Incluso para un lector ocasional de la Biblia, pronto se pone de manifiesto que está leyendo un libro fuera de lo usual. Aunque cubre miles de años de la historia humana y está escrita por más de cuarenta escritores humanos, la Biblia no es una simple colección de escritos, sino todo un Libro que posee una fascinante continuidad. Se le llama «La Biblia», de la palabra griega biblos, que significa «Un libro». Su extraordinaria característica es debida al hecho de que es ciertamente la Palabra de Dios, aunque haya sido escrita por autores humanos.
Se
ofrecen dos líneas de evidencia que apoyan la conclusión de que la Biblia es la
Palabra de Dios: 1) la evidencia interna; los hechos hallados en la propia
Biblia y la propia afirmación de la Biblia concerniente a su origen divino; 2)
la evidencia externa; la naturaleza de los hechos dados en la Escritura, que
apoyan su carácter sobrenatural.
A. EVIDENCIA INTERNA
En
cientos de pasajes, la Biblia declara o afirma por sí misma ser la Palabra de
Dios (Dt.
6:6-9, 17-18; Jos. 1:8; 8:32-35; 2 S. 22:31; Sal. 1:2; 12:6; 19:7-11; 93:5;
119:9, 11, 18,
89-93,97-100, 104-105, 130; Pr. 30:5-6; Is. 55:10-11; Jer. 15:16; 23:29; Dn.
10:21; Mt.
5:17-19; 22:29; Mr. 13:31; Lc. 16:17; Jn. 2:22; 5:24; 10:35; Hch. 17:11; Ro.
10:17; 1 Co.
2:13; Col. 3:16; 1 Ts. 2:13; 2 Ti. 2:15; 3:15-17; 1 P.1:23-25; 2 P. 3:15-16;
Ap. 1:2; 22:18).
Las Escrituras declaran, de muchas formas diversas, que la Biblia es la Palabra
de Dios y que su afirmación es clara e inteligible para cualquiera. La
afirmación constante de los escritores del Antiguo Testamento, los del Nuevo y
del propio Jesucristo, es que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios. Por
ejemplo, el Salmo 19:7-11 declara que la Biblia es ciertamente la Palabra del
Señor, y nombra seis perfecciones, con sus seis correspondientes
transformaciones de carácter humano, que la Palabra cumple. Jesucristo declaró
que la Ley tiene que ser cumplida (Mt. 5:17-18).
En
Hebreos 1:1-2, no solamente se afirma que Dios habló en el Antiguo Testamento a
los profetas con palabra de Dios, sino que también lo hizo Su Hijo en el Nuevo.
La Biblia sólo puede ser rechazada Si se rechazan sus constantes afirmaciones
de ser la Palabra de Dios.
B. EVIDENCIA EXTERNA
La
Biblia no sólo afirma y reclama para sí el ser la Palabra de Dios, sino que
apoya estas afirmaciones por abundantes evidencias que han convencido con
frecuencia incluso a los lectores más escépticos.
1. LA CONTINUIDAD DE LA BIBLIA. Uno de los más sorprendentes y
extraordinarios hechos respecto a las Escrituras es que, aunque fueron escritas
por más de cuarenta autores que vivieron a lo largo de un período de más de
1,600 años, la Biblia es, no obstante, un Libro y no una simple colección de 66
libros. Sus autores proceden de los más diversos lugares y situaciones de la
vida; hay reyes, campesinos, filósofos, hombres de Estado, pescadores, médicos,
eruditos, poetas y agricultores. Vivieron en diferentes culturas, en diferentes
experiencias existenciales, y con frecuencia fueron completamente distintos en
carácter. La Biblia tiene una continuidad que puede ser observada desde el
Génesis hasta el Apocalipsis.
La
continuidad de la Biblia puede ser constatada en su secuencia histórica que comienza
con la creación del mundo presente hasta la de los nuevos cielos y la nueva tierra.
El Antiguo Testamento revela temas doctrinales tales como la naturaleza del propio
Dios, la doctrina del pecado, la de la salvación y el programa y propósito de
Dios para el mundo como un todo, para Israel y para la Iglesia. La doctrina
está progresivamente presentada desde sus principios en forma de introducción,
hasta su más completo desarrollo. El tipo está seguido por el anti-tipo, la
profecía por su cumplimiento. Uno de los temas continuados de la Biblia es la
anticipación, presentación, realización y exaltación de la persona más perfecta
de la tierra y los cielos, nuestro Señor Jesucristo. El relato de tan fascinante
Libro, con su continuidad de desarrollo, exige un milagro mucho mayor que la
inspiración en sí misma. De acuerdo con esto, los creyentes de la Escritura, si
bien reconocen la factura humana de varios de sus libros, su continuidad y su
guía se deben a la inspiración del Espíritu Santo.
2. LA EXTENSIÓN DE LA REVELACIÓN BÍBLICA. En su
manifestación de la Verdad, la Biblia es inextinguible. Al igual que un
telescopio, se adentra en el universo desde las infinitas alturas y
profundidades de los cielos, hasta la tremenda hondura del infierno y capta las
obras de Dios desde el principio hasta el fin. Como un microscopio, revela los más
diminutos detalles del plan y el propósito de Dios y la perfectísima obra de la
creación. Al igual que un estereoscopio, sitúa a todos los seres y objetos,
tanto si están en los cielos como en la tierra, en correcta relación, los unos
con los otros.
Aunque muchos
de los libros de la Biblia fueron escritos en los comienzos del conocimiento humano,
en una época en que sus autores ignoraban por completo los modernos descubrimientos,
lo que ellos escribieron, sin embargo, no ha sido nunca contradicho por
posteriores descubrimientos, y los antiguos escritos de la Escritura se hallan sorprendentemente
adaptados a modernas situaciones. En el amplísimo contexto de su revelación, la
verdad bíblica alcanza horizontes insospechados que van más allá del descubrimiento
humano, alcanzando, como de hecho lo hace, desde la eternidad del pasado, a la
eternidad del futuro, revelando hechos que sólo Dios puede conocer. No existe
otro libro en todo el mundo que haya intentado siquiera presentar la Verdad de un
modo comprensible como lo hace la Biblia.
3. LA INFLUENCIA Y
PUBLICACIÓN DE LA BIBLIA. Ningún otro libro ha sido jamás
publicado en tantas lenguas e idiomas, por y para tan diferentes pueblos y
culturas, como la propia Biblia. Sus páginas están entre las primeras que
fueron impresas cuando se inventaron las prensas de la moderna imprenta.
Millones de copias de la Escritura han sido publicadas en todas las principales
lenguas del mundo, y no hay una sola lengua escrita que no tenga, al menos, una
porción impresa de la Biblia. Aunque los escépticos, como el francés Voltaire,
infiel y herético, han predicho con frecuencia que la Biblia quedaría relegada
al olvido en el paso de una generación, e incluso autores del siglo XX han
pronosticado que la Biblia pronto sería un libro olvidado, lo cierto es que la
Biblia continúa publicándose en número creciente y en mayor número de lenguas
que antes. Otras religiones han sobrepasado a la Cristiandad en número de
seguidores, pero no han sido capaces de ofrecer ninguna revelación escrita
comparable a la Escritura. En nuestra época moderna, la influencia de la Biblia
continúa su ritmo de difusión incesante. Para los no salvos es la «espada del
Espíritu» (Ef. 6:17) y para los salvos es un poder efectivo, santificante y que
limpia de toda mancha (Jn. 17:17; 2 Co. 3:17, 18; Ef. 5:25, 2ó). La Biblia
continúa siendo la única base divina para la ley y la moralidad.
4. EL CONTENIDO DE LA
BIBLIA. El
carácter sobrenatural de la Biblia se aprecia en el hecho de que trata tan
libremente con lo desconocido y, desde luego, incognoscible, como con lo que es
conocido. Describe la eternidad en el pasado, incluyendo la creación antes de
que el hombre existiese. Se revelan la naturaleza y las obras de Dios.
