A. EL HOMBRE COMO UN SER CREADO
Habiéndose
descubierto en el medio de un universo maravilloso y siendo del más alto orden
de las criaturas físicas, el hombre, naturalmente, buscaría la forma de
entender su propio origen tanto como el origen de todas las cosas existentes.
Dado que la Naturaleza no revela la creación del hombre y la tradición no sería
una fuente digna de confianza en la información, es razonable esperar que Dios
revelaría los hechos esenciales acerca de la creación del hombre en la Biblia.
En los primeros capítulos del Génesis, y donde se quiera en la Biblia, la
creación del hombre se enseña claramente en la Escritura.
A causa
de que el origen del hombre es un asunto natural para la investigación y especulación,
aquellos que han tratado de contestar la pregunta aparte de la Escritura han
hecho numerosas tentativas para explicar el origen del hombre. Estos hechos conflictivos
demuestran que el hombre no tiene información cierta acerca de su origen a no
ser la que la Biblia le pueda dar, y sólo en la Escritura uno puede esperar encontrar
un relato completo y exacto.
Uno de
los puntos de vista más comunes que se han levantado en contradicción con la doctrina
de la creación del hombre revelada en la Biblia es la teoría de la evolución.
Esta
teoría es que de alguna manera llegó a la existencia siendo una célula viviente
y de esta célula viviente el hombre evolucionó por un proceso de selección
natural. La evolución intenta explicar todas las complicadas formas de vida en
este mundo por este proceso natural.
De
acuerdo a la teoría de la evolución, todas las plantas, animales y el hombre
fueron formados por un proceso de pequeños cambios llevados a cabo por
mutaciones, las cuales se creen que explican todas las especies. Sin embargo,
las mutaciones son casi invariablemente dañinas más que beneficiosas, y nunca
se han observado series de mutaciones que sean beneficiosas o que hayan
producido una nueva especie. De acuerdo con esto, mientras que el registro
bíblico reconoce que puede haber variaciones dentro de las especies, declara
que Dios creó los animales «según su especie» (Gn. 1:21, 24, 25)
En
contraste con los animales, el hombre fue hecho a la imagen y semejanza de Dios
(1:26-27). Aunque muchos adeptos a la evolución admiten que es sólo una teoría
y los fósiles revelan que no ha habido evolución sistemática de las formas más
bajas de vida a las formas más altas, la evolución se constituye en la única
explicación que el hombre natural ha sido capaz de ofrecer en contradicción a
la doctrina bíblica de la creación; está basada claramente en un concepto naturalístico,
más bien que en el origen sobrenatural del hombre.
De
igual manera, la teoría de la así llamada evolución teísta -que Dios usó la
evolución como un método- para ser sostenida depende de una negación del
significado literal de la narración de la creación en la Biblia.
La
doctrina de la creación del hombre está enseñada claramente en la Escritura
(Gn. 1:1 - 2:25; Jn. 1:3; Col. 1:16; He. 11:3). El primer capítulo de Génesis
se refiere a Dios como el Creador cerca de diecisiete veces, y se pueden encontrar
cerca de cincuenta referencias más en la Biblia. Algunas enseñan directamente
sobre la creación, y otros pasajes implican que Dios es el Creador de Adán y
Eva (Ex. 20: 11; Sal. 8:3-6; Mt. 9:4- 5; Mr. 10:6-7; Lc. 3:38; Ro. 5:12-21; 1
Co. " 11:9; 15:22, 45; 1 Ti. 2:13-14). El verdadero concepto de la
creación es que Dios creó el mundo de la nada, puesto que en Génesis 1:1 no se
hace mención de ninguna existencia previa.
Como se
presenta en Génesis, el hombre es la máxima obra de Dios en la creación, y se declara
que toda la creación tuvo lugar en seis días. Entre aquellos que aceptan la
" Biblia como la obra inspirada de Dios se han dado diferentes
explicaciones a estos días de la creación. Algunos ven la narración de Génesis
1 como una re-creación siguiendo una primera creación, la cual fue juzgada y
destruida en conexión con la caída de Satanás y los ángeles caídos. Esto nos
daría la evidencia de que el mundo inorgánico existía mucho antes de la
creación descrita en los seis días de Génesis 1-2.
Algunos
miran los seis días como períodos de tiempo, más cortos o más largos que veinticuatro
horas, porque la palabra «día» a veces es usada para períodos más largos, así
como en la expresión «el día del Señor». Otros insisten, sin embargo, que, dado
que se usan los números con la palabra «día», debe aplicarse a un día de
veinticuatro horas. En este caso se presupone que Dios creó el mundo con edad
aparente, como lo hizo, por ejemplo, en la creación del hombre mismo y en el
caso de los animales.
Otros,
sin embargo, señalan a la sugerencia de que el tiempo involucrado fue más largo
que veinticuatro horas debido a expresiones como las de Génesis 1: 11, donde el
árbol frutal se presenta creciendo de la tierra. Mientras que Dios podría haber
creado un árbol completamente crecido, el hecho de que se diga que crece
implica un período más largo que veinticuatro horas. Mientras que los
evangélicos han diferido en la interpretación precisa del proceso de la
creación, la mayoría de los intérpretes que sostienen la inspiración e
infalibilidad de la Biblia atribuyen la presente existencia de los animales y
del hombre a la creación inmediata de Dios, y en la Escritura no hay evidencia
del desarrollo evolucionario de las especies por leyes naturales.
B. LA NATURALEZA DEL HOMBRE
De acuerdo al
testimonio de la Escritura, el hombre, en su forma humana presente, fue creado
por Dios como la conclusión y consumación de toda la creación. Se dice del hombre
que fue hecho a la imagen y semejanza de Dios (Gn. 1:26) y que Dios respiró en
él el aliento de vida (Gn. 2:7). Estas distinciones califican al hombre por
sobre todas las otras formas de vida que están sobre la tierra e indican
que el hombre es una criatura moral con intelecto, capacidad para sentir y voluntad.
Hablando en
líneas generales, la creación del hombre incluyó aquello que era material «(el
polvo») e inmaterial «(el aliento de vida»). Esta doble distinción tiene
referencia al «hombre exterior» y al «hombre interior» (2 Co. 4: 16); «el vaso
de barro» y «su tesoro» (2 Co. 4: 7). Mientras que el alma y el espíritu del
hombre se presentan existiendo para siempre, el cuerpo retorna al polvo desde
donde fue formado, y el espíritu va a Dios quien lo dio (Ec. 12:7). De acuerdo
a ello, la gente puede matar el cuerpo pero no matar el alma (Mt.10:28).
Cuando la
Escritura considera la parte inmaterial del hombre, a veces usa varios términos
intercambiables (cf. Gn. 41:8 con Sal. 42:6; Mt. 20:28 con 27:50; Jn. 12:27 con
13:21; He. 12:23 con Ap. 6:9), aun aplicando estos términos a Dios (Is. 42:1;
Jer. 9:9; He. 10:38) y a los animales (Ec. 3:21; Ap. 16:3). Algunas veces se
distingue el espíritu, del alma del hombre (1 Ts. 5:23; He. 4:12).
A pesar de
las altas funciones de la parte inmaterial del hombre, a veces se atribuyen al espíritu
y a veces al alma (Mr. 8:36-37; 12:30; Lc. 1:46; He. 6:18-19; Stg. 1:21); el espíritu
se menciona usualmente en las Escrituras como aquella parte del hombre la cual
es capaz de contemplar a Dios, y el alma es aquella parte del hombre la cual
está relacionada al yo y las varias funciones del intelecto, sensibilidades y
voluntad del hombre.
Sin embargo,
también se usan otros términos de la naturaleza inmaterial del hombre tales
como el corazón (Ex. 7:23; Sal. 37:4; Ro. 9:2; 10:9-10; Ef. 3:17; He. 4:7).
Otro término usado es aquel en cuanto a la mente del hombre, ya sea en
referencia a la pecaminosidad de la mente del hombre no salvo (Ro. 1:28; 2 Co.
4:4; Ef. 4:17-18; Tit. 1:15), o a la mente renovada que posee un cristiano (Mt.
22:37; Ro. 12:2; 1 Co. 14:15; Ef. 5:17). Otras expresiones tales como
«voluntad» y «conciencia» también se refieren a la
parte inmaterial del hombre.
Dada la
variedad de términos que a veces son usados en sentido similar y a veces
en contraste el uno con el otro, muchos han considerado la división del hombre
en material e inmaterial como la división básica; pero aun aquí expresiones
como «alma» y «espíritu» a veces son usadas para la totalidad del hombre
incluyendo su cuerpo.
Algunas
religiones paganas sostienen que el origen inmaterial de la naturaleza del hombre
es preexistente; esto significa que ha existido eternamente y
sólo se encarna en el principio de la existencia humana; esto no está sostenido
por la Escritura. Otro punto de vista ofrecido por algunos teólogos evangélicos
es que el alma es creada por Dios en el principio de la existencia humana
individual; esta teoría tiene dificultades en cuanto a la pecaminosidad del
hombre.
Probablemente
el mejor punto de vista, conocido como el traducianismo, es que el
alma y el espíritu fueron propagados por generación natural, y por esta razón
el hombre recibe un alma y espíritu pecaminosos, porque sus padres son
pecadores.
