A. EL SIGNIFICADO DE LAS DISPENSACIONES
En el
estudio de las Escrituras es importante entender que la revelación escritural
se divide en períodos bien definidos. Estos están claramente separados, y
reconocer estas divisiones y sus propósitos divinos constituye uno de los
factores más importantes en la verdadera interpretación de las Escrituras.
Estas divisiones se conocen como «dispensaciones», y en
períodos de tiempo sucesivos se pueden observar diferentes dispensaciones.
Una
dispensación puede definirse como una etapa en la revelación progresiva de Dios
y constituye una administración o regla de vida distinta. Aunque el concepto de
una dispensación y de una época en la Biblia no es precisamente la misma, es
obvio que cada período tiene su dispensación. Las épocas se mencionan a menudo
en la Biblia (Ef. 2: 7; 3:5, 9; He. 1:2). La Biblia también hace distinción de
épocas (Jn. 1:17; cf. Mt. 5:21-22; 2 Co. 3:11; He. 7:11-12).
Es
probable que el reconocimiento de las dispensaciones arroje más luz sobre el mensaje
total de las Escrituras que ningún otro aspecto del estudio bíblico. Muy a menudo
sucede que el hecho de tener un claro entendimiento de las, dispensaciones y de
los propósitos que Dios ha revelado en ellas ha llegado a ser el principio de
un valioso conocimiento de las Escrituras y de un interés personal en la Biblia
misma. La relación del hombre con su Creador no es la misma en todas las
edades. Ha sido necesario someter al hombre caído a ciertas pruebas. Esto es en
parte el propósito de Dios a través de las edades, y el resultado de las
pruebas afrontadas por el hombre ha sido en cada caso una incuestionable
demostración tanto de la pecaminosidad como del absoluto fracaso espiritual y
moral del género humano. Y en el día final toda boca se cerrará, porque a
través de muchos siglos de experiencia se habrá comprobado la maldad o
insensatez de todos los pensamientos del corazón del hombre.
Cada
dispensación comienza, por lo tanto, con el hombre divinamente establecido en una
nueva posición de privilegio y responsabilidad, y termina con el fracaso humano
que trae como consecuencia la manifestación del justo juicio de Dios. Si bien
es cierto que existen algunos hechos, tales como el carácter santo de Dios, que
permanecen invariables para siempre y que de consiguiente son los mismos en
cada edad, haya la vez diferentes instrucciones y responsabilidades que se
limitan en cuanto a su aplicación a determinado período.
En
relación con todo esto el estudiante de la Biblia debe reconocer la diferencia
entre aplicación primaria y aplicación secundaria de la Palabra de Dios.
Solamente aquellas porciones de las Escrituras que son destinadas directamente
para el hijo de Dios en este tiempo de gracia deben ser objeto de una
aplicación primaria o personal al cristiano. Se demanda que dichas
instrucciones reciban detallado cumplimiento.
Cuando
se trata de aplicación secundaria debe observarse que, mientras es cierto que pueden
extraerse lecciones espirituales de cada porción bíblica, esto no significa que
el cristiano esté en la obligación ante Dios de cumplir aquellos principios que
fueron la expresión de la voluntad divina para la gente de otras
dispensaciones. El hijo de Dios en el actual período de gracia no está en la
misma situación de Adán o de Abraham, o de los israelitas en el tiempo de la
Ley; ni es llamado tampoco a seguir aquella manera peculiar de vida que según
las Escrituras se demandará de los hombres cuando el Rey haya regresado a
establecer su reino terrenal.
Siendo
que el hijo de Dios depende completamente de la instrucción contenida en las páginas
de la Biblia para dirigir sus pasos en la vida diaria, y siendo que los
principios revelados en las diferentes dispensaciones son tan diversos y a
veces tan contradictorios, es de gran importancia para él reconocer las
porciones bíblicas que se aplican directamente a su propio caso, si es que va a
vivir de acuerdo a la voluntad divina y para la gloria de Dios. En la
consideración del testimonio total de la Biblia, es casi tan importante para el
creyente que desea hacer la voluntad divina conocer lo que no le concierne
directamente como aquello que tiene directa referencia a él. Es obvio que,
aparte del conocimiento de la verdad dispensacional, el creyente no podrá adaptarse
inteligentemente al presente propósito de Dios en el mundo. Sólo ese conocimiento
le salvará de caer en aquella sujeción a la ley que caracterizó a la dispensación
pasada o de querer llevar a cabo en la actualidad el programa de transformación
mundial perteneciente a la dispensación por venir.
Debido
a la imperfección de las traducciones, algunas verdades importantes se hallan ocultas
para el que lee solamente el texto corriente de la Biblia. Por ejemplo, la palabra
griega aion, que significa una «edad» o dispensación, se traduce «mundo» en unas cuarenta ocasiones.
Por ejemplo, cuando se dice en Mateo 28:20 «hasta el fin del mundo», la referencia no es al fin del mundo
material, lo que a su debido tiempo tomará lugar (2 P. 3:7; Ap. 20:11; Is.
66:22), sino más bien al fin de esta edad. El fin del mundo no se acerca, sino
el fin de la presente edad. Según las Escrituras hay en todo siete grandes
dispensaciones, y es evidente que nosotros estamos viviendo cerca del fin de la
sexta de ellas. La edad del reino milenial (Ap. 20:4, 6) está todavía por venir.
Una
dispensación se caracteriza más o menos por las nuevas responsabilidades que
Dios le señala al hombre al principio de ella y por los juicios divinos con que
la misma termina. Las siete dispensaciones son las siguientes:
1) Inocencia,
2) conciencia,
3) gobierno,
4)
promesa,
5) ley,
6) gracia,
7) reino milenial.
Al
estudiar las dispensaciones hay ciertos principios esenciales para entender
esta enseñanza. El dispensacionalismo se deriva de una interpretación normal o literal
de la Biblia. Es imposible interpretar la Biblia en su sentido normal y literal
sin darse cuenta de que hay diferentes eras y diferentes dispensaciones. Un
segundo principio es el de la revelación progresiva, esto es, el hecho
reconocido por prácticamente todos los estudiantes de la Escritura de que la
revelación es dada en etapas. Tercero, todos los expositores de la Biblia
necesitarán reconocer que una revelación posterior en cierto grado sustituye a
una revelación primaria con un cambio resultante en reglas de vida en las
cuales pueden cambiarse o modificarse y añadirse nuevos requisitos. Por ejemplo,
mientras que Dios mandó a Moisés a matar un hombre por cortar leña en un sábado
(Nm. 15:32-36), ninguno aplicaría este mandamiento hoy porque vivimos en una dispensación
diferente. Aunque se distinguen frecuentemente siete dispensaciones en la
Escritura, tres son más importantes que las otras; ellas son: la dispensación
de la ley, gobernando a Israel en el Antiguo Testamento desde el tiempo de
Moisés; la dispensación de la gracia, la era presente; y la futura dispensación
del reino milenial.
B. DISPENSACION DE LA
INOCENCIA: ERA DE LIBERTAD
Esta
dispensación comenzó con la creación del hombre (Gn. 1:26-27) y continúa hasta Génesis
3:6. En esta dispensación al hombre le fue dada la responsabilidad humana de ser
fructífero, dominar la tierra, tener dominio sobre los animales, usar los
vegetales para comer y cuidar del huerto del Edén (Gn. 1:28-29; 2:15). Sin
embargo, fue dada una prohibición; se instruyó al hombre para que no comiese
del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 2:17). Aunque al hombre se
le concedió un estado bendito, un cuerpo, mente y naturaleza perfectos, y todo
lo necesario para disfrutar de la vida, Eva sucumbió ante la tentación y comió
el fruto prohibido y Adán se unió a ella en su acto de desobediencia (Gn.