En las
profecías bíblicas se manifiesta la totalidad del programa divino para el
mundo, para Israel y para la iglesia, culminando en esta última, que es eterna.
En cada materia presentada y descrita, sus declaraciones son decisivas,
concretas y están al margen del tiempo. Su naturaleza comprensiva ha hecho a
sus lectores sabios en la verdad que se relata tanto en el tiempo como en la
eternidad.
5. LA BIBLIA COMO
LITERATURA. Considerada como obra literaria, la Biblia es
también algo supremo. No solamente contiene la historia gráfica, sino la
profecía en detalle, la más bella poesía y el drama, relatos de amor y de
guerra, las especulaciones de la filosofía y cuanto se relaciona con la verdad
bíblica. La variedad de la producción de sus autores está contrastada por la
multiplicidad de sus materias. Ningún otro libro de literatura tiene tantos
lectores apasionados de todas las edades y de todos los. Grados de inteligencia
y erudición.
6. LA AUTORIDAD SIN
PREJUICIOS DE LA BIBLIA. El carácter humano de los autores de la Biblia,
carece de prejuicios en favor del hombre. La Biblia registra y señala, sin
vacilar, el pecado y la debilidad de los mejores hombres, y advierte
gráficamente a aquellos que confían en sus propias virtudes de su condenación
final. Aunque escrito por humanos, es un mensaje de Dios hacia el hombre, más
bien que un mensaje del hombre para el hombre.
Aunque
algunas veces habla de cosas terrenales y de experiencias humanas, también
describe con claridad y autoridad cosas tanto de los cielos como de la tierra,
visibles o invisibles; revelando hechos acerca de Dios, de los ángeles, los hombres,
del tiempo y de la eternidad; de la vida y la muerte, del pecado y la salvación,
del cielo y del infierno. Semejante libro no podría haber sido escrito por el hombre
-si hubiese tenido que elegir hacerlo, y aun de haber podido, nunca habría querido
hacerlo- al margen de la divina dirección. Por tanto, la Biblia, aunque escrita
por hombres, es un mensaje que procede de Dios, con la certeza, la seguridad y
la paz que sólo Dios puede proporcionar.
7. EL CARÁCTER SUPREMO DE
LA BIBLIA. Por encima de todo lo dicho anteriormente, la Biblia
es un libro sobrenatural que revela la persona y la gloria de Dios manifestada
en Su Hijo. Tal persona, Jesucristo, jamás pudo haber sido la invención de un
hombre mortal, ya que Sus perfecciones nunca podrían haber sido comprendidas ni
por los hombres más sabios y santos de esta tierra. El supremo carácter de la Biblia
está apoyado por su revelación del carácter supremo en la persona de
Jesucristo.
Como
consecuencia de la combinación de las cualidades sobrenaturales y procedentes del
hombre que entran en la composición de la Biblia, puede observarse una
similitud entre la Biblia como la Palabra escrita y el Señor Jesucristo como el
Verbo viviente.
Ambas
son sobrenaturales en origen, presentando una mezcla inescrutable y perfecta de
lo que es divino y de lo que es humano. Ambas también ejercen un poder de transformación
sobre aquellos que creen, e igualmente permitido por Dios como algo negativo y
rechazado por los que no creen. Las perfecciones divinas, impolutas y en toda
su grandeza que no sufre la menor disminución, están inmersas en ambos aspectos.
Las revelaciones que muestra son igualmente tan simples como la capacidad mental
de un niño, y tan complejas como los infinitos tesoros de la divina sabiduría y
el divino conocimiento, sostenidas por el Dios que las ha revelado.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
significa la palabra «Biblia»?
2. ¿En
qué consisten las dos líneas generales de evidencia de que la Biblia es la
Palabra de Dios?
3.
Mencionar cinco pasajes del Antiguo Testamento y otros cinco del Nuevo en que
la Biblia declare o asuma por sí misma el ser la Palabra de Dios.
4.
Mencionar seis perfecciones, con sus seis correspondientes transformaciones,
del carácter humano que la Palabra cumpla de acuerdo con el Salmo 19:7-11.
5. ¿Por
qué es la continuidad de la Biblia una evidencia de su inspiración?
6.
¿Cuáles son algunas de las evidencias de la continuidad de la Biblia?
7. ¿En
qué difiere la Biblia de otros libros respecto a la expresión de su revelación
de la verdad?
8. ¿De
qué forma tiene relación la extensiva publicación de la Biblia con su poder transformador?
9.
Describir y relatar el carácter sobrenatural de la Biblia con relación a su
contenido.
10.
Evaluar la Biblia en su carácter literario.
11. ¿Cómo
puede ser relacionada la cualidad humana de su confección con la autoridad exenta
de prejuicios de la Biblia?
12. Relacionar
la Biblia como libro sobrenatural con Jesucristo como persona sobrenatural.
LA BIBLIA: INSPIRADA POR DIOS
La
Biblia es el único libro escrito por inspiración de Dios, en el sentido de que
Dios ha guiado personalmente a sus escritores. La inspiración de la Biblia se
define como una enseñanza que Dios ha impartido directamente a sus autores y
que, sin destruir ni anular su propia individualidad, su estilo literario o
intereses personales, Dios ha transmitido en la misma Su completo e íntimo
pensamiento, y así ha quedado registrado por sus autores humanos. Al formar las
Escrituras, es cierto que Dios empleó a escritores humanos; pero esos hombres,
aunque no pudieran haber comprendido todo lo que estaban escribiendo, sin
embargo, bajo la guía de Dios y su mano directriz, produjeron los 66 libros que
forman la Biblia, en la cual se halla una fascinante continuidad y una
constante evidencia de la obra del Espíritu Santo dirigiendo sus plumas.
Por
tanto, aunque escrita por medios humanos, la Biblia es el mensaje de Dios al hombre,
más bien que un mensaje del hombre para su prójimo. Sin importar si las palabras
registradas son las que Dios dictó literalmente, las copias halladas de
antiguos códices y los resultados de la investigación acerca de los autores
humanos, o de sus pensamientos, aspiraciones y temores, demuestran que en cada
detalle Dios guió a esos hombres de tal forma que lo que ellos escribieron fue
precisamente lo que Dios intentó que escribieran, con el resultado, pues, de
que la Biblia es, ciertamente, la Palabra de Dios. Aunque ciertos pasajes de la
Biblia puedan diferir notablemente en su carácter, todas y cada una de las
palabras de la Escritura son igualmente inspiradas por Dios.
La
doctrina de la inspiración, precisamente por ser sobrenatural, presenta algunos
problemas para la comprensión humana. ¿Cómo puede un autor humano, registrando sus
propios pensamientos y sus conocimientos, ser guiado para escribir exactamente
lo que Dios desea que escriba? Precisamente por existir preguntas como ésta, se
han aventurado algunas opiniones, como la de la extensión del control divino
sobre los autores humanos. Existen diversas «teorías de la inspiración», y
todos los intérpretes de la Biblia siguen alguna de tales teorías. La
perspectiva de la inspiración aceptada por el comentarista es el fundamento
sobre el cual están construidas todas las interpretaciones de la Biblia, y por
tal motivo es preciso prestar una cuidadosa atención a la verdadera perspectiva
de la inspiración.
A. TEORIAS DE LA
INSPIRACION
1. INSPIRACIÓN VERBAL Y PLENARIA. En la
historia de la iglesia, la visión ortodoxa de la inspiración ha sido descrita
como verbal y plenaria. Por inspiración verbal se quiere significar que el
Espíritu de Dios fue quien guió la elección de las palabras usadas en los escritos
originales. Sin embargo, la Escritura indica la factura humana. Varios libros
de la Biblia reflejan las características personales del escritor, en estilo y
vocabulario, y con frecuencia sus personalidades están expresadas en sus
pensamientos, opiniones, plegarias o temores. No obstante, aunque son evidentes
los elementos humanos en la Biblia, la doctrina de la inspiración plenaria
sostiene y afirma que Dios lo dirigió, de tal forma que todas las palabras que
fueron usadas, lo fueron igualmente por Dios, e inspiradas por El. Esto se pone
de relieve por el uso de la palabra «plenaria», que significa «completa
inspiración», como término opuesto a los puntos de vista que afirman que sólo
hay una parcial inspiración en la Biblia.
