18; Ap. 1:8).
5. De igual manera, la preexistencia
de Cristo se sobreentiende en el hecho de que Él es adorado como Dios (Jn.
20:28; Hch. 7:59-60; He. 1:6). Por lo tanto, se concluye que siendo el Señor
Jesucristo Dios, Él existe de eternidad a eternidad. Este capítulo, que recalca
la Deidad de Cristo, debe estar inseparablemente relacionado con el que sigue, en
el cual se da énfasis a la humanidad del Hijo de Dios, realizada a través de la
encarnación.
PREGUNTAS
1.
Contrastar la evidencia para las naturalezas humana y divina de Cristo.
2. ¿Cuáles
son algunas de las evidencias para la eternidad del Hijo de Dios?
3. ¿Cómo
la eternidad de Dios prueba su deidad?
4. ¿Qué
implicaciones adicionales hay de sus obras que el Hijo de Dios es eterno?
5. ¿Cómo
las obras del Hijo de Dios prueban su deidad?
6. ¿Cómo
está sostenida la eternidad de Cristo por sus títulos?
7. ¿Cómo
está la eternidad de Cristo sostenida por sus otros atributos?
8. ¿Cómo
los atributos de Cristo prueban su deidad?
9. ¿Cuán
importante es para nuestra fe cristiana la doctrina de la deidad y eternidad de
Jesucristo?
DIOS EL HIJO: SU
ENCARNACIÓN
Al
considerar la encarnación deben de admitirse dos verdades importantes:
1) Cristo
fue al mismo tiempo, y en un sentido absoluto, verdadero Dios y verdadero
hombre; y
2) al
hacerse Él carne, aun que dejó a un lado su Gloria, en ningún sentido dejó a un
lado su deidad.
En su
encarnación Él retuvo cada atributo esencial de su deidad. Su total deidad y
completa humanidad son esenciales para su obra en la cruz. Si Él no hubiera
sido hombre, no podría haber muerto; si Él no hubiera sido Dios, su muerte no hubiera
tenido tan infinito valor.
Juan
declara (Jn. 1:1) que Cristo, quien era uno con Dios y era Dios desde toda la eternidad,
se hizo carne y habitó entre nosotros (1:14). Pablo, asimismo, declara que Cristo,
quien era en forma de Dios, tomó sobre sí mismo la semejanza de hombres (Fil. 2:6-7);
«Dios fue manifestado en carne» (1 Ti. 3:16); y Él, quien fue la total
revelación de la gloria de Dios, fue la exacta imagen de su persona (He. 1:3).
Lucas, en más amplios detalles, presenta el hecho histórico de su encarnación,
así como ambos su concepción y su nacimiento (Lc. 1:26- 38; 2:5-7).
La
Biblia presenta muchos contrastes, pero ninguno más sorprendente que aquel que Cristo
en su persona debería ser al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre.
Las
ilustraciones de estos contrastes en las Escrituras son muchas: Él estuvo
cansado (Jn. 4:6), y Él ofreció descanso a los que estaban trabajados y
cargados (Mt. 11:28); Él tuvo hambre (Mt. 4:2), y Él era «el pan de vida» (Jn.
6:35); Él tuvo sed (Jn. 19:28), y Él era el agua de vida (Jn. 7:37). Él estuvo
en agonía (Lc. 22:44), y curó toda clase de enfermedades y alivió todo dolor.
Aunque había existido desde la eternidad (Jn. 8:58), Él creció «en edad» como
crecen todos los hombres (Lc. 2:40). Sufrió la tentación (Mt. 4:1) y, como
Dios, no podía ser tentado. Se limitó a sí mismo en su conocimiento (Lc. 2:52),
aun cuando Él era la sabiduría de Dios.
Refiriéndose
a su humillación, por la cual fue hecho un poco menor que los ángeles (He.
2:6-7), Él dice: «Mi Padre es mayor que yo» (Jn. 14:28); y «Yo y el Padre uno somos»
(Jn. 10:30), y «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn. 14:9). Él
oraba (Lc. 6:12), y Él contestaba las oraciones (Hch. 10:31). Lloró ante la
tumba de Lázaro (Jn. 11:35), y resucitó a los muertos (Jn. 11:43). Él preguntó:
«¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mt. 16:13), y «no tenía
necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que
había en el hombre» (Jn. 2:25).
Cuando
estaba en la cruz exclamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»
(Mr. 15:34). Pero el mismo Dios quien así clamó estaba en aquel momento «en
Cristo reconciliando al mundo a sí» (2 Co. 5:19). Él es la vida eterna; sin embargo,
murió por nosotros. Él es el hombre ideal para Dios y el Dios ideal para el
hombre. De todo esto se desprende que el Señor Jesucristo vivió a veces su vida
terrenal en la esfera de lo que es perfectamente humano, y en otras ocasiones
en la esfera de lo que es perfectamente divino. Y es necesario tener presente
que el hecho de su humanidad nunca puso límite, de ningún modo, a su Ser
divino, ni le impulsó a echar mano de sus recursos divinos para suplir sus
necesidades humanas.
Él
tenía el poder de convertir las piedras en pan a fin de saciar su hambre; pero
jamás lo hizo.
A. EL HECHO DE LA HUMANIDAD
DE CRISTO
1. La
humanidad de Cristo fue determinada antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4-7;
3:11; Ap. 13:8). El principal significado del tipo del Cordero está en el
cuerpo físico que se ofrece en sacrificio cruento a Dios.
2. Cada
tipo y profecía del Antiguo Testamento concerniente a Cristo, anticipa el advenimiento
del Hijo de Dios en su encarnación.
3. El
hecho de la humanidad de Cristo se ve en la anunciación del ángel a María y en
el nacimiento del Niño Jesús (Lc. 1:31-35).
4. La
vida terrenal de Cristo revela su humanidad:
A) Por
sus nombres: «el Hijo del hombre», «el Hijo de David», u otros semejantes;
B) por su
ascendencia terrenal: Se le menciona como «el primogénito de María» (Lc. 2:7),
«la descendencia de David» (Hch. 2:30; 13:23), «la descendencia de Abraham»
(He. 2:16), «nacido de mujer» (Gá. 4:4), «vástago de Judá» (Is. 11:1);
C) por el
hecho de que Él poseía cuerpo, y alma, y espíritu humanos (Mt. 26:38; Jn.
13:21; 1 Jn. 4:2, 9); y.
D) por
las limitaciones humanas que Él mismo se impuso.
5. La
humanidad de Cristo se manifiesta en su muerte y resurrección. Fue un cuerpo humano
el que sufrió la muerte en la cruz, y fue ese mismo cuerpo el que surgió de la tumba
en gloriosa resurrección.
6. La
realidad de la humanidad de Cristo se ve también en su ascensión a los cielos y
en el hecho de que Él está allí, en su cuerpo humano glorificado intercediendo
por los suyos.
7. Y en
su segunda venida será «el mismo cuerpo» -aunque ya glorificado que adoptó en
el milagro de la encarnación.
B. LAS RAZONES BIBLICAS DE
LA ENCARNACION
1. Cristo
vino al mundo para revelar a Dios ante los hombres (Mt. 11:27; Jn. 1:18; 14:9; Ro.
5:8; 1 Jn. 3:16). Por medio de la encarnación, el Dios, a quien los hombres no podían
comprender, se revela en términos que son accesibles al entendimiento humano.
2. Cristo
vino a revelar al hombre. Él es el Hombre ideal para Dios, y como tal, se presenta
como un ejemplo para los que creen en Él (1 P. 2:21), aunque no para los inconversos,
pues el objetivo de Dios en cuanto a ellos no es meramente reformarlos, sino
salvarlos.
3. Cristo
vino a ofrecer un sacrificio por el pecado. Por esta causa, Él da alabanza por su
cuerpo a Dios, y esto lo hace en relación con el verdadero sacrificio que por
nuestro pecado Él ofreció en la cruz (He. 10:1-10).
4. Cristo
se hizo carne a fin de destruir las obras del diablo (Jn. 12:31; 16:11; Col.
2:13- 15; He. 2:14; 1 Jn. 3:8).
5. Cristo
vino al mundo para ser «misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se
refiere» (He. 2:16-17; 8:1; 9:11-12, 24).
6. Cristo
se hizo carne para poder cumplir el pacto davídico (2 S.7:16; Lc. 1:31-33; Hch.
2:30-31, 36; Ro. 15:8). Él aparecerá en su cuerpo humano glorificado y reinará
como «Rey de reyes y Señor de señores», y se sentará en el trono de David su
padre (Lc. 1:32; Ap. 19:16).
7. Por
medio de su encarnación, Cristo llegó a ser «Cabeza sobre todas las cosas y de
la iglesia», la cual es la Nueva Creación, o sea, la nueva raza humana (Ef.
1:22).
En la encarnación,
el Hijo de Dios tomó para sí, no solamente un cuerpo humano, sino también un
alma y un espíritu humanos. Y poseyendo de este modo tanto la parte material
como la inmaterial de la existencia humana, llegó a ser un hombre en todo el sentido
que esta palabra encierra, y a identificarse tan estrecha y permanentemente con
los hijos de los hombres, que Él es correctamente llamado «el postrer Adán»; y
«el cuerpo de la gloria suya» (Fil. 3:21) es ahora una realidad que permanece
para siempre.
El
Cristo que es el Hijo Eterno, Jehová Dios, fue también el Hijo de María, el
Niño de Nazaret, el Maestro de Judea, el Huésped de Betania, el Cordero del
Calvario. Y un día se manifestará como el Rey de gloria, así como ahora es el
Salvador. De los hombres, el Sumo Sacerdote que está en los cielos, el Esposo
que viene por su Iglesia, y el Señor.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
dos verdades importantes deben destacarse en el estudio de la encarnación del Hijo
de Dios?
2. Por
qué es importante sostener ambas cosas: la completa deidad y la completa humanidad
de Cristo?
3. ¿Qué
evidencia hay de que Cristo tenía una total humanidad?
4. ¿Qué
evidencia hay de que Cristo tuvo experiencias humanas normales?
5. ¿Cómo
se sostiene el hecho de su deidad aun cuando Cristo estuvo en la tierra?
6. ¿Cómo
está relacionada la encarnación con la revelación de Dios al hombre?
7. ¿Cómo
está relacionada la encarnación con el sacrificio de Cristo por el pecado?
8. ¿Cuál
es la relación de la encarnación con respecto a destruir las obras del diablo?
9. ¿Cómo
se relaciona la encarnación de Cristo con su oficio de Sumo Sacerdote?
10. ¿Cuál
es la relación del pacto davídico con la encarnación?
11. ¿Cómo
se relaciona la posición de Cristo como Cabeza sobre la iglesia con respecto a
la encarnación?
DIOS EL HIJO: SU MUERTE
VICARIA
En la
Escritura se revela la muerte de Cristo como un sacrificio por los pecados de
todo el mundo. De acuerdo a ello, Juan el Bautista presentó a Jesús con las
palabras: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:
29). Jesús, en su muerte, fue el sustituto muriendo en el lugar de todos los
hombres. Aunque «sustituto» no es específicamente un término bíblico, la idea
de que Cristo es el sustituto para los pecadores se afirma constantemente en
las Escrituras. Por medio de la muerte vicaria los juicios justos e
inconmensurables de Dios contra el pecador fueron llevados por Cristo. El
resultado de esta sustitución es en sí mismo tan simple y definitivo como la misma
transacción. El Salvador ya ha cargado con los judíos divinos contra el pecador
a total satisfacción de Dios. Para recibir la salvación que Dios ofrece, se les
pide a los hombres que crean estas buenas nuevas, reconociendo que Cristo murió
por sus pecados y por este medio reclamar a Jesucristo como su Salvador
personal.
La
palabra «sustitución» expresa sólo parcialmente todo lo que se llevó a cabo en
la muerte de Cristo. En realidad, no hay un término que pudiéramos decir que
incluye el todo de esa obra incomparable. El uso popular ha tratado de
introducir para este propósito la palabra expiación; pero este vocablo no aparece ni una sola
vez en el
Nuevo
Testamento, y, de acuerdo a su uso en el Antiguo Testamento, significa solamente
cubrir el pecado. Esto proveía una base para un perdón temporal «a causa de
haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados» (Ro. 3:25). Aunque
en los tiempos del Antiguo Testamento se requería nada más que el sacrificio de
un animal para el remitir (literalmente
«tolerar», «pasar por alto», Ro. 3:25) y el disimular (literalmente «pasar por alto» sin castigo, Hch.
17:30) de los pecados, Dios estaba, no obstante, actuando en perfecta justicia
al hacer este requerimiento, puesto que Él miraba hacia la manifestación de su
Cordero, el cual vendría no solamente a pasar por alto o cubrir el pecado, sino
a quitarlo de una vez y para siempre (Jn. 1:29).
A. LO QUE IMPLICA LA MUERTE
DEL HIJO
Al
considerar el valor total de la muerte de Cristo deben distinguirse los
siguientes hechos:
1. La muerte de Cristo nos da
seguridad del amor de Dios hacia el pecador (Jn. 3:16; Ro. 5:8; 1 Jn. 3:16;
4:9); y en adición a esto hay, naturalmente, una acción refleja o requerimiento
moral que se proyecta, a través de esta verdad tocante al amor divino, sobre la
vida de los redimidos (2 Co. 5:15; 1 P. 2:11-25); pero no debe olvidarse que toda
demanda referente a la conducta diaria no se dirige nunca a los inconversos
sino a los que ya son salvos en Cristo.
2. La muerte de Cristo es una
redención o rescate pagado a las demandas santas de Dios para el pecador y para
liberar al pecador de la justa condenación. Es significativo que la palabra
discriminadora «por» significa «en lugar de» o «en favor de», y es usada en
cada pasaje en el Nuevo Testamento donde se menciona la muerte de Cristo como un
rescate (Mt. 20:28; Mr. 10:45; 1 Ti. 2:6). La muerte de Cristo fue un castigo necesario,
el cual Él cargó por el pecador (Ro. 4:25; 2 Co. 5:21; Gá. 1:4; He. 9:28). Al pagar
el precio de nuestro rescate Cristo nos redimió.
En el Nuevo Testamento se usan tres importantes
palabras griegas para expresar esta idea:
A) agorazo, que quiere decir «comprar en un
mercado» (agora significa «mercado»). El hombre, en su pecado, es considerado
bajo la sentencia de muerte (Jn. 3:18-19; Ro. 6:23), un esclavo «vendido bajo
pecado» (Ro. 7:14), pero en el acto de la redención es comprado por Cristo a
través del derramamiento de su sangre (1 Co. 6:20; 7:23; 2 P. 2:1; Ap. 5:9;
14:3-4);
B) exagorazo, que significa «comprar y sacar del
mercado de la venta», lo que agrega el pensamiento no sólo de la compra, sino
también de que nunca más estará expuesto a la venta (Gá. 3:13; 4:5; Ef. 5:16;
Col. 4:5), indicando que la redención es una vez y para siempre;
C) lutroo, «dejar libre» (Lc. 24:21; Tít. 2:14; 1 P. 1:18).
La misma idea se encuentra en el vocablo lutrosis (Lc. 2:38; He. 9:12), y otra
expresión similar, epoiesen lutrosin (Lc. 1:68), y otra forma usada
frecuentemente, apolutrosis, indicando que se libera a un esclavo (Lc. 21:28;
Ro. 3:24; 8:23; 1 Co. 1:30; Ef. 1:7, 14; 4:30; Col. 1:14; He. 9:15; 11:35). El
concepto de la redención incluye la compra, el quitar de la venta, y la completa
libertad del rescate individual a través de la muerte de Cristo y la aplicación
de la redención por medio del Espíritu Santo.
Así, también, la muerte de Cristo fue una ofrenda
por el pecado, no semejante a las ofrendas de animales presentadas en tiempos
del A.T., las cuales podían solamente cubrir el pecado, en el sentido de
dilatar el tiempo del justo y merecido juicio contra el pecado. En su
sacrificio Cristo llevó sobre «su cuerpo en el madero» nuestros pecados,
quitándolos de una vez y para siempre (Is. 53:7-12; Jn. 1:29; 1 Cor. 5:7; Ef. 5:2;
He. 9:22, 26; 10:14).
3. La muerte de Cristo está
representada en su parte como un acto de obediencia a la ley que los pecadores
han quebrantado, cuyo hecho constituye una propiciación o satisfacción de todas
las justas demandas de Dios sobre el pecador. La palabra griega hilasterion se
usa para el «propiciatorio» (He. 9:5), el cual era la tapa del arca en el lugar
Santísimo, y que cubría la ley en el arca. En el Día de la Expiación (Lv.
16:14) el propiciatorio era rociado con sangre desde el altar y esto cambiaba
el lugar de juicio en un lugar de misericordia (He. 9:11-15). De manera
similar, el trono de Dios se convierte en un trono de gracia (He. 4:14-16) a
través de la propiciación de la muerte de Cristo. Una palabra griega similar,
hilasmos, se refiere al acto de propiciación (1 Jn. 2:2; 4:10); el significado
es que Cristo, muriendo en la cruz, satisfizo completamente todas las demandas
justas de Dios en cuanto al juicio para el pecado de la Humanidad.
En Romanos 3:25-26 Dios declara, por tanto, que El
perdona en su justicia los pecados antes de la cruz, sobre la base de que
Cristo moriría y satisfaría completamente la ley de la justicia. En todo esto
Dios no está descrito como un Dios que se deleita en la venganza sobre el
pecador, sino más bien un Dios el cual a causa de su amor se deleita en
misericordia para el pecador. En la redención y propiciación, por lo tanto, el creyente
en Cristo está seguro de que el precio ha sido pagado en su totalidad, que él ha
sido puesto libre como pecador y que todas las demandas justas de Dios para el juicio
sobre él debido a sus pecados han sido satisfechas.
4. La muerte de Cristo no sólo
satisfizo a un Dios Santo, sino que proveyó las bases por medio de las cuales
el mundo fue reconciliado para con Dios. La palabra griega katallasso, que significa
«reconciliar», tiene en sí el pensamiento de traer a Dios y al hombre juntos
por medio de un cambio cabal en el hombre. Aparece frecuentemente en varias
formas en el Nuevo Testamento (Ro. 5:10-11; 11:15; 1 Co. 7:11; 2 Co. 5:18- 20;
Ef. 2:16; Col. 1:20-21). El concepto en cuanto a reconciliación no significa
que Dios cambie, sino que su relación hacia el hombre cambia debido a la obra
redentora de Cristo. El hombre es perdonado, justificado y resucitado
espiritualmente al nivel donde es reconciliado con Dios. El pensamiento no es
que Dios sea reconciliado con el pecador, esto es, ajustado a un estado
pecaminoso, sino más bien que el pecador es ajustado al carácter santo de Dios.
La reconciliación es para todo el mundo, puesto que Dios redimió al mundo y es
la propiciación para los pecados de todo el mundo (2 Co. 5:19; 2 P. 2:1; 1 Jn.
2:1-2). Tan completa y de largo alcance es esta maravillosa provisión de Dios
en la redención, propiciación y reconciliación, que las Escrituras declaran que
Dios no está ahora imputando el pecado al mundo (2 Co. 5:18-19; Ef. 2:16; Col.
2:20).
5. La muerte de Cristo quitó
todos los impedimentos morales en la mente de Dios para salvar a los pecadores
en los que el pecado ha sido redimido por medio de la muerte de Cristo, Dios ha
sido satisfecho y el hombre ha sido reconciliado con Dios. No hay más obstáculo
para Dios en aceptar libremente y justificar a cualquiera que cree en Jesucristo
como su Salvador (Ro. 3:26). A partir de la muerte de Cristo el infinito amor y
poder de Dios se ven libres de toda restricción para salvar, por haberse
cumplido en ella todos los juicios que la justicia Divina podría demandar
contra el pecador. No hay nadie en todo el universo que haya obtenido más
beneficio que Dios mismo en la muerte de su amado Hijo.