El cuerpo
humano del hombre es la habitación del alma y el espíritu del hombre hasta que
muera. Aunque acaba con la muerte, está sujeto a resurrección. Esto es
verdadero en cuanto a los salvos y los no salvos, aunque las resurrecciones son
diferentes. A veces el cuerpo tiene referencia como la «carne» (Col. 2:1, 5), y
se usa para el cuerpo de Cristo) (1 Ti. 3: 16; 1 P. 3: 18). Otras veces se
refiere a la naturaleza pecaminosa, la cual incluye el alma y el espíritu, como
en la declaración de Pablo que él había «crucificado la carne» (Gá.5:24).
De acuerdo a
ello, la carne no debe considerarse sinónimo con el cuerpo en todos
los pasajes, puesto que puede implicar todo el hombre no regenerado.
Los cuerpos
de las personas salvas son declarados como «templos» (Jn. 2:21; 1 Co. 6: 19;
Fil. 1: 20), aunque al mismo tiempo sus cuerpos son considerados como «vasos de
barro» (2 Co. 4:7), cuerpos «viles» (Fil. 3:21), cuerpos para ser mortificados
(Ro. 8:13; Col. 3:5) y cuerpos los cuales tienen que ser mantenidos en sujeción
(1 Co. 9:27). Los cuerpos de los salvos serán transformados, santificados,
salvados y redimidos y finalmente glorificados para siempre en la venida de
Cristo por su Iglesia (Ro. 8:11,17- 18,23; 1 Co. 6:13-20; Fil. 3:20-21).
Jesucristo poseía un cuerpo humano perfecto antes de su muerte, y después de su
resurrección tenía un cuerpo de carne y hueso que es el ejemplo del cuerpo de
resurrección del creyente. El término «cuerpo» se usa también como una figura
de la iglesia como el cuerpo de Cristo y del cual Cristo es la cabeza.
PREGUNTAS
1. Aparte de la
Biblia, ¿tiene el hombre algún tipo de conocimiento con respecto a su origen?
2. ¿De
qué manera explica la teoría de la evolución el origen del hombre?
3. ¿Qué
sostiene la evolución deísta?
4. ¿En
qué manera el hombre difiere de los animales, y qué relación tiene esto con el problema
del origen del pecado?
5. ¿Qué
evidencia existe en la Escritura de la creación del hombre?
6. ¿Cuáles
son varias de las explicaciones que se buscan al relato de las Escrituras del hombre
como ser creado en seis días?
7. ¿Por
qué crees que la explicación bíblica del origen del hombre como ser creado es superior
a la teoría evolucionista?
8. ¿Qué
significa la declaración de que el hombre es hecho a la imagen y semejanza de Dios?
9. ¿Qué
significado tienen «espíritu» y «alma» cuando se usan en relación al hombre?
10. ¿Qué
otros términos se usan para describir la parte inmaterial del hombre además de
alma y espíritu?
11.
Exponer otras opiniones sobre el origen de la naturaleza del hombre como ser preexistente
o ser creado en el nacimiento de cada individuo.
12. ¿Qué
es el traducianismo (teoría que explica el origen del alma y espíritu del hombre)
y por qué es, probablemente, superior que cualquier otro punto de vista?
13. ¿Qué
significado tiene el término «carne», en la Biblia. y en qué sentido se usa?
14. ¿En
qué sentido es un templo el cuerpo de una persona salvada?
15. ¿En
qué se funda la esperanza de una persona salvada de ser transformada y glorificada?
EL HOMBRE: SU CAÍDA
El
problema de cómo el pecado entró en el universo es un asunto en el cual cada sistema
encuentra obstáculos. Sin embargo, solamente la Biblia provee una explicación razonable.
Como fue visto en el estudio previo de los ángeles, el pecado entró primeramente
en el universo en la rebelión de algunos de los santos ángeles guiados por
Satanás, lo cual ocurrió bastante antes de que el hombre fuera creado. Los primeros
capítulos del Génesis registran la caída en el pecado por Adán y Eva. Las varias
interpretaciones de este hecho nos llevan a considerarlo un evento literal que explica
la pecaminosidad de la raza humana o al intento de explicarlo como algo no histórico
o como un mito. La interpretación ortodoxa, sin embargo, es que el acontecimiento
tuvo lugar exactamente como se registra en la Escritura, y ésta es la manera en
que se relata en el resto de la Biblia.
La
caída del hombre en pecado puede considerarse desde tres aspectos:
1) Adán antes de la caída,
2) Adán después de la caída,
y:
3) el efecto de la caída de
Adán sobre la raza humana.
A. ADÁN ANTES DE LA CAÍDA.
En
palabras de peculiar sencillez, la Biblia introduce en la historia al primer
hombre y a la mujer que le fue dada por compañera. Estos dos seres fueron
unidos como «una sola carne», y según el concepto divino esto es lo que
constituye la verdadera unidad.
Aunque
tanto el hombre como la mujer pecaron y cayeron, la Biblia se refiere a este fracaso
mutuo como a la caída del hombre.
No es
posible hacer cálculos en cuanto a la extensión del período durante el cual
Adán y Eva permanecieron en su condición original; sin embargo, es evidente que
fue un tiempo suficiente como para que pudieran acostumbrarse a la situación en
que habían sido colocados, para observar con cuidado y darle nombre a las
criaturas vivientes y experimentar la comunión con Dios. Semejante a todas las
obras de Dios, el hombre fue creado «bueno en gran manera» (Gn. 1:31), que
significa que él era agradable al Creador. Esto implica más que Adán era
inocente, siendo este último término de carácter negativo y sugiriendo
simplemente que el primer hombre no había cometido pecado. La santidad, que es
el principal atributo de Dios, es un término positivo e indica que El es
incapaz de pecar.
El
hombre, dado que fue hecho a la imagen de Dios, tenía una personalidad completa
y la capacidad moral de tomar decisiones. En contraste con Dios quien no puede
pecar, tanto los hombres como los ángeles podían pecar. Como fue visto en el
estudio anterior sobre los ángeles, Satanás pecó (Is. 14: 12-14; Ez. 28:15), y
tras él fueron otros ángeles, de quienes se ha escrito que «no guardaron su
original estado (Jud. 6, V.M.).
Debido
al hecho de que Satanás y los ángeles caídos pecaron primero, el hombre no originó
el pecado, pero se convirtió en un pecador debido a la influencia satánica (Gn.
3:4-7).
El
relato de cómo pecaron Adán y Eva está revelado en Génesis 3:1-6. De acuerdo a esto,
Satanás apareció en la forma de una serpiente, una criatura la cual en ese
tiempo era un animal muy hermoso y atractivo. Como lo registra la Biblia, Dios
había dado a Adán y Eva una prohibición: ellos no deberían comer del árbol del
conocimiento del bien y del mal. De acuerdo a Génesis 2: 17, Dios dijo: «Mas
del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás.»
Esta
prohibición relativamente simple era una prueba para ver si Adán y Eva obedecerían
a Dios.
En su
conversación con Eva, Satanás introdujo esta prohibición diciéndole a Eva: «¿Conque
Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Gn. 3:1). Lo que quiso
implicar era que Dios estaba escondiendo algo que era bueno y que El estaba siendo
muy severo innecesariamente en su prohibición. Eva le contestó a la serpiente: «Del
fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que
está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que
no muráis» (Gn. 3: 2-3).
En su
respuesta Eva cayó en la trampa de Satanás al dejar fuera la palabra «libremente»
en el permiso de Dios de comer de los árboles del huerto, y también ella dejó
fuera la palabra «seguramente» en la advertencia de Dios. La tendencia natural del
hombre de minimizar la bondad de Dios y de magnificar su severidad son, desde entonces,
características familiares de la experiencia humana. Satanás inmediatamente se
aferró de la omisión de la palabra «seguramente» en cuanto al castigo y le dijo
a la mujer: «No moriréis: sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán
abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Gn. 3:4-5).
En su
conversación con la mujer, Satanás se revela como el engañador. La seguridad del
castigo se desafía directamente y se niega así expresamente la Palabra de Dios.
El
hecho de que comiendo del fruto sus ojos serían abiertos al conocimiento del
bien y del mal era verdad, pero lo que Satanás no reveló fue que ellos tendrían
el poder de conocer el bien y el mal sin el poder de hacer el bien.
De
acuerdo a Génesis 3:6, la caída de Adán y Eva en el pecado está registrada así:
«y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los
ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y
comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» Si Satanás le
sugirió esto a la mujer o si ella llegó a estas conclusiones por sí misma no lo
dice la Escritura.
Sin
embargo, se nota aquí el modelo familiar de la tentación en tres líneas
indicadas en 1 Juan 2:16: el hecho de que el fruto era bueno para comer apeló a
la «concupiscencia de la carne»; el hecho de que era «agradable a los ojos»
apeló a la «concupiscencia de los ojos»; y el poder del fruto del árbol de
hacerlos sabios apeló a la «vanagloria de la vida». Un ejemplo similar de
tentación fue seguido por Satanás en la tentación de Cristo (Mt. 4:1-11; Mr.
1:12-13; Lc. 4:1-13).
Eva fue
engañada en tomar del fruto, y Adán siguió su ejemplo aunque él no fue engañado
(1 Ti. 2:14).
B. ADÁN DESPUÉS DE LA
CAÍDA.
Cuando Adán y
Eva pecaron perdieron
su bendito
estado en el cual ambos habían sido creados y vinieron a ser objeto de varios
cambios trascendentales.
1. El hombre cayó bajo el dominio de la
muerte espiritual y física. Dios había dicho: «Porque el día que de él
comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17); y esta divina sentencia se cumplió.