Otras
palabras descriptivas adicionales se añaden con frecuencia para aclarar lo que
es la doctrina ortodoxa. Se declara que la Escritura es infalible en el sentido
de ser precisa e inmune a todo error. También se declara que la Escritura es
inerrable, significando con ello que la Biblia no contiene ningún error, como
declaración de hecho. Aunque la Biblia puede registrar en ocasiones
declaraciones de los hombres que no son ciertas, o incluso palabras de Satanás,
como en Génesis 3:4, en todos esos casos, aunque la declaración atribuida a
Satanás o a los hombres está fielmente registrada, está claro que Dios no
afirma la verdad de tales declaraciones. Al afirmar que la Biblia está verbal y
totalmente inspirada, además de ser inerrable e infalible en sus declaraciones
de la verdad, se sostiene que la guía perfecta y sobrenatural de Dios es
suministrada a toda palabra de la Escritura, de tal forma que la Biblia pueda
ser considerada como una precisa y exacta declaración de la verdad divina.
La
seguridad de la inspiración se aplica, por supuesto, a los escritos originales solamente
y no a las copias, traducciones o anotaciones. Como no existe ningún manuscrito
original, los eruditos se han extendido en gran medida para determinar la precisión
del texto de la Biblia de que ahora disponemos. Para el propósito de enseñar la
verdad, puede presumirse y tenerse por cierto de que nuestras presentes copias
de la Biblia son exactas reproducciones de los escritos originales. Si bien
existen pequeñas variantes en el texto, tales variaciones apenas afectan
cualquier enseñanza de la Biblia y los hallazgos posteriores de manuscritos
tienden a confirmar esta conclusión.
Para
todos los propósitos prácticos, el Antiguo Testamento, escrito en hebreo, y el Nuevo,
redactado en griego, pueden ser aceptados como la verdadera Palabra de Dios y una
auténtica declaración de lo que Dios intentó comunicar al hombre.
2. TEORÍA MECÁNICA O DEL DICTADO. En
contraste con la verdadera doctrina de la inspiración, que permitió a los
autores humanos, con su personalidad, redactar los escritos bajo la dirección
de Dios, algunos han sostenido que Dios realmente dictó la Escritura y que los
escritores de la Biblia actuaron sólo como taquígrafos. Pero si Dios hubiese
dictado la Biblia, el estilo de la redacción y el vocabulario de la Biblia
sería el mismo en toda su extensión. En muchos casos los autores de la
Escritura expresaron sus propios temores y sentimientos, o sus plegarias para
la salvación divina, y de diversas maneras dejaron la impronta de su
personalidad en el registro divino. La oración surgida del corazón de Pablo por
Israel, en Romanos 9:1-3, por ejemplo, habría perdido su significado de haber
sido dictada por Dios.
De
acuerdo, pues, con lo anteriormente expresado, mientras que la inspiración se extiende
a toda palabra de la Escritura, no se desestima la personalidad humana, el estilo
literario o el interés personal. La Biblia afirma la realización humana, al
igual que lo hace con la autoridad divina del Libro. Dios cumplió con exactitud
lo que El quiso al dirigir a los autores humanos que la escribieron, pero sin
el proceso mecánico del dictado. Algunas porciones de la Biblia fueron dictadas
por Dios y así está indicado en el mismo texto sagrado, pero la mayor parte de
la Biblia fue escrita por autores humanos sin evidencia de un dictado directo.
3. LA TEORÍA DEL CONCEPTO. Algunos
han intentado debilitar la completa inspiración de la Biblia y hacen
concesiones a la autoridad humana, diciendo que Dios inspiró el concepto, pero
no las palabras precisas. Esta opinión, no obstante, presenta graves problemas
si se piensa en que los autores humanos sólo entendieron parcialmente lo que
Dios les hubo revelado y, al hacerlo con sus propias palabras, pudieron muy
bien haber introducido errores de consideración en sus escritos.
La
Biblia contradice expresamente la idea de que sólo les fue suministrado el
concepto a sus autores humanos. Una y otra vez se pone énfasis en el sentido de
que las palabras de la Sagrada Escritura han sido inspiradas. La importancia de
las palabras se menciona frecuentemente (Ex. 20:1; Jn. 6:63; 17:8; 1 Co. 2:13).
En anotaciones del Antiguo Testamento se afirma repetidamente también que las
palabras, en sí mismas, están inspiradas por Dios, como sucede en Jn. 10:34-35;
Gá. 3:16; y la frecuente mención de la Biblia como la Palabra de Dios, en Ef.
6:17; Stg. 1:21-23; y 1 P. 2:2. Se pronuncia una solemne condenación sobre
cualquiera que suprima la Palabra de Dios (Ap. 22:18- 19). La teoría del
concepto, pues, no tiene consistencia respecto a que la Escritura haya sido
redactada así; falla enteramente a la luz de lo que la misma Biblia afirma acerca
de la verdadera doctrina de la inspiración.
4. INSPIRACIÓN PARCIAL. Se han
aventurado también otras teorías en el sentido de que sólo parte de la Biblia
es inspirada. Por ejemplo, algunos han afirmado que las porciones reveladas de
la Biblia que se refieren a la verdad divina son precisas y ciertas, pero que
no pueden aceptarse las declaraciones de tipo histórico, geográfico o científico.
Emparejada con la inspiración parcial está la idea de que algunos fragmentos de
la Escritura están más inspirados que otros, y así la verdad y el error se convierten
en cuestión de grado. Esto se aplica, a veces, a lo que es conocido como la «inspiración
mística» o la idea de que Dios ayudó en diversos grados a los autores en lo que
ellos escribieron, pero no dándoles por completo la capacidad de escribir la Escritura
sin error Todas las formas de inspiración parcial dejan la inspiración a juicio
del lector y, en consecuencia, la autoridad de la Escritura se convierte en la
autoridad de la persona que lee la Escritura, no existiendo de tal forma dos
lectores que estén de acuerdo con exactitud respecto a lo que hay de verdad y
lo que no lo es.
5. LA OPINIÓN NEO-ORTODOXA DE LA INSPIRACIÓN. En el
siglo XX se ha aventurado una nueva opinión o punto de vista sobre la
inspiración divina, que comienza con Karl Barth, y que se denomina
neo-ortodoxa. Aunque sin negar necesariamente que existan elementos
sobrenaturales en los escritos de la Escritura, esta opinión reconoce que hay errores
en la Biblia, y de esta forma la Biblia no puede ser tomada literalmente como verdadera.
El neo-ortodoxia sostiene que Dios habla mediante las Escrituras y las utiliza
como un medio para comunicarse con nosotros. De acuerdo con este punto de vista,
la Biblia se convierte en un canal de la revelación divina, de forma muy
parecida al concepto de que una bella flor o un encantador crepúsculo
suministran el concepto de que Dios es el Creador.
La
Biblia, considerada bajo semejante teoría, se hace verdadera sólo cuando es
comprendida, y la evidencia de verdad queda igualmente a juicio del lector
individual. La historia de este punto de vista demuestra que no hay dos personas
que estén exactamente de acuerdo respecto a lo que la Biblia enseña realmente
y, al igual que la inspiración parcial, deja al individuo como autoridad final por
lo que concierne a lo que es verdad y lo que es falso.
6. INSPIRACIÓN NATURALISTA. Esta es la opinión más extrema de
incredulidad y sostiene que la Biblia es igual que otro libro cualquiera.
Aunque Dios haya podido otorgar a sus autores una capacidad fuera de lo común
para expresar conceptos, es, después de todo, una producción humana sin ninguna
guía divina y sobrenatural. La Biblia, sujeta a este concepto, se convierte
simplemente en cualquier otro libro de religión, que expresa antiguos conceptos
y opiniones de experiencia espiritual que han tenido los hombres en el pasado.