3:1-6). Como resultado vino el juicio divino, la muerte espiritual, el
conocimiento del pecado, el miedo hacia Dios y la pérdida del compañerismo.
Aun en
estas circunstancias Dios introdujo el principio de la gracia con una promesa
del Redentor (Gn. 3: 15) y proveyó túnicas de pieles, típica provisión de la
redención (Gn. 3:21).
Ellos
fueron expulsados fuera del huerto, pero se les permitió vivir sus vidas naturalmente
(Gn. 3:23-24) y con el juicio de Dios sobre ellos comenzó una nueva dispensación.
En la dispensación de la inocencia Dios reveló la falla del hombre, le dio la
promesa de un Redentor que vendría, reveló su soberanía en juzgar a sus
criaturas e introdujo el principio de gracia.
C. DISPENSACION DE LA
CONCIENCIA: ERA DE LA DETERMINACION HUMANA
Esta
dispensación, que comienza en Génesis 3:7 y se extiende hasta Génesis 8: 19, trajo
nuevas responsabilidades sobre el hombre, establecidas en el así llamado pacto con
Adán y Eva. Se emitió una maldición sobre Satanás (Gn. 3:14-15), pero también cayó
una maldición sobre Adán y Eva (Gn. 3:16-19). Aunque no se revela un código detallado
de moral dado al hombre en este tiempo, se le exigió que viviera de acuerdo a
su conciencia y guardando el conocimiento de Dios a medida que le fuera dado.
Sin embargo, bajo la conciencia, el hombre continuó fallando tanto como lo
había hecho siempre. La conciencia podía convencer, pero no traería victoria
(Jn. 8:9; Ro. 2:15; 1 Co. 8:7; 1 Ti. 4:2).
Los
hijos de Adán tenían su naturaleza pecaminosa manifestada en el hecho de
rehusarse a traer un sacrificio de sangre (Gn. 4:7) y el asesinato de Abel por
Caín (Gn. 4:8). La civilización resultante de Caín fue pecadora (Gn. 4:16-24),
y la muerte física se convirtió en algo común (Gn. 5:5- 31). La maldad del
corazón humano alcanzó a tal estado que otra vez el juicio fue necesario (Gn.
6:5, 11-13). El juicio se manifestó sobre Caín (Gn. 4:10-15), y en la Humanidad
en general en la muerte (Gn. 5). Finalmente Dios tuvo que traer el diluvio
universal sobre la tierra (Gn. 7: 21-24).
Sin
embargo, en este período también fue manifestada la gracia divina, puesto que algunos
fueron salvos, como Enoc (Gn. 5:24), y la familia de Noé fue salva por el Arca (Gn.
6: 8-10; He. 11:7). La dispensación terminó con el diluvio en el cual solamente
la familia de Noé fue salvada.
El
propósito de Dios en esta dispensación fue el de demostrar nuevamente la caída
del hombre bajo la nueva situación en la cual éste se desempeñaba bajo su
conciencia. Sin embargo, en este período Dios preservó la línea del futuro
Redentor, demostrando su soberanía en juzgar al mundo por medio del diluvio y
manifestando su gracia a Noé y su familia.
D. DISPENSACION DEL
GOBIERNO HUMANO: PACTO CON NOE
Esta
dispensación cubre el período desde Génesis 8:20 a 11:9. A Noé Dios le dio un pacto
incondicional (Gn. 8:20- 9:17), en el cual El prometió que no habría más destrucción
por diluvio (Gn. 8:21; 9:11). Dios prometió que las estaciones en el curso de
la naturaleza no cambiarían (Gn. 8:22) y le dio nuevamente al hombre el mandamiento
de multiplicarse (Gn. 9:1) y de continuar su dominio sobre los animales (Gn. 9:
2); el comer carne era permitido ahora, aunque la sangre estaba prohibida (Gn. 9:4).
Lo más importante fue el establecimiento de la esencia del gobierno, en el cual
se le dio al hombre el derecho de matar a los asesinos (Gn. 9:5-6).
En este
pacto, así como en los otros, hay fracaso humano, como lo indica la embriaguez
de Noé (Gn. 9:1) y la irreverencia de Cam (Gn. 9: 22). Es un período de deterioro
moral y religioso (Gn. 11:1-4). El gobierno humano, como la conciencia, fracasaron
en reprimir el pecado del hombre, y el resultado fue la torre de Babel (Gn. 11:4).
El juicio de Dios fue confundir su lengua (Gn. 11:5-7), y la civilización
humana fue dispersada (Gn. 11:8-9).
En este
período, sin embargo, la gracia fue evidente en cómo el remanente de Dios fue preservado
y en la selección de Abraham (Gn. 11:10 - 12:3). También fue preservada la simiente
de la mujer y Dios fue manifestado en forma soberana. La dispensación finalizó
con el juicio de la Torre de Babel y los preparativos para la próxima dispensación.
Es importante notar que ambos -la conciencia y el gobierno humano continúan en
dispensaciones posteriores.
Sólo
Abraham y su simiente entran bajo la dispensación de la promesa. En general, la
dispensación del gobierno humano reveló el fracaso del hombre bajo esta nueva
regla de vida, el juicio selectivo de Dios, y se continuó manifestando la
gracia divina.
E. DISPENSACION DE LA
PROMESA: PACTO CON ABRAHAM
Este
pacto, que comienza en Génesis 11: 10, se extiende hasta Éxodo 19:2. En él la responsabilidad
humana fue dada en la forma de confiar en las promesas de Dios reveladas a
Abraham. El contenido de su revelación divina incluía la promesa a Abraham (Gn.
12:1-2; 13:16; 15:5; 17:6); la promesa a Israel, la simiente de Abraham, de la
que saldría una gran nación y el canal para el cumplimiento de la promesa de
Dios (Gn. 12:2-3; 13:16; 15:5,18- 21; 17:7-8; 28:13-14; Jos. 1:2-4); y una
promesa de bendición a toda la tierra a través de Abraham (Gn. 12:3), El
principio fue también establecido de manera que Dios bendijera a aquellos que
bendijeran a Abraham y maldijera a aquellos que maldijeran la simiente de
Abraham.
El
pacto abrahámico es uno de los pactos importantes de la Biblia e incluye la
provisión de que Israel sería una nación para siempre, tendría el título de su
tierra para siempre, sería bendecida en cosas espirituales, estaría bajo la
protección divina y tendría el signo especial de la circuncisión (Gn.
17:13-14).
El
pacto era a la vez de gracia en principios e incondicional, por cuanto no
dependía de la fidelidad humana, sino en la fidelidad de Dios. Solamente
cumplidas parcialmente en el tiempo en que vivió Abraham, las bendiciones y
promesas del pacto abrahámico continúan en su cumplimiento hacia el fin de la
historia humana. Algunas de las bendiciones inmediatas del pacto para alguna
generación particular estaban condicionadas a la obediencia, pero el pacto en
sí era declarado como un pacto eterno (Gn. 17:7, 13, 19 1 Cr. 16: 16-17; Sal.
105: 10). El pacto con Abraham fue dirigido primeramente a Abraham y sus
descendientes hasta donde estaba comprometida la responsabilidad
dispensacional. El mundo como un todo continuaba bajo el gobierno humano y la
conciencia como su responsabilidad primaria.
Bajo el
pacto abrahámico, sin embargo, había un constante patrón de fracaso, el cual fue
manifestado en la demora de ir a la Tierra Prometida (Gn. 11:31); en Abraham al
ser el padre de Ismael (Gn. 16:1-16); y en descender a Egipto (Gn. 12:10 -
13:1). Es evidente, sin embargo, que Abraham creció en fe y en gracia y
finalmente tenía la voluntad de sacrificar aun a su hijo Isaac en obediencia a
Dios (Gn. 22). Siguiendo a Abraham, Isaac fracasó viviendo tan cerca de Egipto
como era posible sin violar el mandamiento de Dios. (Gn. 26:6-16). De la misma
manera, Jacob falló en no creer en la promesa hecha a su madre cuando él nació
(Gn. 25:23; J 28:13- 15, 20); él fue culpable de
mentira, engaño y de regatear (Gn. 27:1-29), y eventualmente se movió fuera de
la tierra hacia Egipto para evitar el hambre (Gn. 46:1-4).