Adán y Eva sufrieron inmediatamente la muerte espiritual, que significa
separación de Dios. Y a su debido tiempo sufrieron también el castigo de la muerte
física, que significa el acto por el cual el alma se separa del cuerpo.
2. El juicio de Dios también cayó
sobre Satanás, y la serpiente fue condenada a arrastrarse en el suelo (Gn.
3:14) La lucha entre Dios y Satanás se describe en Génesis 3:15
en lo que se relaciona con la raza humana, y Dios dice: «y pondré enemistad
entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la
cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Esto se refiere al
conflicto entre Cristo y Satanás, en el cual Cristo murió en la cruz, pero no
pudo ser retenido por la muerte, como se anticipó en la expresión «Tú le
herirás en el calcañar». Sin embargo, la última derrota de Satanás está
indicada en el hecho de que la simiente de la mujer le «herirá en la cabeza»,
esto es, infringirle una herida mortal y permanente. La simiente de la mujer se
refiere a Jesucristo, quien en su muerte y resurrección conquistó y venció a
Satanás.
3. Un juicio especial también cayó
sobre Eva, la cual experimentaría dolor al dar a luz sus hijos y se debería de
someter a su esposo (Gn. 3:16). El hecho de que se produciría la muerte haría
necesario que se produjeran múltiples nacimientos.
4. Una maldición especial cayó
sobre Adán, al cual le fue asignada la dura labor de trabajar la tierra, ahora
maldita con espinos y cardos, para obtener la comida necesaria para su continua
existencia. De acuerdo con esto, la misma creación sería cambiada por el pecado
del hombre (Ro. 8:22).
Más
adelante la Escritura indica cómo los efectos del pecado serían parcialmente aliviados
por medio de la salvación en el caso del hombre y por un levantamiento parcial
de la maldición en el futuro reino milenial. Adán y Eva, sin embargo, después de
la caída fueron conducidos fuera del huerto y comenzaron a experimentar el
dolor y la lucha que han caracterizado a la raza humana desde entonces.
C. EL EFECTO DE LA CAÍDA DE
ADÁN SOBRE TODO EL GÉNERO HUMANO.
El
efecto inmediato del pecado sobre Adán y Eva fue que éstos murieron espiritualmente
y llegaron a estar sujetos a la muerte espiritual. Su naturaleza se depravó y,
por tanto, la raza humana experimentaría la esclavitud del pecado. Además del
cambio de la suerte del hombre y su ambiente, la Biblia también revela una profunda
doctrina de imputación, que pone de relieve la verdad que Dios ahora acusó a Adán
con pecado y, como resultado, acusó a sus descendientes con la responsabilidad del
primer pecado de Adán.
Las
Escrituras mencionan tres grandes imputaciones:
1) El
pecado de Adán es imputado a su posteridad (Ro. 5: 12- 14)
2) el
pecado del hombre es imputado a Cristo (2 Co. 5: 21) ; y:
3) la
justicia de Dios imputada a los que creen en Cristo (Gn. 15:6; Sal. 32:2; Ro. 3:22;
4: 3, 8, 21-25; 2 Co. 5:21; Flm. 17-18).
Es
obvio que se efectuó un traspaso de carácter judicial del pecado del hombre a Cristo,
quien llevó sobre su cuerpo en el madero el pecado del género humano. «Mas Jehová
cargó en El el pecado de todos nosotros» (Is. 53:5; Jn. 1:29; 1 P. 2: 24; 3:
18).
De
igual manera hay un traspaso de carácter judicial de la justicia de Dios al
creyente (2 Co. 5:21), puesto que no podía haber otro fundamento de
justificación o aceptación delante de Dios. Esta imputación pertenece a la
nueva relación espiritual que el creyente disfruta con Dios en la esfera de la
nueva creación.
Estando
unidos al Señor por el bautismo del Espíritu (1 Co. 6:17; 12:13; 2 Co. 5:17;
Gá. 3:27), y vitalmente relacionados con Cristo como un miembro de su cuerpo
(Ef. 5:30), se sigue que cada virtud de Cristo es comunicada a los que han
llegado a ser una parte orgánica de El. El creyente está «en Cristo» y, por
consiguiente, participa de todo lo que Cristo es.
Así,
también los hechos de la antigua creación son traspasados de manera real a aquellos
que por generación natural están «en Adán». Ellos poseen la misma naturaleza de
Adán, y se dice, además, que ellos han pecado en él. Esto es un hecho tan real
que llega a ser en sí mismo la base suficiente del juicio divino decretado en
contra del pecado; al igual que la imputación de la justicia de Dios en Cristo
es el fundamento satisfactorio para la justificación. Y el resultado es el
juicio de Dios sobre todos los hombres, ya sea que ellos hayan pecado o no
según la transgresión de Adán.
A pesar
de que los hombres sostengan, como generalmente lo hacen, que ellos no son responsables
del pecado de Adán, la revelación divina afirma que, debido a los efectos trascendentales
de la relación representativa que todos los seres humanos tienen con Adán, el
pecado original del primer hombre es inmediata y directamente imputado a todos
los miembros de la raza, con la invariable sentencia de muerte descansando sobre
todos ellos (Ro. 5:12-14). De igual manera, el pecado original de Adán es transmitido
en la forma de naturaleza pecaminosa indirectamente, o sea, por herencia, de
padre a hijo, a través de todas las generaciones. El efecto de la caída es
universal; así también lo es la oferta de la divina gracia.
La
caída de los hombres no se efectúa cuando cometen su primer pecado; ellos han nacido
ya en pecado, como criaturas caídas, procedentes de Adán. Los hombres no se convierten
en pecadores por medio de la práctica del pecado, sino que ellos pecan debido a
que por naturaleza son pecadores. Ningún niño necesita que se le enseñe a pecar,
pero cada niño tiene que ser estimulado a realizar el bien.
Debe
observarse que, no obstante que la caída de Adán pesa sobre toda la Humanidad, es
evidente que hay una provisión divina para los infantes y para todos aquellos
que no tienen responsabilidad moral.
Los
santos juicios de Dios tienen que caer sobre todos los pecadores no redimidos:
1) por causa del pecado
imputado;
2) por causa de la naturaleza
pecaminosa que todos han heredado;
3) por causa de que todos
están bajo pecado; y:
4) por causa de sus propios
pecados.
Si bien
es cierto que estos juicios divinos no pueden atenuarse, el pecador puede escapar
de ellos por medio de Cristo. Estas son las buenas nuevas del Evangelio.
La pena
que descansa sobre la antigua creación es:
1) muerte
física, por la cual el alma se separa del cuerpo;
2) muerte
espiritual, la cual, semejante a la de Adán, es el estado presente de los
perdidos y la separación entre el alma y Dios (Ef. 2:1; 4:18-19); y:
3) la
segunda muerte, o sea, la eterna separación entre el alma y Dios y la expulsión
de los perdidos de la presencia de El para siempre (Ap. 2:11; 20:6,14; 21:8).
PREGUNTAS.
1. ¿Cómo
explica la Biblia el origen del pecado en el universo y en el género humano?
2. ¿Cuál
era el estado del hombre antes que pecara?
3. ¿Cómo
tentó Satanás a Eva?
4. ¿Cómo
relató Eva falsamente la prohibición de Dios?
5. ¿Cómo
mintió Satanás a Eva y negó expresamente la Palabra de Dios?
6. ¿Cómo
Satanás disfrazó lo apetecible del poder del conocimiento del bien y del mal?
7. ¿Cómo
indica 1 Juan 2:16 las tres líneas de la tentación?
8. ¿Cuál
fue el efecto sobre Adán y Eva después que ellos hubieron pecado?
9. ¿Cuál
fue el efecto sobre Satanás y la serpiente después que Adán y Eva pecaron?
10. ¿Cuál
fue el efecto sobre los descendientes de Adán y Eva por el pecado de Adán?
11.
Mencionar las tres imputaciones presentadas en las Escrituras.
12. ¿Por
qué es verdad que el hombre no se vuelve pecador pecando?
13. ¿Por
qué los santos juicios de Dios están sobre los hombres que están fuera de Cristo?
14. ¿Cuál
es la pena que está sobre la vieja creación?
15. ¿Por
qué la salvación en Cristo es la única esperanza para el hombre en su estado caído?
EL PECADO: SU CARÁCTER Y
UNIVERSALIDAD
A.- LAS ESPECULACIONES
HUMANAS SOBRE EL PECADO
Puesto
que el pecado es un factor dominante en la experiencia humana a la vez que el tema
principal de la Biblia, ha sido motivo de discusiones sin fin. Aquellos que
rechazan la revelación escritural tienen con frecuencia conceptos inadecuados
acerca del pecado. Una característica familiar del modo no bíblico de enfocar
la cuestión es considerar el pecado hasta cierto punto como una ilusión, es
decir, que el pecado es sólo un mal concepto basado sobre la falsa teoría de
que existe el bien y el mal en el mundo. Por supuesto, esta teoría fracasa al
enfrentarse a los hechos de la vida y a la maldad del pecado y niega la
existencia de un Dios y principios morales.
Otro
antiguo enfoque del problema del pecado es mirarlo como un principio inherente,
lo opuesto de lo que Dios es, y relacionarlo con el mundo físico. Esto se
encuentra en la filosofía oriental y también en el gnosticismo griego y es el
trasfondo tanto para el ascetismo, la negación de los deseos del cuerpo, como
para el epicureísmo, que aboga por la indulgencia del cuerpo. El hecho, sin
embargo, es que se niega que el hombre peque realmente y que sea responsable
ante Dios. Un concepto común, aunque inadecuado, es que el pecado es nada más
que egoísmo. Si bien es cierto que el pecado es a menudo egoísmo, este concepto
no es aplicable a todos los casos, porque el hombre peca a veces contra sí mismo.