Esta opinión destruye cualquier distintiva afirmación respecto a la autoridad
divina de la Biblia y deja sin explicación la maravillosa y real precisión de la
Biblia.
En
última instancia el lector de la Escritura tiene que tomar una postura y hacer
una elección. O bien la Biblia es lo que afirma ser -la Palabra inspirada de
Dios- y un libro en que confiar, como si Dios lo hubiese escrito por sí mismo,
sin autores humanos, o tiene que ser considerada como un libro que no sustancia
sus afirmaciones y no es, ciertamente, la Palabra de Dios. Mientras que pueden
sumarse muchas pruebas en apoyo de la inspiración de la Biblia, la mejor
evidencia se encuentra en el hecho de que la acción del Libro en la Historia
apoya sus propias afirmaciones. Su poder se ha manifestado en las vidas
transformadas de millones de personas que han puesto su confianza en las
palabras y las promesas de la Escritura.
B. EL TESTIMONIO DE CRISTO
El
hecho de que la Biblia está inspirada por el Espíritu Santo está apoyado por
muchas evidencias internas de que es, ciertamente, la Palabra de Dios, y está confirmado
por el poder de la Palabra de Dios para influenciar y transformar a los
hombres. De todas las evidencias, sin embargo, una de las más importantes es el
testimonio de nuestro Señor Jesucristo mismo de que, efectivamente, la Biblia
está inspirada por Dios.
Dondequiera
que Jesucristo cita la Escritura -y El lo hizo con frecuencia- lo hizo como teniendo
la autoridad y el completo reconocimiento de que había llegado a manos de los
hombres por la inspiración del Espíritu Santo.
De
acuerdo con Mateo 5:18, Cristo afirma que ni una jota ni una tilde de la Ley
quedará sin cumplimiento Con esto El expresaba que ni una jota (la letra más
pequeña del alfabeto hebreo) o una tilde (la parte más pequeña de una letra que
pudiese cambiar su significado) habrían de quedar incumplidas. Si la precisión
y la inspiración se extienden a cada una de sus letras, Cristo estaba
obviamente afirmando la inspiración de la totalidad del Antiguo Testamento.
En Juan
10:35 Cristo afirmó que «la Escritura no puede ser quebrantada», no puede fallar.
Una y otra vez el Nuevo Testamento afirma un exacto cumplimiento del Antiguo Testamento,
como en Mateo 1:22, 23 (Mt. 4:14; 8:17; 12:17; 15:7-8; 21:4-5; 42; 22:29;
26:31, 56; 27:9, 10, 35). Estas referencias procedentes del Evangelio de Mateo son
típicas de lo que se difunde por todo el Nuevo Testamento en su totalidad.
Incluso cuando afirma un cambio dispensacional o una modificación de una regla
de vida, la autoridad y la inspiración de las declaraciones originales de la
Escritura no se discuten en absoluto (Mt. 19:7-12).
Las
anotaciones procedentes del Antiguo Testamento se extienden a cualquier sección
importante y con frecuencia son de libros que son los más discutidos por los
críticos liberales, tales como el Deuteronomio, Jonás, y Daniel (Dt. 6:16; cf.
Mt. 12:40; Dn. 9:27; 12:11; cf. Mt. 24:15). Es imposible poner en tela de
juicio la inspiración del
Antiguo
Testamento sin dudar del carácter y veracidad de Jesucristo. Es por esta razón que
la negación de la inspirada Palabra de Dios conduce a la negación del Verbo encarnado
de Dios.
Jesucristo
no sólo afirmó la inspiración y la infalible exactitud del Antiguo Testamento, sino
que El predijo la escritura del Nuevo. De acuerdo con Juan 16:12-13, los
discípulos iban a recibir la verdad procedente del Espíritu Santo después que
Cristo hubiese ascendido a los cielos. Cristo estableció que los discípulos
serían los testigos de la verdad (Mt. 28:19; Lc. 10:22-23; Jn. 15:27; Hch.
1:8). Jesús otorgó a los discípulos autoridad en su pronunciamiento y difusión
de la verdad (Lc. 10:16; Jn. 13:19; 17:14, 18; He. 2:3-4).
Conforme
fue escribiéndose el Nuevo Testamento, sus autores se hallaban conscientes de
que eran guiados por el Espíritu de Dios y libremente afirmaron que el Nuevo Testamento
estaba inspirado al igual que el Antiguo. De la misma forma que David escribió
por el Espíritu (Mt. 22:43), y como el salmista fue inspirado (He. 3:7-11; Sal.
95:7-11), el Nuevo Testamento, en igual forma, afirma su inspiración. En 1 Timoteo
5:18; Deuteronomio 25:4 y Lucas 10:7 se cita la Escritura como igualmente inspirada.
En 2 Pedro 3:15-16 las Epístolas de Pablo están clasificadas como Escritura que
tiene que ser recibida como Palabra de Dios, al igual que toda la demás
Escritura. El Nuevo Testamento obviamente afirma tener la misma inspiración que
el Antiguo.
C. PASAJES IMPORTANTES
SOBRE LA INSPIRACION
Uno de
los pasajes fundamentales sobre la inspiración de la Biblia se encuentra en 2
Timoteo
3:16, donde se afirma: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia.» Por
«Escritura» el apóstol se refiere a las «Sagradas Escrituras» mencionadas en 2
Timoteo 3:15, incluyendo tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. La
expresión «inspirada por Dios» es una palabra que se halla en el Nuevo Testamento
griego, theopneustos, que significa «el aliento de
Dios». Con esto se quiere significar definitivamente que la Escritura procede
de Dios y por este hecho tiene la misma perfección que caracteriza al propio
Dios. Sería absolutamente imposible para Dios el ser el autor del error. La
inspiración se extiende no tanto a los autores como a la Palabra de Dios en sí
misma. En tanto que los autores eran falibles y sujetos a error, el aliento de
Dios insufló a tales autores Su infalible Palabra, dirigiéndoles con Su divino
poder, y lo que está escrito por ellos fue ciertamente la infalible Palabra de
Dios. Y porque es la Palabra de Dios, es provechosa para la doctrina o la
enseñanza, y para reprobación, corrección e instrucción en la justicia.
Una de
las importantes cuestiones que surge con frecuencia es: ¿Cómo pudo Dios inspirar
la Escritura siendo así que, de una parte, permite su factura humana y, de otra,
se produce la inspirada Palabra de Dios sin error? La cuestión de cómo Dios
lleva a cabo un acto sobrenatural es siempre inescrutable; sin embargo, se
puede captar alguna luz sobre el particular en 2 Pedro 1:21, donde, en relación
con una profecía de la Escritura, se declara:
«Porque
nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de
Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.» Tanto si se trataba de profetas
verbales o de profetas que lo pusieron por escrito, la explicación es que ellos
fueron «movidos e impulsados por el Espíritu Santo». La traducción de la
palabra «movido» es la que corresponde a llevar un peso, un cometido. En esta
declaración, pues, los autores humanos son llevados hacia un destino y un
objetivo deseado por
Dios,
de la misma forma que un barco lleva a sus pasajeros hacia su destino final. Aunque
los pasajeros que viajan en un barco tienen una cierta libertad humana y pueden
moverse libremente dentro de la nave, no pueden evitar que, de una forma segura
y decidida, la nave vaya a su destino marcado de antemano.
Si bien
esta explicación no es completa para ilustrar la inspiración, pues su
clarificación está más allá de la comprensión humana, se hace patente que los
autores humanos no quedaron en libertad de cumplir sus propios designios, ni
ejercieron, por tanto, su personal propósito. Dios actuaba dentro de ellos,
insuflándolos Sus pensamientos y utilizándoles como canales adecuados para la
consecución de tal obra. Es indudable que alguna parte de la Escritura estuvo
dictada expresamente por Dios, como, por ejemplo, la entrega de la Ley en Éxodo
20:1-17.