En
Egipto, Israel también le falló a Dios en sus quejas y falta de fe (Ex. 2:23;
4:1-.10; 5:21; 14:10-12; 15:24), en su deseo de volver a Egipto (Ex. 14:11-12)
y en su constante murmuración (Ex. 15:24; 16:2; Nm. 14:2; 16:11, 41; Jos.
9:18). Su fracaso es evidente tanto en el momento en que fue dada la ley como
posteriormente en su falla en cuanto a confiar en las promesas de Dios en Cades
Barnea (Nm. 14). El fracaso bajo el período cuando la promesa abrahámica era
especialmente su responsabilidad resultó en la pérdida temporal de la tierra,
su esclavitud en Egipto, y en su viaje errante por el desierto antes de entrar
en la tierra. Su fracaso estableció la etapa para la promulgación de la ley
mosaica.
En la
dispensación de la promesa había mucha gracia divina ilustrada en el constante
cuidado de Dios por su pueblo, su liberación de Egipto y la institución de la
fiesta de la Pascua. La dispensación de la promesa termina en el momento en que
fue dada la ley (Ex. 19), pero finaliza sólo en el sentido de ser el principio
o prueba principal de responsabilidad. La dispensación de la promesa continúa
hacia el fin de la historia, y muchas de sus promesas están aún en vigencia como
un objeto de fe y esperanza. Las promesas hechas a Abraham son la base para las
dispensaciones posteriores de la gracia y del reino. Hasta cierto punto las
promesas nunca acaban y son cumplidas en un estado eterno. La dispensación de
la promesa estableció claramente el principio de la soberanía divina, proveyó
un canal de revelación divina especial para la nación de Israel, continuó la
provisión de la redención y bendición divinas, reveló la gracia de Dios y
prometió un testimonio para el mundo. Como las otras dispensaciones, sin
embargo terminó en fracaso en lo que se refiere a la conformidad con la
voluntad de Dios y preparó el terreno para la introducción de la ley como un
ayo para traer a los creyentes a Cristo (Gá. 3:24).
F. LA DISPENSACION DE LA
LEY
La
dispensación de la ley comienza en Éxodo 19:3 y se extiende a través de todo el
período hasta el día de Pentecostés en Hechos 2, aunque la ley finalizó en un
sentido en la cruz. Ciertas porciones como el evangelio de Juan y algunos
pasajes selectos en los otros evangelios anticiparon, sin embargo, la era
presente de la gracia.
La ley
mosaica fue dirigida solamente a Israel, y los gentiles no eran juzgados por
sus normas. La ley contenía un detallado sistema de obras, incluidas tres
principales divisiones: los mandamientos (la voluntad expresada de Dios, Ex.
20: 1-26); los juicios (la vida social y civil de Israel, Ex. 21: 1 - 24: 11);
y las ordenanzas (la vida religiosa de Israel, Ex. 24: 12 - 31: 18). El sistema
de sacrificios y del sacerdocio que fue incluido era tanto legal como de
gracia. El gobierno en esta dispensación era una teocracia, un gobierno por
medio de Dios a través de sus profetas, sacerdotes y (más tarde) reyes. El pacto
mosaico fue también de carácter temporal, en vigencia sólo hasta que Cristo viniese
(Gá. 3:24-25). La naturaleza de la dispensación era condicional, esto es, la bendición
estaba condicionada a la obediencia.
Por
primera vez en la historia la Escritura reveló un completo y detallado sistema religioso
bajo la ley, proveyó el terreno para la limpieza y el perdón, la adoración, y oración,
y ofreció una esperanza futura.
Bajo la
ley hubo constante fracaso. Esto es evidente especialmente en el período de los
jueces, pero siguió hasta después de la muerte de Salomón y la división del
reino de Israel en dos reinos. Hubo períodos cuando la ley fue completamente
olvidada e ignorada y la idolatría reinaba en forma suprema. El Nuevo
Testamento continúa el registro de fracasos, que culmina en el rechazo y
crucifixión de Cristo, quien en su vida guardó la ley en forma perfecta.
Fueron
infringidos muchos juicios durante la dispensación de la ley como se describe
en Deuteronomio 28:1 - 30:20. Los mayores juicios fueron el cautiverio bajo Asiria
y Babilonia, de los cuales retornaron en el tiempo debido. Los juicios de
Israel también vinieron después del término de la dispensación e incluyeron la
destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y la dispersión mundial de Israel.
La gran tribulación, otro tiempo de angustia para Jacob, está todavía por
delante (Jer. 30:1-11; Dn. 12:1; Mt. 24:22).
Bajo la
ley, sin embargo, también era administrada la gracia divina en aquel sistema de
sacrificios que fue provisto como una vía de restauración para el pecaminoso
Israel, y el Dios paciente se manifiesta en la provisión de profetas, jueces y
reyes y en la preservación de la nación. En repetidas ocasiones el
arrepentimiento de Israel fue aceptado por Dios, y a través de este período fue
escrito el Antiguo Testamento. La bendición coronadora fue la venida de Cristo
como el Mesías de Israel, a quien la nación entera rechazó.
En un
sentido la dispensación de la ley terminó en la cruz (Ro. 10:4; 2 Co. 3:11-14;
Gá. 3:19, 25). Pero en otro sentido no concluyó hasta el día de Pentecostés,
cuando comenzó la dispensación de la gracia. Aunque la ley finalizó como una
regla específica de vida, continúa siendo una revelación de la justicia de Dios
y puede ser estudiada con provecho por los cristianos para determinar el carácter
santo de Dios. Los principios morales que resaltan la ley continúan, puesto que
Dios no cambia; pero los creyentes hoy día no están obligados a guardar los
detalles de la ley, dado que la dispensación ha cambiado y la regla de vida
dada a Israel no es la regla de vida para la iglesia. A pesar de ello, pueden
hacerse varias aplicaciones de la ley, aunque una interpretación estricta sólo
relaciona a la ley mosaica con Israel.
El
propósito de la leyera proveer una regla justa de vida y traer el pecado a condenación.
La experiencia de Israel bajo la ley demostró que la ley moral, cívica y religiosa
no puede salvar o santificar. La ley nunca fue propuesta para proveer la salvación
para el hombre, ya sea mientras estaba en vigencia o después, y por medio de su
naturaleza era débil, por cuanto no podía justificar (Ro. 3:20; Gá. 2:16); no
podía santificar o perfeccionar (He. 7: 18-19); estaba limitada en su vigencia
y duración (Gá. 3:19); no podía regenerar (Gá. 3:21-22), y sólo podía hacer
manifiesto el pecado (Ro. 7: 5-9; 8:3; 1 Co. 15:56). La ley hizo posible que
Dios demostrara que todos eran culpables y que toda boca calló (Ro. 3:19), e
hizo evidente la necesidad de Cristo (Ro. 7:7-25; Gá.3:21-27).
G. DISPENSACION DE LA
GRACIA
La
dispensación de la gracia comienza justamente en Hechos 2 y continúa a través
del Nuevo Testamento, culminando con el arrebatamiento de la iglesia. Algunas enseñanzas
concernientes a la dispensación de la gracia fueron introducidas antes, como en
Juan 13-17. Las Escrituras que se relacionan con esta dispensación se extienden
desde Hechos 1 hasta Apocalipsis 3.