6. En su muerte, Cristo llegó a
ser el Sustituto que sufrió la pena o castigo que merecía el pecador (Lv.
16:21; Is. 53:6; Lc. 22:37; Mt. 20:28; Jn. 10:11; Ro. 5:6-8; 1 P. 3:18). Esta
verdad es el fundamento de certidumbre para todo aquel que se acerque a Dios en
busca de salvación. Además, éste es un hecho que cada individuo debe creer concerniente
a su propia relación con Dios en lo que toca al problema del pecado. Creer en
forma general que Cristo murió por el mundo no es suficiente; se demanda en las
Escrituras una convicción personal de que el pecado de uno mismo fue el que Cristo,
nuestro Sustituto, llevó completamente en la cruz. Esta es la fe que resulta en
una sensación de descanso interior, en un gozo inexplicable y gratitud profunda
hacia El (Ro. 15:13; He. 9:14; 10:2). La salvación es una obra poderosa de
Dios, que se realiza instantáneamente en aquel que cree en Cristo Jesús.
B. FALACIAS CONCERNIENTES A
LA MUERTE DEL HIJO
La
muerte de Cristo es a menudo mal interpretada. Cada cristiano hará bien en entender
completamente la falacia de las enseñanzas erróneas que sobre este particular
se están propagando extensamente en el día de hoy:
1. Se afirma que la doctrina de
la sustitución es inmoral porque, según se dice, Dios no podía, actuando en
estricta justicia, colocar sobre una víctima inocente los pecados del culpable.
Esta enseñanza podría merecer más seria consideración si se pudiera probar que
Cristo fue una víctima involuntaria; pero, por el contrario, la Biblia revela
que El estaba en completa afinidad con la voluntad de su Padre y era impulsado
por el mismo infinito amor (Jn. 13:1; He. 10:7). De la misma manera, en el
inescrutable misterio de la Divinidad, era Dios quien «estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo» (2 Co. 5:19). Lejos de ser la muerte de Cristo
una imposición moral, era Dios mismo, el Juez justo, quien en un acto de amor y
sacrificio de sí mismo sufrió todo el castigo que su propia santidad demandaba
para el pecador.
2. Se asegura que Cristo murió
como un mártir y que el valor de su muerte consiste en su ejemplo de valor y
lealtad a sus convicciones. Basta
contestar a esta afirmación errónea que, siendo Cristo el Cordero ofrecido en
sacrificio por Dios, su vida no fue arrebatada por hombre alguno, sino que Él
la puso de sí mismo para volverla a tomar (Jn. 10:18; Hch. 2:23).
3. Se dice que Cristo murió
para ejercer cierta influencia de carácter moral. Es decir, que los hombres que
contemplan el hecho extraordinario del Calvario serán constreñidos a dejar su
vida pecaminosa, porque en la cruz se revela con singular intensidad lo que es
el concepto divino acerca del pecado. Esta teoría, que no tiene ningún
fundamento en las Escrituras, da por establecido que Dios está buscando actualmente
la reformación de los hombres, cuando en
realidad la cruz es la base para su regeneración.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
se quiere decir con la afirmación de que Cristo es el sustituto de los
pecadores?
2. ¿Cuál
es la doctrina del Antiguo Testamento sobre la expiación?
3. ¿Cómo
se relaciona la muerte de Cristo con el amor de Dios?
4.
¿Cuáles son los tres conceptos básicos incluidos en la doctrina de la
redención?
5.
Definir la doctrina de la propiciación y explicar qué es lo que está consumado
por medio de ella.
6.
Definir la doctrina de la reconciliación y explicar qué es consumado por medio
de ella.
7. Si el
mundo entero está reconciliado con Dios, ¿por qué hay algunos que se pierden?
8. ¿Cómo
la redención, la propiciación y la reconciliación liberan de toda restricción a
Dios para salvar al pecador?
9. ¿Por
qué el Nuevo Testamento enfatiza que la salvación es solamente por medio de la
fe?
10.
Nombrar algunas de las interpretaciones erróneas de la muerte de Cristo y
explicar por qué ellas están erradas.
DIOS EL HIJO: SU
RESURRECCIÓN
A. LA RESURRECCIÓN EN EL
ANTIGUO TESTAMENTO
La
doctrina de la resurrección de todos los hombres, así como la resurrección de
Cristo, se enseña en el Antiguo Testamento. La doctrina aparece tan
tempranamente como en el tiempo de Job, probablemente un contemporáneo de
Abraham, y se expresa en su declaración de fe en Job 19:25-27: «Yo sé que mi
Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta
mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo
verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.» Aquí Job afirma
no solamente su propia resurrección personal, sino la verdad de que su Redentor
ya vive y más tarde estará sobre la tierra. Que todos los hombres serán al fin
resucitados se enseña en Juan 5:28-29 y en Apocalipsis 20:4- 6, 12-13.
Profecías
específicas en el Antiguo Testamento anticipan la resurrección del cuerpo humano (Job
14:13-15; Sal. 16:9-10; 17:15; 49:15; Is. 26:19; Dn. 12:2; Os. 13:14; He. 11:17-19).
La resurrección de Cristo se enseña específicamente en el Salmo 16:9-10, donde
el salmista David declara: «Se alegró, por tanto, mi corazón, y se gozó mi
alma; mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el
Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción.» Aquí David no solo afirma que
él espera personalmente la resurrección, sino también que Jesucristo, a quien
se describe como el «Único Santo», no vería la corrupción, esto es, no estaría
en la tumba el tiempo suficiente para que su cuerpo se corrompiera. Este pasaje
esta citado por Pedro en Hechos 2: 24-31 y por Pablo en Hechos 13: 34-37
señalando la resurrección de Cristo.
La
resurrección de Cristo se menciona también en el Salmo 22:22, donde
seguidamente a su muerte Cristo declara que El anunciará su nombre a sus
«hermanos». En el Salmo 118:22-24 la exaltación de Cristo de convertirse en la
piedra angular se define en Hechos 4: 10-11 significando la resurrección de
Cristo. La resurrección de Cristo parece también estar anticipada en la
tipología del Antiguo Testamento en el sacerdocio de Melquisedec (Gn. 14:18;
He. 7:15-17, 23-25).
En
forma similar, la tipología de las dos aves (Lv. 14:4-7), donde el ave viva es
soltada, la fiesta de las primicias (Lv. 23: 10-11), indicando que Cristo es
las primicias de la cosecha de resurrección, y la vara de Aarón que floreció
(Nm. 17:8) habla de la resurrección. La doctrina de la resurrección de todos
los hombres, tanto como la resurrección de Cristo, se establece así en el
Antiguo Testamento.
B. LAS PREDICCIONES DE
CRISTO DE SU PROPIA RESURRECCIÓN
Frecuentemente,
en los Evangelios, Cristo predice ambas casas, su propia muerte y su resurrección
(Mt. 16:21; 17:23; 20:17-19; 26:12, 28-29, 31-32; Mr. 9:30-32; 14:28; Lc. 9:22;
18:31-34; In. 2:19-22; 10:17-18). Las predicciones son tan frecuentes, tan explícitas
y dadas en tan numerosos y diferentes contextos que no puede haber duda alguna
de que Cristo predijo su propia muerte y resurrección, y el cumplimiento de estas
predicciones verifica la exactitud de la profecía.
C. PRUEBAS DE LA
RESURRECCIÓN DE CRISTO
El
Nuevo Testamento presenta una prueba avasallante de la resurrección de Cristo.
AI menos diecisiete apariciones de Cristo ocurrieron después de su
resurrección.
Estas
son las siguientes:
1) Aparición a María Magdalena
(Jn. 20:11-17; Mr. 16:9-11);
2) aparición a las mujeres
(Mt. 28:9-10);
3) aparición a Pedro (Lc.
24:34; 1 Co. 15:5);
4) aparición de Cristo a los
die discípulos, que se refiere colectivamente como «los once», estando Tomás
ausente (Mr. 16:14; Lc. 24: 36-43; Jn. 20:19-24);
5) aparición a los once
discípulos una semana después de su resurrección (Jn. 20:26-29);
6) aparición a siete de los
discípulos en el Mar de Galilea (Jn. 21: 1- 23);
7) aparición a los quinientos
(1 Co. 15: 6); 8) aparición a Santiago el hermano del
Señor (1 Co. 15:7);
9) aparición a los once discípulos
en la montaña en Galilea (Mt. 28: 16-20; 1 Co. 15:7);
10) Aparición a sus discípulos
con ocasión de su ascensión desde el Monte de los Olivos (Lc. 24:44-53; Hch. 1:
3-9);
11) aparición del Cristo
resucitado a Esteban momentos antes de su martirio (Hch. 7:55-56);
12) aparición a Pablo en el
camino a Damasco (Hch. 9:3-6; Hch. 22: 6-11; 26:13-18; 1 Co. 15:8);
13) aparición a Pablo en Arabia (Hch.
20:24; 26:17; Ga. 1:12, 17);
14) aparición de Cristo a Pablo
en el templo (Hch. 22:17-21; cf. 9:26-30; Ga. 1:18);
15) aparición de Cristo a Pablo
en la prisión en Cesarea (Hch. 23:11);
16) aparición de Cristo al
apóstol Juan (Ap. 1: 12-20).
El
número de estas apariciones, la gran variedad de circunstancias y las
evidencias que confirman todo lo que rodea a estas apariciones, constituyen la
más poderosa calidad de evidencia histórica de que Cristo se levantó de los
muertos.
En
adición a las pruebas que nos dan sus apariciones, puede aún citarse más
evidencia que sostiene este hecho. La tumba estaba vacía después de su
resurrección (Mt. 28:6; Mr. 16:6; Lc. 24:3, 6,12; Jn. 20:2,5-8). Es evidente
que los testigos de la resurrección de Cristo no eran gente tonta ni fácil de
engañar. De hecho, ellos eran lentos para comprender la evidencia (Jn. 20:9,
11-15, 25). Una vez convencidos de la realidad de su resurrección, deseaban
morir por su fe en Cristo. Es también evidente que hubo un gran cambio en los
discípulos después de la resurrección. Su pena fue reemplazada con gozo y fe.
Más
adelante, el libro de los Hechos testifica del poder divino del Espíritu Santo
en los discípulos después de la resurrección de Cristo, el poder del Evangelio
el cual ellos proclamaron, y las evidencias que sostienen los milagros. El día
de Pentecostés es otra prueba importante, ya que hubiera sido imposible haber
convencido a tres mil personas de la resurrección de Cristo, quienes habían
tenido oportunidad de examinar la evidencia si hubiera sido una mera ficción.
La
costumbre de la Iglesia primitiva de observar el primer día de la semana, el momento
de celebrar la Cena del Señor y traer sus ofrendas, es otra evidencia histórica
(Hch. 20:7; 1 Co. 16: 2). El mismo hecho de que la Iglesia primitiva nació a
pesar de la persecución y muerte de los apóstoles, sería dejado sin explicación
si Cristo no se hubiera levantado de la muerte. Fue una resurrección literal y
corporal, la cual transformó el cuerpo de Cristo conforme para su función
celestial.
D. RAZONES PARA LA
RESURRECCIÓN DE CRISTO
Por lo
menos pueden citarse siete razones importantes para la resurrección de Cristo.
1. Cristo resucitó debido a
quien es Él (Hch. 2:24).
2. Cristo
resucitó para cumplir con el pacto davídico (2 S. 7:12-16; Sal. 89:20-37; Is. 9:6-7;
Lc. 1:31-33; Hch. 2: 25-31).
3. Cristo
resucitó para ser el dador de la vida resucitada (Jn. 10:10-11; 11:25-26; Ef. 2:6;
Col. 3:1- 4; 1 Jn. 5:11-12).
4. Cristo
resucitó de modo que Él sea la fuente del poder de la resurrección (Mt. 28:18; Ef.
1:19- 21; Fil. 4:13).
5. Cristo
resucitó para ser la Cabeza sobre la Iglesia (Ef. 1:20-23).
6. Cristo
resucitó para que nuestra justificación sea cumplida (Ro. 4:25).
7. Cristo
resucitó para ser las primicias de la resurrección (1 Co. 15:20-23).
E. EL SIGNIFICADO DE LA
RESURRECCIÓN DE CRISTO
La
resurrección de Cristo, a causa de su carácter histórico, constituye la prueba
más importante de la deidad de Jesucristo. Porque fue una gran victoria sobre
el pecado y la muerte, es también el valor presente del poder divino, como esta
declarado en Efesios 1: 19-21. Dado que la resurrección es una doctrina tan
sobresaliente, el primer día de la semana en esta dispensación ha sido apartado
para la conmemoración de la resurrección de Jesucristo, y, de acuerdo a ello,
toma el lugar en la ley del sábado, la cual ponía aparte el séptimo día para
Israel. La resurrección es, por lo tanto, la piedra angular de nuestra fe
cristiana, y como Pablo lo expresa en 1 Corintios 15:17: «Y si Cristo no
resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.» Por haber resucitado
Cristo, nuestra fe cristiana está segura, la victoria final de Cristo es cierta
y nuestra fe cristiana esta completamente justificada.
PREGUNTAS
1.
¿Enseña la Biblia que todos los hombres que mueren serán resucitados?
2. Hacer
un sumario de las enseñanzas del Antiguo Testamento que enseñan acerca de la
resurrección del cuerpo humano.
3. ¿En
qué grado el Antiguo Testamento anticipa la resurrección de Jesucristo?
4. ¿En
que grado Cristo predijo su propia resurrección?
5.
¿Cuántas apariciones de Cristo ocurrieron entre su resurrección y ascensión?
6. ¿Qué
apariciones de Cristo ocurrieron después de su ascensión?
7. ¿Por
qué son una poderosa confirmación del hecho de su resurrección las apariciones de
Cristo y las circunstancias que las rodearon?
8. ¿Cómo
contribuyen la tumba vacía, el carácter de los testigos de su resurrección y el
grado de sus convicciones a la doctrina de su resurrección?
9. ¿Qué
cambios tuvieron lugar en los discípulos después de la resurrección de Cristo,
y como fueron usados como testigos de la resurrección?
10. ¿Qué
evidencia puede encontrarse en el día de Pentecostés para la resurrección de Cristo?
11. ¿Cómo
la costumbre de la Iglesia primitiva en observar el primer día de la semana y su
continua existencia a pesar de la persecución sostienen la teoría de la
resurrección?
12.
Nombrar por lo menos siete razones por las cuales Cristo se levantó de los
muertos.
13. ¿Por
qué es importante para la fe cristiana la resurrección de Cristo?
14. ¿Cómo
se relaciona la resurrección de Cristo con la norma presente del poder divino?
DIOS EL HIJO: SU ASCENSIÓN
Y SACERDOCIO
A. EL HECHO DE LA ASCENSIÓN
DE CRISTO
Puesto
que la resurrección de Cristo es la primera en una serie de exaltaciones de Cristo,
su ascensión a los cielos puede ser considerada como el segundo paso importante.
Esto está registrado en Marcos 16:19; Lucas 24:50-51 y Hechos 1:9-11.
La
pregunta que se ha levantado es si Cristo ascendió a los cielos antes de su
ascensión formal. Se citan a menudo las palabras de Cristo a María Magdalena en
Juan 20:17, donde Cristo dijo: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y
a vuestro Dios.»
También
se cita la tipología del Antiguo Testamento donde el sacerdote, después del sacrificio,
traía la sangre dentro del lugar Santísimo (He. 9:12, 23-24). Aunque los expositores
han diferido en sus opiniones, la mayoría de los evangélicos interpretan el tiempo
presente de Juan 20:17 «subo» como un futuro vivido. Las expresiones en Hebreos
de que Cristo entró al cielo con su sangre se traducen más correctamente «por medio
de su sangre» o «a través de su sangre». La aplicación física de la sangre sólo
ocurrió en la cruz. Los beneficios de la obra acabada continúan para ser
aplicados a los creyentes hoy día (1 Jn. 1:7).
Una
última pregunta se ha levantado con respecto a si la ascensión en Hechos 1 fue literalmente
un acto. Todo el pasaje sostiene completamente el hecho de que Cristo literalmente
fue al cielo, tanto como El vino literalmente a la tierra cuando fue concebido
y nacido. Hechos 1 usa cuatro palabras griegas para describir la ascensión: «Fue
alzado» (v. 9); «le recibió una nube que le ocultó de sus ojos» (v. 9); «El se
iba» (v. 10); y «ha sido tomado de vosotros al cielo» (v. 11), mejor traducido
como «recibido arriba» (cf. 9). Estas cuatro declaraciones son significativas
porque en el versículo 11 está predicho que su segunda venida será en igual
manera; esto es, su ascensión y su segunda venida serán graduales, visibles,
corporales y con nubes (Hch. 1:9- 11). Esto se refiere a su venida para
establecer su reino, más que al rapto de la iglesia.
B. EVIDENCIA PARA LA
LLEGADA DE CRISTO AL CIELO.
Aunque
la evidencia para su ascensión desde la tierra al cielo es completa, el hecho
de que se afirme que Cristo haya llegado al cielo confirma el hecho de su
ascensión (Hch. 2: 33-36; 3:21; 7:55-56; 9:3-6; 22:6-8; 26:13-15; Ro.
8:34; Ef. 1:20-22; 4:8-10; Fil. 2:6- 11; 3:20; 1 Ts. 1:10; 4:16; 1
Ti. 3: 6; He. 1:3, 13; 2:7; 4:14; 6:20; 7:26; 8:1; 9:24; 10:12-13;
12:2; 1 Jn. 2:1; Ap. 1:7, 13-18; 5:5-12; 6:9-17; 7:9-17; 14:1-5; 19: 11-16).
C. EL SIGNIFICADO DE LA
ASCENSIÓN.
La
ascensión señaló el fin de su ministerio terrenal. Así como Cristo había
venido, nacido en Belén, también ahora El había retornado al Padre. También
marcó el retorno a su gloria manifiesta, la cual estaba oculta en su vida
terrena aun después de su resurrección. Su entrada en los cielos fue un gran
triunfo, significando el acabamiento de su obra en la tierra y una entrada
dentro de su nueva esfera de trabajo a la diestra del Padre.
La
posición de Cristo en los cielos es de señorío universal mientras espera su
último triunfo y su segunda venida, y se presenta frecuentemente a Cristo a la
diestra del Padre
(Sal. 110:1; Mt. 22:44; Mr. 12:36; 16:19; Lc. 20:42- 43; 22: 69; Ro. 8:34; Ef.
1:20; Col. 3:1;
He. 1:3-13; 8:1; 10:12; 12:2; 1 P. 3:22). El trono que Cristo ocupa en
los cielos es el trono del Padre; no debe confundirse con el trono davídico, el
cual es terrenal. La tierra aún espera el tiempo cuando será hecho el estrado
de sus pies y su trono será establecido sobre la tierra (Mt. 25:31). Su posición
presente es, por supuesto, de honor y autoridad, y manteniéndose siempre como
Cabeza de la Iglesia.
D. LA OBRA PRESENTE DE
CRISTO EN LOS CIELOS.
En su
posición a la diestra del Padre, Cristo cumple las siete figuras que lo
relacionan con la iglesia:
1) Cristo
como el último Adán y cabeza de una nueva creación;
2) Cristo
como la Cabeza del cuerpo de Cristo;
3) Cristo
como el Gran Pastor de sus ovejas;
4) Cristo
como la Vida Verdadera en relación a las ramas;
5) Cristo
como la principal Piedra de Angulo en relación a la iglesia como piedras de un edificio;
6) Cristo
como nuestro Sumo Sacerdote en relación a la iglesia como sacerdocio real;
7) Cristo
como el Esposo en relación a la iglesia como su novia. Todas estas figuras están
llenas de significado en describir su obra presente.
Su
ministerio principal, sin embargo, es como Sumo Sacerdote representando a la
Iglesia ante el trono de Dios.