Una y
otra vez el Antiguo Testamento declara que «Dios dijo» (Gn. 1:3). Otra
expresión frecuente es que «llegó la palabra del Señor» a uno de los profetas
(cf. Jer. 1:2; Os. 1:1; Jon. 1:1; Mi. 1:1; Sof. 1:1; Hag. 1:1; Zac. 1:1). En
otras situaciones Dios habló mediante visiones O sueños (Dn. 2:1), o apareció
en forma de visión (Dn. 7:1). Aunque pudieran variar las formas y las circunstancias
de la divina revelación, en todas ellas Dios habla con una perfecta autoridad,
una absoluta precisión y de forma inerrable. Por todo esto, la Palabra de Dios
participa de la misma cualidad de verdad absoluta, propia de la persona y el carácter
del propio Dios.
D. CONSIDERACIONES
CUALIFICATIVAS
Al
declarar que la totalidad de la Biblia es la verdad y que está inspirada por
Dios, es preciso señalar que a veces la Biblia registra una mentira como tal
mentira; tal es el caso de la mentira de Satanás en Génesis 3:4. La Biblia
también registra las experiencias y razonamientos de los hombres, conforme
queda ilustrado en el Libro de Job y en el Eclesiastés. En ellos, lo que la
Escritura transcribe como palabras de sus personajes tiene que ser comprobado
por las claras afirmaciones de la verdad que se hallan extendidas por toda la Biblia.
De acuerdo con esto, algunas de las declaraciones de los amigos de Job no son
ciertas, y algunos de los pensamientos filosóficos del Eclesiastés no van más
allá de la sabiduría humana. Siempre que la Biblia establece un hecho como
cierto, es, desde luego, cierto, tanto sí procede del propio Dios como de revelación,
sean principios morales o un programa profético, o bien cuestiones de historia,
geografía o hechos que tienen relación con la ciencia. Es un fascinante testimonio
de la exactitud de la Palabra de Dios el que, aunque los autores no pudiesen anticipar
los descubrimientos científicos modernos ni utilizaron un lenguaje técnico, no contradicen,
sin embargo, cualquier descubrimiento que el hombre haya hecho y que sea
auténticamente cierto.
Existen
problemas en la Biblia que hacen surgir ciertas cuestiones. A veces, por falta
de información, la Biblia parece contradecirse a sí misma, como, por ejemplo,
en el relato de la curación de los ciegos de Jericó, donde diversos relatos
indican dos o un ciego (Mt. 20:30; Mr. 10:46; Lc. 18:35) y donde el incidente
parece haber ocurrido en otra parte fuera de Jericó (Mr. 10:46; Lc. 19:1).
Problemas de esta clase, no obstante, invitan a un paciente estudio y la
dificultad puede ser resuelta si todos los hechos nos fuesen conocidos. Por
ejemplo, existieron dos ciudades en Jericó: una antigua, la otra moderna.
Cristo pudo muy bien haber dejado una para entrar en la otra. Muchos supuestos
errores de la Biblia han sido perfectamente aclarados por descubrimientos y hallazgos
arqueológicos.
Realmente
nadie sabe lo suficiente como para contradecir los hechos registrados y las declaraciones
expuestas en la Biblia, tanto si se refieren a la creación del mundo, el origen
del hombre o si se extiende en determinados detalles de orden narrativo.
Adecuadamente
comprendida, la Biblia permanece como el monumento de la propia veracidad de
Dios y de la verdad, y puede ser creída como si el propio Dios hubiese hablado
directamente al individuo que lee la Escritura Aunque se han realizado intentos
para minar y destruir la Biblia, para aquellos que buscan la verdad respecto a Dios
continúa siendo la sola fuente de autoridad inerrable de la revelación divina.
PREGUNTAS
1.
Definir lo que significa la inspiración de la Biblia.
2. ¿Hasta
qué punto la Biblia está inspirada?
3. ¿Qué
quiere significarse por inspiración verbal y plenaria?
4. ¿Hasta
qué punto es infalible e inmune al error y qué significan estos términos?
5. ¿Cómo
se puede explicar que la Biblia refiere declaraciones falsas de los hombres?
6. ¿Hasta
qué punto se extiende la inspiración a las copias y traducciones de la Biblia?
7.
Definir la teoría de la inspiración mecánica e indicar por qué es inadecuada.
8.
¿Cuáles son los problemas de la teoría del concepto de la inspiración?
9.
¿Cuáles son los problemas de la teoría de la inspiración parcial o grados de inspiración?
10. ¿En
qué difiere el punto de vista neo-ortodoxo de la inspiración, del ortodoxo?
11. ¿Por
qué el punto de vista naturalista de la Biblia tiene que ser rechazado?
12. ¿Qué
enseñó Cristo concerniente a la inspiración de la Biblia?
13. ¿En
qué forma apoyan las anotaciones del Antiguo Testamento la inspiración de dicha
parte de la Biblia?
14. ¿Qué
indicaciones se dan en el Nuevo Testamento de que también está inspirado por
Dios?
15.
Discutir la declaración de 2 Timoteo 3:16.
16. ¿En
qué forma contribuye 2 Pedro 1:21 al método de la inspiración?
17.
Indicar el alcance en el cual la Biblia afirma su propia inspiración.
18. ¿Cómo
se relaciona la inspiración con la verdad de las experiencias humanas y sus razonamientos
según se halla ilustrado en el Libro de Job y en el Eclesiastés?
19. ¿Cuál
debería ser nuestra respuesta a las aparentes contradicciones de la Biblia?
20. ¿Por
qué es tan importante considerar el tema de la inspiración como un todo?
LA BIBLIA: SU TEMA Y
PROPÓSITO
A. JESUCRISTO COMO TEMA.
Nuestro
Señor Jesucristo es el supremo tema de la Biblia. Leyendo la Escritura, sin embargo,
las perfecciones de Cristo en Su Persona y Su obra se hallan presentadas en
diversos aspectos.
1.
JESUCRISTO COMO CREADOR. Los
primeros capítulos del Génesis describen la creación del mundo como llevada a cabo por Dios, utilizando la palabra Elohim, la cual incluye a Dios el Padre, Dios el
Hijo y Dios el Espíritu Santo.
Sólo cuando se llega al Nuevo Testamento es cuando queda revelado claramente que todas las cosas
fueron hechas por Cristo (Jn. 1:3). De acuerdo
con
Colosenses 1: 16-17: «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay
en los cielos y las que hay en
la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo
fue creado por medio de él y para él. Y él es
antes
de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.» Esto no quiere decir
que
Dios
Padre y Dios Espíritu Santo no tuviesen parte en la creación, pero se da a
Cristo el lugar principal como autor de la creación del universo. De acuerdo
con esto, las perfecciones del universo reflejan la obra de Sus manos.
2.
JESUCRISTO COMO EL SUPREMO GOBERNANTE DEL MUNDO. Puesto que El es el Creador, Jesucristo
ocupa también el lugar de supremo gobernante del
Universo. Puesto que la Escritura atribuye la completa soberanía al Dios Padre,
está
claro
que es Su propósito el que Cristo debería gobernar el mundo (Sal. 2:8-9). Es
propósito
de Dios que toda lengua tenga que confesar que Cristo es el Señor y que toda
rodilla
se inclinará ante, El (Is. 45:23; Ro. 14:11; Fil. 2:9-11). La historia del
hombre,
aunque
registra su rebelión contra Dios (Sal. 2:1-2), revela que Cristo está esperando
el
día en
que su completa soberanía queda expresada sobre la totalidad del mundo (Sal.
110:1).
El día llegará en que Cristo será el Señor de todas las cosas; será juzgado el
pecado
y la soberanía de Jesucristo revelada (Ap. 19:15-16).
En el
cumplimiento de su propósito Dios ha permitido que los gobernantes terrenales hayan
ocupado sus tronos. Grandes naciones e imperios se han levantado y han caído, tales
como Egipto, Asiria, Babilonia, el imperio Medo-persa, Grecia y Roma; pero el reino
final será el reino procedente de los cielos, sobre el cual Cristo ha de reinar
(Dn. 7:13-14).