La
dispensación de la gracia fue dirigida solamente a la iglesia, puesto que el
mundo como un todo continúa bajo la conciencia y el gobierno humanos. En ella,
la salvación se revela que es por la fe únicamente, lo cual fue siempre verdad,
pero ahora se hace más evidente (Ro. 1:16; 3:22-28; 4:16; 5:15-19). Las altas
normas de gracia elevan a esta dispensación por sobre todas las reglas de vida
previas (Jn. 13:34-35; Ro. 12:1-2; Fil. 2:5; Col. 1:10- 14; 3:1; 1 Ts. 5:23).
Sin
embargo, bajo la gracia el fracaso fue también evidente, puesto que la gracia
no produjo ni la aceptación universal de Cristo ni una iglesia triunfante. De
hecho, la Escritura predijo que habría apostasía dentro de la iglesia
profesante (1 Ti. 4:1-3; 2 Ti. 3:1-13; 2 P. 2-3; Jud.). Aunque Dios está
cumpliendo sus propósitos en llamar a gentes para su nombre de entre los judíos
y gentiles, la porción profesan te pero no salva de la iglesia dejada atrás en
el arrebatamiento será juzgada en el período entre el arrebatamiento y la
venida de Cristo para establecer su reino (Mt. 24:1-26; Ap. 6-19).
La
iglesia verdadera será juzgada en el cielo en el tribunal de Cristo (2 Co.
5:10-11). En esta edad presente la gracia divina es especialmente evidente en
la venida de Cristo (Jn. 1:17), en la salvación del creyente y en nuestra
posición ante Dios (Ro. 3:24; 5:1- 2, 15-21; Gá. 1:1 - 2:21; Ef. 2:4-10), y en
la naturaleza de la gracia como una regla de vida (Gá. 3:1 - 5:26).
La
dispensación de la gracia termina con el arrebatamiento de la iglesia, el cual
será seguido por el juicio de la iglesia profesante (Ap. 17:16). La era de la
gracia es una dispensación diferente en lo que concierne a abarcar a creyentes
judíos y gentiles. Por contraste, la ley de Israel era solamente para Israel,
el gobierno humano era para el mundo entero, y la conciencia se extiende a toda
la gente.
En la
presente dispensación la ley mosaica está completamente cancelada en cuanto a su
aplicación inmediata, pero continúa para testificar de la santidad de Dios y
provee muchas lecciones espirituales para ser aplicadas. Aunque todas las
dispensaciones contienen un elemento de gracia, la dispensación de la gracia es
la suprema manifestación de ambas cosas, la totalidad de la salvación recibida
y en cuanto a una regla de vida.
H. DISPENSACION DEL REINO
La
dispensación del reino comienza con la segunda venida de Cristo (Mt. 24; Ap.
19) y es precedida por un período de tiempo en el cual se incluye la
tribulación, el cual hasta cierto grado es un período transitorio. Las
Escrituras que se aplican a ello son todos los pasajes del reino futuro, ya sea
en el Antiguo o Nuevo Testamento (siendo las principales Sal. 72; Is. 2:1-5;
9:6-7,11; Jer. 33:14-17; Dn. 2:44-45; 7:9-14, 18, 27; Os. 3:4-5;' Zac. 14:9;
Lc. 1:31-33; Ap. 19-20). En el reino, la responsabilidad humana será obedecer
al rey, quien regirá con vara de hierro (Is. 11:3-5; Ap. 19:15). El reino será teocrático,
esto es, una reglamentación de parte de Dios, y habrá un sistema renovado de
sacrificios y sacerdocio (Is. 66:21-23; Ez. 40-48). Un rasgo excepcional de
este período es que Satanás será atado y los demonios permanecerán inactivos
(Ap. 20:1-3, 7). El reino, sin embargo, también será un período de fracaso (Is.
65:20; Zac. 14:16- 19), y habrá rebelión al final del mismo (Ap. 20:7-9).
El
juicio divino que sigue incluye la destrucción de los rebeldes por medio del
fuego (Ap. 20:9) y la destrucción de la antigua tierra y cielo por fuego (2 P.
3: 7, 10-12).
En el
reino milenial la gracia divina también se revela en el cumplimiento del nuevo pacto
(Jer. 31:31-34), en cuanto a salvación (Is. 12), en prosperidad física y
temporal (Is. 35), en abundancia de revelación (Jer. 31: 33- 34), en perdón de
pecado (Jer. 31:34) y en la recolección de Israel (Is. 11:11-12; Jer. 30:1-11;
Ez. 39:25-29). El reino milenial termina con la destrucción de la tierra y
cielo por fuego y es seguido por el estado eterno (Ap. 21- 22).
La
dispensación del reino difiere de todas las dispensaciones anteriores en que es
la forma final de la prueba moral. Las ventajas de la dispensación incluyen un
gobierno perfecto, la presencia inmediata y gloriosa de Cristo, el conocimiento
universal de Dios y el término de los tiempos de salvación, y Satanás que
permanece inactivo. En muchos puntos la dispensación del reino es suprema y
trae a su consumación los tratos de Dios con el hombre. En las dispensaciones
Dios ha demostrado cada significado posible de los tratos con el hombre. En
cada dispensación el hombre fracasa y la gracia de Dios es suficiente.
En las
dispensaciones se cumple el propósito de Dios de manifestar su gloria, en el mundo
natural y en la historia humana. A través de la eternidad nadie podrá levantar la
pregunta de si Dios podría haber dado al hombre otra oportunidad para alcanzar
la salvación o la santidad por medio de su propia habilidad. Un conocimiento de
las dispensaciones es, de acuerdo a ello, la clave para el entendimiento del
propósito de Dios en la historia y el despliegue de la Escritura, la cual
registra los tratos de Dios con el hombre y su revelación divina concerniente a
sí mismo.
PREGUNTAS
1. ¿Cuán
importante es la doctrina de las dispensaciones?
2. ¿Cómo
puede definirse una dispensación?
3.
Contrastar una dispensación y una época en la Biblia.
4. ¿Qué
caracteriza en general el comienzo y el fin de cada dispensación?
5. ¿Cómo
puede distinguirse una aplicación primaria y secundaria de la Palabra de Dios?
6. ¿Cómo
ofrece la interpretación dispensacional una explicación de instrucciones escriturales
que parecen contradictorias?
7. ¿Qué
siete dispensaciones se reconocen comúnmente en la Escritura?
8. ¿Cómo
se relaciona la interpretación normal o literal al dispensacionalismo?
9. ¿Cómo
se relaciona la revelación progresiva al dispensacionalismo?
10. ¿Cómo
explica el dispensacionalismo los cambios en las reglas de vida?
11.
¿Cuáles dispensaciones son las más importantes?
12. ¿Cuál
era el requisito para el hombre bajo la dispensación de la inocencia?
13. ¿Cómo
se mostró la gracia en la dispensación de la inocencia?
14.
Explique la revelación de Dios en la dispensación de la Inocencia.
15. ¿Hasta
qué grado la dispensación de la conciencia revela el fracaso humano?
16. ¿Cómo
se mostró la gracia en la dispensación de la conciencia?
17. ¿Cuáles
fueron algunos de los resultados sobresalientes de la dispensación de la conciencia?
18. ¿Cuál
era el requisito para el hombre bajo la dispensación del gobierno humano?
19. ¿Hasta
qué punto el hombre fracasó bajo el gobierno humano?
20. ¿Hasta
qué punto se mostró la gracia en el gobierno humano?
21. ¿Qué
reveló la dispensación del gobierno humano?
22. ¿En
qué sentido las dispensaciones de la conciencia y el gobierno humano continúan hoy
día?
23. ¿Qué
fue provisto en la dispensación de la promesa, y qué se requirió del hombre con
respecto a ello?
24.
Explicar cómo la dispensación de la promesa no se ex tendió a toda la raza.
25.
Describir el fracaso humano bajo la dispensación de la promesa.