Se
revelan cuatro importantes verdades en su obra como Sumo Sacerdote:
1. Como Sumo Sacerdote sobre el
verdadero tabernáculo en lo alto, el Señor Jesucristo ha entrado en el mismo
cielo para ministrar como Sacerdote en favor de aquellos quienes son su
propiedad en el mundo (He. 8:1-2). El hecho de que El, cuando ascendió, fue
recibido por su Padre en los cielos es una evidencia que su ministerio terrenal
fue aceptado. El que se sentara indicó que su obra a favor del mundo estaba completada.
El que se sentara en el trono de su Padre y no en su propio trono revela la
verdad, tan constante y consistentemente enseñada en las Escrituras, que El no
estableció un reino en la tierra en su primera venida al mundo, pero que El
está ahora «esperando» hasta el tiempo cuando aquel reino vendrá en la tierra y
lo divino será hecho en la tierra así como en el cielo. «Los reinos del mundo
han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos
de los siglos» (Ap. 11:15); el Hijo -Rey aún- pedirá de su Padre, el cual le
dará «por herencia las naciones y como posesión suya los confines de la tierra»
(Sal. 2:8).
Sin embargo, la Escritura claramente indica que El
no está estableciendo ahora esta legislación del reino en la tierra (Mt.
25:31-46), sino que más bien está llamando de ambos, judíos y gentiles, un
pueblo celestial el cual está relacionado con El como su cuerpo y novia.
Después de que el propósito presente sea cumplido El retornará y «reedificaré
el tabernáculo de David, que está caído» (Hch. 15:16; cf. vs. 13-18).
Aunque El es un Rey- Sacerdote de acuerdo al tipo de
Melquisedec (He. 5:10; 7:1), El está ahora sirviendo como Sacerdote y no como
Rey. El que viene otra vez y será entonces el Rey de reyes, está ahora
ascendido para ser «cabeza sobre todas las cosas» (Ef. 1:22-23).
2. Como nuestro Sumo Sacerdote,
Cristo es el dador de los dones espirituales. De acuerdo al Nuevo Testamento,
un don es una capacitación divina traída al creyente y a través del creyente
por medio del Espíritu que mora en él. Es el Espíritu trabajando para cumplir
ciertos propósitos divinos y usar a quien El habita para este fin. El mora con
ese fin. No es de ninguna manera una obra humana ayudada por el Espíritu.
Aunque ciertos dones generales están mencionados en
las Escrituras (Ro. 12:3-8; 1 Co. 12:4-11), la variedad posible es innumerable,
puesto que nunca se viven dos vidas exactamente bajo las mismas condiciones.
Sin embargo, a cada creyente le es dado algún don; pero la bendición y el poder
del don será experimentado solamente cuando la vida está totalmente rendida a
Dios (cf. Ro. 12:1-2, 6-8). Habrá poca necesidad de exhortación para un
servicio honrado por Dios para aquel que está lleno con el Espíritu; porque el
Espíritu estará trabajando en él en ambos sentidos, tanto para querer como para
hacer su buena voluntad (Fil. 2:13).
De igual manera, ciertos hombres que son llamados de
«entre los hombres» son provistos y colocados localmente en su servicio por el
Cristo ascendido (Ef. 4:7-11). El Señor no dejó su obra al juicio incierto e
insuficiente de los hombres (1 Co. 12:11, 18)
3. El Cristo ascendido como
Sacerdote vive siempre para hacer intercesión por los suyos. Este ministerio
comenzó antes de que El dejara la tierra (Jn. 17:1-26), y es para los salvos
más bien que para los no salvos (Jn. 17:9), y continuará en los cielos tanto tiempo
como los suyos estén en el mundo. Su obra de intercesión tiene que ver con la debilidad,
necesidad de ayuda y la inmadurez de los santos que están sobre la tierra - cosas
en las cuales ellos no son en ninguna manera culpables-. El, quien conoce las limitaciones
de los suyos, y el poder y la estrategia del enemigo con quien ellos tienen que
luchar, les es a ellos un Pastor y Obispo para sus almas. Su cuidado de Pedro
es una ilustración de esta verdad (Lc. 22:31-32).
La intercesión sacerdotal de Cristo no es sólo
eficaz, sino que también sin fin. Los sacerdotes de la antigüedad fallaron a
causa de la muerte; pero Cristo, puesto que vive para siempre, tiene un
sacerdocio inmutable. «Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que
por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (He.
7;25). David reconoce el mismo cuidado pastoral y su garantía de seguridad eterna
(Sal. 23:1).
4. Cristo se presenta
actualmente por los suyos en la presencia de Dios. A menudo el hijo de Dios es
culpable de algún pecado que le separaría completamente de Dios si no estuviera
de por medio la abogacía de Cristo y la obra que El efectuó por su muerte en la
cruz. El efecto del pecado sobre el cristiano es la pérdida de gozo, paz y
poder espirituales. Por otra parte, estas bendiciones se restauran según la gracia
infinita de Dios sobre la sola base de la confesión del pecado (1 Jn. 1:9);
pero más importante es considerar el pecado del cristiano en relación con el
carácter santo de Dios.
Por
medio de la presente abogacía sacerdotal de Cristo en los cielos, hay absoluta seguridad
de salvación para los hijos del Padre Celestial aun mientras ellos están pecando.
Un abogado es aquel que expone y defiende la causa de otro ante los tribunales
públicos. En el desempeño de sus funciones de Abogado, Cristo está ahora en el
cielo interviniendo a favor de los suyos (He. 9:24) cuando ellos pecan (1 Jn.
2:1). Se revela que su defensa la hace ante el Padre, y que Satanás está allí
también acusando sin cesar día y noche a los hermanos, en la presencia de Dios
(Ap. 12:10). Es posible que al cristiano le parezca que el pecado que ha
cometido es insignificante; pero no es así para el Dios santo, quien no podría
nunca tratar con ligereza lo que representa una ofensa a su divina justicia.
Aun el pecado que es secreto en la tierra es un gran escándalo en el cielo.
En la
gracia maravillosa de Dios, y sin necesidad de que intervenga solicitud alguna
de parte de los hombres, el Abogado defiende la causa del cristiano culpable. Y
lo que el Abogado hace para garantizar así la seguridad del creyente está tan
de acuerdo con la justicia divina, que El es llamado, en relación con este
ministerio de abogar por los suyos, «Jesucristo el justo». El defiende a los
hijos de Dios a base de la sangre que fue derramada en la cruz, y en esta forma
el Padre tiene completa libertad para defenderles contra toda acusación
proveniente de Satanás o de los hombres y contra todo juicio que en otras
circunstancias el pecado impondría sobre el pecador; y todo esto se hace
posible porque Cristo, a través de su muerte, llegó a ser la «propiciación por
nuestros pecados» (los pecados de los cristianos) (1 Jn. 2:2).
La
verdad referente al ministerio sacerdotal de Cristo en los cielos no está de
ninguna manera facilitando para los verdaderos cristianos la práctica del pecado.
Al contrario, estas mismas cosas son escritas para que no pequemos (1 Jn. 2:1);
porque ninguno puede pecar con ligereza o descuido cuando considera la enorme
tarea de defensa que a causa del pecado del cristiano tiene que realizar
necesariamente el Abogado Cristo Jesús.
Puede
decirse, en conclusión, que Cristo cumple su ministerio de Intercesor y Abogado
para la eterna seguridad de aquellos que ya son salvos en El (Ro. 8:34).
E. LA OBRA PRESENTE DE
CRISTO SOBRE LA TIERRA.
Cristo
está también obrando en su iglesia sobre la tierra al mismo tiempo que está a
la diestra del Padre en el cielo. En numerosos pasajes se dice que Cristo
habita en su iglesia y está con su iglesia (Mt. 28:18-20; Jn. 14:18, 20; Col.
1:27). El está en su iglesia en el sentido de que es El quien da vida a su
iglesia (Jn. 1:4; 10:10; 11:25; 14:6; Col. 3:4; 1 Jn. .5:12).
Se
puede concluir que la obra presente de Cristo es la clave para entender la
presente tarea de Dios de llamar a un pueblo para formar el cuerpo de Cristo, y
el poder y la santificación de este pueblo para ser testigos de Cristo hasta lo
último de la tierra. Su obra presente es preliminar y a ella seguirán los
eventos que tienen relación con su segunda venida.
PREGUNTAS
1. ¿Cómo
se relaciona la ascensión de Cristo con su exaltación?
2. Tratar
el punto sobre si Cristo ascendió en el día de su resurrección.
3. ¿Qué
evidencia puede ofrecerse para probar que la ascensión relatada en Hechos fue una
ascensión literal?
4. ¿Hasta
qué grado la Escritura testifica la llegada de Cristo al cielo después de su ascensión?
5. ¿Cómo
se relaciona la ascensión de Cristo con su ministerio terrenal?
6. ¿En
qué sentido la ascensión de Cristo fue un triunfo?
7.
Distinguir el trono de Cristo en los cielos del trono davídico.
8.
Nombrar las siete figuras relativas a Cristo con su Iglesia.
9. ¿Cuál
es el significado de Cristo ahora sentado en el trono del Padre?
10. ¿Cómo
se relaciona Cristo como nuestro Sumo Sacerdote y el dador de los dones espirituales
a los hombres?
11.
Contrastar la intercesión sacerdotal de Cristo con los sacerdotes del Antiguo Testamento.
12.
Describir la obra de Cristo como nuestro Abogado en los cielos.
13. ¿Hasta
qué grado está Cristo también trabajando en la tierra durante esta edad presente?
DIOS EL HIJO: SU REGRESO POR
SUS SANTOS
A. PROFECÍA QUE AUN NO SE
HA CUMPLIDO
La
doctrina seleccionada para su desarrollo en este capítulo es uno de los temas
más importantes de la profecía que todavía no se ha cumplido. El estudiante no
debe olvidar que la profecía es la historia escrita de antemano por el Señor, y
que ella es, por lo tanto, tan digna de ser creída como lo son otras partes de
las Escrituras. Casi una cuarta parte de la Biblia estaba en forma de profecía
cuando las sagradas páginas fueron escritas. Mucho de la profecía bíblica se ha
cumplido ya, y en cada caso el cumplimiento ha sido la más literal realización
de todo lo que se había profetizado. Tal como fue anunciado muchos siglos antes
del advenimiento de Cristo, El vino en su humanidad como un hijo de Abraham, descendió
de la tribu de Judá y de la casa de David y nació de una virgen en Belén. De
igual manera, los detalles explícitos concernientes a su muerte, revelados en
el Salmo 22, unos mil años antes de la venida de El al mundo, se cumplieron con
admirable precisión.
La
Palabra de Dios contiene mucha profecía que al presente está todavía en espera
de cumplirse, y es razonable, así como honroso para Dios, que nosotros creamos
que dicha profecía se cumplirá con la misma fidelidad que ha sido la
característica de todas las obras y todos los actos de El hasta el día de hoy.
La enseñanza de que Cristo volverá a esta tierra tal como El era cuando
ascendió a la diestra de Dios -«Este mismo Jesús, en su cuerpo de resurrección
y en las nubes del cielo» (Hch. 1:11)- es tan clara y extensamente presentada
en las Escrituras proféticas, que ella ha sido incluida en todos los grandes
credos de la cristiandad. Sin embargo, es una doctrina que debemos estudiar
cuidadosamente y con espíritu de claro discernimiento.
En
consideración con la profecía como se relaciona con la futura venida de
Jesucristo, muchos estudiantes bíblicos distinguen la venida de Cristo por su
Iglesia, refiriéndose al arrebatamiento (el tomar a los santos hacia el cielo),
de su venida con sus santos para establecer su reino (su segunda venida formal
a la tierra) para reinar por mil años.
Entre
estos dos acontecimientos se predicen varios eventos importantes tales como una
iglesia mundial, la formación de un gobierno mundial con un dictador, y una
gigantesca guerra mundial, la cual tendrá lugar cuando Cristo venga a
establecer su reino. La venida de Cristo por su iglesia es el primer
acontecimiento en estas series, si se interpretan literalmente las profecías.
Aunque
los acontecimientos de los últimos tiempos, que ocurren después del arrebatamiento
de la iglesia, son dados en muchas profecías en el Antiguo y Nuevo Testamento,
la verdad de que Cristo vendría primero por su iglesia no fue revelada en el
Antiguo Testamento y es específicamente una revelación del Nuevo Testamento.
B. PROFECÍAS DEL
ARREBATAMIENTO
La
primera revelación de que Cristo vendría por sus santos antes de que los acontecimientos
de los últimos tiempos se cumplieran fue dada a los discípulos en el aposento
alto la noche antes de la crucifixión de Cristo. De acuerdo a Juan 14:2-3, Cristo
anunció a sus discípulos: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no
fuera yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si
me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para
que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Los
discípulos no estaban de ninguna manera preparados para esta profecía. Habían
sido instruidos, de acuerdo a Mateo 24:26-31, con respecto al glorioso retorno
de Cristo para establecer su reino. Hasta este tiempo ellos no habían tenido
indicios de que Cristo vendría primero para tomarlos de la tierra al cielo y
por este medio quitarles de la tierra durante el tiempo de la tribulación que
caracteriza el fin de la era. En Juan 14 está claro que la casa del Padre se
refiere al cielo, que Cristo les iba a dejar para prepararles un lugar allí. El
promete que, habiendo preparado un lugar, El vendría otra vez para recibirles
allí. Esto significa que su propósito es tomarles de la tierra a la casa del
Padre en los cielos. El apóstol Pablo amplía luego con amplios detalles este
anuncio preliminar.
Escribiendo
a los Tesalonicenses con respecto a estas preguntas en cuanto a la relación de
la resurrección de los santos y la venida de Cristo por sus santos viviendo en
la tierra, Pablo da los detalles de este importante acontecimiento (1 Ts.
4:13-18). El declara en los vs. 16-17: «Porque el Señor mismo con voz de mando,
con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que
hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para
recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.» El orden de
los acontecimientos de la venida de Cristo por sus santos comienza con el dejar
su trono en los cielos y descender en el aire sobre la tierra.
El dará
una exclamación -literalmente «una voz de mando»~. Esto será acompañado por la
triunfante voz del arcángel Miguel y el sonido de la trompeta de Dios. En
obediencia al mandamiento de Cristo (Jn. 5:28-29), los cristianos que han muerto
serán levantados de la muerte. Las almas de los muertos han acompañado a Cristo
desde los cielos, como se indica en 1 Tesalonicenses 4:14 -«Porque si creemos que
Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron
en él»-, y entrarán en sus cuerpos resucitados. Un momento después de que los
muertos en Cristo sean levantados, los cristianos que viven serán «arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire».
En esta
manera toda la iglesia será sacada del escenario de la tierra y cumplirá la promesa
de Juan 14 de estar con Cristo en la casa del Padre en los cielos.
Se dan
más detalles de ello en 1 Corintios 15:51-58. Aquí la venida de Cristo por su iglesia
se declara como «un misterio», esto es, una verdad no revelada en el Antiguo Testamento
pero revelada en el Nuevo Testamento (cf. Ro. 16:25-26; Col. 1:26). En contraste
a la verdad de la venida de Cristo a. la tierra para establecer su reino, lo cual
está revelado en el Antiguo Testamento, el arrebatamiento está revelado solamente
en el Nuevo Testamento. Pablo, en 1 Corintios 15, indica que el acontecimiento
tendrá lugar en un momento de tiempo, «en un abrir y cerrar de ojos», que los
cuerpos resucitados de los muertos los cuales serán levantados con incorruptibilidad,
esto es, no envejecerán y serán inmortales, sin estar sujetos a muerte (1Co.
15:53).
En la
Escritura está claro que nuestros nuevos cuerpos también serán sin pecado (Ef. 5:27;
cf. Fil. 3:20-21). Los cuerpos de aquellos en las tumbas, así como aquellos
vivos en la tierra, no son aptos para el cielo. Este es el motivo por el cual
Pablo declara «todos seremos transformados» (1 Co. 15:51).
En
contraste con la resurrección y al arrebatamiento de la iglesia, la
resurrección de los santos que murieron antes de Pentecostés, o que murieron
después del arrebatamiento, está aparentemente demorada hasta el tiempo de la
venida de Cristo para establecer su reino (Dn. 12:1-2; Ap. 20:4). Los muertos
impíos, sin embargo, no son resucitados hasta después de los mil años de
reinado de Cristo (Ap. 20:5-6; 12-13).
C. CONTRASTES ENTRE CRISTO
VINIENDO POR SUS SANTOS Y SU VENIDA CON SUS SANTOS
La
teoría de que el arrebatamiento sucede antes del fin de los tiempos se llama
teoría pre-tribulación, en contraste con la teoría post-tribulación, la cual
hace de la venida de Cristo por sus santos y con sus santos un solo evento. La
pregunta de cuál de estas teorías es la correcta depende de cuán literalmente
se interprete la profecía.
Pueden
verse un número de diferencias entre ambos acontecimientos:
1. La
venida de Cristo por sus santos para tomarlos hacia la casa del Padre en los
cielos es obviamente un movimiento (desde la tierra al cielo, mientras que su
venida con sus santos es un movimiento desde el cielo a la tierra cuando Cristo
retorna del Monte de los Olivos y establece su reino.
2. En el
arrebatamiento, los santos que viven son arrebatados, mientras que ningún santo
es trasladado en conexión con la segunda venida de Cristo a la tierra.
3. En el
arrebatamiento, los santos van al cielo, mientras que en la segunda venida los santos
quedan en la tierra sin ser arrebatados.
4. En el
arrebatamiento, el mundo queda sin cambiar y sin juzgar y continúa en pecado,
mientras que en la segunda venida el mundo es juzgado y se establece la justicia
en la tierra.
5. El
arrebatamiento de la iglesia es una liberación del día de la maldición que
sigue, mientras que la segunda venida es una liberación de aquellos que han
creído en Cristo durante el tiempo de la tribulación y han sobrevivido.
6. El
arrebatamiento siempre se describe como un acontecimiento que es inminente, esto
es, que puede ocurrir en cualquier momento, mientras que la segunda venida de Cristo
a la tierra es precedida por muchos signos y eventos.
7. El
arrebatamiento de los santos es una verdad revelada sólo en el Nuevo Testamento,
mientras que la segunda venida de Cristo a la tierra con eventos que le anteceden
y siguen es una doctrina prominente en ambos Testamentos.
8. El
arrebatamiento se relaciona solamente con aquellos que son salvos, mientras que
la segunda venida de Cristo a la tierra trata con ambos, salvos y los que no lo
son.
9. En el
arrebatamiento Satanás no es atado, sino que está muy activo en el período que
sigue, mientras que en la segunda venida Satanás está atado y vuelto inactivo.
10. Como
se presenta en el Nuevo Testamento, la profecía no cumplida se da ubicándola
entre la iglesia y el tiempo de su arrebatamiento, el cual se presenta como un
evento inminente, mientras que deben de cumplirse muchas señales antes de la segunda
venida de Cristo para establecer su reino.
11. En
cuanto a la resurrección de los santos en relación a la venida de Cristo para establecer
su Reino, en el Antiguo y Nuevo Testamento nunca se menciona el arrebatamiento
de los santos vivos al mismo tiempo. Por consiguiente, tal doctrina sería
imposible, puesto que los santos que viven necesitan mantener sus cuerpos naturales
con el propósito de funcionar en el reino milenial.
12. En la
serie de acontecimientos que describen la segunda venida de Cristo a la tierra no
hay lugar adecuado para un acontecimiento como el arrebatamiento. De acuerdo a Mateo
25:31-46, los creyentes y no creyentes están mezclados todavía en el tiempo de este
juicio, el cual viene después de la venida de Cristo a la tierra, y es obvio
que no ha tenido lugar ni el arrebatamiento ni la separación de los salvos con
respecto a los no salvos en el descenso de Cristo del cielo a la tierra.
13. Un
estudio de la doctrina de la venida de Cristo para establecer su reino con los acontecimientos
que preceden y siguen deja claro que estos acontecimientos no se relacionan a
la iglesia sino más bien a Israel y los gentiles creyentes y no creyentes.