No
solamente es Cristo el Rey que gobernará todas las naciones, sino que gobernará
en el trono de. David como el Hijo de David, y especialmente será el Rey de
Israel (Lc. 1:31-33). Esto, en particular, se hará evidente cuando El vuelva y
reine sobre la totalidad del mundo, incluyendo el Reino de Israel.
Su
soberanía está también expresada en su relación con la iglesia, de la cual El
es la cabeza (Ef. 1: 22-23). Como supremo gobernador del mundo, de Israel y de
la Iglesia (Ef. 1:20-21), Cristo es el Juez Supremo de todos los hombres (Jn.
5:27; cf. Is. 9:6-7; Sal. 72:1-2, 8, 11).
3.
JESUCRISTO COMO EL VERBO ENCARNADO. En el Nuevo testamento
especialmente, Jesucristo se revela como el Verbo Encarnado, La
personificación física de lo que es el propio Dios, y una revelación de la
naturaleza y
el ser
de Dios. En Cristo quedan revelados todos los atributos que pertenecen a Dios, especialmente
su sabiduría, poder, santidad y amor. Mediante Jesucristo, los hombres pueden
conocer a Dios en una forma más precisa y detallada que en cualquier otra forma
de la revelación divina. Jesucristo es el Verbo (Jn. 1:1). De acuerdo con lo
que
se dice
en Hebreos 1:3, Cristo, «siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su
sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,
habiendo
efectuado
la purificación de nuestros pecados, por medio de sí mismo, se sentó a la diestra
de la Majestad en las alturas». Es un propósito fundamental de Dios revelarse a sí
mismo a sus criaturas, mediante Jesucristo.
4.
JESUCRISTO COMO SALVADOR. En el drama de la historia, comenzando
con la creación del hombre, la caída y el fin con los nuevos cielos y la
nueva tierra, la obra de Jesucristo como Salvador es un tema prominente
de la Escritura. Cristo es la simiente prometida que conquistará a Satanás (Gn.
3:15). En el Antiguo Testamento, Cristo aparece descrito como el siervo de Jehová,
quien echará sobre sí los pecados de la totalidad del mundo (Is. 53:4-6; cf.
Jn.
1:29).
Como sacrificio por el pecado, El tiene que morir sobre la cruz y sufrir el
juicio
del
pecado de todo el mundo (1 Co. 15:3-4; 2 Co. 5: 19-21; 1 P. 1:1849; 1 Jn. 2:2;
Ap.
1:5).
Como Salvador, El no solamente es el sacrificio por el pecado, sino también nuestro
Sumo Sacerdote (He. 7:25-27).
Uno de
los propósitos centrales de Dios, como se revela en la Escritura, es el de proveer
la salvación mediante Jesucristo para una raza que está perdida. De acuerdo con
esto, desde el Génesis hasta, el Apocalipsis, Jesucristo es presentado en forma
suprema, como el único Salvador (Hch. 4:12).
B. LA HISTORIA DEL HOMBRE
EN LA BIBLIA
Aunque
la Biblia está fundamentalmente producida y diseñada para la glorificación de Dios,
también registra la historia del hombre, en estrecha relación con tal
propósito. La narrativa en la creación, en los primeros capítulos del Génesis
culmina en la creación de Adán y Eva. La Escritura, considerada como un todo,
contiene un plan de Dios y un propósito para la raza humana.
Conforme
van mostrándose los posteriores capítulos, los soberanos designios de Dios están
majestuosamente manifestados en la historia de la raza. Los inmediatos descendientes
de Adán y Eva son borrados de la faz de la tierra en el Diluvio, acaecido en
tiempos de Noé. En Génesis 10 se relata que los descendientes de Noé forman las
tres importantes divisiones de la raza humana. Después, los descendientes de
Noé también fallaron y fueron juzgados en la Torre de Babel, y Dios eligió a
Abraham para llevar a cabo su propósito de revelarse a sí mismo mediante el
pueblo de Israel.
Comenzando
en Génesis 12, el tema dominante de la Biblia es la aparición y la historia de
la nación de Israel. La mayor parte del Antiguo Testamento se ocupa de esta pequeña
nación, en relación con la masa de los gentiles que existen respecto a ella. En
los propósitos de Dios esto culmina en el Nuevo Testamento con la llegada de Jesucristo,
quien de forma suprema cumplió la promesa dada originalmente a Abraham de que
mediante su simiente todas las naciones del mundo serían bendecidas.
En el
Nuevo Testamento emerge otra importante división de la Humanidad, esto es, la iglesia
como el cuerpo de Cristo, comprendiendo tanto a judíos como a gentiles, quienes
creen en Jesucristo como su Salvador.
De esta
forma, el Nuevo Testamento se ocupa, en especial mediante los Hechos y las Epístolas,
de los procedimientos de Dios con la Iglesia. El libro del Apocalipsis es el gran
clímax de todo el contexto. La sucesión de los grandes imperios -comenzando con
Egipto y Asiria y continuando con Babilonia, el imperio Medo-persa, Grecia y
Roma tiene como culminación el Reino que viene de los cielos en la segunda
venida de Cristo.
Los
judíos y los gentiles, igualmente, se encuentran en el reino milenario con
Israel que ve las profecías cumplidas poseyendo la tierra bajo su Rey el
Mesías, y las naciones del mundo gozando también de las bendiciones del reino
milenial.
Mientras
que el tema de la Escritura se centra en Jesucristo y relata la historia del mundo
para el propósito de Dios y su glorificación, las acciones más importantes de Dios
pueden, de acuerdo con ella, ser vistas en la demostración de su soberanía en relación
con las naciones, su confianza y fe en relación con Israel y su gracia con respecto
a la iglesia. La consumación de todo ello se encuentra en los nuevos cielos y la
nueva tierra, y la nueva Jerusalén. Y así la historia retrocede y empieza la Eternidad.
C. EL PROPOSITO DE LA
BIBLIA
De
acuerdo con la Palabra de Dios escrita, un propósito supremo se revela en todo
lo que Dios ha hecho o hará, desde el comienzo de la creación hasta la más
lejana eternidad. Este supremo propósito es la manifestación de la gloria de
Dios. Para este propósito fueron creados los ángeles, fue diseñado el universo
material que es como un reflejo de su gloria, y el hombre creado a la imagen y
semejanza de Dios. En la inescrutable sabiduría de Dios, incluso el pecado fue
permitido y provista la redención como una perspectiva hacia la realización de
tal supremo propósito.
El que
Dios manifieste su gloria está de acuerdo con sus infinitas perfecciones.
Cuando el hombre intenta glorificarse a sí mismo es siempre una cuestión
discutible, dada su imperfección. Para Dios, el manifestar su gloria es
expresar y revelar la verdad, que tiene una infinita capacidad de bendición
para la criatura. Puesto que Dios es infinito en su ser y absoluto en su
perfección, El merece la gloria infinita, y sería una injusticia de infinitas
proporciones si se le escatimara la completa expresión de tal honor y gloria que
son totalmente suyas. Al manifestar su gloria, Dios no está buscándose a sí
mismo, sino más bien expresando su gloria para el beneficio de la creación,
obra suya. La revelación de Dios a sus criaturas les ha proporcionado un objeto
valiosísimo para el amor y la devoción, ha proporcionado asimismo materia para
la fe, y la paz de la mente, y ha dado al hombre la seguridad de la salvación
en el tiempo y en la eternidad. Cuanto más comprenda el hombre la gloria de
Dios, mayor será la bendición que enriquezca su existencia y que se proporcione
a sí mismo.
Puesto
que la Biblia es el mensaje de Dios hacia el hombre, su propósito supremo es que
Él pueda ser glorificado.
LA BIBLIA
REFIERE:
1. Que «todas las cosas, las
que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean
tronos, sean dominios, sean potestades, sean poderes; todo fue creado por medio
de él y para él» (para su gloria -Col. 1:16). Ángeles y hombres, el universo material
y toda criatura, todo ha sido creado para su gloria. «Los cielos declaran la gloria
de Dios» (Sal. 19:1).