26. ¿Cómo
se mostró la gracia divina en la dispensación de la promesa?
27.
¿Quiénes fueron colocados bajo la dispensación de la ley?
28.
Nombrar las divisiones principales de la ley.
29. ¿Cuán
completa era la ley como un sistema religioso detallado?
30.
Describir, en general, el fracaso de Israel bajo la ley.
31. ¿Hasta
qué grado se mostró la gracia bajo la ley?
32.
¿Cuándo terminó la ley?
33.
Describir la extensión y la limitación del propósito de la ley.
34. ¿A
quiénes fue dirigida la dispensación de la gracia?
35.
Caracterizar las normas de gracia como una regla de vida.
36. ¿Hasta
qué grado fue el fracaso bajo la dispensación de la gracia?
37. ¿Qué
hace terminar la dispensación de la gracia?
38.
Contrastar la dispensación de la gracia con la dispensación de la ley.
39.
¿Cuándo comienza la dispensación del reino?
40.
Nombrar algunos de los pasajes importantes de las Escrituras que se relacionan
con el reino.
41.
¿Cuáles son algunos de los rasgos excepcionales de la dispensación del reino?
42.
Describir el fracaso y juicio en el final de la dispensación del reino.
43. ¿Qué
se revela en el reino milenial concerniente a la gracia?
44. ¿Cómo
la dispensación del reino difiere de todas las dispensaciones precedentes?
45. ¿Por
qué la dispensación del reino fue un clímax adecuado al programa de Dios?
LOS PACTOS
La Biblia
revela que a Dios le ha placido establecer pactos con los hombres. Ocho de estos
pactos se hallan mencionados en las sagradas páginas y ellos incorporan los hechos
más vitales en la relación que el hombre ha tenido con Dios a través de toda la
historia de la raza humana. Cada pacto representa un propósito divino y la mayoría
de ellos
constituyen una absoluta predicción tanto como una promesa inalterable del cumplimiento
de todo lo que Dios ha determinado. Si llevamos nuestra consideración del tema
hasta el tiempo cuando los pactos fueron hechos, descubrimos que ellos siempre anticiparon
el futuro y tenían el propósito de ser un mensaje de certidumbre para aquellos
con quienes el pacto era establecido. Además de los pactos bíblicos, los teólogos
han sugerido tres pactos teológico s que tienen que ver con la salvación del hombre.
A. LOS PACTOS TEOLÓGICOS
Para definir
el eterno propósito de Dios, los teólogos han sostenido la teoría de que es el propósito
central de Dios el salvar a los elegidos, aquellos escogidos para
salvación desde la eternidad pasada. De acuerdo a ello, consideran la historia
primeramente como la obra exterior para el plan de Dios en cuanto a la
salvación.
Desarrollando
esta doctrina, ellos han expuesto tres pactos teológicos básicos.
1. Se dice que con Adán se estableció
un pacto de obras. La provisión del pacto era tal que si Adán obedecía a Dios,
él sería guardado seguro en su estado espiritual y recibiría la vida eterna. Se
afirma que este pacto es sostenido por la advertencia concerniente al árbol del
conocimiento del bien y del mal, «porque el día que de él comieres, morirás» (Gn.
2:17). Se deduce que si él no hubiera comido del árbol, no hubiese muerto y,
como los santos ángeles, hubiese sido confirmado en su estado santo. Este pacto
está basado casi totalmente en la deducción y no es llamado un pacto en la
Biblia, y por esta razón es rechazado por muchos estudiosos de la Escritura por
tener poca base.
2. Otro pacto sugerido es el pacto de
la redención, en el cual se insinúa la enseñanza de que fue establecido un
pacto entre Dios el Padre y Dios el Hijo en relación a la salvación del hombre
en la eternidad pasada. En este pacto el Hijo de Dios se comprometió en proveer
la redención para la salvación de aquellos que creyeran, y Dios prometió aceptar
su sacrificio. Este pacto tiene más sostenimiento en las Escrituras que el
pacto de obras en que la Biblia declara claramente que el plan de Dios para la
salvación es eterno, y que en aquel plan Cristo tenía que morir como un
sacrificio por el pecado y Dios tenía que aceptar aquel sacrificio como una
base suficiente para salvar a aquellos que creyeran en Cristo. De acuerdo a
Efesios 1:4: «Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de él.» También en referencia a nuestra posición
en Cristo, se declara en Efesios 1:11: «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo
sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el
designio de su voluntad. De estas y de otras Escrituras está claro que el
propósito de DIOS para la salvación es eterno. Se sugiere que un pacto formal
fue acordado
entre Dios el
Padre y Dios el Hijo del hecho de que el propósito de Dios es también una
promesa.
3. Aun otra tentativa es el
contemplar el eterno propósito de Dios en la salvación como un pacto de gracia. En este punto de vista Cristo es contemplado como el
Mediador del pacto y el representante de aquellos quienes ponen su confianza en
Él. Los individuos encuentran las condiciones de este pacto cuando colocan su
fe en Jesucristo como Salvador. Aunque este pacto es también una deducción del
plan eterno de salvación, tiende a enfatizar el carácter de gracia de la
salvación de Dios. El pacto de la redención y el pacto de gracia, en
consecuencia, tienen algunas bases escriturales y son más aceptables para la
mayoría de los estudiosos de la Biblia que el concepto del pacto de obras, el
cual no tiene base escritural.
Sin embargo,
se ha levantado el problema de que aquellos que son adeptos a estos pactos teológicos
siempre hacen del plan de Dios para la salvación su propósito primordial en la
historia humana. Así ellos tienden a ignorar los particulares sobre el plan de
Dios para Israel, el plan de Dios para la Iglesia y el plan de Dios para la
nación. Mientras que es verdad que el plan de Dios para la salvación es un
aspecto importante de su propósito eterno, no es la totalidad del plan de Dios.
Un punto de vista mejor es que el plan de Dios para la historia es revelar su
gloria, y Él no hace esto solamente salvando a los hombres, sino que también
por medio del cumplimiento de sus propósitos y revelándose a sí mismo a través
de sus tratos con Israel, con la iglesia y con las naciones. De acuerdo a ello,
es preferible contemplar la historia a través de ocho pactos bíblicos, los
cuales revelan los propósitos esenciales de Dios a lo largo de la historia de la
Humanidad y que incluye el plan de Dios para la salvación. Aquellos que
enfatizan los pactos teológicos son llamados a menudo «teólogos de los pactos»,
mientras que, por el contrario, aquellos que enfatizan los pactos bíblicos son
llamados «dispensacionalistas», porque los pactos bíblicos revelan las
distinciones en las varias etapas en la historia humana, las cuales están
manifiestas en las dispensaciones.
B. LOS PACTOS BÍBLICOS
Los pactos de
Dios contenidos en la Biblia se clasifican en dos clases, aquellos que son condicionales
y los que son incondicionales. Un pacto condicional es uno en el cual la acción
de Dios es en respuesta a alguna acción de parte de aquellos a quienes va dirigido
el pacto. Un pacto condicional garantiza que Dios hará su parte con absoluta certeza
cuando se satisfacen los requisitos humanos, pero si el hombre fracasa, Dios no
está obligado a cumplir su pacto.
Un pacto
incondicional, mientras que puede incluir ciertas contingencias humanas, es una
declaración de cierto propósito de Dios, y las promesas de un pacto
incondicional serán ciertamente cumplidas en el tiempo y a la manera de Dios.
De los ocho pactos bíblicos sólo el edénico y el mosaico eran condicionales.
Sin embargo, aun bajo los pactos incondicionales hay un elemento condicional
como si se aplicara a ciertos individuos. Un pacto incondicional se distingue
de uno condicional por el hecho de que su cumplimiento esencial es prometido
por Dios y depende del poder y la soberanía de Dios.