Esto
será explicado en el capítulo siguiente. La verdad de la inminente venida de
Cristo por su iglesia es una verdad muy práctica. Los cristianos tesalonicenses
fueron instruidos en 1 Tesalonicenses 1:10 a «esperar de los cielos a su Hijo,
al cual resucitó de los muertos, a Jesús, que nos libra de la ira venidera». Su
esperanza no era la de sobrevivir a través de la tribulación, sino la
liberación de la ira de Dios que sería esparcida sobre la tierra (cf. 1 Ts. 5:9
y Ap. 6:17). Como se presenta en el Nuevo Testamento, el arrebatamiento es una
esperanza reconfortante (Jn. 14:1-3; 1 Ts. 4:18, una esperanza purificadora (1
Jn. 3:1-3) y una expectativa bendita o feliz (Tit. 2:13). Mientras que el mundo
no verá a Cristo hasta su segunda venida para establecer su reino, los
cristianos verán a Cristo en su gloria en el momento del arrebatamiento y será
para ellos «la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo» (Tit. 2:13). Para un detallado estudio de la doctrina del
arrebatamiento ver The Rapture Question, por Walvoord (Grand
Rapids: Zondervan, 1957).
PREGUNTAS
1. ¿Qué
proporción de la Biblia era profecía cuando fue escrita?
2. ¿Cuál es
el significado del hecho de que muchas profecías han sido ya cumplidas literalmente?
3. ¿Cuál
es la diferencia entre la venida de Cristo por sus santos y la venida de Cristo
con sus santos?
4. ¿Qué
acontecimientos importantes ocurrirán entre ambos eventos?
5.
¿Cuándo anunció Cristo por primera vez el arrebatamiento de la iglesia y que
reveló Él acerca de esto?
6. ¿Por
qué los discípulos tuvieron dificultad en entender la primera mención del arrebatamiento?
7.
Describir el orden de los acontecimientos para la venida de Cristo por sus
santos como se dan en 1 Ts. 4:13-18.
8. ¿Por
qué Cristo trae con El desde el cielo las almas de los cristianos que han
muerto en el momento del arrebatamiento?
9. ¿Por
qué la venida de Cristo por su Iglesia se califica como un misterio en 1 Co. 15:51-52?
10. ¿Qué
hechos adicionales concernientes al arrebatamiento son sacados a luz en 1 Co. 15:51-58?
11. ¿Qué
clase de cuerpos recibirán aquellos arrebatados o levantados de la muerte?
12. Si los
santos del Antiguo Testamento no serán resucitados en el arrebatamiento, ¿cuándo
lo serán?
13.
¿Cuándo serán levantados los impíos?
14. En
vista de la enseñanza de la Escritura sobre el tema del arrebatamiento y la resurrección,
¿por qué la teoría de que toda la gente que será resucitada al mismo tiempo
debe ser rechazada?
15.
Nombrar alguno de los contrastes importantes entre el arrebatamiento de la
Iglesia y la segunda venida de Cristo a la tierra para establecer su reino.
16. A la
luz de estos contrastes, ¿qué argumentos pueden presentarse a favor del arrebatamiento
pre-tribulación, opuesto al arrebatamiento post-tribulación?
17. ¿Qué aplicación
práctica se hace en la Escritura de la verdad del arrebatamiento en cuanto a
nuestras vidas?
DIOS EL HIJO: SU REGRESO
POR SUS SANTOS
Puesto
que el tema de este capítulo se confunde tan comúnmente con la venida de Cristo
por sus
santos, es importante que los dos acontecimientos sean estudiados juntos con el
propósito de que puedan ser vistos los contrastes que aparecen en casi cada
punto.
A. ACONTECIMIENTOS
IMPORTANTES QUE PRECEDEN A LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
Como
será discutido más tarde en conexión con las profecías de los últimos tiempos,
el periodo entre el arrebatamiento de la iglesia y la segunda venida de Cristo
para establecer su reino se dividen en tres períodos bien definidos.
1. Seguirá al arrebatamiento
un período de preparación en el cual diez naciones entrarán a formar una
confederación en un resurgimiento del antiguo imperio romano.
2. Sobrevendrá un periodo de
paz traído por un dictador en el área del Mediterráneo, comenzando can un pacto
con Israel planeado para siete años (Dn. 9:27).
3. Sobrevendrá un tiempo de
persecución para Israel y todos los creyentes en Cristo cuando el dictador
rompa su pacto después de los tres años y medio.
Al
mismo tiempo él se convierte en el dictador mundial, abole todas las religiones
del mundo en favor de la adoración de sí mismo, y toma control de todos los
negocios en el mundo de manera que ninguno puede comprar o vender sin su
permiso. Este período de tres años y medio se llama la gran tribulación (Dn.
12:1; Mt. 24:21; Ap. 7:14). En este período Dios derramará sus grandes juicios
(descritos en Ap. 6:1 - 18:24). La gran tribulación culminará en una gran
guerra mundial (Ap. 16:14-16).
En el
momento culminante de esta guerra, Cristo volverá para liberar a los santos,
los cuales aún no han sido martirizados, para traer juicio sobre la tierra y
para traer su reino de justicia. De los muchos pasajes que describen este
período, es evidente que estos grandes movimientos de conmoción deben preceder
la segunda venida de Cristo, y sería imposible contemplar la segunda venida a
la tierra como inminente en vista de que estos acontecimientos aún no han
tenido lugar.
B. FACTORES VITALES
RELACIONADOS A LA SEGUNDA VENIDA
1. La Biblia enseña que el
Señor Jesucristo retornará a la tierra (Zac. 14:4), personalmente (Mt. 25:31;
Ap. 19:11- 16), y en las nubes del cielo (Mt. 24:30; Hch. 1:11; Ap. 1:7). De
acuerdo con todos los pasajes bíblicos, será un acontecimiento glorioso al cual
todo el mundo verá (Ap. 1:7).
2. De acuerdo a la revelación
dada por Cristo mismo registrada en Mateo 24:26-29, su gloriosa aparición será
como un relámpago brillando de este a oeste. En los días que preceden,
descritos como «la tribulación de aquellos días», habrá conmoción en el cielo,
el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, y las estrellas caerán del cielo,
y los mismos cielos serán conmovidos. En Apocalipsis 6:12-17 y 16:1-21 se dan
más detalles. El retorno de Cristo será visto por todos en la tierra (Mt.
24:30; Ap. 1:7) «y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra» (Mt.
24:30), porque la gran mayoría de ellos son incrédulos que están esperando
juicio.
3. En su segunda venida a la
tierra, Cristo es acompañado por santos y ángeles en dramática procesión. Esto
se describe en detalle en Apocalipsis 19:11-16. Aquí Juan escribe: «Entonces vi
el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba
Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego,
y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía
sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales,
vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De
su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y El las
regirá con vara de hierro; y El pisa el lagar del vino del furor y de la ira
del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este
nombre: «REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.» El
hecho de que ésta es una procesión en la cual Cristo es acompañado por todos
los santos y ángeles santos indica que es gradual y puede llevar varias horas.
Durante este período la tierra rotará, permitiendo al mundo entero ver tal
evento. La segunda venida culminará en el Monte de los Olivos, el mismo lugar
desde el cual Cristo ascendió a los cielos (Zac. 14:1-4; Hch. 1:9-12). En el
momento que sus pies toquen el Monte de los Olivos, se partirá en dos y formará
un gran valle extendiéndose desde Jerusalén en el este hasta el valle del
Jordán.
4. En su venida, Cristo juzgará
primeramente a los ejércitos del mundo desplegados en la batalla (Ap.
19:15-21). Al establecer El su reino, congregará a Israel y les juzgará (Ez.
20:3-38) en cuanto a su dignidad para entrar en el reino milenial. En una forma
similar El reunirá a los gentiles o «las naciones» y las juzgará (Mt.
25:31-46). El les traerá entonces en su reino de justicia y paz sobre la
tierra, con Satanás atado y toda rebelión abierta juzgada. Más amplios detalles
se darán en los últimos capítulos.
C. LA SEGUNDA VENIDA
CONTRASTADA CON EL ARREBATAMIENTO
Como
vimos en el capítulo anterior, existen muchos contrastes entre la venida de Cristo
por sus santos y su venida con sus santos.
Los dos
acontecimientos -la venida de Cristo por sus
santos y su venida con sus santos pueden distinguirse así (para
abreviar, el primer acontecimiento será indicado por a), y el
segundo acontecimiento por b):
a)
«Nuestra
reunión con él»; b) «La
venida de nuestro Señor Jesucristo» (2 Ts.:2:1).
a)
El
viene como «la estrella de la mañana» (Ap. 2:28; 22:16; 2 P. 1:19); b) como «el Sol de Justicia» (Mal. 4:2).
a)
«El día
de nuestro Señor Jesucristo» (1 Co. 1:8; 2 Co. 1:14; Fil. 1:6, 10; 2:16); b) el «Día del Señor» (2 P. 3:10)
a)
Un
acontecimiento sin señales; b) deben
atenderse las señales de su proximidad (1 Ts. 5:4; He. 10:25).
a)
Un
acontecimiento repentino, en cualquier momento; b) cumplimiento de la profecía que le precede (2 Ts.
2:2, 3).
a)
No hay
referencia a la maldad; b) la
maldad terminada, Satanás juzgado, el Hombre de Pecado destruido (2 Ts.:2:8;
Ap. 19:20; 20:1-4).
a)
Israel
sin cambios; b) todos
sus pactos cumplidos (Jer.23:5-8; 30:3-11; 31:27-37).
a)
La
iglesia quitada de la tierra; b) volviendo
con Cristo (1 Ts. 4:17; Jud. 14-15; Ap. 19:14).
a)
Las
naciones sin cambios; b) liberadas
de la atadura de la corrupción (Is. 35; 65:17- 25).
a)
La
creación no cambiada; b) librada
de la esclavitud de corrupción (Is. 35; 65:17-25).
a)
Un
«misterio» nunca antes revelado; b) visto a
través del Antiguo y Nuevo Testamentos (Dn. 7:13-14; Mt. 24:27- 30; 1 Co.
15:51-52).
a)
La
esperanza centrada en Cristo: «El Señor está cerca» (Fil. 4:5); b) el reino está próximo (Mt. 6:10).
a)
Cristo
aparece como el Esposo, Señor y Cabeza de la iglesia (Ef. 5:25-27; Tit. 2:13);
b) El aparece como Rey, Mesías y Emmanuel
para Israel (Is. 7:14; 9:6-7; 11:1-2).
a)
Su
venida no vista por el mundo; b) viniendo
en poder y en gran gloria (Mt. 24:27, 30; Ap. 1:7).
a)
Los
cristianos juzgados en cuanto a recompensas; b) las naciones juzgadas como para el reino (2 Co.
5:10-11; Mt. 25: 31-46). Escrituras importantes: a) Jn.
14:1-3; 1 Co. 15:51-52;
1 Ts. 4:13-18; Fil. 3: 20-21; 2 Co. 5:10; b) Dt. 30:1-10; Sal. 72. Notar todos los profetas;
Mt. 25:1-46; Hch. 1:11; 15:1-18; 2 Ts. 2:1-12; 2 P. 2:1-3:18; Ap. 19:11-20:6.
PREGUNTAS
1.
Describir el período de preparación que seguirá al arrebatamiento de la
iglesia.
2. ¿Cuál
es el grado del período de paz que seguirá al período de preparación, y cómo sobrevendrá?
3.
¿Cuáles son las principales características del tiempo de persecución para
Israel, el cual seguirá al tiempo de paz?
4. ¿Cuál
es el significado exacto del tiempo de la gran tribulación, y qué acarreará
este período al fin?
5. ¿Por
qué sería imposible para el Señor Jesucristo venir y establecer su reino en la tierra
hoy?
6.
Describir la apariencia de la segunda venida de Cristo tal como será vista por
el mundo.
7. ¿Cuál
será la situación en la tierra y en los cielos en el tiempo de la segunda
venida de Cristo?
8. ¿Por
qué se lamentarán todas las tribus de la tierra en el tiempo de la segunda venida?
9. ¿Quién
acompaña a Cristo en su segunda venida?
10. ¿Cómo
se puede afirmar que todo el mundo verá la segunda venida?
11. ¿A qué
lugar de la tierra retornará Cristo en su segunda venida, y que ocurrirá cuando
sus pies toquen la tierra?
12. ¿Cuál
es el primer acto de juicio de Cristo en su retorno?
13. ¿Qué
hará Cristo con relación a Israel en su retorno?
14. ¿Qué
hará Cristo con relación a los gentiles en su retorno?
15. ¿Qué
contraste entre el arrebatamiento y la segunda venida aclara que éstos son dos
acontecimientos diferentes?
16.
Nombrar algunos de los pasajes importantes de las Escrituras que se relacionan
con el arrebatamiento y la segunda venida de Cristo a la tierra.
17. ¿Por
qué la interpretación literal de la profecía hace que sea imposible hacer del arrebatamiento
de la iglesia y la venida de Cristo para establecer su reino un mismo acontecimiento?
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU PERSONALIDAD
A. LA IMPORTANCIA DE SU
PERSONALIDAD
En la
enseñanza de las verdades fundamentales relativas al Espíritu Santo debería hacerse
un énfasis especial sobre el hecho de su personalidad. Esto es porque el Espíritu
no habla ahora de sí mismo; más bien, El habla lo que El oye (Jn. 16:13; Hch. 13:2),
y El dice que ha venido al mundo para glorificar a Cristo (Jn. 16:14). En contraste
a esto, la Escritura representa a ambos, el Padre y el Hijo, como hablando de sí
mismos; y esto, no sólo con autoridad final y por medio del uso del pronombre personal
Yo, sino que también presentándoles como en
una inmediata comunión, cooperación, conversión, el uno con el otro. Todo esto
tiende a hacer menos real la personalidad del Espíritu Santo, quien no habla
desde sí o de sí. Como consecuencia, en la historia de la iglesia, la
personalidad del Espíritu fue descuidada por algunos siglos; sólo cuando la
doctrina del Padre y del Hijo fue definida, como sucedió en el Credo de Nicea
(325 d.C.), el Espíritu fue reconocido como una personalidad en los credos de
la iglesia.
La
forma como fue definida más tarde la doctrina ortodoxa, la verdad escritural de
que Dios el Padre subsiste o existe en tres Personas -el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo fue generalmente reconocida. La Escritura es completamente clara
cuando dice que el Espíritu Santo es una Persona tanto como Dios el Padre y
Dios el Hijo, y aun así, como se ve en el estudio de la doctrina de la
Trinidad, las tres Personas forman un Dios y no tres.
B. LA PERSONALIDAD DEL
ESPÍRITU SANTO EN LAS ESCRITURAS
1. EL
ESPÍRITU HACE AQUELLO QUE SÓLO UNA PERSONA PUEDE HACER.
A) El
convence al mundo: «Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia
y de juicio» (Jn. 16:8).
B) El
enseña: «El os enseñará todas las cosas» (Jn. 14:26; ver también Neh. 9:20; Jn. 16:13-15; 1 Jn. 2:27).
C) El
Espíritu habla: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al
Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!» (Gá. 4:6).
D) El
Espíritu intercede: «Pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles»
(Ro. 8:26).
E) El
Espíritu guía: «Guiados por el Espíritu» (Gá. 5:18; cf. Hch. 8:29; 10:19; 13:2;
16:6- 7; 20:23; Ro. 8:14).
F) El
Espíritu señala a los hombres para el servicio específico: «dijo el Espíritu
Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado» (Hch.
13:2; cf. Hch. 20:28).
G) El
Espíritu está El mismo sujeto a un plan (Jn. 15:26).
H) El
Espíritu ministra: El regenera (Jn. 3:6), El sella (Ef. 4:30), El bautiza (1
Co. 12:13), El llena (Ef. 5:18).
2. ÉL, COMO
UNA PERSONA, ES AFECTADO POR OTROS SERES.
A) El Padre
le envía al mundo (Jn. 14:16, 26), y el Hijo le envía al mundo (Jn. 16:7).
B) Los
hombres pueden hacer enojar al Espíritu (Is. 63:10), pueden contristarle (Ef. 4:30),
pueden resistirle (1 Ts.5:19), pueden blasfemarle. (Mt. 12:31), pueden mentirle
(Hch.5:3), pueden hacerle afrenta (He. 10:29), pueden hablar en contra de El
(Mt. 12:32).
3. TODOS LOS
TÉRMINOS BÍBLICOS RELATIVOS AL ESPÍRITU IMPLICAN SU PERSONALIDAD.
A) El es
llamado «otro Consolador» (Abogado), lo cual indica que El es una persona tanto
como lo es Cristo (Jn. 14:16-17; 26; 16:7; 1 Jn. 2:1-2).
B) A El se
le llama Espíritu en el mismo sentido personal que Dios es llamado Espíritu (Jn.
4:24).
C) Los
pronombres usados para el Espíritu implican su personalidad.
En el
idioma griego la palabra «espíritu» es un nombre neutro, el cual, naturalmente,
requiere un pronombre neutro, y en unas pocas oportunidades es usado (Ro. 8:16,
26); pero a menudo se usa la forma masculina del pronombre, enfatizando el
hecho de la personalidad del Espíritu (Jn. 14:16-17; 16:7-15).
C.- COMO UNA PERSONA DE LA TRINIDAD, EL ESPÍRITU SANTO ES CO-IGUAL CON
EL PADRE Y EL HIJO.
1. ÉL ES
LLAMADO DIOS.
Este
hecho se verá comparando Isaías 6:8-9 con Hechos 28:25-26; Jeremías 31:31-34 con Hebreos 10:15-17. (Notar también 2 Co. 3:18 y
Hch. 5:3, 4. « ¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu
Santo?... No has mentido a los hombres sino a Dios».) A pesar de que los juicios de Dios han
caído tan drásticamente sobre algunos que han mentido contra el Espíritu (Hch. 5:3),
y aunque a los hombres evidentemente no se les permite jurar en el nombre del
Espíritu Santo, y aunque El es llamado el Espíritu Santo, es cierto que El no es más
santo que el Padre o el Hijo; la absoluta santidad es el primer atributo del Trino Dios.
2.
Él tiene los atributos de Dios. (Gn. 1:2; Job 26:13; 1 Co. 2:9-11; He.
9:14).
3.
Él Espíritu Santo ejecuta las obras de Dios. (Job 33:4; Sal. 104:30; Lc.
12:11-12; Hch. 1:5; 20:28; 1 Co. 6:11; 2:8-11; 2 P. 1:21).
4.
Como se indica arriba, el uso de los pronombres personales afirma su personalidad.
5.
Se presenta al Espíritu Santo en la Escritura como un objeto personal de fe. (Sal.
51:11; Mt. 28:19; Hch. 10:19-21).
Como un
objeto de fe, Él es también Alguien a quien se le debe de obedecer. El creyente
en Cristo, caminando en compañerismo con el Espíritu, experimenta su poder, su
guía, su instrucción y su suficiencia, y confirma experimentalmente las grandes
doctrinas concernientes a la personalidad del Espíritu, la cual es revelada en
la Escritura.
PREGUNTAS
1. ¿Por
qué es necesario enfatizar la personalidad del Espíritu Santo?
2.
¿Cuáles son algunas de las obras importantes del Espíritu las cuales demuestran
su personalidad?
3. ¿Hasta
qué punto la Escritura indica que el Espíritu Santo es afectado como una persona
por otros seres?
4. ¿Qué
términos bíblicos implican la personalidad del Espíritu Santo?
5. ¿Cómo
el hecho de que el Espíritu Santo es llamado Dios demuestra su igualdad con el
Padre y el Hijo?
6. ¿Qué
evidencia sostiene la conclusión de que el Espíritu Santo tiene los atributos
de Dios?
7. ¿Cómo
las obras del Espíritu Santo demuestran su deidad?