Todas
estas teorías no alcanzan el nivel bíblico y son una negación de la revelación bíblica
del carácter y de la universalidad del pecado.
B.- LA DOCTRINA BIBLICA DEL
PECADO
Reconociendo
que hay varios pecados definidos en la Palabra de Dios, llegamos, a base de las
Escrituras, a la conclusión de que el pecado es cualquier falta de conformidad
al carácter de Dios, ya sea en obra, disposición o estado. En la Palabra de
Dios se definen varios pecados, como se ilustran, por ejemplo, en los Diez
Mandamientos que Dios dio a Israel (Ex. 20:3-17). El pecado es tal porque es
diferente de lo que Dios es, y Dios es eternamente Santo. El pecado siempre es
contra Dios (Sal. 51:4; Lc. 15:18), aun cuando pueda ser dirigido contra seres
humanos. Una persona que peca es, de acuerdo a ello, sin semejanza a Dios y
sujeta al juicio de Dios. La doctrina del pecado se presenta en cuatro aspectos
en la Biblia:
1. El pecado personal (Ro.
3:23) es la forma de pecado que incluye todo lo que en la vida diaria está en
contra o fracasa en conformidad con el carácter de Dios. Los hombres son
conscientes con frecuencia de sus pecados personales, y los pecados personales
pueden tomar una gran variedad de forma. Hablando en forma general, el pecado
personal se relaciona con algún mandamiento particular de Dios en la Biblia. Incluye
el aspecto de rebelión o desobediencia. Al menos ocho palabras importantes se usan
para el pecado en el Antiguo Testamento y unas doce en el Nuevo Testamento; la idea
básica es la falta de conformidad al carácter de Dios y el obrar por medio de
actos ya sea de omisión o de comisión. La idea esencial es que el hombre no
alcanza a la norma y fracasa en alcanzar el nivel del propio carácter de
santidad de Dios.
2. La naturaleza pecadora del
hombre (Ro. 5:19; Ef. 2:3) es otro aspecto importante del pecado tal como se
revela en la Biblia. El pecado inicial de Adán le llevó a la caída, y en la
caída él se volvió un ser completamente diferente, depravado y degenerado y sólo
capaz de engendrar seres caídos como él mismo. Por lo tanto, cada hijo de Adán es
nacido con la naturaleza adámica, siempre está predispuesto a pecar, y aunque
su naturaleza fue juzgada por Cristo en la cruz (Ro. 6:10), una fuerza vital y
activa permanece en cada vida del cristiano. Nunca se dice que será quitada o
erradicada en esta vida, pero para el cristiano hay poder vencedor provisto a
través del Espíritu que mora en él (Ro. 8:4; Gá. 5:16-17).
Muchos pasajes bíblicos hacen alusión a este
importante asunto. De acuerdo con Efesios 2:3, todos los hombres «éramos por
naturaleza hijos de ira», y toda la naturaleza del hombre es depravada. El
concepto de la total depravación no es que cada hombre es lo más malo posible
que él pueda ser, sino más bien que el hombre, a través de su naturaleza, está
corrompido por el pecado (Ro. 1: 18 3: 20). De acuerdo a ello, el hombre, en su
voluntad (Ro. 1:28), su conciencia (1 Ti. 4:2) y su intelecto (Ro. 1:28; 2 Co.
4:4), está corrompido y depravado, y su corazón y entendimiento están cegados (Ef.
4:18). Como se ha visto en un estudio previo, la razón por la cual los hombres
tienen una naturaleza pecaminosa es porque les fue transmitida por sus padres.
Ningún niño nacido en el mundo se ha visto libre de esta naturaleza de pecado
excepto en el único caso del nacimiento de Cristo. No es que los hombres pequen
y se conviertan en pecadores; más bien es que los hombres pecan porque tienen
una naturaleza pecaminosa. El remedio para esto, así como para el pecado
personal es, por supuesto, la redención, la cual es provista en la salvación en
Cristo.
3. También se presenta en la
Biblia el pecado como imputado o computado en nuestra cuenta (Ro. 5:12-18).
Como se vio en conexión con la caída del hombre en
el capítulo anterior, hay tres imputaciones principales presentadas en las
Escrituras:
A) la imputación
del pecado de Adán a su descendientes, en cuyo hecho se basa la doctrina del
pecado original;
B) la
imputación del pecado del hombre a Cristo, en cuyo hecho está basada la
doctrina de la salvación; y:
C) la
imputación de la justicia de Dios en aquellos que creen en Cristo, en cuyo
hecho se basa la doctrina de la justificación.
La imputación puede ser tanto a) actual, o b)
judicial. La imputación actual es poner en la cuenta de alguien algo que
originalmente ya pertenecía al deudor. Aunque Dios pueda hacer esto en su
justicia, por la obra reconciliadora de Cristo Dios no está ahora imputando al
hombre el pecado, el cual es suyo desde un principio (2 Co. 5:19).
La imputación judicial es cargar a la cuenta de
alguien algo que no pertenece al deudor (Flm. 18). Aunque ha habido desacuerdo
en cuanto a si la imputación del pecado de Adán a cada miembro de la raza es
actual o judicial, Romanos 5:12 declara claramente que la imputación es actual,
en vista de la cabeza representativa; la posteridad de Adán pecó cuando él
pecó.
Los próximos dos versículos (Ro. 5:13-14) se han
escrito para probar que no es una referencia a pecados personales (cf. He.
7:9-10). Sin embargo, Romanos 5:17-18 implica que su imputación también es
judicial, puesto que se establece que por el pecado de un hombre vino juicio
sobre todos los hombres. Sólo el pecado inicial de Adán está en cuestión. Su
efecto es la muerte, tanto para Adán, así como de Adán hacia los miembros de la
Humanidad. La cura divina provista para el pecado imputado es el don de Dios,
lo cual es vida eterna a través de Jesucristo.
4. El estado judicial
resultante de pecado para toda la raza humana también se presenta en la
Escritura. Por consideración divina el mundo entero, incluyendo judíos y gentiles,
está ahora «bajo pecado» (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Estar bajo pecado es estar
contado desde el punto de vista divino sin ningún mérito que pueda contribuir a
la salvación. Puesto que la salvación es solamente por gracia y la gracia
excluye todos los méritos humanos, Dios ha decretado, con respecto a la
salvación de los hombres, que sea «bajo pecado», o sin ningún mérito. Este
estado bajo pecado sólo es remediado cuando el individuo, a través de las
riquezas de la gracia, es contado para permanecer en los méritos de Cristo.
Tomado
como un todo, la Biblia indica claramente los efectos devastadores del pecado sobre
el hombre y la ausencia total de esperanza para el hombre en cuanto a solucionar
su propio problema de pecado. El correcto entendimiento de la doctrina de pecado
es esencial para entender el remedio de Dios para el mismo.
PREGUNTAS
1.
¿Cuáles son algunos conceptos inadecuados sobre el pecado que se presentan a veces?
2. ¿Cómo
define la Biblia en general al pecado?
3.
¿Cuáles pecados se mencionan específicamente en los Diez Mandamientos?
4. ¿Por
qué el pecado es siempre contra Dios?
5. ¿Qué
cuatro aspectos del pecado se presentan en la Biblia?
6. ¿Qué
quiere decirse por pecado personal?
7. ¿Qué
enseña la Biblia en cuanto a la naturaleza pecaminosa del hombre?
8. ¿Hasta
qué grado el hombre está depravado?
9. ¿Cómo
explica el hecho de que todos los niños nazcan pecadores?
10.
¿Cuáles son las tres imputaciones principales?
11. ¿Qué
quiere decirse por imputación actual?
12. ¿Qué
quiere decirse por imputación judicial?
13. ¿Hay
evidencia escritural de que todo el mundo está en un estado judicial de pecado?
14. ¿Por
qué es importante un correcto entendimiento de la doctrina del pecado para comprender
la doctrina de la salvación?
SALVACIÓN DE LA PENA DEL
PECADO
A. EL SIGNIFICADO DE LA
SALVACIÓN
La
revelación divina en cuanto a la salvación debería ser dominada por cada hijo
de Dios:
1) puesto que la salvación
personal depende de ello,
2) es el mensaje que Dios ha comisionado
al creyente a proclamar al mundo, y:
3) descubre la completa medida
del amor de Dios.
De
acuerdo a su amplio significado como se usa en la Escritura, la palabra
«salvación» representa la obra total de Dios por medio de la cual Él rescata al
hombre de la ruina eterna y la sentencia del pecado y le confiere las riquezas
de su gracia, incluyendo la vida eterna ahora y en la gloria eternal en los
cielos. «La salvación es de Jehová» (Jon. 2: 9). Por lo tanto, en cada aspecto
es una obra de Dios en favor del hombre, y no es en ningún sentido una obra del
hombre a favor de Dios.
Ciertos
detalles de esta empresa divina han variado de edad en edad. Estamos seguros de
que, comenzando con Adán y continuando con Cristo, aquellos individuos quienes ponen
su confianza en Dios han sido renacidos espiritualmente y hechos herederos de
la gloria en los cielos. De igual manera, la nación de Israel renacerá
espiritualmente de una vez» en el tiempo de la venida del Señor (Is. 66:8).