1. EL PACTO EDÉNICO FUE EL
PRIMER PACTO QUE DIOS HIZO CON EL HOMBRE (Gn. 1:26-31; 2:16-17), y fue un
pacto condicional con Adán en el cual la vida y bendición o la muerte y la
maldición dependían de la fidelidad de Adán. El pacto edénico incluía el dar a
Adán la responsabilidad de ser el padre de la raza humana, sojuzgar la tierra, tener dominio sobre
los animales, cuidar del huerto y no comer del árbol del conocimiento del bien
y del mal. Por haber fracasado Adán y Eva al comer de la fruta prohibida, fue
impuesta la pena de muerte para la desobediencia. Adán y Eva murieron
espiritualmente de inmediato y necesitaron nacer de nuevo para poder ser
salvos. Más tarde también murieron físicamente. Su pecado hundió a toda la raza
humana en un molde de pecado y muerte.
2. EL PACTO ADÁMICO FUE HECHO CON EL HOMBRE DESPUÉS DE
LA CAÍDA (Gn.
3:16-19). Este es un pacto incondicional en el que Dios declara
al hombre lo
que será su porción en la vida por causa de su pecado. Aquí no hay lugar para
ninguna apelación, ni se implica responsabilidad alguna de parte del hombre.
Como un todo,
el pacto provee importantes rasgos, los cuales condicionan la vida humana desde
este punto en adelante. Incluido en este pacto está el hecho de que la serpiente
usada por Satanás es maldita (Gn. 3:14; Ro. 16:20; 2 Co. 11:3, 14; Ap. 12:9); se
da la promesa del Redentor (Gn. 3:15), la cual es luego cumplida en Cristo; se
detalla el lugar de la mujer en cuanto a estar sujeta a una concepción
múltiple, al dolor y la pena en la maternidad, y en cuanto a la posición del
hombre como cabeza (Gn. 1:26-27; 1 Co. 11:7-9; Ef. 5:22-25; 1 Ti. 2:11-14). El
hombre debería, en lo sucesivo, de ganar el pan con el sudor de su frente (cf.
Gn. 2:15 con 3:17-19); la vida del hombre sería dolorosa y con la muerte por
final (Gn. 3:19; Ef. 2:5). Por un período bastante extenso, el hombre continúa
desde ese punto en adelante viviendo bajo el pacto adámico.
3. EL PACTO DE NOÉ FUE HECHO CON NOÉ Y SUS HIJOS (Gn. 9: 1-18).
Este pacto, mientras que repite algunos de los rasgos del pacto adámico,
introdujo un nuevo principio de gobierno humano como un medio de frenar el
pecado. Como el pacto adámico, era incondicional y revelaba el propósito de Dios
para la generación subsiguiente a Noé.
Las
provisiones del pacto incluían el establecimiento del principio del gobierno
humano, en el que se instituyó la pena capital para aquellos que tomaran la
vida de otro hombre.
Fue
reafirmado el orden normal de la Naturaleza (Gn. 8:22; 9: 2), y al hombre le
fue permitido comer carne fresca de animales (Gn. 9:3-4) en lugar de vivir solamente
de vegetales,
como parece haberlo hecho antes del diluvio.
El pacto con
Noé incluía la profecía concerniente a los descendientes de sus tres hijos (Gn.
9:25-27) y designaba a Sem como el único de quien vendría
la línea divina que seguiría hasta que el Mesías viniera. El dominio de las
naciones gentiles en la historia del mundo está implicado en la profecía
concerniente a Jafet. Así como el pacto adámico introdujo la dispensación de la
conciencia, así el pacto con Noé introdujo la dispensación del gobierno humano.
4. EL PACTO ABRAHÁMICO (GN. 12:1-4;
13:14-17; 15:1-7; 17: 1-8) ES UNA DE LAS GRANDES REVELACIONES DE DIOS CONCERNIENTES A LA HISTORIA
FUTURA, Y EN ÉL FUERON DADAS PROFUNDAS PROMESAS A LO LARGO DE TRES LÍNEAS. Primero de
todo, fueron dadas promesas a
Abraham de que él tendría gran descendencia (Gn. 17:16), que tendría mucha bendición personal (Gn. 13:14-15,
17; 15:6,18; 24:34-35; Jn. 8:56), que su nombre sería grande (Gn. 12:2) y que él
personalmente sería una bendición (Gn. 12:2).
Segundo, a
través de Abraham fue hecha la promesa de que emergería una gran nación (Gn.
12:2). En el propósito de Dios esto tiene referencia primeramente a Israel y a
los descendientes de Jacob, quienes formaron las doce tribus de Israel. A esta
nación le fue dada la promesa de la tierra (Gn. 12:7; 13:15; 15:18-21; 17:7-8).
Una tercera
área principal del pacto fue la promesa de que por medio de
Abraham vendría bendición al mundo entero (Gn. 12:3). Esto tendría su
cumplimiento en que Israel sería el canal especial de la revelación divina de
Dios, la fuente de los profetas quienes revelarían a Dios y proveerían de la
Escritura a los escritores humanos. En forma suprema, la bendición a las
naciones sería provista a través de Jesucristo, quien sería un descendiente de
Abraham. Dada la relación especial de Israel con Dios, Dios pronunció una
solemne maldición sobre aquellos que maldijeran a Israel y una bendición sobre
aquellos quienes bendijeran a Israel (Gn. 12:3).
El pacto con
Abraham, como el adámico y el de Noé, es incondicional. Mientras que cualquier
generación particular de Israel podría disfrutar de sus provisiones con sólo
ser obedientes, y podrían, por ejemplo, ser guiados hacia la cautividad si
ellos eran desobedientes, el propósito esencial de Dios para bendecir a Israel,
para revelarse a sí mismo a través de Israel, para proveer redención a través
de Israel y para traerle dentro de la Tierra Prometida es absolutamente cierto,
porque depende del soberano poder y voluntad de Dios, más que del hombre. A
pesar de los muchos fracasos de Israel en el Antiguo Testamento, Dios se reveló
a sí mismo y encauzó la escritura de los textos sagrados, y finalmente nació
Cristo, vivió y murió y se levantó resucitando exactamente como la Palabra de
Dios lo había anticipado. A pesar del fracaso humano, los propósitos de Dios
son ciertos en su cumplimiento.
5. EL PACTO MOSAICO FUE DADO A TRAVÉS DE MOISÉS PARA
LOS HIJOS DE ISRAEL MIENTRAS QUE ESTABAN VIAJANDO DESDE EGIPTO HACIA LA TIERRA
PROMETIDA (Ex. 20:1 - 31:18). En Éxodo, y ampliado en muchas otras porciones de las Escrituras, Dios
le dio a Moisés la ley que
era para gobernar su relación con el pueblo de Israel. Los aproximadamente seiscientos mandamientos específicos
están clasificados en tres divisiones principales: a) los mandamientos, conteniendo la
voluntad expresada de Dios (Ex. 20:1-26); b) los juicios,
relacionados a la vida social y cívica de Israel (Ex. 21: 1 - 24:11), y c) las ordenanzas (Ex. 24:12 - 31:18).
La ley
mosaica era un pacto condicional e incorporaba el principio de que si Israel
era obediente, Dios les bendeciría, pero si Israel era desobediente, Dios les
maldeciría y les disciplinaría. Esto es destacado especialmente en Deuteronomio
28. Aunque ya se había anticipado que Israel fracasaría, Dios prometió que Él
no abandonaría
a su pueblo (Jer.
30:11). El pacto mosaico también fue temporal y terminaría en la cruz de
Cristo. Aunque contenía elementos de gracia, era básicamente un pacto de obras.