8. ¿Cómo
los pronombres personales usados para el Espíritu Santo confirman su personalidad?
9. ¿Hasta
qué punto la experiencia cristiana, en la cual el Espíritu Santo es el objeto
de la fe y obediencia, sostiene su igualdad con el Padre y el Hijo?
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU
ADVENIMIENTO
La
venida del Espíritu al mundo en el día de Pentecostés debe verse en relación a
su obra en dispensaciones previas. En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo
estaba en el mundo como el Dios omnipresente; sin embargo, se dice que El vino
al mundo en el día de Pentecostés. Durante la edad presente se dice que El
permanece en el mundo, pero que partirá fuera del mundo en el mismo sentido
como vino en el día de Pentecostés cuando ocurra el arrebatamiento de la
iglesia. Con el propósito de entender esta verdad del Espíritu Santo, deben ser
considerados varios aspectos de la relación del Espíritu con el mundo.
A. EL ESPÍRITU SANTO EN EL
ANTIGUO TESTAMENTO
A
través del extenso período antes de la primera venida de Cristo, el Espíritu
estaba presente en el mundo en el mismo sentido en el cual está presente en
cualquier parte, y El obraba en y a través del pueblo de Dios de acuerdo a su
divina voluntad (Gn. 41:38; Ex. 31:3; 35:31; Nm. 27:18; Job 33:4; Sal. 139:7;
Hag. 2:4-5; Zac. 4:6). En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios se ve
teniendo una relación con respecto a la creación del mundo. El tuvo parte en la
revelación de la verdad divina a los santos profetas. El inspiró las Escrituras
que están escritas, y tiene un ministerio en general hacia el mundo
restringiendo el pecado, capacitando a los creyentes para el servicio y ejecutando
milagros. Todas estas actividades indican que el Espíritu era muy activo en el
Antiguo Testamento; sin embargo, no hay evidencia en el Antiguo Testamento de que
el Espíritu morara en cada creyente.
Como
indica Juan 14:17, El estaba «con» ellos pero no «en» ellos. De la misma
manera, no hay mención de la obra de sellar del Espíritu o acerca del bautismo
del Espíritu Santo antes del día de Pentecostés. De acuerdo a ello, podía
anticiparse que después de Pentecostés habría una obra mucho mayor del Espíritu
que en las edades precedentes.
B. EL ESPÍRITU SANTO
DURANTE LA VIDA DE CRISTO EN LA TIERRA
Es
razonable suponer que la presencia encarnada y activa de la Segunda Persona de
la Trinidad en el mundo afectaría los ministerios del Espíritu, y encontramos
que esto es cierto.
1. EN
RELACIÓN A CRISTO, EL ESPÍRITU ERA EL PODER GENERADOR POR MEDIO DEL CUAL EL
DIOS-HOMBRE FUE FORMADO EN LA MATRIZ VIRGINAL. El
Espíritu también es visto descendiendo, en la forma de una paloma, sobre Cristo
en el momento de su bautismo. Y otra vez se revela que era solamente a través
del Espíritu eterno que Cristo se ofreció a sí mismo a Dios (He. 9:14).
2. LA
RELACIÓN DEL ESPÍRITU PARA CON LOS HOMBRES DURANTE EL MINISTERIO TERRENAL DE
CRISTO ERA PROGRESIVA. Cristo
les dio primeramente a sus discípulos la seguridad de que ellos podrían recibir
el
Espíritu
pidiéndolo (Lc. 11:13). Aunque el Espíritu había venido previamente sobre los
hombres
de acuerdo a la soberana voluntad de Dios, su presencia en el corazón humano
nunca
había estado antes condicionada a la petición, y este nuevo privilegio nunca
fue
reclamado
por ninguno en aquel tiempo, con respecto a lo que las Escrituras muestran.
Al
término de su ministerio y justamente antes de su muerte, Cristo dijo: «Y yo
rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para
siempre: El Espíritu de verdad (Jn. 14:16-17). De igual manera, después de su
resurrección el Señor sopló sobre ellos y dijo: «Recibid el Espíritu Santo»
(Jn. 20:22); pero, a pesar de este don temporal del Espíritu, ellos deberían de
permanecer en Jerusalén hasta que fueran investidos permanentemente con poder
de lo alto (Lc. 24:49; Hch. 1:4).
C. LA VENIDA DEL ESPÍRITU
SANTO EN PENTECOSTÉS
Como
fue prometido por el Padre (Jn. 14:16-17, 26) y por el Hijo (Jn. 16:7), el
Espíritu quien como el único Omnipresente había estado siempre en el mundo-
vino al mundo en el día de Pentecostés. La fuerza de esta repetición aparente
de ideas se ve cuando queda comprendido que su venida en el día de Pentecostés
era para que Él pudiera hacer su morada en el mundo. Dios el Padre, aunque
Omnipresente (Ef. 4:6), es, en cuanto a su morada, «Padre nuestro que estás en
los cielos» (Mt. 6:9). De la misma manera, Dios el Hijo, aunque omnipresente
(Mt. 18:20; Col. 1:27), en cuanto a su morada ahora está sentado a la diestra
de Dios (He. 1:3; 10:12). Del mismo modo, el Espíritu, aunque Omnipresente,
está ahora aquí en la tierra en lo que respecta a su morada. El ocupar su
morada en la tierra era el sentido en el cual el Espíritu vino en el día de
Pentecostés. Su lugar de habitación fue cambiado del cielo a la tierra. Fue por
esta venida del Espíritu al mundo que se dijo a los discípulos que esperaran.
El nuevo ministerio de esta edad de gracia no podría comenzar aparte de la
venida del Espíritu.
En los
capítulos que siguen será presentada la obra del Espíritu en la edad presente.
El Espíritu de Dios primeramente tiene un ministerio hacia el mundo, como se
indica en Juan 16:7-11. Aquí El está revelado convenciendo al mundo de pecado,
de justicia y de juicio. Esta obra que prepara a un individuo para recibir a
Cristo inteligentemente es una obra especial del Espíritu, una obra de gracia,
la cual ilumina a las mentes de los hombres incrédulos, cegados por Satanás,
respecto a tres grandes doctrinas.
1 AL INCRÉDULO SE LE HACE ENTENDER QUE EL PECADO DE
LA INCREDULIDAD EN JESUCRISTO COMO SU SALVADOR PERSONAL ES EL ÚNICO PECADO QUE
PERMANECE ENTRE ÉL Y SU SALVACIÓN. No es cuestión de su justicia, sus
sentimientos o cualquier otro factor. El pecado
de la incredulidad es el pecado que impide su salvación (Jn. 3:18).
2. EL INCRÉDULO ES INFORMADO EN LO QUE CONCIERNE A
LA JUSTICIA DE DIOS. Mientras que en la tierra
Cristo fue la viva ilustración de la justicia de Dios, luego de su partida el Espíritu
es enviado para revelar la justicia de Dios hacia el mundo. Esto incluye el hecho
de que Dios es un Dios justo, quien demanda mucho más de lo que cualquier hombre
puede hacer por sí mismo, y esto elimina cualquier posibilidad de obras humanas
como base para la salvación. Más importante, el Espíritu de Dios revela que hay
una justicia obtenible por la fe en Cristo, y que cuando uno cree en Jesucristo
puede ser declarado justo, justificado por la fe y aceptado por su fe en
Cristo, quien es justo en ambas cosas, su persona y su obra en la cruz (Ro.
1:16-17; 3:22; 4:5).
3. SE REVELA EL HECHO DE QUE EL PRÍNCIPE DE ESTE
MUNDO, ESTO ES, EL MISMO SATANÁS, HA SIDO JUZGADO EN LA CRUZ Y ESTÁ SENTENCIADO
AL CASTIGO ETERNO. Esto
revela el hecho de que la obra en la cruz está
terminada, que ese juicio ha tenido lugar, que Satanás ha sido
vencido y que la salvación es obtenible para aquellos quienes ponen su confianza
en Cristo. Mientras que no es necesario para un incrédulo comprender completamente
todos estos hechos para ser salvado, el Espíritu Santo debe revelar lo suficiente
de manera que, a medida que él cree, inteligentemente recibe a Cristo en su persona
y su obra.
Hay un
sentido en el cual esto fue parcialmente cierto en las edades pasadas, ya que incluso
en el Antiguo Testamento era imposible para una persona creer y ser salvada sin
una obra del Espíritu. Sin embargo, en la edad presente, siguiendo a la muerte
y la resurrección de Cristo, estos hechos se vuelven ahora mucho más claros, y
la obra del Espíritu, al revelarlos a los incrédulos, es parte de la razón importante
para su venida a la esfera del mundo y hacer de ella su residencia.
En su
venida al mundo en el día de Pentecostés, la obra del Espíritu en la iglesia
tomó lugar en muchos aspectos nuevos. Esto será considerado en los últimos
capítulos. Se dice que el Espíritu Santo regenera a cada creyente (Jn. 3:3-7;
36).
El
Espíritu Santo mora en cada creyente (Jn. 7:37-39; Hch. 11:15-17; Ro. 5:5;
8:9-11; 1 Co. 6:19-20). Habitando en el creyente, el Espíritu Santo es nuestro
sello hasta el día de la redención (Ef. 4:30). Luego, cada hijo de Dios es
bautizado dentro del cuerpo de Cristo por el Espíritu (1 Co. 12:13). Todos
estos ministerios se aplican igualmente a cada creyente verdadero en esta edad
presente. En adición a estas obras que están relacionadas a la salvación del
creyente, está la posibilidad del ser lleno del Espíritu y el andar por el
Espíritu, lo cual abre la puerta a todo el ministerio del Espíritu en cuanto al
creyente en esta edad presente. Estas grandes obras del Espíritu son la llave no
solamente de la salvación sino que también para una vida cristiana efectiva en
la edad presente.
Cuando
el propósito de Dios en esta edad sea completado por el arrebatamiento de la iglesia,
el Espíritu Santo habrá cumplido el propósito de su especial advenimiento al mundo
y partirá del mundo en el mismo sentido de que Él vino en el día de Pentecostés.
Puede verse un paralelo entre la venida de Cristo a la tierra para cumplir su
obra y su partida hacia el cielo. Como Cristo, sin embargo, el Espíritu Santo continuará
siendo omnipresente y seguirá una obra después del arrebatamiento similar a
aquella que fue verdadera antes del día de Pentecostés.
La
época presente es, de acuerdo a esto, en muchos aspectos, la edad del Espíritu,
una edad en la cual el Espíritu de Dios está obrando en una manera especial
para llamar a una compañía de creyentes de los judíos y los gentiles a formar
el cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo continuará trabajando después del
arrebatamiento, como lo hará también en la edad del reino, la cual tendrá sus
propias características y probablemente incluirá todos los ministerios del
Espíritu Santo en la edad presente excepto aquel del bautismo del Espíritu.
La
venida del Espíritu debería ser vista como un acontecimiento importante,
esencial para la obra de Dios en la edad presente, así como la venida de Cristo
es esencial para la salvación y el propósito elemental de Dios para proveer
salvación para todo el mundo y especialmente para aquellos que creerían.
PREGUNTAS
1. ¿En
qué sentido el Espíritu Santo estaba en el mundo antes de Pentecostés?
2. ¿Qué
obras importantes del Espíritu Santo se encuentran en el Antiguo Testamento?
3.
Distinguir el significado de que el Espíritu Santo estuvo «con» los santos del
Antiguo Testamento, en contraste a la edad presente, en la que el Espíritu
Santo está «en» ellos.
4. ¿Cómo
se relaciona el Espíritu Santo con la concepción y el nacimiento de Cristo?
5. ¿Qué
ministerio tuvo el Espíritu Santo en el período de los Evangelios?
6. ¿Por
qué tuvieron que esperar los discípulos hasta Pentecostés para la venida del Espíritu
Santo aun cuando el Señor había soplado sobre ellos? (Jn. 20:22).
7. ¿En
qué sentido la promesa de Cristo de dar otro Consolador, quien habitaría con
sus discípulos para siempre, prometió un nuevo ministerio del Espíritu?
8. ¿En
qué sentido el Espíritu Santo vino en el día de Pentecostés, y cómo se
relaciona esto con su omnipresencia?
9. ¿Qué
tres doctrinas son enseñadas por el Espíritu en lo que se refiere a convencer
al mundo?
10. En su
venida en el día de Pentecostés, ¿qué obras importantes del Espíritu pueden contemplarse?
11. ¿Dónde
está el hogar del Padre y el Hijo durante la era presente?
12. ¿Dónde
está el sitio de morada del Espíritu Santo durante esta edad presente?
13. ¿Qué
cambio en el ministerio del Espíritu Santo tendrá lugar en el tiempo del arrebatamiento?
14.
¿Continuará obrando el Espíritu Santo en la tierra después del arrebatamiento?
15. ¿Qué
puede esperarse del ministerio del Espíritu en el milenio?
16. ¿Cuán
importante es el ministerio del Espíritu para el propósito presente de Dios?
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU
REGENERACIÓN
Dado
que la vida cristiana de fe comienza con el nuevo nacimiento, la regeneración
es una de las doctrinas fundamentales en relación a la salvación. Una
definición exacta de esta obra del Espíritu y un entendimiento de su relación
con toda la vida cristiana son importantes para un evangelismo efectivo tanto
como para la madurez espiritual.
A. DEFINICIÓN DE
REGENERACIÓN
En la
Biblia la palabra «regeneración» se encuentra solamente dos veces. En Mateo 19:28
se usa en la renovación de la tierra en el reino milenial y no se aplica a la salvación
cristiana. En Tito 3:5, sin embargo, se hace la declaración:
«No por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el
lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo». Sobre
la base de este texto, la palabra «regeneración» ha sido
elegida por los teólogos para expresar el concepto de nueva vida, nuevo
nacimiento, resurrección espiritual, la nueva creación y, en general, una
referencia de la nueva vida sobrenatural que los creyentes reciben como hijos
de Dios. En la historia de la iglesia, el término no ha tenido siempre un uso
exacto, pero entendido correctamente significa el origen de la vida eterna, el
cual se introduce en el creyente en Cristo en el momento de su fe, el cambio
instantáneo de un estado de muerte espiritual a la vida espiritual.
B. REGENERACIÓN POR EL
ESPÍRITU SANTO
Por su
naturaleza, la regeneración es una obra de Dios y los aspectos de su veracidad
se declaran en muchos pasajes (Jn. 1:13; 3:3-7; 5:21; Ro. 6:13; 2 Co. 5:17; Ef.
2:5, 10; 4:24; Tit. 3:5; Stg. 1:18; 1 P. 2:9). De acuerdo a Juan 1:13, «no son
engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino
de Dios». En muchos pasajes se le compara a la resurrección espiritual (Jn.
5:21; Ro. 6:13; Ef. 2:5).
También se le compara a la creación, por cuanto es un acto creativo de Dios (2
Co. 5:17; Ef. 2:10; 4:24).
Las
tres Personas de la Trinidad están involucradas en la regeneración del
creyente. El Padre está relacionado con la regeneración en Santiago 1:17-18. Al
Señor Jesucristo se le revela frecuentemente involucrado en la regeneración
(Jn. 5:21; 2 Co. 5:18; 1 Jn. 5:12). Parece, sin embargo, que, como en otras
obras de Dios donde las tres personas están involucradas, el Espíritu Santo es
específicamente el Regenerador, como se declara en Juan 3:3-7 y Tito 3:5. Puede
observarse un paralelo en el nacimiento de Cristo, en el cual Dios fue su
Padre, la vida del Hijo estaba en Cristo y aun así fue concebido del Espíritu
Santo.
C. VIDA ETERNA IMPARTIDA
POR LA REGENERACIÓN
El
concepto central de la regeneración es que un creyente el cual en un principio estaba
muerto espiritualmente ahora ha recibido vida eterna. Para describir esto se usan
tres figuras. Una es la idea de nacer de nuevo, o la figura de renacer. En la conversación
de Cristo con Nicodemo Él dijo: «Os es necesario nacer de nuevo.»
Aparece
en contraste con el nacimiento humano en Juan 1:13. En una segunda figura, la
de la resurrección espiritual, se declara a un creyente en Cristo como «vivo de
entre los muertos» (Ro. 6:13). En Efesios 2:5 se declara que Dios, «aun estando
nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo», literalmente
«nos hizo vivos junto con Cristo». En la tercera figura, la de la nueva
creación, el creyente es exhortado a «y vestíos del nuevo hombre, creado según
Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Ef. 4:24). En 2 Corintios 5:17 el
pensamiento se hace claro: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» Las
tres figuras hablan de la nueva vida, la cual se recibe por fe en Cristo.
Dada la
naturaleza del acto del nuevo nacimiento, la resurrección espiritual y la creación,
está claro que la regeneración no es llevada a cabo por ninguna buena obra del
hombre. No es un acto de la voluntad humana en sí misma, y no es producida por ninguna
ordenanza de la iglesia tal como el bautismo por agua. Es enteramente un acto sobrenatural
de Dios en respuesta a la fe del hombre.
De
igual manera, la regeneración debe distinguirse de la experiencia que le sigue.
La regeneración es instantánea y es inseparable de la salvación. Una persona
salvada en forma genuina tendrá una experiencia espiritual subsiguiente, pero
la experiencia es la evidencia de la regeneración, no la regeneración misma. En
un sentido es posible decir que experimentamos el nuevo nacimiento, pero lo que
queremos significar con esto es que experimentamos los resultados del nuevo
nacimiento.
D. LOS RESULTADOS DE LA
REGENERACIÓN
En
muchos aspectos, la regeneración es el fundamento sobre el cual está edificada nuestra
total salvación. Sin nueva vida en Cristo no hay posibilidad de recibir los
otros aspectos de la salvación tales como la morada del Espíritu, la
justificación, o todos los otros resultados ulteriores. Sin embargo, hay
algunas características que son inmediatamente evidentes en el mismo hecho de
la regeneración.
Cuando
un creyente recibe a Cristo por la fe, es nacido de nuevo y en el acto del
nuevo nacimiento recibe una nueva naturaleza. Esto es a lo que la Biblia hace
referencia como al «nuevo hombre» (Ef. 4:24), del cual se nos exhorta a que
«nos vistamos», en el sentido de que deberíamos aprovecharnos de su
contribución a nuestra nueva personalidad. A causa de la nueva naturaleza, un
creyente en Cristo puede experimentar a menudo un cambio drástico en su vida,
en su actitud hacia Dios y en su capacidad de tener victoria sobre el pecado.
La nueva naturaleza está modelada en conformidad con la naturaleza de Dios
mismo y es algo diferente de la naturaleza humana de Adán antes de pecar, la
cual era completamente humana, aunque sin pecado. La nueva naturaleza tiene
cualidades divinas y anhela las cosas de Dios.
Aunque
en sí misma no tiene el poder de cumplir sus deseos aparte del Espíritu Santo, da
una nueva dirección a la vida y una nueva aspiración para alcanzar la voluntad
de Dios.
Mientras
que la regeneración en sí misma no es una experiencia, la nueva vida recibida en
la regeneración da al creyente nueva capacidad para la experiencia. Antes fue ciego,
y ahora puede ver. Antes estaba muerto, ahora está vivo a las cosas
espirituales.
Antes
era extraño de Dios y fuera de la comunión; ahora tiene una base para la comunión
con Dios y puede recibir el ministerio del Espíritu Santo. En la proporción que
el cristiano se entrega a sí mismo a Dios y obtiene la provisión de Dios, su
experiencia será maravillosa, una demostración sobrenatural de lo que Dios
puede hacer con una vida que está rendida a Él.