También
se dice que las multitudes tanto de judíos como de gentiles que vivan en la tierra
durante el reino venidero conocerán al Señor desde el más pequeño hasta el más grande
(Jer. 31:34). Sin embargo, la salvación ofrecida a los hombres en la edad presente
no solamente está revelada más completamente en la Biblia en cuanto a sus detalles,
sino que también excede grandemente cualquier otra obra salva-dora de Dios en
las maravillas que lleva a cabo, puesto que la salvación que se ofrece en la edad
presente incluye cada una de las fases de la obra de gracia de Dios tal como el
morar, el sellar y el bautismo del Espíritu.
B. LA SALVACIÓN COMO EL
REMEDIO DE DIOS PARA EL PECADO
Aun cuando se
hacen ciertas distinciones en la doctrina bíblica del pecado, hay dos hechos
universales que deben considerarse en primer lugar:
1. El pecado es siempre
condenable,
ya sea que lo cometa el salvaje o el civilizado, el no regenerado o el
regenerado. Aunque puede haber diferentes grados de castigo para el pecador (Lc.
12:47-48), todo pecado es invariablemente «pecaminoso» en sí mismo, porque
constituye una ofensa contra la santidad de Dios.
2. El único remedio para el
pecado está en la sangre derramada del Hijo de Dios. Esto es tan cierto cuando
se trata de los que por medio de sacrificios de animales anticiparon la muerte
de Cristo en la cruz, como lo es de aquellos que por fe miran ahora
retrospectivamente hacia el sacrificio del Cordero de Dios.
Si la
pena del pecado puede ser remitida es porque hubo otro que en su carácter de sustituto
satisfizo todas las demandas que la justicia divina tenía contra el pecador. En
el antiguo orden, el pecador no era perdonado sino hasta que el sacerdote había
presentado el sacrificio cruento para expiación, el cual anticipaba la muerte
de Cristo en la cruz (Lv. 4:20, 26, 31, 35; 5:10, 13, 16, 18; 6:7; 19:22; Nm.
15:25-26, 28). Y después que el sacrificio del Hijo de Dios se ha consumado,
prevalece la misma verdad tocante a que su sangre derramada en el Calvario es
la base del perdón para todo pecador. Este es el testimonio de la Palabra de
Dios:«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las
riquezas de su gracia» (Col. 1:14; Ef. 1:7).
La
muerte vicaria de Cristo es infinitamente perfecta en su eficacia redentora, y,
por lo tanto, el pecador que confía en Él es no solamente perdonado, sino
también justificado para siempre (Ro. 3:24). Dios nunca ha tratado el pecado
con lenidad. Al pecador no se le impone ninguna carga por el perdón; pero si es
perdonado se debe tan sólo a que el castigo divino por el pecado cayó con todo
su rigor sobre el Cordero de Dios (1 P.2:24; 3:18).
C. EL PECADO ANTES DE LA
CRUZ Y DESPUÉS DE LA CRUZ
1. Se dice que el método divino de
tratar con el pecado antes de La cruz fue la expiación. Según su uso bíblico,
la palabra «expiación» significa sencillamente «cubrir». «La sangre de los
toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados» (He. 10:4). La
sangre del sacrificio indicaba de parte del que lo ofrecía su reconocimiento
de la justa
pena de muerte impuesta sobre el pecador (Lv. 1:4); y de parte de Dios era una anticipación
de la sangre eficaz que Cristo derramara en la cruz. Por el hecho de simbolizar
la sangre derramada de Cristo, la sangre de la expiación servía para cubrir el pecado
como en un pacto de promesa hasta el día cuando Cristo viniera a tratar en forma
definitiva con el pecado del mundo.
Hay en el Nuevo Testamento dos pasajes que arrojan
luz sobre el significado de la palabra antiguo testamentaria expiación.
A) En Romanos 3:25 la palabra
«remisión» tiene el significado de «pasar por alto», y es en relación con este significado
que se
declara que Cristo demostró en su muerte que Dios había sido justo en pasar por
alto los pecados cometidos antes de la cruz y por los cuales la sangre de los
sacrificios se había vertido. Dios había prometido enviar al Cordero que sería
capaz de quitar el pecado del mundo, y en base de esta gran promesa había
perdonado el pecado antes de la cruz. Por consiguiente, por medio de la muerte
de Cristo quedó plenamente demostrado que Dios ha sido justo en todo lo que Él
ha prometido.
B) En Hechos 17:30 se afirma que Dios
«pasó par alto» los tiempos de esta ignorancia.
2. En Romanos 3:26 se declara
cuál ha sido el método divino de tratar con el pecado después de la cruz.
Cristo ha muerto. El valor de su sacrilegio no es ya un asunto de expectación
que debe tomarse coma un pacto de promesa y simbolizarse par la sangre de las
animales ofrecidos en el altar; la sangre de Cristo ha sida derramada, y ahora
lo único que se demanda de toda persona, sin tomar en cuenta cual sea su grada
de culpabilidad, es que crea en la que la gracia infinita ha consumado para
salvación del pecador. El versículo que tenemos delante revela que los juicios
que pesaban sobre cada pecador Cristo los llevó completamente en la cruz, a fin
de que Dios pudiera permanecer justo, a sea inalterable en su santidad. Aparte
de todo castigo, Él justificará al pecador que tan sólo crea en Jesús.
Como
antes se ha dicho, la palabra expiación, la cual aparece sólo en el Antiguo
Testamento, significa “pasar sobre”, «pasar par alto» y (<cubrir» el pecado;
pera cuando Cristo trató con el pecado en la cruz, Él no solamente lo pasó por
alto o lo cubrió. De su sacrificio infinitamente eficaz se ha dicho: «He aquí
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jun. 1:29; Cal. 2:14; He.
10:4; 1 Jn. 3:5). «Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero» (1 P.2:24). Cristo no contemporizó con el pecado, ni lo trató
parcialmente en la cruz. El gran problema existente entre Dios y el hombre fue
allí solucionado en tal forma que aun la santidad de Dios quedó plenamente
satisfecha, y la única pregunta que aun permanece en pie es si el hombre está
satisfecho con lo que satisface a Dios. Aceptar la obra que Cristo realizó en el
Calvario por nosotros es creer en Él para salvación del alma.
D. LOS TRES TIEMPOS DE LA
SALVACIÓN
1. El tiempo pasado de la
salvación está revelado en ciertos pasajes los cuales, cuando hablan de la
salvación, se refieren a ella siendo completamente en el pasado, o completada
para el que ha creído (Lc. 7:50; 1 Co. 1:18; 2 Co. 2:15; Ef. 2:5, 8). Tan perfecta
es esta obra divina que del salvado se dice que está salvado para siempre (Jn. 5:24;
10:28, 29; Ro. 8:1).
2. El tiempo presente de la
salvación, el cual será el tema del próximo capítulo, tiene que ver con la
salvación presente del poder del pecado (Ro. 6:14; 8:2; 2
Co. 3:18; Ga. 2:19-20; Fil. 1:19; 2:12-13; 2 Ts. 2:13).
3. El tiempo futuro de la salvación
contempla que el creyente será aún salvo dentro de total conformidad con Cristo
(Ro. 8:29; 13:11; 1 P.1:5; 1 Jn. 3:2). El hecho de que algunos aspectos de la
salvación están aún por ser cumplidos para el que cree no implica que hay
terreno de duda en cuanto a su cumplimiento final; pues en ninguna parte se
enseña que ningún rasgo de la salvación depende sobre la fidelidad del hombre.
Dios es fiel y, habiendo comenzado una buena obra, la perfeccionará hasta el día
de Jesucristo (Fil. 1:6).
E. LA SALVACIÓN COMO LA OBRA
TERMINADA DE CRISTO
Cuando
se contempla la obra de Dios para los hombres perdidos, es importante distinguir
entre la obra acabada de Cristo por todos, la cual está completa en una perfección
infinita, y la obra salvadora de Dios, la cual es aplicada para y en el individuo
en el momento en que el cree en Cristo.
«Consumado
es» es la última frase registrada de Cristo antes de su muerte (Jn. 19:30).
Es
evidente que Él no se estaba refiriendo a su propia vida, su servicio o su
sufrimiento; sino más bien a una obra especial la cual su Padre le había dado
para hacer, la cual ni aun había comenzado hasta que Él estuvo en la cruz y que
fue completada cuando murió.
Esto
era definidamente una obra para todo el mundo (Jn. 3:1ó; He. 2:9), y proveyó redención
(1 Ti. 2:6), reconciliación (2 Co. 5:19) y propiciación (1 Jn.
2:2) para cada hombre.
El
hecho de que Cristo haya muerto no salva a los hombres, pero
provee una base suficiente sobre la cual Dios, en completa armonía con su
santidad, es libre para salvar aún al peor de los pecadores. Estas son las
buenas nuevas las cuales el cristiano está comisionado a proclamar a todo el
mundo. La sangre del Unigénito y amado Hijo de Dios fue lo más precioso delante
de sus ojos; sin embargo, fue el pago para el rescate del pecador. La ofensa
del pecado había separado al pecador de Dios, pero Dios proveyó a su propio
Cordero para quitar el pecado para siempre. Los santos juicios de Dios estaban
contra el pecador a causa de su pecado; no obstante, Cristo fue la propiciación
para el pecado de todo el mundo.