6. EL PACTO PALESTINO (DT. 30:1-10) ERA UN PACTO INCONDICIONAL EN CONEXIÓN CON LA POSESIÓN FINAL DE LA
TIERRA POR PARTE DE ISRAEL. Este pacto se
ilustra como un pacto
básicamente incondicional y seguro en su cumplimiento; sin embargo, tiene
elementos condicionales para cualquier generación en particular.
La promesa dada a Abraham en Génesis 12: 7, y reafirmada luego a través del Antiguo
Testamento, sería que la simiente de Abraham poseería la tierra. No obstante, a
causa de la desobediencia y el fracaso, Jacob y sus descendientes vivieron en Egipto
cientos de años antes del Éxodo. Así, manteniendo el propósito de Dios, ellos volvieron y
poseyeron, por lo menos, una porción de la tierra. Más tarde, a causa de la desobediencia
y la negligencia a la ley de Dios, ellos fueron sometidos a los cautiverios asirio y
babilónico. Otra vez en la gracia de Dios, les fue permitido volver después de setenta años
del cautiverio babilónico y re-poseer la tierra hasta que Jerusalén fue destruida en
el 70 d.C.
Sin embargo,
a pesar de todos los fracasos, a Israel se le promete que volverá a la tierra,
vivirá allí en seguridad y con bendición y nunca será dispersada nuevamente
(Ez. 39: 25-29; Am. 9:14-15).
El retorno
presente de Israel a la tierra es, por lo tanto, altamente significativo porque
cumple la primera etapa del regreso de Israel, necesario para establecer el
escenario para el fin de los tiempos. La vuelta de Israel será completada hasta
el último hombre después de que Jesucristo vuelva y establezca su reino (Ez.
39:25-29). Mientras que cualquier generación pudiera haber sido sacada fuera de
la tierra por su desobediencia, el propósito final de Dios de traer a su pueblo
dentro de su Tierra Prometida es incondicional y cierto en su cumplimiento.
El pacto
palestino, de acuerdo a ello, incluye la dispersión de Israel por la
incredulidad y la desobediencia (Gn. 15:13; Dt. 28:63-68), tiempos de
arrepentimiento y restauración (Dt. 30:2), la recolección de Israel (Dt. 30:3;
Jer. 23:8; 30:3; 31:8; Ez. 39:25-29; Am. 9:9- 15; Hch. 15:14-17), la
restauración de Israel a su tierra (Is. 11:11-12; Jer. 23:3-8; Ez. 31:21-25;
Am. 9:9-15), su conversión espiritual y restauración nacional (Os. 2:14-16; Ro.
11:26-27), su seguridad y prosperidad finales como nación (Am. 9:11-15) y el
juicio divino para sus opresores (Is. 14:1-2; Jl. 3:1- 8; Mt.25:31-46).
7. EL PACTO DAVÍDICO (2 S. 7:4-16;
1 CR. 17:3-15) ERA UN PACTO
INCONDICIONAL EN EL CUAL DIOS PROMETIÓ A DAVID UN LINAJE REAL SIN FIN, UN TRONO
Y UN REINO, TODOS ELLOS PARA SIEMPRE. En la
declaración de este pacto Jehová se reserva el derecho de interrumpir el actual reinado de los hijos de David si
era necesario el castigo (2 S. 7:14-15; Sal. 89:20- 37); pero la perpetuidad del pacto no
podía ser quebrantada.
Como el pacto
abrahámico garantizaba a Israel una identidad eterna como nación (Jer. 31:36) y
la posesión eterna de la tierra (Gn. 13:15; 1 Cr. 16:15-18; Sal. 105:9-11), así
el pacto davídico les garantizaba un trono eterno y un reino eterno (Dn. 7:14).
Desde el día en que el pacto fue establecido y confirmado por el juramento de
Jehová (Hch. 2:30), hasta el nacimiento de Cristo, a David no le faltó un hijo
que se sentase en el trono (Jer. 33:21); y Cristo el eterno Hijo de Dios e Hijo
de David, siendo el justo heredero de aquel trono y el Único que se sentaría en
aquel trono (Lc. 1:31-33), completa el cumplimiento de esta promesa hecha a
David de que un hijo se sentaría en este trono para siempre.
El pacto
davídico es el más importante en asegurar el reino milenial, en el cual Cristo reinará
sobre la tierra. David, resucitado, reinará por debajo de Cristo como un
príncipe sobre la casa de Israel (Jer. 23:5-6; Ez. 34:23- 24; 37:24).
El pacto
davídico no es cumplido por Cristo reinando en su trono en los cielos, puesto que
David nunca se ha sentado ni se sentará en el trono del Padre. Es más bien
un reino terrenal y un trono terrenal (Mt. 25: 31). El pacto davídico es, por consiguiente,
la clave del programa profético de Dios que aún está por cumplirse.
8. EL NUEVO PACTO, PROFETIZADO EN EL ANTIGUO
TESTAMENTO Y QUE TENDRÁ SU CUMPLIMIENTO PRIMARIO EN EL REINO MILENIAL, ES
TAMBIÉN UN PACTO INCONDICIONAL (Jer. 31:31-33). Como lo describe Jeremías, es un pacto hecho «con la casa
de Israel y con la casa de Judá»
(v. 31). Es un nuevo pacto en contraste con el pacto mosaico, el cual fue roto por Israel (v. 32).
En el pacto
Dios promete: «Después de aquellos
días, dice Jehová: Daré mis leyes en sus corazones, y en sus almas las
escribiré; y seré yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo» (v. 33). A
causa de esta íntima y personal revelación de Dios, y su voluntad para con su gente, continúa en Jeremías 31:34 para
declarar: «y no enseñará más ninguno a su
prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos
hasta el más grande, dice Jehová; porque
perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.»
Este pasaje
anticipa las circunstancias ideales del reino milenial donde Cristo reinará, y todos
conocerán los hechos acerca de Jesucristo. De acuerdo a ello, no será necesario
para una persona evangelizar a su vecino, porque los hechos acerca del Señor
serán universalmente conocidos. También será un período en el cual Dios
perdonará el pecado de Israel y les bendecirá abundantemente. Debería estar
claro, dada esta descripción de la promesa del pacto como se da en
Jeremías, que esto no se está cumpliendo hoy día, puesto que la iglesia ha sido
instruida para ir por todo el mundo y predicar el evangelio a causa de que hay
una casi universal ignorancia de la verdad.
Sin embargo,
dado que el Nuevo Testamento también relaciona a la Iglesia con un nuevo pacto,
algunos han enseñado que la iglesia cumple el pacto dado a Israel.
Aquellos
quienes no creen en un futuro reino milenial y en una restauración de Israel, por tanto
encuentran el completo cumplimiento ahora en la iglesia, espiritualizando las provisiones
del pacto y haciendo de Israel y de la Iglesia una misma cosa. Otros que reconocen
la restauración futura de Israel y el reino milenial consideran que el Nuevo Testamento
se refiere al nuevo pacto tanto como para ser una aplicación de las verdades
generales del pacto futuro con Israel a la iglesia, o para distinguir dos
nuevos pactos (uno para Israel como está dado en Jeremías, y el segundo, un
nuevo pacto dado a través de Jesucristo en la era presente de gracia proveyendo
salvación para la iglesia).
Actualmente
el nuevo pacto, ya sea para Israel o para la iglesia, se desprende de la muerte
de Cristo y de su derramamiento de sangre.
El nuevo
pacto garantiza todo lo que Dios se propone hacer para los hombres
en el terreno de la sangre de su Hijo. Esto puede verse en dos aspectos:
A) QUE ÉL SALVARÁ, PRESERVARÁ Y PRESENTARÁ EN LA GLORIA, CONFORMADOS A LA
IMAGEN DEL HIJO UNIGÉNITO, A TODOS LOS QUE CREEN EN EL SEÑOR JESÚS. El hecho de que
sea necesario creer en Cristo para ser salvo, no es una condición en este
pacto. El acto de creer no es una parte del pacto, sino más bien la base sobre
la cual el creyente es admitido para disfrutar de las bendiciones eternas que
el pacto ofrece. El pacto no es hecho con los no redimidos, sino con los que
creen, y promete que en favor de ellos estará la fidelidad de Dios. «El que
comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo»
(Fil. 1:6), y toda otra promesa semejante a ésta, relacionada con el poder que
Dios manifiesta en la salvación y preservación de los suyos, es parte de este
pacto de gracia.