Otro
aspecto importante de tener la vida eterna es que es el terreno para la
seguridad eterna. Aunque algunos han enseñado que la vida eterna puede perderse
y que una persona que ha sido una vez salva puede perderse si se aparta de la
fe, la misma naturaleza de la vida eterna y del nuevo nacimiento impiden una
vuelta atrás en esta obra de Dios. Es primeramente una obra de Dios, no de
hombre, que no depende de ninguna dignidad humana. Si bien la fe es necesaria,
no es considerada una buena obra la cual merece la salvación, sino más bien
abre el canal a través del cual Dios puede obrar en la vida individual. Así
como el nacimiento natural no puede ser invertido, de la misma manera el
nacimiento espiritual tampoco puede serlo; una vez efectuado, asegura al
creyente que Dios siempre será su Padre Celestial. De igual manera, la resurrección
no puede ser revocada, puesto que somos elevados a una nueva orden de seres por
un acto de Dios.
El
nuevo nacimiento como un acto de la creación es otra evidencia que una vez que
se realiza continúa para siempre. El hombre no puede en sí mismo anular esta
creación.
La
doctrina de la seguridad eterna, de acuerdo a esto, descansa sobre la pregunta
de si la salvación es una obra de Dios o del hombre, si es enteramente por
gracia o basada en los méritos humanos. Aunque el nuevo creyente en Cristo
puede fallar en lo que él debería ser como un hijo de Dios, así como se da en
el caso del parentesco humano, esto no altera el hecho de que él ha recibido
una vida que es eterna. También es cierto que la vida eterna que tenemos ahora
se expresa sólo parcialmente en la experiencia espiritual. Tendrá su gozo final
en la presencia de Dios en los cielos.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
significa regeneración?
2. ¿Qué
pasajes importantes sobre la regeneración se encuentran en el Nuevo Testamento,
y qué enseñan en general?
3. ¿Cómo
están involucradas las tres personas de la Trinidad en la regeneración del creyente?
4.
Describir la regeneración como está revelada en la figura del renacimiento.
5. ¿Por
qué se le llama al nuevo nacimiento la resurrección espiritual?
6. ¿Cómo
el hecho de que un creyente en Cristo es una nueva criatura es un resultado de
la regeneración?
7. ¿Por
qué es imposible para la voluntad humana en sí misma producir el nuevo nacimiento?
8. ¿En
qué sentido la regeneración no es una experiencia?
9. ¿Cómo
se relaciona la experiencia con la regeneración?
10. ¿De
qué manera es la nueva naturaleza un resultado de la regeneración?
11. ¿Qué
nuevas experiencias vendrán a un creyente regenerado?
12. ¿Cómo
se relaciona la regeneración con la seguridad eterna?
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU
MORADA Y SELLAMIENTO
A. UNA NUEVA CARACTERÍSTICA
DE LA EDAD PRESENTE
Aunque
el Espíritu de Dios estaba con los hombres en el Antiguo Testamento y era la fuente
de sus nuevas vidas y los significados de la victoria espiritual, no hay
evidencia de que todos los creyentes en el Antiguo Testamento tenían al
Espíritu morando en ellos.
Esto se
explica por el silencio en el Antiguo Testamento sobre esta doctrina y por la enseñanza
expresa de Jesucristo, cuando contrasta la situación del Antiguo Testamento con
la edad presente en las palabras «porque mora con vosotros, y estará en
vosotros» (Jn. 14:17). El creyente como morada del Espíritu es una
característica de la edad presente que se repetirá en el reino milenial, pero
que no se encuentra en otro período.
B. LA MORADA UNIVERSAL DEL
ESPÍRITU SANTO EN LOS CREYENTES
Aunque
los cristianos pueden variar grandemente en poder espiritual y en la manifestación
de frutos del Espíritu, la Escritura enseña plenamente que cada cristiano tiene
al Espíritu de Dios morando en él desde el día de Pentecostés. Algunas demoras temporales
de esta experiencia que se ven en algunas ocasiones en Hechos (8:14- 17; 19:1-6)
fueron circunstancias excepcionales, no normales, y debidas al carácter transitorio
del libro de los Hechos. El hecho de su morada está mencionado en tantos pasajes
en la Biblia que no debería ser cuestionado por nadie que reconozca la autoridad
de la Escritura (Jn. 7:37-39; Hch. 11:17; Ro. 5:5; 8:9, 11; 1 Co. 2:12; 6:19- 20;
12:13; 2 Co. 5:5; Gá. 3:2; 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13). Estos pasajes dejan en claro
que antes del día de Pentecostés la dispensación del Antiguo Testamento -en la
cual solamente algunos tenían ese privilegio estaba en vigencia, pero después
de Pentecostés la obra normal del Espíritu ha sido el morar en cada cristiano.
Romanos
8:9 sostiene la morada universal del Espíritu declarando que en la era presente
«si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de El». De igual manera, en Judas
19 a los no creyentes se les describe como «no teniendo el Espíritu». Aun los cristianos
que están viviendo fuera de la voluntad de Dios y están sujetos al castigo de Dios,
sin embargo tienen cuerpos, los cuales son los templos del Espíritu Santo.
Pablo usa este argumento en 1 Corintios 6:19 para exhortar a los corintios
carnales a que eviten los pecados contra Dios, porque sus cuerpos son hechos
santos por la presencia del Espíritu Santo.
Se
declara repetidamente que el Espíritu Santo es un don de Dios, y un don, por su
naturaleza, es algo sin mérito de parte del que lo recibe (Jn. 7:37-39 Hch.
11:17; Ro. 5:5; 1 Co. 2:12; 2 Co. 5:5). De igual manera, el alto nivel de vida
que se requiere de los cristianos que quieren caminar con el Señor presupone la
presencia interna del Espíritu Santo para proveer la capacitación divina
necesaria. Así como los reyes y sacerdotes eran ungidos y puestos aparte para
sus tareas sagradas, de igual forma el cristiano es ungido por el Espíritu
Santo en el momento de la salvación, y por la presencia interna del Espíritu
Santo es puesto aparte para su nueva vida en Cristo (2 Co. 1:21; 1 Jn. 2:20, 27).
El ungimiento es universal, ocurre en el momento de la salvación, y doctrinalmente
es lo mismo que el morar del Espíritu.
La
enseñanza de que uno es ungido en forma subsiguiente a la salvación y que es
una segunda obra de gracia, o que sólo es posible cuando se está lleno del
Espíritu Santo, no es la enseñanza de la Escritura.
C. PROBLEMAS EN LA DOCTRINA
DEL MORAR DEL ESPÍRITU
El
hecho de que cada creyente es morada del Espíritu ha sido a veces desafiado
sobre la base de pasajes problemáticos. De acuerdo a tres pasajes en el Antiguo
Testamento y los evangelios (1 5. 16:14; Sal. 51:11; Lc. 11:13), algunos han
creído que uno que posea el Espíritu puede perderlo. La oración de David (Sal.
51:11) para que no le fuera quitado el Espíritu de Dios, como fue la
experiencia de Saúl (1 5. 16:14), está basada en la vigencia del Antiguo
Testamento. Entonces no era normal que todos le tuvieran consigo morando, y, de
acuerdo a ello, lo que les había sido dado en forma soberana, de la misma
manera podría serle quitado.
Tres
pasajes en los Hechos parecen también implicar un problema en la morada universal
del Espíritu. En Hechos 5:32 se describe al Espíritu Santo como Uno «el cual ha
dado Dios a los que le obedecen». Sin embargo, la obediencia, aquí, es la obediencia
al Evangelio, puesto que la Escritura indica claramente que algunos quienes son
parcialmente desobedientes aún poseen el Espíritu. La demora en administrar el Espíritu
a aquellos quienes oyeron el evangelio a través de Felipe en Samaria fue ocasionada
por la necesidad de conectar esta nueva obra del Espíritu con la de los apóstoles
en Jerusalén. De acuerdo a esto, el dar el Espíritu fue demorado hasta que les
impusieron las manos (Hch. 8:17), pero ésta no era la situación normal, como se
ilustra en la conversión de Cornelio, quien recibió el Espíritu sin la
imposición de manos.
La
situación en Hechos 19:1-6 parece referirse a aquellos quienes habían creído en
Juan el Bautista, pero que nunca habían creído en Cristo. Ellos recibieron el
Espíritu cuando Pablo impuso sus manos sobre ellos, pero otra vez ésta es más
bien una situación anormal que normal y no se ha vuelto a repetir. El
ungimiento en 1 Juan 2:20 (referido como «unción») y en 1 Juan 2:27, si se
interpreta correctamente, se relaciona al acto inicial de morar, más que a una
obra subsiguiente del Espíritu. En cada ocasión de ungimiento en el Nuevo
Testamento, ya sea que se refiera al período antes o después de Pentecostés, el
ungimiento del Espíritu es un acto inicial (Lc. 4:18; Hch. 4:27; 10:38; 2 Co.
1:21; 1 Jn. 2: 20, 27). Así las dificultades en esta doctrina desaparecen con
un estudio cuidadoso de los pasajes en los cuales se plantean los problemas.
D. EL MORAR DEL ESPÍRITU EN
CONTRASTE CON OTROS MINISTERIOS
Dado
que algunas obras del Espíritu acontecen simultáneamente en el creyente en el momento
de su nuevo nacimiento, debe hacerse una cuidadosa distinción entre estas obras
del Espíritu. Por consiguiente, el morar del Espíritu no es lo mismo que la regeneración
del Espíritu, aunque acontecen al mismo tiempo. De igual manera, la regeneración
y el morar del Espíritu Santo no son lo mismo que el bautismo del Espíritu, el
cual será tratado próximamente. El morar del Espíritu no es lo mismo que la plenitud
del Espíritu, puesto que todos los cristianos son morada del Espíritu pero no todos
están llenos del Espíritu. Además, el morar del Espíritu sucede una vez y para siempre,
mientras que la plenitud del Espíritu puede ocurrir muchas veces en la experiencia
cristiana. El morar del Espíritu es, sin embargo, lo mismo que la unción del Espíritu
y el sellamiento del Espíritu.
El
hecho del morar del Espíritu o de su unción es un rasgo característico de esta
era (Jn.
14:17; Ro. 7:6; 8:9; 1 Co. 6: 19-20; 2 Co. 1:21; 3:6; 1 Jn. 2:20, 27). Por
medio del morar del Espíritu el individuo es santificado o apartado para Dios.
En el
Antiguo Testamento el aceite de la unción tipifica a la unción presente por
medio del Espíritu, siendo el aceite uno de los siete símbolos del Espíritu.
1.
Cualquier cosa tocada con el aceite de la unción era, por lo tanto, santificada
(Ex. 40:9-15). De igual manera, el Espíritu ahora santifica (Ro. 15:16; 1 Co.
6:11; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:2).
2. El
profeta era santificado con aceite (1 R. 9:16), de igual forma Cristo era un
profeta por el Espíritu (Is. 61:1; Lc. 4:18), y el creyente es un testigo por
el Espíritu (Hch. 1:8).
3. El
sacerdote era santificado con aceite (Ex. 40:15), igualmente lo fue Cristo en
su sacrificio por medio del Espíritu (He. 9:14), y el creyente por medio del
Espíritu (Ro. 8:26:12:1; Ef. 5:18-20).
4. El rey
era santificado con aceite (1 S.16:12-13), de la misma manera lo fue Cristo por
medio del Espíritu (Sal. 45:7), y el creyente está llamado a reinar por medio
del Espíritu.
5. El
aceite de la unción era para sanidades (Lc. 10:34), sugiriendo la sanidad del
alma en la salvación por el Espíritu.
6. El
aceite hace que la cara brille, lo cual era el aceite del gozo (Sal. 45:7), y
se requería el aceite fresco (Sal. 92:10). El fruto del Espíritu es gozo (Gá.
5:22).
7. En el
mobiliario para el tabernáculo se especifica el aceite para las lámparas (Ex. 25:6).
El
aceite sugiere el Espíritu, el pabilo al creyente como un canal, y la luz el brillo
visible de Cristo. El pabilo debe descansar en el aceite; así el creyente debe caminar
en el Espíritu (Gá. 5:16). El pabilo debe estar libre de obstrucción: así el creyente
no debe resistir el Espíritu (1 Ts. 5:19). El pabilo debe estar arreglado; así
el creyente debe ser limpiado por la confesión del pecado (1 Jn. 1:9).
El
aceite de la santa unción (Ex. 30:22-25) estaba compuesto por cuatro especias añadidas
al aceite como base. Estas especias representan virtudes peculiares que se encuentran
en Cristo. Así, este compuesto simboliza al Espíritu tomando la misma vida y
carácter de Cristo y aplicándola al creyente. Este aceite en ninguna manera
podía ser aplicado a la carne humana (Jn. 3:6; Gá. 5:17). No podía ser imitado,
lo cual indica que Dios no puede aceptar nada sino la manifestación de la vida,
la cual es Cristo (Fil. 1:21). Cada artículo del mobiliario en el tabernáculo
debía de ser ungido y, por consiguiente, apartado para Dios, lo que sugiere que
la dedicación del creyente debe ser completa (Ro. 12:1-2).
E. EL SELLAMIENTO DEL
ESPÍRITU
El
morar del Espíritu Santo se representa como el sello de Dios en tres pasajes en
el Nuevo Testamento (2 Co. 1:22; Ef. 1:13; 4:30). En cada consideración
importante el sellamiento del Espíritu es enteramente una obra de Dios. A los
cristianos nunca se les exhorta a buscar el sellamiento del Espíritu, puesto
que cada cristiano ya ha sido sellado. El sellamiento del Espíritu Santo, por
lo tanto, es tan universal como la morada del Espíritu Santo y ocurre en el
momento de la salvación.
Efesios
1:13 dice: «Habiendo creído en El, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de
la promesa.» En otras palabras, el creer y el recibir ocurren al mismo tiempo.
No es, por lo tanto, ni un trabajo subsiguiente de la gracia ni una recompensa
por la espiritualidad. Los cristianos efesios fueron exhortados: «Y no
contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de
la redención» (Ef. 4:30). Aun cuando ellos pecaran y contristaran al Espíritu,
sin embargo estaban sellados para el día de la redención, esto es, hasta el día
de la resurrección o transformación, cuando recibieran nuevos cuerpos y ya no
pecaran más.
Como el
morar del Espíritu, el sellamiento del Espíritu no es una experiencia, sino un hecho
para ser aceptado por la fe. El sellamiento del Espíritu es una parte tremendamente
significativa de la salvación del cristiano e indica su seguridad, y que es
propiedad de Dios. En adición a lo anterior, es el símbolo de una transacción terminada.
El cristiano está sellado hasta el día de la redención de su cuerpo y su presentación
en gloria. Tomado como un todo, la doctrina de la presencia moradora del
Espíritu Santo como nuestro sello trae gran seguridad y confortamiento al
corazón de cada creyente que entienda esta gran verdad.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
evidencias sostienen la conclusión de que el morar del Espíritu en cada creyente
es una característica distintiva de la edad presente?
2. ¿Qué
pasajes importantes en el Nuevo Testamento enseñan en forma incuestionable la
morada universal del Espíritu Santo en los creyentes?
3. ¿Por
qué la morada del Espíritu Santo es necesaria para el alto nivel de vida espiritual
del creyente?
4. ¿Cómo
puede definirse la unción del Espíritu?
5. ¿Qué
problemas en la doctrina del morar del Espíritu se levantan por medio de tales pasajes
como 1 Samuel 16:14; Salmo 51:11; Lucas 11:13?
6. ¿Cuál
es la explicación de Hechos 5:32 en relación a la morada universal del
Espíritu?
7. ¿Por
qué el dar del Espíritu Santo fue demorado de acuerdo a Hechos 8:17?
8. ¿Cómo
puede ser explicado el problema de Hechos 19:1-6 en relación a la morada universal
del Espíritu?
9. ¿Cómo
puede contrastarse el morar del Espíritu Santo con la regeneración?
10. ¿Cómo
puede contrastarse el morar del Espíritu Santo con el bautismo del Espíritu?
11. ¿Cómo
puede contrastarse el morar del Espíritu con la plenitud del Espíritu Santo?
12. ¿Cómo
el aceite de la unción usado en el Antiguo Testamento tipifica la obra del Espíritu
Santo?
13. ¿Cuál
es el significado de las cuatro especias añadidas al aceite santo de la unción en
el Antiguo Testamento?
14. ¿Cuál
es la relación entre el morar y el sellar del Espíritu?
15.
Explicar el verdadero significado de Efesios 1:13.
16. ¿Cómo
se relaciona el sellamiento del Espíritu con la experiencia espiritual?
17. ¿Cómo
se relaciona el sellamiento del Espíritu con la seguridad eterna?
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU
BAUTISMO
A. EL SIGNIFICADO DEL
BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO
Probablemente
ninguna otra doctrina del Espíritu Santo ha creado más confusión que el bautismo
del Espíritu. Mucho de esto se deriva del hecho de que el bautismo del Espíritu
comenzó al mismo tiempo en que ocurrían otras grandes obras del Espíritu, tales
como la regeneración, la morada y el sellamiento. También en algunas ocasiones el
bautismo del Espíritu y la plenitud del Espíritu ocurren al mismo tiempo. Esto
ha guiado a algunos expositores a hacer sinónimos de estos dos acontecimientos.
El conflicto en la interpretación, sin embargo, se resuelve si uno examina
cuidadosamente lo que la Escritura dice con relación al bautismo del Espíritu.
En total hay once referencias específicas al bautismo del Espíritu en el Nuevo
Testamento (Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33; Hch. 1:5; 11:16;
Ro. 6:1-4; 1 Co. 12:13; Gá. 3:27; Ef. 4:5; Col. 2:12).
B. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU
SANTO ANTES DE PENTECOSTÉS
Al
examinar las referencias en los cuatro evangelios y en Hechos 1:5, se aclara
que el bautismo del Espíritu es considerado en cada caso como un acontecimiento
futuro, el cual nunca había ocurrido previamente. No hay mención del bautismo
del Espíritu en el Antiguo Testamento, y los cuatro evangelios se unen con
Hechos 1:5 en anticipar el bautismo del Espíritu como un evento futuro. En los
evangelios, el bautismo del Espíritu se presenta como una obra la cual Cristo
hará por medio del Espíritu Santo como su agente, como, por ejemplo, en Mateo
3:11, donde Juan el Bautista predice que Cristo «Os Bautizará En Espíritu Santo Y Fuego».
La
referencia al bautismo por fuego parece hacer alusión a la segunda venida de
Cristo y los juicios que ocurrirán en ese tiempo, y también se menciona en
Lucas 3:16, pero no en Marcos 1:8 o en Juan 1: 33. A veces la intervención del
Espíritu Santo se expresa por el uso de la preposición griega en, como en Mateo 3:11, Lucas 3:16 y Juan
1:33. Ya sea que la preposición se use o no, el pensamiento es claro en cuanto
a que Cristo bautizó por el Espíritu Santo. Algunos han tomado esto como algo
diferente del bautismo del Espíritu del que se habla en Hechos y en las
Epístolas, pero el punto de vista preferible es que el bautismo del Espíritu es
el mismo en todo el Nuevo Testamento.
El
bautismo en cualquier caso es por medio del Espíritu Santo. La norma de la
doctrina es expresada por Cristo mismo cuando Él contrastó su bautismo,
administrado por Juan, con el futuro bautismo de los creyentes por medio del
Espíritu Santo, lo cual ocurriría después de su ascensión. Cristo dijo: «Porque Juan ciertamente
bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro
de no muchos días» (Hch. 1:5).