El
hecho de que todo esto esté ya terminado constituye un mensaje el cual se pide
al pecador que crea como el testimonio de Dios. Uno apenas puede creer que
alguien que haya oído este mensaje no haya experimentado un sentido de alivio
de que el
problema del pecado ha sido solucionado de esta manera, y que haya respondido
en un sentido de gratitud a Dios por esta bendición gratuita.
F. LA SALVACIÓN COMO OBRA
SALVADORA DE DIOS
La obra
salvadora de Dios, la cual se cumple en el momento en que uno cree, incluye varias
fases de la obra de Dios en la gracia: redención, reconciliación, propiciación,
perdón, regeneración, imputación, justificación, santificación, perfección, glorificación.
Por medio de ella somos hechos capaces de ser participes de la herencia de los
santos (Col. 1:12), hechos aceptos en el Amado (Ef. 1:6), hechos hijos de Dios (Jn.
1:12), hechos ciudadanos de los cielos (Fil. 3:20), hechos una nueva creación
(2 Co. 5:17), hechos miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19; 3:15), hechos
justicia de Dios (2 Co. 5:21), hechos cercanos a Dios (Ef. 2:13) y hechos
completos en Cristo (Col. 2:10). El hijo de Dios ha sido liberado del poder de
las tinieblas y trasladado al reino del amado Hijo de Dios (Col. 1:13), y ahora
posee toda bendición espiritual (Ef. 1:3).
Entre
las maravillosas obras de Dios mencionadas recientemente, la culpa y la pena
del pecado han sido quitadas; puesto que se dice del que es salvo que es
perdonado de todas sus transgresiones y justificado para siempre. Dios no
podría perdonar y
justificar aparte de la cruz de Cristo, pero puesto que Cristo ha muerto, Dios
es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que vienen a Él por medio de
Cristo Jesús.
G. LA SALVACIÓN EN RELACIÓN
AL PECADO DEL SALVO
1. El perdón de los pecados se cumple
para el pecador cuando él cree en Cristo y es una parte de su salvación. Muchas
cosas que constituyen la salvación son forjadas por Dios en el momento que uno
cree; pero el perdón nunca se recibe por parte del no salvo aparte de la obra
completa de la gracia salvadora sobre la base de creer en Cristo como Salvador.
2. En el trato divino con tos
pecados del cristiano, es sólo la cuestión del pecado lo que se tiene en vista,
y el pecado del cristiano es perdonado, no sobre la base del creer para
salvación, sino sobre la base de la confesión del pecado (1 Jn. 1:9). El efecto
del pecado del cristiano, entre otras cosas, es Ia perdida de la comunión con el
Padre y con el Hijo y el contristar al Espíritu que mora en el. El hijo de Dios
que ha pecado será restaurado a la comunión, gozo, bendición y poder cuando
confiese su pecado.
Mientras
que el efecto del pecado sobre el creyente es la perdida de bendición, la cual puede
ser renovada por medio de la confesión, el efecto del pecado creyente sobre Dios
es un asunto mucho más seno. Pero Si no fuera por el valor de la sangre de Cristo
derramada y de la presente abogacía de Cristo en los cielos (Ro. 8:34; He.
9:24; 1 Jn. 3:1-2), el pecado separaría a los cristianos de Dios para siempre.
Sin embargo, se nos asegura que la sangre es eficaz (1 Jn. 2:2) y la causa del
Abogado es justa (1 Jn. 2:1).
El
santo que peca no se pierde por su pecado, puesto que, aun cuando ha estado en
el momento del pecado, el tiene un Abogado con el Padre. Esta verdad, la cual forma
únicamente las bases en las cuales cualquier cristiano siempre ha sido
mantenido salvo, lejos de animar a los cristianos a que pequen, Se presenta en
la Escritura con el fin de que el cristiano «no peque» 0 «no permanezca en
pecado» (1 Jn. 2:1). La gratitud al Salvador abogado por nosotros en los cielos
debe encauzarnos a dudar seriamente antes de rendirnos a la tentación.
H. LA SALVACIÓN ESTA
CONDICIONADA SOLAMENTE POR LA FE
En unos
115 pasajes del Nuevo Testamento se declara que la salvación del pecador depende
sólo de creer, y en aproximadamente 35 pasajes se dice que depende de la fe, lo
cual es un sinónimo de creer. Creyendo, un individuo ejerce el deseo de confiar
en Cristo. Es un acto del hombre en su totalidad, no solamente de su intelecto
o su emoción. Mientras que el asentimiento intelectual no proviene de la fe
real, y es meramente una motivación de las emociones, por lo
tanto escasa en fe, el creer es un acto definido en el cual el individuo desea
recibir a Cristo por la fe.
En
todas partes la Escritura armoniza con esta abrumadora verdad. Sólo Dios puede salvar
un alma, y Dios sólo puede salvar a través del sacrificio de su Hijo. El hombre
no puede sostener ninguna otra relación para la salvación que creer en el
mensaje de Dios hasta el grado de volverse de sus propias obras para depender
solamente en la obra de Dios a través de Cristo. Creer es lo opuesto a hacer
cualquier cosa; es, en lugar de ello, confiar en otro. Por lo tanto, se viola
la Escritura y toda la doctrina de la gracia se confunde cuando la salvación se
hace depender de cualquier otra cosa que no sea creer. El mensaje divino no es
«cree y ora», «cree y confiesa pecado», «cree y confiesa a Cristo», «cree y sé
bautizado», «cree y arrepiéntete» o «cree y haz restitución».
Estos
seis puntos añadidos se mencionan en la Escritura, y allí tienen su total significado
propuesto; pero si fueran tan esenciales para la salvación como creer, nunca
hubieran sido omitidos de ningún pasaje donde se declara la manera para ser salvo
(notar Jn. 1:12; 3:16, 36; 5:24; 6:29; 20:31; Hch. 16:31; Ro. 1:1ó; 3:22; 4:5,
24; 5:1; 10:4; Ga. 3:22). La salvación es sólo a través de Cristo y, por lo
tanto, los hombres son salvos cuando le reciben como su Salvador.
PREGUNTAS
1. ¿Por
qué un hijo de Dios debe dominar la doctrina de la salvación?
2. ¿Qué
se incluye en la salvación en su más amplia dimensión?
3. ¿Hasta
qué grado la salvación es la misma en cada edad, y hasta qué grado es más completa
en la edad presente?
4. ¿Qué
dos hechos universales se muestran en la Escritura concerniente a la relación de
la salvación del pecado?
5. ¿Cómo
trataba Dios con el pecado en relación con la salvación en el Antiguo Testamento?
6. ¿Cómo
difiere el trato de Dios con el pecado después de la cruz del método del Antiguo
Testamento?
7. ¿Qué
se muestra en los pasajes que tratan con la salvación en el pasado?
8. ¿Cómo
se revela la salvación como una obra presente de Dios?
9. ¿Qué
se contempla cuando la salvación se ve como futura?
10.
Distinguir entre la obra terminada de Cristo y la obra salvadora de Dios
aplicada al individuo cuando este cree.
11. ¿Por
qué es verdad que el hecho de que Cristo haya muerto no salva a todos los hombres?
12. ¿Qué
debe de esperarse como una respuesta de parte del creyente cuando es salvo?
13.
Nombrar algunas de las fases importantes de la obra de gracia de Dios en salvar
a los hombres que están incluidas en palabras doctrinales importantes.
14.
¿Cuáles son algunos de los aspectos de la obra de Dios cumplida cuando un individuo
es salvo?
15. ¿Cómo
se relaciona la salvación con el perdón de los pecados?
10. En el
trato con los pecados del cristiano, qué está incluido en su perdón?
17. Si un
cristiano no confiesa su pecado, ¿qué es lo que pierde?
18. ¿Por
qué la doctrina de que Cristo es nuestro abogado en el cielo puede llevar al cristiano
a vivir una vida de pecado?
19.
Exponga la base escritural que demuestra que la salvación es sólo por la fe.
20. ¿Por
qué el convencimiento intelectual no es evidencia suficiente de una fe real?
21. ¿Por
qué la respuesta emocional es insuficiente para la salvación?
22. ¿Por
qué la fe es un acto del hombre en su integridad, intelecto, sentimientos y voluntad?
23. ¿Por
qué es un error adjuntar ciertas obras al acto de creer?
24.
Explicar el hecho de que las obras son un resultado de creer en la salvación y
no una condición para obtener la salvación.
25.
Explicar lo que el hombre debe hacer para ser salvo.
SALVACIÓN DEL PODER DEL
PECADO
Puesto
que la salvación del poder del pecado es una provisión de la gracia de Dios
para los que ya son salvos de la culpa y de la pena del pecado, la doctrina que
en este capítulo consideramos se limita en su aplicación solamente a los
regenerados. Aunque ya están salvos y seguros en Cristo, los cristianos tienen
todavía la disposición a pecar y cometer pecados. De esto tenemos pruebas
abundantes en las Escrituras y en la experiencia humana. Basándose en el hecho
de que los cristianos pecan, el Nuevo Testamento procede a explicar cuál es el
camino divinamente trazado para que el hijo de Dios se libere del poder del
pecado.
Por
suponer que el cristiano no debiera pecar ni tener la inclinación al pecado,
muchos creyentes que no han alcanzado la madurez espiritual se alarman y
confunden, y aun dudan de su salvación, cuando descubren en su vida el poder
dominante del pecado.