2. La
nación de Israel es para la gloria de Dios (Is. 43:7, 21, 25; 60:1, 3, 21; Jer.
13:11).
3. Que la
Salvación es para la gloria de Dios (Ro. 9:23), ya que será una manifestación de
la gracia de Dios (Ef. 2:7) y es ahora una manifestación de la sabiduría de
Dios (Ef. 3:10).
4. Que
todo servicio tiene que ser para la gloria de Dios (Mt. 5:16; Jn. 15:8; 1 Co. 10:31;
1 P. 2:12; 4:11, 14). La Biblia, en sí misma, es el instrumento de Dios
mediante el cual El prepara al hombre de Dios para toda buena obra (2 Ti. 3:
16-17).
5. Que la
nueva pasión del cristiano es que Dios pueda ser glorificado (Ro. 5:2).
6.
Incluso la muerte del creyente se dice que es para este fin (Jn. 21:19; Fil.
1:20).
7. El que
sea salvo está destinado a compartir la gloria de Cristo (Jn. 17:22; Col. 3:4).
Tomada
como un todo, la Biblia difiere en su tema y propósito de cualquier otro libro existente
en el mundo. Se alza como algo glorioso, reflejando el lugar del hombre en la vida
y su oportunidad de salvación, el supremo carácter y la obra de Jesucristo como
Salvador, y proporciona, en detalle, las infinitas glorias que pertenecen al
propio Dios.
Es el
único libro que revela la criatura de parte de su Creador, el plan mediante el
cual el hombre, con todas sus imperfecciones, puede ser reconciliado en una
eterna coexistencia filial con el eterno Dios.
PREGUNTAS
1. ¿Qué
evidencia se encuentra de que Cristo ha participado en la creación?
2. ¿En
qué sentido es Cristo el supremo gobernante del mundo y cómo está expresado?
3.
Explicar cómo Cristo es la suprema revelación de Dios.
4.
Determinar la temática de la Escritura que trata a Cristo como Salvador,
incluyendo la mención de los pasajes del Nuevo Testamento
5 ¿De qué
forma registra la Biblia lo concerniente a la historia del hombre en el Génesis
1:1?
6. ¿Para
qué propósito escogió Dios a Abraham?
7. ¿En
qué manera culmina la historia de Israel en Cristo?
8. ¿Qué
nuevo propósito se revela en el Nuevo Testamento?
9. ¿Qué
grandes naciones caracterizan la historia?
10.
Distinguir los propósitos de Dios en su relación con las naciones, Israel y la
iglesia.
11 ¿En
qué medida revela la Biblia la gloria de Dios como su propósito supremo?
LA BIBLIA COMO REVELACIÓN
DIVINA
A. FORMAS DE LA REVELACION DIVINA
La
Biblia tiene como objetivo y propósito el ser la revelación del ser, las obras
y el programa de Dios. Que un Dios infinito buscase el revelarse a sí mismo a
sus criaturas, es razonable y esencial para el cumplimiento de los propósitos
de Dios en la creación.
Es, por
otra parte, natural que los seres racionales intenten saber algo respecto al Creador
que les ha dado vida. Si el hombre es el más alto orden de las criaturas, que tiene
la capacidad de reconocer y tener una intima comunión con el Creador, es, por tanto,
también razonable esperar que el Creador se comunicase con sus criaturas, revelándoles
su propósito y su voluntad. Hay tres vías de máxima importancia y que han sido
utilizadas por Dios para revelarse a sí mismo.
1. LA REVELACIÓN DE DIOS EN LA CREACIÓN. El
poder eterno y el carácter de Dios se revelan por las cosas que han sido
creadas (Ro. 1:20). El mundo de las cosas naturales, siendo una obra de Dios,
muestra que Dios es un Dios infinito en poder y sabiduría y que ha diseñado y
creado el mundo físico para un propósito inteligente. La revelación de Dios
mediante la Naturaleza, sin embargo, tiene sus limitaciones, al no aparecer claramente
manifestado el amor y la santidad de Dios. Mientras que la revelación en la
Naturaleza
es suficiente para que Dios pueda juzgar al mundo pagano por no adorarle como
su Creador, no revela un camino de salvación mediante el cual los pecadores puedan
ser reconciliados con un Dios santo, sagrado.
2. REVELACIÓN EN CRISTO. Una
suprema revelación de Dios fue suministrada en la persona y la obra de Cristo,
que nació en su debido tiempo (Gá. 4:4). El Hijo de Dios vino al mundo para
revelar a Dios a los hombres en términos que pudiesen comprender.
Por su
llegada como hombre mediante el acto de la encarnación, los hechos relacionados
con Dios, que de otra forma hubiesen sido muy difíciles para la comprensión
humana, se trasladan al limitado alcance de la comprensión y el entendimiento
humanos. Así pues, en Cristo, no sólo se revela el poder y la sabiduría de
Dios, sino también su amor, la bondad divina, su santidad y su gracia. Cristo declaró:
«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn. 14:9). En consecuencia, el
que conoce a Jesucristo, también conoce al Dios Padre.
3. LA REVELACIÓN EN LA PALABRA ESCRITA. La Palabra escrita de Dios es capaz, sin
embargo, de revelar a Dios en términos incluso más explícitos de los que puedan
ser observados en la persona y obra de Cristo. Como previamente se ha
demostrado, es la Biblia la que nos presenta a Jesucristo tanto como el objeto
de las profecías, como en su cumplimiento. Con todo, la Biblia va aún más allá;
dando detalles respecto a Cristo, muestra el programa de Dios para Israel, para
las naciones, así como para la iglesia, y trata de muchos otros temas de la
historia del género humano y del universo. La Biblia no sólo presenta a Dios
como su tema fundamental, sino que también nos muestra sus propósitos.
La
revelación escrita lo incluye todo en sí misma. Expone de la forma más clara y
convincente todos los hechos que conciernen a Dios y que están revelados en la Naturaleza,
y proporciona el único registro que atañe a la manifestación de Dios en Cristo.
También se extiende la divina revelación en grandes detalles que se relacionan con
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, los ángeles, los demonios, el hombre, el
pecado, la salvación, la gracia y la gloria. La Biblia, pues, puede ser
considerada como el complemento perfecto de la divina revelación de Dios,
parcialmente revelada en la Naturaleza, y más plenamente revelada en Cristo, y
revelada completamente en la Palabra escrita.
B. REVELACION ESPECIAL
A
través de toda la historia del hombre, Dios ha suministrado una revelación
especial.
Se
registran muchas ocasiones en la Palabra de Dios en que habla directamente al hombre,
como El lo hizo en el jardín del Edén, o a los profetas del Antiguo Testamento,
o a los apóstoles en el Nuevo. Algunas de estas revelaciones especiales fueron registradas
en la Biblia y forman el único y autorizado registro inspirado que tenemos de
tal revelación especial.
Una vez
completos los 66 libros de la Biblia, la revelación especial en el sentido ordinario
de la expresión parece haber cesado. Nadie ha sido capaz de añadir con éxito un
solo versículo a las Escrituras como declaración verdadera. Las añadiduras
apócrifas son claramente inferiores y sin la inspiración propiamente dicha que
caracteriza siempre todo escrito de la Escritura.
En
lugar de la revelación especial, sin embargo, una obra del Espíritu Santo ha caracterizado
especialmente la edad presente. Así como el Espíritu de Dios ilumina o arroja
luz sobre las Escrituras, hay una forma legítima de tiempo presente en la revelación
procedente de Dios, en la cual las enseñanzas de la Biblia se aclaran y se aplican
a la vida de los individuos y las circunstancias. Emparejada con la obra de iluminación
está la obra del Espíritu como guía, cuando las verdades generales escriturísticas
se aplican a las necesidades particulares de un individuo. Aunque ambas cosas
-la guía y la iluminación- son obras genuinas de Dios, no garantizan que un individuo
comprenda perfectamente la Biblia, o en todos los casos la comprenda adecuadamente
con la guía de Dios. Así, mientras que la iluminación y la guía son una obra
del Espíritu, no poseen la infalibilidad de la Escritura, puesto que los
receptores son seres humanos de por sí falibles.