C. TODOS LOS CRISTIANOS SON
BAUTIZADOS POR EL ESPÍRITU EN LA EDAD PRESENTE
A causa
de la confusión en cuanto a la naturaleza y tiempo del bautismo del Espíritu, no
siempre ha sido reconocido que cada cristiano es bautizado por el Espíritu
dentro del cuerpo de Cristo en el momento de su salvación. Este hecho es
destacado en el pasaje central sobre el bautismo del Espíritu en el Nuevo Testamento
en 1 Corintios 12:13. Allí se declara: «Porque por un solo Espíritu fuimos
todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y
a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu En este pasaje la preposición
griega «en» es traducida
correctamente «por», en lo
que se llama el uso instrumental de esta preposición. Este uso instrumental es
ilustrado por medio de la misma preposición en Lucas 4: 1, donde se dice que
fue «llevado por el Espíritu
al desierto», y por la expresión «por vosotros» en 1
Corintios 6:2, por la expresión «por
medio de El» en Colosenses 1: 16 y por la
frase «en Dios Padre» en Judas
1. El argumento de que la preposición no es usada con respecto a personas en la
Escritura está errado. De acuerdo a ello, si bien es verdad, como se indica en
1 Corintios 2:13, que por el bautismo del Espíritu entramos en una nueva
relación del Espíritu, la enseñanza no es tanto que seamos traídos dentro del
Espíritu como que por medio del Espíritu somos traídos dentro del cuerpo de
Cristo. La expresión «todos nosotros» se
refiere claramente a todos los cristianos, no a todos los hombres, y no de estar
limitada a algún grupo de cristianos en particular. La verdad es más bien que cada
cristiano desde el momento que es salvo es bautizado por el Espíritu dentro del
cuerpo de Cristo. Así, Efesios 4:5 se refiere a «un Señor, una fe, un bautismo».
Mientras
que los rituales del bautismo por agua varían, hay un solo bautismo del Espíritu.
La universalidad de este ministerio se destaca tan por el hecho de que en la Escritura
el cristiano nunca es exhortado a que sea bautizado por el Espíritu, mientras sí
se le exhorta a ser lleno del Espíritu (Ef. 5:18).
D. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU
DENTRO DEL CUERPO DE CRISTO
Por
medio del bautismo del Espíritu se cumplen dos resultados importantes. El
primero, que el creyente es bautizado o ubicado dentro del cuerpo de Cristo;
relacionado esto es la segunda figura del bautismo en Cristo mismo. Estos dos
resultados simultáneos del bautismo del Espíritu son tremendamente
significativos. Por medio del bautismo: del Espíritu el creyente es colocado
dentro del cuerpo Cristo en la unión viviente de todos los creyentes verdaderos
en la edad presente. Aquí el bautismo tiene su significado primario en el hecho
de ser ubicado, iniciado, y en que nos ha sido dada una relación nueva y
permanente. Por consiguiente, el bautismo del Espíritu relaciona a los creyentes
con todo el cuerpo de la verdad que se revela en la Escritura concerniente al cuerpo
de Cristo.
El
cuerpo de los creyentes, formado así por el bautismo del Espíritu y aumentado a
medida que los miembros adicionales son añadidos, se menciona frecuentemente en
las Escrituras (Hch. 2:47; 1 Co. 6:15; 12:12-14; Ef. 2:16; 4:4-5, 16; 5:30-32;
Col. 1:24; 2:19). Cristo es la Cabeza de su cuerpo y el Único que dirige sus actividades
(1 Co. 11:3; Ef. 1:22-23; 5:23-24; Col. 1:18). El cuerpo así formado y dirigido
por Cristo también es nutrido y cuidado por Cristo (Ef. 5:29; Fil. 4:13; Col. 2:19).
Una de las obras de Cristo es la de santificar el cuerpo de Cristo en
preparación para su presentación en gloria (Ef. 5: 25-27).
Como
miembro del cuerpo de Cristo, al creyente se le dan también dones o funciones especiales
en el cuerpo de Cristo (Ro. 12:3-8; 1 Co. 12:27-28; Ef. 4:7-16). Siendo colocado
dentro del cuerpo de Cristo por medio del Espíritu Santo, no sólo es segura la unidad
del cuerpo, sin distinción de raza, cultura o fondo social, sino que también es
seguro que cada creyente tiene su lugar y función particulares y su oportunidad
para servir a Dios sin el armazón de su propia personalidad y dones. El cuerpo
como un todo es «unido
entre sí» (Ef. 4: 16); esto es, aunque los
miembros difieran, el cuerpo como un todo está bien planeado y organizado.
E. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU
EN CRISTO
En
adición a su relación con respecto a los otros creyentes en el cuerpo de
Cristo, el que es bautizado por el Espíritu tiene una nueva posición en cuanto
a estar en Cristo. Esto fue anticipado en la predicción de Juan 14:20, donde
Cristo dijo la noche antes de su crucifixión: «En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi
Padre, y vosotros
en mí, y yo en vosotros.» La expresión «vosotros en mí» anticipaba
el futuro bautismo del Espíritu.
Como
consecuencia de que el creyente está en Cristo, es identificado en lo que
Cristo hizo en su muerte, resurrección y glorificación. Esto se presenta en
Romanos 6:1-4, donde se declara que el creyente es bautizado en Jesucristo y en
su muerte, y si lo es en su muerte, está sepultado y resucitado con Cristo.
Esto ha sido tomado a menudo para representar el rito del bautismo por agua,
pero en cualquier caso también representa la obra del Espíritu Santo, sin la
cual el rito sería carente de significado. Un pasaje similar se encuentra en
Colosenses 2:12. Nuestra identificación con Cristo a través del Espíritu es una
base importante para todo lo que Dios hace por el creyente en el tiempo y la
eternidad.
Dado
que un creyente está en Cristo, él también tiene la vida de Cristo, la cual es compartida
por la cabeza con el cuerpo. La relación de Cristo con el cuerpo como su Cabeza
también se relaciona con la dirección soberana de Cristo de su cuerpo, del mismo
modo como la mente dirige al cuerpo en el cuerpo humano de los creyentes.
F. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU
EN RELACIÓN CON LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL
En
vista del hecho de que cada cristiano es bautizado por el Espíritu en el
momento de su salvación, está claro que el bautismo es una obra de Dios para
ser comprendida y recibida por la fe. Aunque la experiencia espiritual
subsiguiente puede confirmar el bautismo del Espíritu, el bautismo no es una
experiencia en sí mismo. Por ser universal y relacionado con nuestra posición
en Cristo, el bautismo es un acto instantáneo de Dios y no es una obra para ser
buscada después de haber nacido de nuevo.
Se ha
originado mucha confusión por la afirmación de que los cristianos deberían buscar
el bautismo del Espíritu especialmente como se manifestaba en el hablar en lenguas
en la Iglesia primitiva. Mientras que en los tres ejemplos en Hechos (caps. 2,
10 y 19) los creyentes hablaron en lenguas en el tiempo de su bautismo por el
Espíritu, queda claro que esto fue excepcional y relacionado al carácter
transitorio del libro.
En
todos los otros ejemplos donde figura la salvación no hay mención del hablar en
lenguas como algo que acompañe al bautismo del Espíritu.
Más
adelante, es bastante claro que mientras que todos los cristianos son
bautizados por el Espíritu, no todos los cristianos hablaron en lenguas en la
Iglesia primitiva Por lo tanto, el concepto de buscar el bautismo del Espíritu
como un medio de una obra excepcional de Dios en la vida del cristiano es sin
fundamento escritural. Aun la plenitud del Espíritu no se manifiesta en hablar
en lenguas, sino más bien en el fruto del Espíritu, como se menciona en Gálatas
5: 22-23. El hecho es que los cristianos corintios hablaron en lenguas sin
estar llenos del Espíritu.
A veces
se alega un error similar, el cual sostiene que hay dos bautismos del Espíritu,
uno en Hechos 2 y el otro en 1 Corintios 12:13.
Una
comparación de la conversión de Cornelio en Hechos 10-11 con Hechos 2 aclara
que lo que le ocurrió a Cornelio, un gentil, fue exactamente lo mismo que lo
que les había ocurrido a los discípulos en el día de Pentecostés. Pedro dice en
Hechos 11:15-17: «y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos
también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por
el Señor, cuando dijo: «Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis
bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo
don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que
pudiese estorbar a Dios ?» Considerando que el bautismo del Espíritu coloca al
creyente dentro del cuerpo de Cristo, es, pues, la misma obra de Hechos 2 a
través de la presente dispensación.
El
bautismo del Espíritu Santo es, por lo tanto, importante, puesto que es la obra
del
Espíritu que
nos coloca en una nueva unión con Cristo y nuestros hermanos creyentes, una
nueva posición en Cristo. Es la base para la justificación y para toda la obra
de Dios, la cual presenta al final al creyente perfecto en gloria.
PREGUNTAS
1. ¿Cómo
distinguiría el bautismo del Espíritu, de la obra del Espíritu en la regeneración,
morada y sellamiento?
2. ¿Cómo
distinguiría el bautismo del Espíritu de la plenitud del Espíritu?
3. ¿Por
qué ha habido confusión entre el bautismo del Espíritu y otras obras del Espíritu?
4. ¿Cuál
es el significado del hecho de que el bautismo en Espíritu en los cuatro evangelios
y en Hechos 1 se mencione como una obra futura?
5. ¿Qué
evidencia puede alegarse respecto a que todos los cristianos son bautizados por
el Espíritu en la edad presente?
6. ¿Por
qué nunca se exhorta a los cristianos que sean bautizados por el Espíritu?
7. ¿Cuál
es el significado de ser bautizado dentro del cuerpo de Cristo?
8. ¿Cómo
indica la figura del cuerpo de Cristo que Cristo dirige la Iglesia?
9. ¿Cómo
presenta la figura del cuerpo de Cristo dones especiales dados a los creyentes?
10. ¿Qué
verdades especiales son presentadas por el bautismo del Espíritu en Cristo?
11. ¿Cómo
se relaciona el bautismo en Cristo a nuestra identificación con El en su muerte,
resurrección y glorificación?
12. ¿Cómo
el bautismo en Cristo sostiene la idea de que compartimos la vida eterna?
13. ¿Por
qué el bautismo del Espíritu no es en sí mismo una experiencia espiritual?
14. ¿Es
necesario el hablar en lenguas para ser bautizado por el Espíritu?
15. ¿Es
necesario hablar en lenguas para ser llenado por el Espíritu?
16. ¿Qué
es lo que está incorrecto en la enseñanza que el bautismo del Espíritu en Hechos
2 difiere del bautismo del Espíritu en 1 Corintios 12: 13?
17.
Resumir la importancia del bautismo del Espíritu como una obra relacionada con nuestra
salvación.
DIOS EL ESPÍRITU SANTO: SU
PLENITUD
A. DEFINICIÓN DE LA
PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO
En
contraste con la obra del Espíritu Santo en la salvación tales como la
regeneración, el morar, el sellamiento y el bautismo, la plenitud del Espíritu
se relaciona a la experiencia cristiana, al poder y al servicio. Las obras del
Espíritu en relación a la salvación son de una vez y para siempre, pero la
plenitud del Espíritu es una experiencia repetida y se menciona frecuentemente
en la Biblia.
En una
escala limitada, se puede observar la plenitud del Espíritu en ciertos
individuos antes de Pentecostés (Ex. 28:3; 31:3; 35:31; Lc. 1:15, 41, 67; 4:1).
Sin lugar a dudas, hay muchos otros ejemplos donde el Espíritu de Dios vino
sobre individuos y los capacitó en poder para el servicio. En el total, sin
embargo, unos pocos fueron llenos del Espíritu antes del día de Pentecostés, y
la obra del Espíritu parece estar relacionada al soberano propósito de Dios de
cumplir alguna obra especial en los individuos. No hay indicación de que la
plenitud del Espíritu hubiera estado abierta a cada uno que rindiera su vida al
Señor antes de Pentecostés.
Comenzando
con el día de Pentecostés, amaneció una nueva edad en la cual el Espíritu Santo
obraría en cada creyente. Entonces todos fueron hechos morada del Espíritu y podrían
ser llenados si El encontraba las condiciones propicias. Esta conclusión está confirmada
por numerosas ilustraciones en el Nuevo Testamento (Hch. 2:4; 4:8,31; 6:3,5;
7:55; 9:17; 11:24; 13:9, 52; Ef. 5:18).
La
plenitud del Espíritu puede definirse como un estado espiritual donde el
Espíritu Santo está cumpliendo todo lo que El vino a hacer en el corazón y vida
del creyente individual. No es un asunto de adquirir más del Espíritu, sino más
bien que el Espíritu de Dios vaya tomando posesión del individuo. En lugar de
ser una situación anormal y poco frecuente, como lo era antes de Pentecostés,
el ser llenado por el Espíritu en la edad presente es normal, si bien no es lo
usual, en la experiencia del cristiano. A cada cristiano se le ordena ser lleno
del Espíritu (Ef. 5: 18), y el no estar llenos del Espíritu es estar en un
estado de desobediencia parcial.
Hay una
diferencia apreciable en el carácter y calidad en la vida diaria de los cristianos.
Pocos pueden caracterizarse por estar llenos del Espíritu. Esta falta, sin embargo,
no se debe a una falla de parte de Dios en su provisión, sino más bien es falla
de la parte del individuo en apropiarse de esta provisión y permitir al
Espíritu Santo llenar su vida. El estado de estar lleno del Espíritu debería de
contrastarse con la madurez espiritual. Un cristiano nuevo quien haya sido
salvo recientemente puede ser lleno con el Espíritu y manifestar el poder del
Espíritu Santo en su vida. Sin embargo, la madurez viene sólo a través de
experiencias espirituales, las cuales pueden extenderse toda una vida y abarcan
un crecimiento en conocimiento, la continua experiencia de ser llenado con el
Espíritu, y una madurez en juicio sobre cosas espirituales.
Así
como un niño recién nacido puede ser vehemente, de la misma manera un cristiano
puede ser lleno con el Espíritu; pero, al igual que un recién nacido, sólo la
vida y la experiencia pueden sacar a relucir las cualidades espirituales que
pertenecen a la madurez. Este es el porqué de que numerosos pasajes de la
Biblia hablen del crecimiento. El trigo crece hasta la cosecha (Mt. 13:30).
Dios obra en su iglesia a través de hombres dotados con dones personales para
perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y para edificar el cuerpo
de Cristo de manera que los cristianos puedan crecer en la fe y en estatura
espiritual (Ef. 4: 11-16). Pedro habla de los bebés espirituales, que necesitan
la leche espiritual para crecer (1 P. 2:2), y exhorta «crecer en la gracia y el
conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 P. 3:18).
Hay una
relación obvia entre la plenitud del Espíritu y la madurez espiritual, y un cristiano
lleno del Espíritu madurará más rápidamente que uno que no lo está. La plenitud
del Espíritu y la madurez espiritual como resultado son los dos factores más importantes
en la ejecución de la voluntad de Dios en la vida de un cristiano y también en
el propósito de Dios de crearle para buenas obras (Ef. 2:10).
Por
consiguiente, la plenitud del Espíritu se cumple en cada creyente cuando él está
completamente rendido al Espíritu Santo, el cual mora en él, resultando en una condición
espiritual en la cual el Espíritu Santo controla y dota de poder al individuo.
Mientras
que puede haber varios grados en la manifestación de la plenitud del Espíritu y
grados en el poder divino, el pensamiento central en la plenitud es que el
Espíritu de Dios es capaz de operar en y a través del individuo sin obstáculo,
cumpliendo la voluntad perfecta de Dios para aquella persona.
El
concepto de la plenitud del Espíritu es sacado a luz en un número de
referencias en el Nuevo Testamento. Es ilustrado preeminentemente en
Jesucristo, quien, de acuerdo a Lucas 4:1, era continuamente «lleno del
Espíritu Santo». Juan el Bautista tuvo la experiencia excepcional de ser llenado
con el Espíritu desde que estaba en la matriz de su madre (Lc. 1:15), y ambos,
su madre Elizabet y su padre Zacarías, fueron temporalmente llenos del Espíritu
(Lc. 1:41, 67). Estos ejemplos están aún dentro del molde del Antiguo
Testamento, en el cual la plenitud del Espíritu era una obra soberana de Dios
que no estaba al alcance de cada individuo.
Comenzando
con el día de Pentecostés, sin embargo toda la multitud fue llena con el Espíritu.
En la Iglesia primitiva el Espíritu de Dios llenaba repetidamente a aquellos
que buscaban la voluntad de Dios, como en el caso de Pedro (Hch. 4:8), el grupo
de cristianos quienes oraban por valor y el poder de Dios (Hch. 4:31), y Pablo
después de su conversión (Hch. 9:17). Algunos se caracterizan por estar en un
continuo estado de plenitud del Espíritu, como se ilustra en los primeros
diáconos (Hch. 6:3) y Esteban el mártir (Hch. 7:55) y Bernabé (Hch. 11:24).
Pablo fue lleno con el Espíritu repetidas veces (Hch. 13:9), y así lo fueron
otros discípulos (Hch. 13:52). En cada caso solamente los cristianos rendidos a
Dios fueron llenados con el Espíritu.
A los
creyentes del Antiguo Testamento nunca se les ordenaba ser llenados con el Espíritu,
aunque en algunas ocasiones fueron amonestados, como Zorobabel, que la obra del
Señor se cumple, «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho
Jehová de los ejércitos» (Zac. 4:6). En la era presente a cada cristiano se le ordena
ser llenado con el Espíritu, como en Efesios 5:18: «No os embriaguéis con vino,
en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.» El ser llenados
con el Espíritu, así como el recibir la salvación por fe, no se cumple, sin
embargo, por esfuerzo humano, más bien es por permitir a Dios que cumpla su
obra en la vida del individuo. En la Escritura está claro que un cristiano
puede ser genuinamente salvo sin ser llenado con el Espíritu, y, por lo tanto,
la plenitud del Espíritu no es una parte de la salvación misma. La plenitud del
Espíritu también puede ser contrastada con la obra hecha de una vez y para
siempre que es cumplida en el creyente cuando éste es salvo.
La
plenitud del Espíritu, si bien puede ocurrir en el momento de la salvación,
ocurre una y otra vez en la vida de un cristiano consagrado, y debería ser una
experiencia normal de que los cristianos tuviesen esta constante plenitud del
Espíritu.
El
hecho de que la plenitud del Espíritu es una experiencia repetida, se hace
notorio en el tiempo presente del mandamiento en Efesios 5:18: «sed llenos del
Espíritu». Traducido literalmente es «manteneos siendo llenados por el
Espíritu». En el texto se compara con un estado de intoxicación en el cual el
vino afecta al cuerpo entero, incluyendo a la actividad mental y a la actividad
física del cuerpo. La plenitud del Espíritu no es, por lo tanto, una
experiencia que sucede una vez y para siempre. No está correcto llamarla una
segunda obra de gracia, puesto que ocurre una y otra vez.
Indudablemente,
la experiencia de ser llenado con el Espíritu por primera vez es muy fuerte en
la vida del cristiano y puede ser un hito que eleve la experiencia cristiana a un
nuevo nivel. Sin embargo, el cristiano depende de Dios para la continua
plenitud del Espíritu, y ningún cristiano puede vivir en el poder espiritual de
ayer.
De la
naturaleza de la plenitud del Espíritu puede concluirse que la amplia
diferencia en la experiencia espiritual observada en cristianos y los varios
grados de conformidad a la mente y voluntad de Dios pueden ser atribuidos a la
presencia o ausencia de la plenitud del Espíritu. El que desea hacer la
voluntad de Dios debe, por consiguiente, entrar por completo en el privilegio
que Dios le ha dado al ser morada del Espíritu y tener la capacidad de rendir
completamente su vida al Espíritu de Dios.
B. CONDICIONES PARA LA
PLENITUD DEL ESPÍRITU
Frecuentemente
se han señalado tres sencillos mandamientos como la condición para ser llenados
con el Espíritu. En 1 Tesalonicenses 5: 19 se da el mandamiento: «No apaguéis
al Espíritu.» En Efesios 4:30 se instruye a los cristianos: «y no contristéis
al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la
redención.» Un tercero, como instrucción más positiva, se da en Gálatas 5:16:
«Digo, pues:
Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.» Aunque otros
pasajes arrojan luz sobre estas básicas condiciones para ser llenados con el
Espíritu, estos tres pasajes resumen la idea principal.