Es una
actitud positiva que se preocupen del pecado, debido a la ofensa que éste ocasiona
a la santidad de Dios; pero en lugar de poner en duda su salvación o entregarse
a la práctica del pecado, debieran escudriñar lo que Dios en su gracia ha provisto
para que los suyos puedan liberarse del dominio del pecado.
Con
excepción del plan de salvación no hay otro tema más
importante que demande un conocimiento cabal por la mente humana que el plan
divino por el cual un cristiano puede vivir para la gloria de Dios. La
ignorancia y el error pueden resultar en un trágico error espiritual. En la
predicación del evangelio existe una gran necesidad de claridad en la
exposición de la doctrina bíblica de la salvación del poder del pecado.
B. EL PROBLEMA DEL PECADO
EN LA VIDA DE UN CRISTIANO.
Habiendo
recibido la naturaleza divina
(2 P. 1:4), pero reteniendo todavía la naturaleza antigua, cada hijo de Dios
posee dos naturalezas; la una es incapaz de pecar, y la otra es incapaz de
practicar la santidad. La antigua naturaleza, algunas veces llamada «pecado»
(significando la fuente del pecado) y «viejo hombre», es una parte de la carne;
porque, según el uso de la Escritura, el término carne, cuando se usa en su sentido’
moral, se refiere al espíritu y al alma, como también al cuerpo, especialmente en
el caso del hombre no regenerado. Por esto es que el apóstol declara: «Yo sé
que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien» (Ro. 7:18). Por otra parte,
teniendo en vista la naturaleza divina que es impartida al creyente, el apóstol
Juan dice: «Todo aquel que es nacido de Dios permanece en él; y no puede pecar,
porque es nacido de Dios» (1 Jn. 3:9). Este versículo enseña que todo cristiano
que ha nacido de Dios no practica el pecado (el verbo en. el tiempo presente
implica una acción continua). Sin embargo, debe observarse que es en esta misma
epístola donde se advierte a cada hijo de Dios que no pretenda no poseer una
naturaleza pecaminosa (1:8) o que no ha cometido pecado (1:10).
Estas
dos Fuentes de actividad que el cristiano tiene en sí mismo se consideran
también en Gálatas 5:17, donde tanto el Espíritu Santo y la carne están activos en
incesante y mutuo conflicto: «Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen el uno al
otro.» El apóstol no se está refiriendo en estas palabras al cristiano carnal,
sino al que es más espiritual, y aun al que no está satisfaciendo la
concupiscencia de la carne (Gá. 5:16). Este conflicto existe ciertamente en el
cristiano espiritual, y si él se ve libre de los efectos y concupiscencias de
la carne, es porque está caminando bajo la dirección del Espíritu.
C. LA LEY COMO UNA NORMA DE
VIDA.
Para
comprender el programa de Dios para la liberación del poder del pecado, es importante
distinguir entre la ley y la gracia como reglas de vida. La palabra «ley» se
usa en la Escritura con muchos sentidos diferentes. Algunas veces se usa como
regla de vida.
Cuando se usa
en este sentido, la palabra tiene varios significados.
1. Los Diez Mandamientos; escritos
por el dedo de Dios sobre tablas de piedra (Ex. 31:18).
2. Todo el sistema de gobierno de
Israel que incluía los mandamientos (Ex. 20:1-26), las leyes (Ex. 21:1 - 24:11)
y las ordenanzas (Ex. 24:12 - 31:18).
3. Los principios de gobierno del aun
futuro reino del Mesías sobre la tierra, los cuales están contenidos en la Ley
y los profetas (MT. 5:1 - 7:29; Cf. 5:17, 18; 7:12).
4. Algunos aspectos de la voluntad
revelada de Dios a los hombres (Ro. 7:22, 25; 8:4).
5. Algunas reglas de conducta
establecidas por los hombres para su propio gobierno (Mt. 20:15; Lc. 20:22; 2
Ti. 2:5). La palabra «ley» es usada también algunas veces como una fuerza en
operación (Ro. 7:21; 8:2).
6. En el Antiguo Testamento
especialmente, la ley es presentada también como un pacto de obras. Bajo este
concepto de ley, su alcance se extiende más allá de los escritos del sistema
mosaico, e incluye toda acción humana intentada (en conformidad a la enseñanza
de la Escritura o no) con el objeto de conseguir el favor de Dios. La fórmula
de la ley es: «Si hacéis el bien, yo os bendeciré.» Así, el ideal supremo de
una buena conducta “si se emprende con el propósito de conseguir el favor de
Dios en lugar de ser una manifestación de la seguridad del favor por medio de
Cristo” se convierte en algo puramente legal en su carácter.
7. La ley se presenta también
como un principio de dependencia sobre la carne. La ley no provee capacidad
para su observancia. No se esperaba más de sus mandamientos de lo que el hombre
natural podía hacer. Sin embargo, todo lo que es acometido en la carne, es
legal en su naturaleza: los mandamientos contenidos en la ley, las exhortaciones
de la gracia, o cualquier actividad espiritual.
D. LA GRACIA COMO REGLA DE
VIDA.
Para el hijo
de Dios bajo la gracia, cada aspecto de la ley ha sido eliminado (Jn. 1:16, 17; Ro. 6:14;
7:1-6; 2 Co. 3:1- 18; Gá. 3:19-25; Ef. 2: 15; Col. 2: 14).
1. Las ordenanzas legales del sistema
mosaico y los mandamientos instituidos para el gobierno del reino no son ahora
las guías principales del cristiano. Han sido reemplazados por una regla de
conducta nueva y de gracia que incluye en sí misma todo lo que es vital en la
ley, aunque la reafirma bajo el orden y el carácter de la gracia.
2. El hijo de Dios bajo la gracia ha
sido liberado del peso de un pacto de obras. Ahora él no lucha para ser
aceptado, sino que es libre como uno que es aceptado en Cristo (Ef. 1:6).
3. El hijo de Dios no está llamado
ahora a vivir por la energía de su propia carne. El ha sido liberado de este rasgo
de la ley y puede vivir en el poder del Espíritu. Desde que la ley escrita fue
dada a Israel, ella pudo liberarse de los mandamientos escritos de Moisés solamente
por la muerte de Cristo. Sin embargo, tanto el judío como el gentil fueron liberados
por esa muerte del desesperado principio del mérito humano y del vano esfuerzo
de la carne.
4. En contraste con la ley, la
palabra «gracia» se refiere al favor inmerecido que representa el método divino
de tratamiento con el hombre que fue introducido con Adán.
Bajo la gracia, Dios no trata a los hombres como ellos se lo merecen,
sino que con una misericordia y gracia infinitas, sin hacer referencia• a lo
que realmente merecen. Esto es libre de hacerlo sobre la base de que el justo
castigo por el pecado, que de otro modo su santidad podría imponer sobre los
pecadores como retribución a sus hechos, fue satisfecho por el Hijo de Dios. Aunque
el pueblo de Israel experimentó la gracia de muchas maneras, como regla de vida
ellos pasaron de una relación de gracia con Dios a una relación legal con Dios.
Cuando aceptaron la ley, como se aprecia en Éxodo 19:3- 25, ellos
neciamente presumieron que podrían guardar la ley de Dios completamente
ignorando su necesidad de la gracia como la única base posible de ser aceptado
delante de Dios. La experiencia de Israel bajo la ley, por consiguiente,
demuestra a todos los hombres la imposibilidad de ser liberado del poder del
pecado por medio de la ley como principio.
5. En contraste con la ley, la gracia
es revelada en tres aspectos diferentes:
a) salvación por gracia,
b) seguridad por medio de la gracia, y:
c) la gracia como una regla de vida para
el salvado.
A) Dios salva a los pecadores por
gracia, y no hay otro camino de salvación ofrecido a los hombres (Hch. 4:12).
La gracia salvadora es el amor sin límites y libre de Dios por el perdido en
conformidad con las exactas e invariables demandas de su propia justicia a través
del sacrificio sustitutorio de Cristo. La gracia es más que el amor; es amor
que libera y hace al cristiano triunfante sobre el justo juicio de Dios contra
el pecador. Cuando El salva a un pecador por gracia, es necesario que Dios
termine con cada pecado, porque de otro modo éstos demandarían un juicio y así
dificultarían su gracia.
Esto es lo que El ha hecho en la muerte de su Hijo. También es
necesario que cada obligación sea satisfecha, con este objeto la salvación ha
sido efectuada como un absoluto regalo de Dios (Jn. 10:28; Ro. 6:23; Ef. 2:8).
Además, es necesario que todo mérito humano sea eliminado, para que ninguna
cosa que Dios realice esté basada en ningún modo en los méritos de los hombres
y no en su gracia soberana solamente (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Ya que todo
elemento humano está excluido, el evangelio de la gracia es la proclamación de
la gracia poderosa, redentora y transformadora de Dios, la cual ofrece vida y
gloria eternas a todo aquel que cree.
B) El programa divino de la seguridad
por medio de la gracia demuestra que únicamente por medio de la gracia Dios
guarda a aquellos que son salvos. Habiendo provisto un camino por el cual El
puede actuar libre de sus propias demandas de justicia contra el pecado;
habiendo dispuesto la retribución de cada acción humana, y habiendo puesto a un
lado eternamente todo mérito humano, Dios ha de continuar el ejercicio de su
gracia hacia el salvado para darle la seguridad de su protección eterna. Esto
es lo que El hace y al hijo de Dios se le dice que está en la gracia (Ro. 5:2; 1
P. 5:12).
C) Dios también provee una
regla de vida para el salvado basada únicamente en el principio de la gracia.