En la
presente edad no se tiene en vista para el hombre una salvación que no
garantice una perfecta preservación aquí en el mundo, y una presentación
final allá en la gloria, de todos los que son salvos por la sangre de Cristo
Jesús. Es posible que haya en la vida diaria del hijo de Dios algún impedimento
para su comunión con el Padre; y como aconteció en el caso de David, el pecado
del cristiano puede hacer que Dios levante su mano para castigo del hijo
desobediente; pero estos asuntos que son propios de la experiencia cotidiana
del creyente, no llegan nunca a ser determinantes para el cumplimiento de la
promesa de Dios en lo que se refiere a la eterna salvación de los que Él ha
recibido en su gracia.
Hay quienes
recalcan la importancia y el poder de la voluntad humana, y declaran enfáticamente
que la salvación y preservación deben tener como condición la libre cooperación
de la voluntad humana. Esto puede ser razonable para la mente del hombre, pero
no está de acuerdo con la revelación que Dios nos ha dado en las Escrituras.
En cada caso
Dios ha declarado incondicionalmente lo que Él hará en favor de todos aquellos
que confían en Él (Jn. 5:24; 6:37; 10:28). Esta es en verdad una empresa enorme
que necesariamente tiene que incluir el dominio absoluto aun de los pensamientos
e intentos del corazón humano; pero, por así decirlo, esto no es más irrazonable
que el hecho de declarar a
Noé que su descendencia seguiría los caminos que Dios había decretado, o que el
de prometer a Abraham que él sería el progenitor de una nación grande y que de
su simiente nacería el Cristo.
En cada uno
de estos casos tenemos la manifestación de la autoridad y del poder soberano
del Creador. Es vidente que Dios ha dejado lugar para el libre ejercicio de la voluntad
humana. Él ayuda a la voluntad de los hombres, y los ya salvos son conscientes
de que tanto su salvación como su servicio están en completa armonía con la
elección que ellos mismos han hecho en lo más profundo de su ser. Se nos dice
que Dios gobierna la voluntad del hombre (Jn. 6:44; Fil. 2: 13); pero al mismo
tiempo vemos que Él apela a la voluntad humana y hace que en cierto sentido
dependa de ella el disfrute de su divina bendición (Jn. 5:40; 7:17; Ro. 12:1; 1
Jn. 1:9).
Las
Escrituras hablan en forma incuestionable y enfática de la soberanía de Dios.
Él ha predestinado perfectamente lo que vendrá, y su determinado propósito
tendrá que realizarse; porque es imposible que Él sea sorprendido o sufra
alguna desilusión. De igual manera, las Escrituras enfatizan que entre estos
dos grandes aspectos de la soberanía divina -el propósito eterno y la perfecta
realización del mismo- Él ha permitido suficiente lugar para cierto ejercicio
de la voluntad humana. Y al actuar de esta forma no está poniendo en peligro,
de ninguna manera, los fines que Él se ha propuesto alcanzar.
El tener sólo
uno de los dos aspectos de esta verdad puede guiarnos o bien al fatalismo, en
el cual no hay lugar para pedir en oración ni motivo alguno para buscar el amor
de Dios, ni base para la condenación de los pecadores, ni fundamento para la
invitación del Evangelio, ni significado para gran parte de las Escrituras, o
bien a la pretensión de querer desalojar a Dios de su trono. Es razonable creer
que la voluntad humana está bajo el dominio de Dios; pero sería lo más
irrazonable creer que la soberanía de Dios está bajo el dominio de la voluntad
humana. Los que creen son salvos y seguros para siempre, porque así está
determinado en el pacto incondicional de Dios.
B) LA SALVACIÓN FUTURA DE ISRAEL ES PROMETIDA EN EL NUEVO PACTO INCONDICIONAL
(IS. 27:9;
EZ. 37:23; RO. 11:26-27). Esta salvación se efectuará sobre
la base única de la sangre que Cristo derramó en la cruz. Por medio del
sacrificio de su Hijo, Dios es tan libre para salvar a una nación como lo es
para salvar a un individuo. Israel es representado por Cristo como un tesoro
escondido en el campo. El campo es el mundo. Y creemos fielmente que fue Cristo
quien vendió todo lo que Él tenía, a fin de poder comprar el campo y poseer así
el tesoro que allí estaba oculto (Mt. 13: 44).
En la
consideración de estos ocho grandes pactos nunca podrá decirse
que se está dando demasiado énfasis a la soberanía de Dios en relación con los
pactos incondicionales, o al absoluto fracaso humano en lo que toca a los
pactos condicionales. Y podemos estar seguros de que todo lo que Dios se ha
comprometido a hacer incondicionalmente
Él lo hará
con toda la perfección de su infinito Ser.
PREGUNTAS
1. De acuerdo a
los pactos
teológicos, ¿cuál es el propósito central de Dios y cómo afecta a la historia?
2. ¿Cuál
es el pacto de las obras y cuál es su base escritural?
3. ¿Cuál
es el pacto de la redención y cuál es su base escritural?
4. ¿Cuál
es el pacto de la gracia y cuál es su base escritural?
5. ¿Cuál
es el problema originado por los pactos teológicos en relación al plan de Dios para
Israel, para la Iglesia y para las naciones?
6. ¿Por
qué es preferible tener una visión de la historia a través de los ocho pactos, más
bien que desde el punto de vista de los pactos teológicos?
7.
Distinguir los pactos condicionales, de los incondicionales.
8. ¿Qué
era el pacto edénico, y cuál fue el resultado del fracaso bajo el mismo?
9. ¿Qué
era el pacto adánico, y hasta qué grado condiciona la vida hoy día?
10.
¿Cuáles eran las provisiones importantes del pacto de Noé, y hasta qué grado continúa
hoy?
11. ¿Qué promesas
se dieron al mundo entero en el pacto abrahámico?
12. ¿Qué
promesas se dieron concernientes a la nación de Israel en el pacto abrahámico?
13. ¿Qué
promesas se dieron al mundo entero en el pacto abrahámico?
14. ¿En qué
sentido el pacto
con Abraham era incondicional?
15. ¿Hasta
qué punto el pacto mosaico era condicional y temporal?
16. ¿Hasta
qué punto el pacto palestino era incondicional?
17. ¿Cómo
explica las cautividades asiria y babilónica y la dispersión mundial de Israel
a la vista del carácter incondicional del pacto palestino?
18. ¿Cómo
podría resumir todas las provisiones del pacto palestino en relación a la desobediencia
de Israel, su recolección, restauración y seguridad final en prosperidad como
una nación?
19. ¿Qué
fue prometido incondicionalmente en el pacto davídico?
20. ¿Cómo
se relaciona el pacto davídico con el futuro reino milenial?
21. De
acuerdo al Antiguo Testamento, ¿qué se proveyó en el nuevo pacto para Israel?
22.
¿Cuándo será cumplido el nuevo pacto para Israel?
23. ¿Por
qué algunos han enseñado que el nuevo pacto tiene una aplicación presente, y cómo
puede ser explicado esto?
24. ¿Cómo
se relaciona el nuevo pacto con la seguridad de la salvación de los creyentes?
25. ¿Cómo
se relaciona el nuevo pacto con la soberanía de Dios?
26. ¿Cómo
se relaciona el nuevo pacto con la futura salvación de Israel?