1. EL MANDAMIENTO DE «NO APAGUÉIS EL ESPÍRITU», en 1
Tesalonicenses 5: 19, aunque no se explique en su contexto, está usando en
forma obvia La figura del fuego como un símbolo del Espíritu Santo. En la forma
en que se hace mención de apagar el fuego en Mateo 12: 20 y Hebreos 11: 34 se
ilustra lo que se quiere decir. De acuerdo a Efesios 6:16, «el escudo de la fe»
es capaz de «apagar los dardos de fuego del maligno». Por consiguiente, apagar
el Espíritu es ahogar o reprimir al Espíritu y no permitirle que cumpla su obra
en el creyente. Puede definirse simplemente como el decir «No», o de no tener
la voluntad de dejar al Espíritu conducirse a su manera.
El
pecado original de Satanás fue la rebelión contra Dios (Is. 14:14), y cuando un
creyente dice «yo quiero» en lugar de decir como Cristo dijo en Getsemaní: «No
se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22:42), entonces está apagando al
Espíritu.
Para
que pueda experimentar se la plenitud del Espíritu es necesario para un
cristiano que rinda su vida al Señor. Cristo observó que un hombre no puede
servir a dos señores (Mt. 6:24), y a los cristianos se les exhorta
constantemente a que se rindan a sí mismos a Dios. Al hablar de la rendición a
la voluntad de Dios en la vida de un cristiano, Pablo escribió en Romanos 6:
13: «Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.» Aquí se declara
claramente la opción ante cada cristiano: él puede rendirse a sí mismo tanto a Dios
como al pecado.
Un
pasaje similar se encuentra en Romanos 12:1-2. Al presentar la obra de
salvación y santificación en la vida del creyente, Pablo encarece a los
romanos: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que
presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es
vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» En ambos pasajes -Romanos
6:13 y 12:1- se usa la misma palabra griega. El tiempo del verbo está en aoristo, lo
cual significa «rendirse a Dios de una vez y para siempre».
De
acuerdo a esto, la experiencia de ser llenado con el Espíritu sólo puede ser
llevada a cabo cuando un cristiano toma el paso inicial de presentar su cuerpo
en sacrificio vivo.
El
cristiano ha sido preparado para esto por medio de la salvación, lo cual hace
al sacrificio santo y aceptable delante de Dios. Es razonable de parte de Dios
esperar esto habiendo muerto Cristo por este individuo.
Al
presentar su cuerpo, el cristiano debe enfrentar el hecho de que no debe de conformarse
exteriormente al mundo, sino que interiormente debe de ser transformado por el
Espíritu Santo con el resultado de que su mente sea renovada para reconocer los
valores espirituales
El es
capaz de distinguir lo que no es la voluntad de Dios, de lo que es la «buena, agradable
y perfecta voluntad de Dios» (Ro. 12: 2).
La
rendición no se hace en referencia a algún punto en particular, sino que más
bien discierne la voluntad de Dios para la vida en cada asunto particular. Es,
por lo tanto, una actitud de estar deseoso de hacer cualquier cosa que Dios
quiera que el creyente haga. Es el hacer la voluntad final de Dios en su vida y
estar dispuesto a hacer cualquier cosa cuando sea, donde sea y como Dios pueda
dirigirla. El hecho de que la exhortación «no apaguéis el Espíritu» está en
tiempo presente indica que ésta debería ser una experiencia continua iniciada
por el acto de la rendición.
Un
cristiano que desea estar continuamente rendido a Dios encuentra que esta rendición
se relaciona con varios aspectos. Es, en primer lugar, una rendición a la Palabra
de Dios en sus exhortaciones y su verdad. El Espíritu Santo es el supuesto Maestro,
y a medida que va conociendo la verdad, un creyente debe rendirse a ésta a medida
que la va comprendiendo. El rehusar someterse a la Palabra de Dios hace que la
plenitud del Espíritu sea imposible.
La
rendición también se relaciona con la guía. En muchos casos la Palabra de Dios
no es explícita en cuanto a decisiones que un cristiano tiene que enfrentar.
Aquí el creyente debe de ser guiado por los principios de la Palabra de Dios, y
el Espíritu de Dios puede darle la guía sobre las bases de lo que la Escritura
revela. De acuerdo a ello, la obediencia a la guía del Espíritu es necesaria
para la plenitud del Espíritu (Ro. 8:14). En algunos casos el Espíritu puede
ordenar a un cristiano que haga algo y en otras ocasiones puede prohibirle que
siga el curso de una acción. Una ilustración es la experiencia de Pablo, quien
fue impedido de predicar el evangelio en Asia y Bitinia en las primeras etapas
de su ministerio y más tarde se le instruyó que fuera a estas mismas áreas a
predicar (Hch. 16:6-7; 19:10). La plenitud del Espíritu incluye el seguir la
guía del Señor.
Un
cristiano también debe de estar rendido a los hechos providenciales de Dios,
los cuales a menudo acarrean situaciones o experiencias que no son deseadas por
el individuo. De acuerdo a ello, un creyente debe de entender lo que es ser
sumiso a la voluntad de Dios aun cuando ello implique el sufrimiento y sendas
que en sí mismas no son placenteras.
La
suprema ilustración de lo que significa ser llenado con el Espíritu y rendido a
Dios es el Señor Jesucristo mismo. En Filipenses 2:5-11 se revela que Jesús, al
venir a la tierra y morir por los pecados del mundo, estaba deseando ser lo que
Dios había escogido, deseando ir donde Dios había es- cogido y deseando hacer
lo que Dios había escogido.
Un
creyente que desea ser llenado con el Espíritu debe tener una actitud similar
en cuanto a rendición y obediencia.
2. EN CONEXIÓN CON LA PLENITUD DEL ESPÍRITU, SE LE
EXHORTA TAMBIÉN A «NO CONTRISTAR AL ESPÍRITU» (Ef. 4:30). Aquí se presume
que el pecado ha entrado en la vida de un cristiano
y como un hecho de su experiencia ha sobrevenido la falta de rendición. Para poder
entrar en un estado en el que pueda ser llenado con el Espíritu, o para volver
a tal
estado, se le exhorta a que no continúe en su pecado, el cual contrista al
Espíritu Santo.
Cuando en el creyente el Espíritu de Dios es contristado, la comunión, guía, instrucción
y poder del Espíritu son estorbados; el Espíritu Santo, aunque está morando,
no está libre para cumplir su obra en la vida del creyente.
La
experiencia de la plenitud del Espíritu puede ser afectada por las condiciones físicas.
Un cristiano que físicamente está cansado, hambriento o enfermo puede no experimentar
el gozo normal y la paz, los cuales son frutos del Espíritu. El mismo apóstol
que exhorta a ser llenados con el Espíritu confiesa en 2 Corintios 1: 8-9 que ellos
estuvieron «abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que
aun perdimos la esperanza de conservar la vida». De acuerdo a ello, aun un cristiano
lleno con el Espíritu puede experimentar algún trastorno interior. Sin embargo,
cuanto más grande sea la necesidad en las circunstancias del creyente, mayor es
la necesidad de la plenitud del Espíritu y la rendición a la voluntad de Dios para
que el poder del Espíritu pueda ser manifestado en la vida individual. Cuando
un cristiano toma conciencia del hecho de que ha contristado al Espíritu Santo,
el remedio está en cesar de contristar al Espíritu, como se expresa en Efesios
4:30 traducido literalmente. Esto puede cumplirse obedeciendo 1 Juan 1:9, donde
se instruye al hijo de Dios: «Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y
justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» Este pasaje
se refiere a un hijo de Dios que ha pecado contra su Padre Celestial. La vía de
restauración está abierta porque la muerte de Cristo es suficiente, para todos
sus pecados (1 Juan 2:1-2).
Así, la
manera de volver a la comunión con Dios para un, creyente es confesar sus pecados
a Dios, reconociendo nuevamente las bases para el perdón en la muerte de Cristo
y deseando la restauración a una comunión íntima con Dios el Padre, así como también
con el Espíritu Santo. No es un es un asunto de justicia en una corte legal,
sino más bien una relación." restaurada entre padre e hijo que se había
descarriado. El pasaje asegura que Dios es fiel y justo para perdonar el pecado
y quitarlo como una barrera que se interpone en la comunión cuando un cristiano
confiesa sinceramente su iniquidad a Dios.
Mientras
que en algunas situaciones la confesión del pecado puede requerir que se vaya a
los individuos que han sido ofendidos y corregir las dificultades, la idea
principal es establecer una nueva relación íntima con Dios mismo. Confesando sus
pecados, el cristiano debe de estar seguro de que del lado divino el perdón es inmediato.
Cristo, como el intercesor del creyente y como el que murió en la cruz, ha hecho
ya todos los ajustes necesarios del lado celestial. La restauración a la
comunión está sujeta, por lo tanto, sólo a la actitud humana de confesión y
rendición. La Biblia también advierte al creyente contra los serios resultados
de estar contristando continuamente al Espíritu. Esto, a veces, resulta en el
castigo de Dios para con el creyente con el propósito de restaurarle, como se
menciona en Hebreos 12:5-6. Al cristiano se le advierte que, si él no se juzga
a sí mismo, Dios necesitará intervenir con la disciplina divina (1 Co.
11:31-32). En cualquier caso, hay una pérdida inmediata cuando un cristiano
está caminando fuera de la comunión con Dios, y existe el constante peligro del
juicio severo de Dios como un padre fiel que trata con su, hijo errado.
3. EL ANDAR EN EL ESPÍRITU ES UN MANDAMIENTO
POSITIVO, EN CONTRASTE A LOS MANDAMIENTOS PREVIOS, LOS CUALES SON NEGATIVOS. Caminar
en el Espíritu (Gá. 5:16) es un mandamiento para
apropiarse del poder y la bendición que es provista por el Espíritu
que mora en el creyente. El andar en el Espíritu es un mandamiento en el tiempo
presente, esto es, un cristiano debe de mantenerse andando por medio del Espíritu.
El
nivel cristiano de la vida espiritual es alto, y él no es capaz de cumplir la
voluntad de Dios aparte del poder de Dios. De acuerdo a ello, la provisión del
Espíritu que mora hace posible para el cristiano el estar andando por medio del
poder y la guía del Espíritu que vive en él.
El
andar en el Espíritu es un acto de fe. Está dependiendo del Espíritu el hacer
lo que sólo el Espíritu puede hacer. Las altas normas de la era presente -donde
se nos ordena amar como Cristo ama (Jn. 13:34; 15:12) y donde se ordena que
cada pensamiento sea traído a la obediencia en Cristo (2 Co. 10: 5)- son
imposibles aparte del poder del Espíritu. De igual manera, las otras
manifestaciones de vida espiritual -tales como el fruto del Espíritu (Gá.
5:22-23) y tales mandamientos como «estad siempre gozosos.
Orad
sin cesar» (1 Ts. 5: 16-17) y «dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad
de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Ts. 5:18)- son imposibles a menos
que uno esté andando en el Espíritu.
Obtener
una norma alta de vida espiritual es de lo más difícil porque el cristiano está
viviendo en un mundo pecador y está bajo constante influencia maligna (Jn.
17:15; Ro. 12:2; 2 Co. 6:14; Gá. 6:14; 1 Jn. 2:15). De igual manera, el
cristiano tiene oposición por el poder de Satanás y está comprometido en una
lucha incesante con este enemigo de Dios (2 Co. 4:4; 11:14; Ef. 6:12).
Además
del conflicto con el sistema mundial y con Satanás, el cristiano tiene un enemigo
de dentro, su antigua naturaleza, la cual desea conducirle de vuelta a la vida de
obediencia a la carne pecaminosa (Ro. 5:21; 6:6; 1 Co. 5:5; 2 Co. 7:1; 10:2-3;
Gá. 5:16-24; 6:8; Ef. 2:3). Por estar la antigua naturaleza constantemente en
guerra con la nueva naturaleza en el cristiano, sólo la continua dependencia en
el Espíritu de Dios puede traer victoria. Así es que, aunque algunos han
llegado a la conclusión errónea de que un cristiano puede alcanzar una
perfección sin pecado, existe la necesidad de caminar constantemente en el
Espíritu para que este poder pueda llevar a cabo la voluntad de Dios en la vida
de un creyente. Al creyente le espera la perfección final del cuerpo y el
espíritu en el cielo, pero la lucha espiritual continúa sin disminuir hasta la
muerte o el traslado espiritual.
Todas
estas verdades enfatizan la importancia de apropiarse del Espíritu andando en
su poder y guía y dejando que el Espíritu tenga control y dirección de una vida
cristiana.
C. LOS RESULTADOS DE LA
PLENITUD DEL ESPÍRITU
Cuando
uno está rendido a Dios y lleno con el Espíritu vienen imprevisibles
resultados.
1. UN CRISTIANO QUE CAMINA EN EL PODER DEL ESPÍRITU
EXPERIMENTA UNA SANTIFICACIÓN PROGRESIVA, UNA SANTIDAD DE VIDA EN LA CUAL EL
FRUTO DEL ESPÍRITU (GÁ. 5:22-23) ESTÁ CUMPLIDO. Esta es
la suprema manifestación del poder del Espíritu y es la preparación terrenal
para el tiempo cuando el creyente,-en los cielos- será completamente transformado
a la imagen de Cristo.
2. UNO DE LOS IMPORTANTES MINISTERIOS DEL ESPÍRITU
ES EL DE ENSEÑAR AL CREYENTE LAS VERDADES ESPIRITUALES. Sólo
mediante la guía e iluminación del Espíritu un creyente puede
comprender la infinita verdad de la Palabra de Dios. Así como el Espíritu de
Dios es
necesario para revelar la verdad concerniente a la salvación (Jn. 16:7-11)
antes de que una
persona pueda ser salva, así el Espíritu de Dios guía también al cristiano a
toda verdad
(Jn. 16:12-14).
Las
cosas profundas de Dios, verdades que sólo pueden ser comprendidas por un hombre
enseñado por el Espíritu, son reveladas a uno que está andando por el Espíritu (1
Co. 2:9 - 3:2).
3. EL ESPÍRITU SANTO ES CAPAZ DE GUIAR A UN
CRISTIANO Y APLICAR LAS VERDADES GENERALES DE LA PALABRA DE DIOS A LA SITUACIÓN
PARTICULAR DEL CRISTIANO. Esto es lo que se expresa en
Romanos 12: 2, demostrando «cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».
Como el siervo de Abraham, un cristiano puede experimentar la declaración «guiándome
Jehová en el camino» (Gn. 24:27). Una guía tal es la experiencia normal de los
cristianos que están en una relación correcta con el Espíritu de Dios (Ro.
8:14; Gá. 5:18).
4. LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN ES OTRO RESULTADO
IMPORTANTE DE LA COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU. De
acuerdo a Romanos 8:16, «el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,
de que somos hijos de Dios» (cf. Gá. 4:6; 1 Jn. 3:24; 4:13). Es normal para un cristiano
el tener la seguridad de su salvación, como lo 'es para un individuo el saber que
está físicamente vivo.
5. TODA LA ADORACIÓN Y EL AMOR DE DIOS SON POSIBLES
SOLAMENTE CUANDO UNO ESTÁ ANDANDO POR EL ESPÍRITU. En el
contexto de la exhortación de Efesios 5: 18 los versículos
siguientes describen la vida normal de adoración y comunión con Dios. Una persona
fuera de la comunión no puede adorar verdaderamente a Dios aun cuando asista
a los servicios de la iglesia en bellas catedrales y cumpla con el ritual de la adoración.
La adoración es un asunto del corazón, y como Cristo le dijo a la mujer samaritana:
«Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que
adoren» (Jn. 4:24).
6. UNO DE LOS ASPECTOS MÁS IMPORTANTES DE LA VIDA DE
UN CREYENTE ES SU ORACIÓN DE COMUNIÓN CON EL SEÑOR. Aquí
nuevamente el Espíritu de Dios debe guiar y dirigir si la oración
ha de ser inteligente. Aquí también debe de comprenderse la Palabra de Dios si la
oración ha de ser de acuerdo a la Palabra de Dios: La verdadera alabanza y acción
de gracias
son imposibles aparte de la capacitación del Espíritu. Además de la oración del creyente
mismo, Romanos 8:26 revela que el Espíritu intercede por el creyente. De acuerdo
a ello, una vida de oración efectiva depende del andar en el Espíritu.
7. ADEMÁS DE TODAS LAS CUALIDADES YA MENCIONADAS,
TODA LA VIDA DE SERVICIO DE UN CREYENTE Y EL EJERCICIO DE SUS DONES NATURALES Y
ESPIRITUALES ESTÁN DEPENDIENDO DEL PODER DEL ESPÍRITU. Cristo
se refirió a esto en Juan 7:38-39, donde Él describió la obra del
Espíritu como un río de agua viva fluyendo del corazón del hombre. De acuerdo a esto,
un cristiano puede tener grandes dones espirituales y no usarlos por no estar andando
en el poder del Espíritu. En contraste, otros con relativamente pocos dones espirituales
pueden ser usados grandemente por Dios porque están andando en el poder del
Espíritu. La enseñanza de la Escritura sobre la plenitud del Espíritu es, por
lo tanto, una de
las líneas de verdad más importantes que un cristiano debe comprender, aplicar y
apropiarse de ella.
PREGUNTAS
1. ¿Cómo
contrastaría la plenitud del Espíritu con la obra del Espíritu Santo en la salvación?
2. ¿Qué
ejemplos de plenitud del Espíritu pueden observarse antes del día de Pentecostés?
3.
¿Estaba la plenitud del Espíritu al alcance de todo aquel que se rindiera a
Dios antes de Pentecostés?
4. ¿Cómo
la venida del Espíritu en el día de Pentecostés cambió la posibilidad de ser llenados
con el Espíritu?
5.
Definir la plenitud del Espíritu.
6.
Contrastar el ser llenado con el Espíritu con la madurez espiritual.
7.
¿Cualquier cristiano puede ser lleno del Espíritu?
8. ¿Cuál
es la relación entre la plenitud del Espíritu y la madurez espiritual?
9. ¿En
qué sentido hay tres grados de manifestación de la plenitud del Espíritu?
10. ¿Qué
ilustraciones destacables de ser llenados con el Espíritu se encuentran en el libro
de los Hechos?
11. ¿Cuál
es el significado de la comparación de ser llenado con vino y ser llenado con el
Espíritu?
12. ¿Por
qué es inexacto referirse a la plenitud del Espíritu como una segunda obra de gracia?
13. ¿Qué
es lo que quiere decirse por el mandamiento de «no apaguéis el Espíritu»?
14. ¿Por
qué es necesario rendirse a Dios para ser lleno con el Espíritu?
15.
Contrastar el paso inicial de presentar el cuerpo como un sacrificio vivo con
la vida de continua rendición.
16.
Nombrar los varios aspectos de la rendición de un cristiano a Dios.
17. ¿En
qué sentido Cristo es el ejemplo supremo de la rendición a Dios?
18. ¿Cuál
es el significado del mandamiento «no contristéis al Espíritu»?
19. ¿Cómo
las circunstancias de un cristiano afectan su experiencia de ser llenado con el
Espíritu?
20. ¿Cuál
es el remedio al haber contristado al Espíritu?
21. ¿Por
qué un cristiano confiesa su pecado confiando que será perdonado?
22.
¿Cuáles son algunos de los serios resultados de continuar en un estado de
contristar al Espíritu?
23.
Definir lo que significa andar en el Espíritu.
24. ¿Cómo
la elevada norma de vida espiritual en el cristiano hace que el andar en el Espíritu
sea necesario?
25. ¿Por
qué es necesario andar en el Espíritu a la luz del hecho de que los cristianos viven
en un mundo pecador?
26. ¿Por
qué el andar en el Espíritu es necesario en vista de la naturaleza pecaminosa del
cristiano?
27. ¿Por
qué la necesidad de andar en el Espíritu demuestra que es imposible para un cristiano
alcanzar la perfección sin pecado en esta vida?
28.
Nombrar y definir brevemente siete resultados de la plenitud del Espíritu.
29.
Nombrar las razones importantes para que un cristiano sea lleno del Espíritu.