Dios enseña a aquellos que están salvados y seguros la manera cómo deben vivir
en la gracia y cómo vivir para su eterna gloria. Del mismo modo como la ley ha
provisto una completa regla de conducta para Israel, así Dios ha provisto una completa
regla de conducta para el cristiano. Puesto que todas las reglas de vida que están
presentadas en la Biblia son completas en sí mismas, no es necesario que sean combinadas.
Por lo
tanto, el hijo de Dios no está bajo la ley como una regla de vida, sino bajo
los consejos de la gracia. Lo que él hace bajo la gracia no tiene como objetivo
conseguir el favor de Dios, sino porque él ya ha sido aceptado en el Amado. El no
está confiando en la energía de la carne, sino en la manifestación del poder
del Espíritu. Es una vida que se vive sobre el principio de fe: «Mas el justo
por su fe vivirá.»
Estos
principios están declarados en los evangelios y en las epístolas.
E. EL UNICO CAMINO DE
VICTORIA.
Se han
sugerido varias enseñanzas que pretender señalar el camino por el cual el cristiano
puede liberarse del poder del pecado.
1. Se ha dicho que el cristiano será
impulsado a vivir para la gloria de Dios si observa suficientes reglas de
conducta. Este principio legalista está condenado al fracaso porque hace que la
victoria dependa de la misma carne de la cual se busca la liberación (Ro. 6:14).
2. Se ha afirmado muchas veces que el
cristiano debe buscar la erradicación de la vieja naturaleza, para así quedar
permanentemente libre del poder del pecado.
Pero esta teoría tiene sus objeciones:
A) No hay base bíblica para la
enseñanza de que la naturaleza adámica pueda erradicarse.
B) La vieja naturaleza es una parte
de la carne, y es claro que ella debe tratarse en la misma forma en que Dios
trata a la carne. La carne es uno de los tres poderosos enemigos del cristiano:
el mundo, la carne y el Diablo. Dios no erradica el mundo, o la carne, o el
Diablo; pero provee la victoria sobre estos enemigos, por medio del Espíritu (Gá.
5:16; 1 Jn. 4:4; 5:4). De manera semejante, El da la victoria sobre la vieja naturaleza,
por medio del Espíritu (Ro. 6:14; 8:2).
C) Ninguna
experiencia humana actual confirma la teoría de la erradicación, y si esta teoría
fuera verdadera, los padres en este estado engendrarían hijos no afectados por
la caída.
D) Cuando se acepta la teoría de la
erradicación no hay lugar ni significado alguno para el ministerio del Espíritu
que mora en cada hijo de Dios. Muy por el contrario, los cristianos más
espirituales son advertidos de la necesidad de andar en el Espíritu, rindiéndose
a la voluntad de Dios, impidiendo que el pecado reine en sus cuerpos mortales,
mortificando las obras de la carne y permaneciendo en el Señor.
3. Algunos cristianos suponen
que, aparte del Espíritu y simplemente por el hecho de que ya son salvos,
podrán vivir para la gloria de Dios. En Romanos 7:15 - 8:4 el apóstol testifica
de su propia experiencia con esta teoría. El afirma que conocía lo que era el bien,
pero él no sabía cómo llevar a cabo lo que conocía (7:18).
Por lo tanto, llegó a las siguientes
conclusiones:
A) Que aun cuando él procuraba
hacer lo mejor, era siempre derrotado por una ley que aún estaba presente en
sus miembros, rebelándose contra la ley de su espíritu (7:23);
B) que su estado era
espiritualmente miserable (7:24);
C) que, aun cuando ya era
salvo, lo que le dio la libertad fue la ley del Espíritu de vida en Cristo
Jesús, y no sus propias obras (8:2);
D) que la completa voluntad
de Dios se cumple en el creyente, pero nunca por el creyente (8:4).
En
Romanos 7:25 se declara que la libertad del poder del pecado viene por medio de
Jesucristo nuestro Señor. Puesto que se trata de un problema que atañe a la
santidad de Dios, la liberación del poder del pecado puede venir solamente por
medio de Jesucristo. El Espíritu Santo no podría ejercer dominio sobre una
naturaleza caída que todavía no estuviese juzgada; pero en Romanos 6:1-10 se
afirma que la naturaleza caída del creyente fue ya juzgada al ser crucificada,
muerta y sepultada con Cristo, lo que hizo posible para el Espíritu
dar la victoria. Debido a esta provisión de la gracia de Dios, el creyente
puede caminar en el poder de un nuevo principio de vida que consiste en dependen
solamente del Espíritu, reconociéndose a sí mismo muerto en verdad al pecado
(6:4, 11). Por lo tanto, la liberación del poder del pecado es por el Espíritu
y por medio de Cristo.
F. VICTORIA POR EL ESPÍRITU
SANTO.
Como se
ha dicho en los estudios anteriores sobre la doctrina del Espíritu Santo, un creyente
puede ser liberado del poder del pecado por el Espíritu Santo.
«Si
estáis caminando por medio del Espíritu, no satisfaréis los deseos de la carne»
(Gá. 5:16, lit.). La salvación del poder del pecado, al igual que la salvación
de la pena del pecado, es de Dios y, desde un punto de vista humano, depende de
una actitud de fe, así como la salvación de la pena del pecado depende de un
acto de fe. El que ha sido justificado vivirá por fe “fe que depende del poder
de otro” y la persona justificada no conocerá una época en esta vida cuando
necesite depender menos del Espíritu.
Existen
tres razones para una vida de dependencia del Espíritu.
1. Bajo las enseñanzas de la gracia
el creyente se encuentra ante una norma de vida que humanamente es imposible
alcanzar. Siendo un ciudadano de los cielos (Fil. 3:20, un miembro del cuerpo
de Cristo (Ef. 5:30) y un miembro de la familia de Dios (Ef. 2:19; 3:15), el
cristiano es llamado a vivir de acuerdo a su elevada posición celestial. Puesto
que este modo de vida es sobrehumano (Jn. 13:34; 2 Co. 10:5; Ef. 4:1-3, 30;
5:20; 1 Ts. 5:16-17; 1 P. 2:9), el hijo de Dios debe depender completamente del
Espíritu
que mora en
su corazón (Ro. 8:4).
2. El cristiano se enfrenta a
Satanás, el príncipe de este mundo. A causa de esto, debe fortalecerse en «el
Señor y en el poder de su fuerza» (Ef. 6:10-12; 1 Jn.
4:4; Jud. 9).
3. El cristiano posee la vieja
naturaleza, la cual le es incapaz de controlar.
La
Escritura revela que no solamente Dios nos salva de la culpa del pecado, sino
que también nos libera del poder del pecado. Finalmente, cuando el cristiano se
encuentre en el cielo, será liberado de la presencia del pecado.
PREGUNTAS
1. ¿Por
qué la liberación del pecado es para los cristianos únicamente?
2. ¿Hasta
qué punto el pecado es un problema para los cristianos?
3. ¿Qué
evidencia se da en la Escritura de que el cristiano tiene dos naturalezas?
4. ¿De
qué manera se relaciona el Espíritu Santo con la vieja naturaleza?
5.
¿Cuáles son algunos de los sentidos en que la palabra «ley» es usada en la
Biblia?
6. ¿Hasta
qué punto falla la ley en proporcionar capacidad para su observancia?
7. ¿Por
qué el cristiano no está bajo el sistema de la ley mosaica?
8. ¿Por
qué un cristiano no lucha para ser aceptado por Dios?
9. ¿Por
qué un hijo de Dios no debe intentar vivir por medio de la energía de su propia
carne?
10.
Comparar las relaciones de Israel con la gracia como regla de vida con la
relación de la iglesia con la gracia como regla de vida.
11. ¿Hasta
qué punto se revela la gracia en la «salvación por gracia», y cuál es la parte de
Dios?
12. ¿Cómo
se relaciona la gracia con la seguridad de un creyente?
13. ¿De
qué manera es la gracia una regla completa de vida?
14. ¿Por
qué es la ley un principio destinado al fracaso?
15. ¿Qué
objeciones pueden hacerse ante la teoría de que la antigua naturaleza puede ser
erradicada?
16. ¿Por
qué es erróneo el planteamiento de que solamente porque uno es salvo puede llevar
una vida cristiana fácil?
17. ¿A
través de qué medios es posible la liberación del poder del pecado y cómo está relacionada
a Jesucristo y al Espíritu Santo?
18. ¿De
qué manera la salvación del poder del pecado depende de la fe?
19. ¿De
qué forma las inalcanzables normas de vida para un creyente hacen necesaria una
vida de dependencia del Espíritu que mora en el creyente?
20. ¿De
qué forma el poder de Satanás se relaciona con la liberación del creyente?
21. ¿Por
qué se necesita la liberación del poder de la antigua naturaleza?
22.
Contrastar el alcance presente de la liberación del pecado con el que existirá
en el cielo.
Cuatro
aspectos de la justicia
Una
diferencia vital entre Dios y el hombre que la Escritura enfatiza es que Dios
es justo (1 Jn. 1:5), mientras que, según Romanos 3:10, el cargo fundamental
hecho a los seres humanos es que <<no hay justo, ni aun uno>>. De
la misma manera, una de las glorias de la gracia divina es el hecho de que una
justicia perfecta, semejante a la blanca e inmaculada vestidura de una novia,
ha sido provista en Cristo y es gratuitamente concedida a todos los que creen
en Él (Ro. 3:22).