Aparte
de esta obra del Espíritu de Dios, no obstante, al revelar lo que significa la Escritura,
no hay comprensión real de la verdad, como se declara en 1 Corintios 2:10. La
verdad de la Palabra de Dios necesita ser revelada a nosotros por el Espíritu
de Dios, y necesitamos ser enseñados por el Espíritu (1 Co. 2:13). Según 1
Corintios 2:14, «el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de
Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de
discernir espiritualmente». En consecuencia, la Biblia es un libro cerrado, por
lo que respecta a su verdadero significado, para quien no sea cristiano y no
esté enseñado por el Espíritu. Ello requiere, además, por parte del individuo
estudioso de la Escritura, una íntima proximidad con Dios en la cual el
Espíritu de Dios sea capaz de revelar su verdad.
C. INTERPRETACION
Al
recibir la revelación que proviene a través del Espíritu Santo, en la forma en
que El enseña la Palabra de Dios a un creyente en Cristo, los problemas de
interpretación de la Biblia se hacen evidentes. Son necesarias ciertas reglas
básicas si se tiene que comprender la ciencia de la interpretación, llamada
«hermenéutica». Aunque existe confianza y seguridad en el Espíritu Santo para
la instrucción en la Palabra de Dios, hay ciertos principios que tienen que ser
enumerados.
1. EL PROPÓSITO DE LA BIBLIA COMO UN TODO. Al
interpretar la Biblia, cada texto tiene que ser tomado a la luz del contenido
total de la Escritura, para que la Biblia no se contradiga a sí misma.
2. EL MENSAJE PARTICULAR DE CADA LIBRO DE LA BIBLIA. La
interpretación de la Escritura necesita siempre tomar en consideración el
propósito del libro, del cual forma parte.
Un
estudio del Eclesiastés es, según esto, completamente diferente del de un libro
como el Apocalipsis, o los Salmos, y la interpretación tiene que estar en
relación con el propósito del libro.
3. A QUIÉN VA DIRIGIDO. Mientras
que toda la Escritura ha recibido por igual la inspiración de Dios, no toda
Escritura es igualmente aplicable. Muchas falsas doctrinas se han producido
mediante una errónea aplicación de la Escritura. De esta forma, la cuestión se
plantea en lo concerniente a quién se considera en un pasaje particular. Es preciso
distinguir la aplicación primaria y secundaria. La aplicación primaria puede extenderse
sólo al individuo o grupo a quien va dirigida la Escritura, como, por ejemplo,
la Epístola a los Gálatas o un salmo escrito por David. Hay casi siempre una segunda
aplicación, cómo las verdades particulares se producen el texto escriturístico
y que se descubre que tienen una aplicación general más allá de aquel a quien
están realmente dirigidas. Así, mientras la ley en el Antiguo Testamento está
dirigida a Israel, los cristianos pueden estudiarla con provecho como una
revelación de la santidad de Dios, cambiando algunos particulares en su
aplicación a nosotros.
4. EL CONTEXTO. Una de las importantes
consideraciones en la exposición de cualquier texto es considerar el contexto
inmediato. Con frecuencia esto proporciona la pista para lo que fue escrito
intencionadamente en esa declaración particular. La Escritura que precede y
sigue cualquier versículo dado ayuda al lector a comprender tal versículo en sí
mismo.
5. LAS ENSEÑANZAS SIMILARES EN OTRA PARTE DE LA
PALABRA DE DIOS. Ya que la Biblia no puede contradecirse
a sí misma, cuando se hace una declaración teológica en un versículo ha de
estar armonizada con cualquier otra declaración teológica similar en otra parte.
Esta es la tarea particular de la teología sistemática, la cual intenta tomar toda
la revelación divina y exponer de forma clara y convincente su contenido en una
forma doctrinal que no sea contradictoria de cualquier porción o parte de la
Sagrada Escritura. Con frecuencia, unos libros se complementan recíprocamente
con otros. Por ejemplo, el libro del Apocalipsis repetidamente depende para su
interpretación del libro de Daniel u otro del Antiguo Testamento, en sus
profecías. Si el Espíritu Santo es el autor de la totalidad de la Palabra de
Dios, lo que se dice en un lugar, debe ayudarnos a comprender lo que se dice en
otro, en la Escritura.
6. EXÉGESIS PRECISA DE LAS PALABRAS EN UN TEXTO
PARTICULAR. La Biblia fue escrita originalmente en hebreo y en
griego, y con frecuencia se presenta la dificultad de su correcta traducción.
Por tanto, el conocimiento del lenguaje original es muy necesario para
determinar con exactitud lo que dice el texto. Los estudiosos de la Escritura
que no disponen de esos recursos técnicos, pueden ayudarse frecuentemente por comentarios
y exposiciones hechos por autores capacitados para arrojar luz sobre un texto
particular. Aunque para la mayor parte de los propósitos una buena traducción
es suficiente, un estudioso que ponga cuidado en su esfuerzo se ayudará a veces
consultando trabajos de autoridades competentes, capaces de aclarar un texto específico.
Por
añadidura, para determinar el significado real de las palabras, la adecuada interpretación
asume que cada palabra tiene su significado literal normal, a menos que haya
buenas razones para considerarla como una figura del discurso. Por ejemplo, la tierra
prometida a Israel no debe ser considerada como una referencia al cielo, sino más
bien como una referencia literal a la Tierra Santa. Por la misma razón, las promesas
dadas a Israel no deberían ser espiritualizadas para aplicarlas a los creyentes
gentiles en Cristo. La regla de interpretación es que las palabras deben tener
su significado normal, a menos que el contexto indique claramente que se
intenta emplear una figura de dicción en el discurso.
7. PRECAUCIONES CONTRA LOS PREJUICIOS. Si bien
es adecuado para cualquier intérprete de la Escritura el aproximarse a un
pasaje con la convicción teológica que surge del estudio de la totalidad de la
Biblia, hay que tener cuidado en no retorcer el texto respecto a lo que no
dice, con objeto de armonizarlo con ideas preconcebidas. Cada texto debe hablar
por sí mismo, y ello hay que permitirlo incluso si deja temporalmente sin
resolver algunos problemas de armonización con otra parte de la Escritura.
Al
interpretar la Biblia, es importante considerar a la Escritura como una
comprensiva revelación que tiene como fin el ser comprendida por todos los que
son enseñados por el Espíritu. La Biblia tiene la intención de comunicar la
verdad, y cuando está adecuadamente interpretada, contiene en sí un sistema de
doctrina que es armonioso y no contradictorio.
PREGUNTAS
1. ¿Por
qué es razonable asumir que Dios haya deseado revelarse a sí mismo al hombre?
2. ¿Cuál
es la extensión y la limitación de la revelación en la Naturaleza?
3. ¿Hasta
qué extremo es Cristo una revelación de Dios?
4. ¿Por
qué ha sido la Palabra escrita necesaria para revelar a Dios completamente?
5.
¿Cuáles son algunos de los temas más importantes de la revelación divina y que
no pueden ser aprendidos en la Naturaleza?
6. ¿Qué
quiere significarse por revelación especial?
7. ¿Qué
obra del Espíritu ha reemplazado hoy la revelación especial y por qué es ello necesario?
8. ¿Por
qué es preciso tomar en consideración a la Biblia como un todo, al igual que el
mensaje particular de cada libro de los que componen la Escritura?
9.
¿Cuáles son los peligros de aplicar mal la Escritura, y por qué es preciso
distinguir la aplicación primaria y secundaria?
10. ¿A qué
se contribuye con el contexto de cualquier pasaje?
11. ¿Por
qué es preciso que la interpretación de un texto esté en armonía con otros pasajes
bíblicos?
12. ¿Hasta
qué extremo se requiere que la exégesis sea precisa?
13. ¿Hasta
qué extremo debería el significado normal de las palabras determinar el significado
de un pasaje?
14. ¿Cuál
es el peligro de los prejuicios al interpretar la Escritura?